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Ofuscación: sabotear el e-espionaje mediante la contaminación

Captura de los resultados de aplicar AdNauseam

Captura de los resultados de aplicar AdNauseam

Muchos  de ustedes, como yo, estarán bastante ofendidos por las tácticas nocturnas y alevosas de las grandes empresas para reunir información sobre personales hábitos de consumo, preferencias culturales, simpatías ideológicas, gustos alimenticios, número y tipo de contactos e-sociales.

Nunca en la historia de la humanidad existió tal impunidad para espiar, cotejar, comparar y agredir a los ciudadanos en la esfera, en teoría intocable —siempre que no implique peligro o presunción delictiva— de la intimidad.

El finísimo olfato y los largos dedos de los ingenieros al servicio del espionaje masivo cometido en el ciberespacio y las telecomunicaciones y ejecutado con la complacencia y complicidad de los gestores públicos —como supimos gracias a la valentía de ese héroe cívico llamado Edward Snowden para quien un exjefe de la CIA acaba de desear el ahorcamiento por traidor, literalmente, cuando el revelador del mayor abuso de la historia a las libertades individuales debería estar camino del Nobel y el Príncipe de Asturias—, han convertido en artículos de broma los sistemas de delación y acecho de la Stasi, la KGB o la Político Social franqusita…

Hace unos años ocurrió un caso que ilustra y pauta cómo va el asunto, que bascula entre la gravedad y el adefesio, cuando la cadena de hipermercados Target delató a los padres de una adolescente el embarazo de la chica antes de que ella lo revelase. No hizo falta intervención humana: un robot informático analizó las compras de la muchacha durante dos meses y supo que el bombo estaba creciendo. El mismo bot envió catálogos de productos prenatales a los padres de la preñada.

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Un fallo de Flickr dejó al aire fotos privadas durante 20 días

Correo de Brett Wayn

Correo de Brett Wayn

Acabo de recibir un correo de uno de los vicepresidentes de Flickr. El señor Brett Wayn, a quien no tengo el gusto y, estoy seguro, le importo un carajo, me comunica mediante el mail interno de la veterana comunidad fotográfica del grupo Yahoo que mis fotos marcadas como privadas estuvieron a la vista de cualquier internauta entre el 18 de enero y el 7 de febrero.

Como siempre que los amos del 2.0 cometen un desliz la culpa es achacada al culpable más fácil —por inasible—: un “software bug” (fallo de programa informático).

El asunto tiene tela. Flickr, un servicio con 51 millones de usuarios registrados, 80 millones de visitantes únicos y más de 6.000 millones de fotos alojadas (una cifra importante pese a estar muy lejos de los 100.000 millones de imágenes, de otra calaña, es verdad, que almacena Facebook), me cobra una cuota anual (barata, menos de 25 dólares, pero con plena validez jurídica como contrato de servicios y obligaciones) a cambio de la cual me permite guardar fotos sin límite de espacio virtual. Ese es el uso prioritario que me interesa: un cajón donde depositar las imágenes con determinadas claves que le vienen bien a mi mala memoria —fecha, geotag, motivo…—.

El 'organizr' de mi cuenta

El ‘organizr’ de mi cuenta

En estos momentos tengo en mi cuenta, que abrí en diciembre de 2004, antes de que Flickr fuese comprada por Yahoo en uno de los grandes pelotazos de la era de Internet, 5.038 fotografías, pero solamente 28 son públicas. No me interesa que las demás estén al aire. El fallo de la compañía ha puesto mis 5.010 fotos marcadas como privadas en circulación, durante veinte días, en el cotilla y curioso hasta la grosería mundo de la red. Desde luego, las imágenes también han entrado en los rastreos de los motores de búsqueda, como el señor Wayn me comunica en su tan educado como inútil correo.

El clamoroso descuido de la empresa hacia sus clientes —Flickr no ha informado públicamente del problema, ni tampoco ha cuantificado el número de cuentas afectadas aunque los foros internos del servicio revientan con las protestas individuales— sólo me ha dañado como cualquier incumplimiento de contrato podría hacerlo (y tengo derecho a un resarcimiento económico por un fallo en la prestación de un servicio), pero la anomalía seguramente ha tenido efectos mucho más perniciosos para aquellos usuarios que tuviesen marcadas como privadas fotos íntimas, personales, delicadas o, sencillamente, dañinas o dolorosas para terceros.

Captura del blog de Flickr

Captura del blog de Flickr

Con los nervios de punta, a los responsables de la comunidad fotográfica —ya expliqué en el blog mi impresión: Flickr se ha verbenizado y convertido en un inmenso gimnasio para ejercer la egolatría y no la fotografía— no se les ocurrió otra cosa en plena crisis que marcar como privadas todas las fotos de las cuentas afectadas. Con el movimiento espasmódico convirtieron el garajal en garajal y medio: los enlaces en blogs o webs a fotos que antes eran públicas se rompieron para convertirse en caminos hacia el oops, foto no disponible.

“Estamos profundamente apenados porque esto haya ocurrido. Como ávido usuario de Flickr, estoy personalmente comprometido en asegurar que sus recuerdos están seguros. Nuestro equipo ha trabajado duro para ganar su confianza y nos lo tomamos muy en serio. Hemos puesto en marcha una serie de medidas adicionales para evitar que esto vuelva a suceder”, me dice Wyan.

Señor Wyan, no le creo. Me parece que le sigo importando un carajo.

Ánxel Grove