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Ocho mil temas gratis de afro-pop de Guinea para encender cualquier fiesta

'Authenticité. The Syliphone Years. Guinea’s orchestres Nationaux & Federaux. 1965 – 1980' - Album cover via Radio Africa

‘Authenticité. The Syliphone Years. Guinea’s orchestres Nationaux & Federaux. 1965 – 1980’ – Album cover via Radio Africa

¿Buscando música caliente para encender la pobre brasa de una fiesta triste? ¿Escudriñando para encontrar beats que sustenten un trip-hop largo y sostenido?

Este es el escondite del tesoro: ocho mil temas de afro pop  de Guinea grabados entre 1958, cuando el país se independizó de Francia, y 1964. Tenían el apoyo y la financiación del Gobierno del primer presidente del país, Ahmed Sékou Touré, un gran melómano que envió instrumentos y equipos de sonido a todas las ciudades importantes para impulsar la música popular.

Los discos, producidos y editados por la discográfica Syliphone, empresa también subvencionada por el Estado, eran emitidos por la poderosa señal de la Radiodiffusion Télévision Guinée (RTG), una de las de más alcance del continente, para que los otros países dedujeran que el fin del colonialismo llevaba aparejada la fiesta.

Los ha digitalizado el departamento Sounds de la British Library, un archivo de sonidos con más o menos nueve mil horas de material. Los archivos de afro funk de Syliphone contienen piezas de la legendaria big band Bembeya Jazz National, duras conjunciones de vientos de la Super Boiro Band, ritmos que parecen querer cruzar el Atlántico y hacerse caribeños de la Orchestre de la Paillote y explosivas descargas del grupo —¡militar!— femenino Amazones de Guinée.

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Desert Trip, ¿concierto del siglo o misa de difuntos?

Cartel oficial del festival ©2016 Goldenvoice

Cartel oficial del festival ©2016 Goldenvoice

El rock, al menos como solíamos entenderlo, era caliente como una bala, peligroso como una pistola e instantáneo como un disparo. Solía ser también sexi, adjetivo que cada uno debe rellenar con su propia imaginación.

Entre el 7 y el 9 de octubre se celebrará —jugaré a los opuestos— la más fría, tranquila y perpetua ceremonia que nunca imaginé. Añadiré el antónimo antisexi que falta, pero multiplicado por nueve, que era el número talmúdico de John Lennon: desagradable, asquerosa, repulsiva, hedionda, infecta, inmunda, nauseabunda, pútrida y mugrienta.

Dicen que se trata del concierto del siglo —los maximalismos cuadran bien en esta etapa histórica dominada por doctorandos en los principios de la mercadotecnia de Papá Goebbles—. Es lo opuesto: la misa de difuntos definitiva, el Treblinka del rock and roll.

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Editan en español “Mystery Train”, una de las grandes ‘biblias’ del rock

"Mistery Train" - Greil Marcus (Editorial Contra)

“Mistery Train” – Greil Marcus (Editorial Contra)

Hace dos años, en una entrada de este blog titulada El mejor crítico de música no existe para las editoriales españolas, califiqué de “vergonzoso para los editores y lastimoso para los lectores” que el escritor Greil Marcus (San Francisco-EE UU, 1945) siga siendo un desconocido lejano o un autor al que debes acudir con conocimientos de inglés.

La situación ha mejorado y me parece de justicia referirme a la reciente traducción al español de dos obras de Marcus. En 2012 apareció Escuchando a The Doors [216 pgs., 19,9€], una obra menor y bastante deslabazada, y ahora sale al mercado uno de los libros clave la crítica musical del siglo XX, Mystery Train. Imágenes de América en la música rock & roll [544 pgs., 22,9 €]. Ambas ediciones están publicadas por Contra, una editorial nueva y valiente, de esas que acostumbran a condenar al sonrojo a las major de la edición y su acomodaticia política de lanzamientos basados en la banalidad superventas.

Greil Marcus (Foto: Jose Ángel González)

Greil Marcus (Foto: Jose Ángel González)

Editado por primera vez en 1975, Mystery Train propuso en su momento una tesis totalmente nueva para intentar explicar el poder del rock and roll. Marcus, en cuyos argumentos pueden encontrarse referencias a Herman Melville, Francis Scott Fitzgerald, las novelas negras de Walter Mosley o la televisión, sostiene que la música popular, al igual que cierto tipo de literatura, responde al “sentimiento de lugar” y a las leyes arcaicas y sagradas de la tierra y la sangre —el odio, el amor, el rencor, la venganza, el engaño, la verdad y la culpa— y que algunos de sus intérpretes son “heraldos” que, en el caso de los EE UU, transportan una idea del “espíritu” original del país, sus “posibilidades, límites, perspectivas y encerronas”.

Lo que el lector puede encontrar en el libro no requiere, pues, de un amplio conocimiento del rock o de propensión hacía sus postulados sonoros. Mistery Train no es tanto un ensayo sobre canciones y cantantes como un viaje al territorio cultural y etnográfico estadounidense, un país al que, según Marcus, no se debe aplicar la idea canónica de democracia. “Nuestra democracia”, dice el autor, “no es más que una flagrante contradicción: el credo individualista de cada hombre y mujer que conlleva la soledad y la separación, y la aspiración a la armonía y a la comunidad”.

Arriba, desde la izquierda: Harmonica Frank, Robert Johnson y The Band. Abajo: Sly Stone, Randy Newman y Elvis Presley

Arriba, desde la izquierda: Harmonica Frank, Robert Johnson y The Band. Abajo: Sly Stone, Randy Newman y Elvis Presley

Para desarrollar la hipótesis de que el rock and roll es una “secreta rebelión” contra los fundadores puritanos del país y “contra la autoridad de sus fantasmas”, ejercida mediante la burla de “los límites impuestos por las buenas maneras”, Marcus echa mano a media docena de músicos que pueden ser apreciados como arquetipos de otras tantas formas de un país “sin costuras” y que, ensamblados, podrían ser un collage de eso que llamamos la experiencia estadounidense.

Los seis intérpretes modelan seis formas de insurrección que van siempre soldadas a la expresión roquista. El músico ambulante Harmonica Frank, que tocaba la armónica con un extremo de la boca y cantaba con el otro en ferias, calles y garitos, representa la socarronería y la mordacidad. El bluesman Robert Johnson, el misterio y la aceptación del dolor como materia expresiva. El quinteto The Band, la ruptura con el mundo circundante, la independencia y el eterno peregrinaje a las fuentes originales para volver a contaminarlas. Sly Stone, la llama de la rebelión. Randy Newman, la capacidad reflexiva y construcción de un mundo privado. Elvis Presley, la sexualidad y la “figura suprema”.

Con el añadido de sustanciosas y detalladas discografías comentadas, no pongo casi ningún pero a la edición española de Mystery Train. Sólo echo en falta una traducción que conserve el ritmo entrecortado de Marcus y me pregunto la razón del empleo del término geográfico “América”  y los gentilicios “americano” y “americana” cuando es evidente que el autor los usa para mencionar a un sólo país, que en español tiene una traducción muy precisa: EE UU.

Pero el ensayo puede con ese pequeño lastre y, leido con un reproductor musical o una adecuada lista de reproducción al lado, se convierte en una necesaria biblia para celebrar el circular y necesario sacramento de rebautizo en la nunca muerta religión del rock and roll.

Les dejo con seis canciones que Marcus considera capitales para la ceremonia.

Ánxel Grove

 

¿Es lo ‘retro’ la sentencia de muerte de la originalidad?

"Retromanía" - Simon Reynolds

"Retromanía" - Simon Reynolds

En alguna otra entrada de este blog me he quejado de la mínima atención que las editoriales en español dedican a los libros sobre música pop-rock.

Hoy cito una excepción a la sequía: Caja Negra Editora, una empresa inteligente e intencionada. ¿Dónde tiene su sede social? ¿En Barcelona?, ¿Madrid?, ¿Sevilla?…  Hay que cruzar el Atlántico para encontrarse con editores que aún creen que en el género de la crítica musical anida un gran periodismo: Caja Negra es una editorial de Buenos Aires que, gracias al cielo, tiene distribución en España desde hace unos meses.

Como santo y seña han puesto en el mercado un par de obras del inglés Simon Reynolds (Londres, 1963): primero Después del rock. Psicodelia, postpunk, electrónica y otras revoluciones inconclusas y ahora Retromanía. La adicción del pop a su propio pasado.

Reynolds —que a veces es dado a la pedantería de mostrarnos sus doctorados, pero que tiene más razón que un santo en casi todo lo que postula— es el enfant terrible de la crítica musical inglesa. Escribe en The Guardian y en otra media docena de medios punteros y lleva un blog muy divertido y ágil.

En su nuevo lanzamiento en español, Retromanía. La adicción del pop a su propio pasado, el agudo diseccionador analiza la locura por “lo retro y la conmemoración” de la cultura pop actual: reediciones, reuniones, mash-ups, biopics, rock docs

Reynolds sostiene que la “sobreabundancia de influencias e imágenes del pasado” que traen consigo las nuevas tecnologías (mp3, Napster, iPod, YouTube, blogs, radios online, MySpace, Spotify…) “parece haber convertido a artistas y oyentes en arqueólogos, profanadores y archivistas. Y al reciclado y la recurrencia en rasgos estructurales de la escena musical”.

Simon Reynolds

Simon Reynolds

Las preguntas a las que trata de responder el libro son:

¿Nos dirigimos acaso hacia una especie de catástrofe ecológico-cultural, en la que la búsqueda en los archivos de la historia del rock también se agotará?

¿Qué sucederá cuando nos quedemos sin pasado?

¿Hay algo en el paisaje musical actual que sea lo suficientemente rico para sustentar formas futuras de revivalismo?

¿O es que acaso el reciclado degradará el material original hasta un punto en el que ya no se le pueda extraer valor de uso alguno?

En suma, dado que la música pop está en un delicado “punto de inflexión”, porque “nuna antes una sociedad ha estado tan obsesionada como la nuestra con los artefactos culturales de su pasado inmediato”, ¿supone este fenómeno una sentencia de muerte para toda originalidad?

¿Llegará nuevamente un tiempo en el que el pasado dejará de ser un museo y un archivo para volver a ser un conjunto de recursos utilizados sin veneración en la búsqueda de territorios sonoros desconocidos?

Ánxel Grove