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“Todos esos momentos se perderán en el tiempo, como lágrimas en la lluvia…” Roy (Rutger Hauer) ante Deckard (Harrison Ford) en Blade Runner.

Dunkerque: impresionante espectáculo

Debo admitir que me hubiera gustado ser uno de los privilegiados espectadores que verán en una sala IMAX la última genialidad de Christopher Nolan, Dunkerque. En realidad, de todas sus películas anteriores ninguna me pareció, por unas cosas u otras, tan espléndida; sin duda ésta es la mejor, más espectacular y más redonda. En España no van a ser demasiados los que disfruten  teniendo en cuenta que, si no me equivoco, sólo quedan tres salas con este sistema de proyección de pantalla gigante, una en Madrid (Cinesa Parquesur), otra en Palma de Mallorca (Cinesa Festival Park) y la tercera en Valencia (en L’Hemisferic, Ciudad de las Artes y las Ciencias). Dunkerque podrá verse en las dos primeras.

No es que sea muy recomendable, para hablar de la excelencia de un filme, comenzar por resaltar las cuestiones técnicas, pero en este caso resulta inevitable por el empeño que le puso el director y por la magnitud de los resultados conseguidos. Rodar en 70 milímetros, en el viejo soporte de celuloide, exige una cámara de grandes dimensiones y reducida manejabilidad, lo que complica todo para que, al final, el 95 % de los espectadores de todo el mundo tenga que conformarse con ver la película en salas “normales”, salvo en ciento y pico lugares escogidos del globo.

En un pase de prensa organizado en la sede de Warner en Madrid la experiencia, pese a no proyectarse en el sistema IMAX, fue impresionante. No sólo porque la puesta en escena es de un realismo abrumador sino porque la poderosa banda sonora resuena en la caja torácica, la música se instala en el cerebro hasta parecer que regula el ritmo cardíaco y las detonaciones de las armas te hacen pensar que los casquillos van a atravesar el espacio invisible de la pantalla y salpicar a la sala. Una experiencia sensorial que Nolan quería a toda costa hacer vivir a los espectadores.

Christopher Nolan dando instrucciones durante el rodaje de Dunkerque. Warner

Imagino que la pantalla curva que sobrepasa el ángulo de visión debe de provocar algo bastante parecido al vértigo, particularmente en las escenas rodadas en el aire con aviones reales, Junkers, Messerschmitts, Supermarines Spitfires, etc. Del mismo modo, el desamparo de los personajes en el mar, de los ataques del enemigo (por cierto, no se hace hincapié en que es alemán), y a merced de las olas, en el interior de los buques, desencadena una desasosegante claustrofobia, con algunas secuencias realmente agobiantes y memorables. El miedo a la muerte y el impulso irrefrenable por sobrevivir, o por ayudar a otros a que se salven, son el motor que mueve a todos los personajes.

Pero todo este cúmulo de sensaciones nos resulta conocido. El cine siempre ha tenido la capacidad para suspender el ánimo de los espectadores, incluso el de los más aviesos descreídos. Hace falta más que esa habilidad técnica para que la película sea reconocida como superior. Y Dunkerque lo tiene. Un guion espléndido, una dirección de actores y un reparto extraordinarios, que mezcla jóvenes inexpertos con grandes comediantes aquilatados (entre éstos, Kenneth Branagh, Mark Rylance, Cylian Murphy o Tom Hardy), incluso Harry Stiles, cantante de la banda One Direction, que debía sacudirse de encima a las jovencitas durante la fase de promoción, demuestra saber llevar el uniforme y el personaje puestos en un papel de pocos diálogos.

El nombre que regala el título tiene amplias resonancias bélicas. Responde a un episodio histórico acontecido durante la 2ª Guerra Mundial conocido como “el milagro de Dunkerque”. Por supuesto, no tiene nada de milagroso y tampoco sirve para glosar grandes y heroicas gestas. Paradójicamente, es la historia de una evacuación tras la derrota que se celebra como una victoria por el número de soldados que salvaron la vida (aquí las cifras oscilan según las fuentes: entre trescientos y cuatrocientos mil soldados de los ejércitos aliados, principalmente británicos). No se sabe muy bien por qué Hitler no atacó con tanques a todo ese enorme contingente paralizado y rodeado en las playas de Dunkerque y dejó que únicamente lo hicieran sus aviones. Gracias a esa decisión táctica fueron tantos los que pudieron contarlo.

Christopher Nolan lo cuenta con maestría mediante un complejo mecanismo narrativo que aprovecha al máximo la potencialidad emocional del suspense. Junto a la eficacia de los medios técnicos arriba mencionados sirve para hacer vivir intensamente al espectador lo que se despliega en la pantalla. Perfectamente ensambladas las piezas, Nolan dibujo un fresco grandioso en el que las individualidades no sofocan ni ocultan el drama colectivo, aquí y allá convertido en tragedia.La acción se desarrolla en tres espacios físicos, tierra, mar y aire y en tres dimensiones temporales, una semana, un día y una hora. El montaje paralelo de los tres hilos argumentales a veces   provoca mínimos desajustes de continuidad y confusión.

Fionn Whitehead en un fotograma de Dunkerque. Warner

Pero el engranaje de lo visto y oído, en conjunto, resulta de un apabullante virtuosismo y espectacularidad que no deja un momento de respiro, una magnífica pieza de orfebrería narrativa, una obra maestra del género bélico a la que sólo puedo oponerle una objeción: ¿es acaso un peaje obligatorio en estos casos tener que añadir el colofón patriótico? ¿No se darán cuenta los autores de que los mensajes de cariz propagandístico desmerecen una obra imponente? No hace mucho comenté lo mismo a propósito de otra película extraordinaria (reportaje de Día de patriotas), que incurría con mayor gravedad en este defecto. Lo cual es un verdadero fastidio, pero en fin, habrá que aplicar el refrán: el mejor escribano echa un borrón.

Pueden encontrar un reportaje sobre Dunkerque en Días de cine, aquí.

4 comentarios · Escribe aquí tu comentario

  1. Dice ser khalessi

    Buena crítica para una película magnífica que será un clásico con el tiempo. Refleja a la perfección el infierno que tuvo que ser:

    http://momentosdelpasado.blogspot.com.es/2017/07/operacion-dinamo-la-evacuacion-de-dunkerque.html

    23 Julio 2017 | 15:49

  2. Dice ser Casandra

    El milagro de Dunkerque fue a la Segunda Guerra Mundial lo que a la Primera Guerra mundial fue los taxis del Marne

    23 Julio 2017 | 17:01

  3. Dice ser Casandra

    Hallan cuatro toneladas de oro en un barco nazi hundido en la Segunda Guerra Mundial

    Publicado: 23 jul 2017 14:42 GMT | Última actualización: 23 jul 2017 14:42 GMT

    Las riquezas encontradas en el SS Minden tendrían un valor de 130 millones de dólares.

    Buzos de la empresa británica Advanced Marine Services afirman que han encontrado un cofre de oro cuyo valor asciende a 130 millones de dólares en un barco alemán naufragado durante la Segunda Guerra Mundial, informa ‘Daily Mail’.

    Unas cuatro toneladas de metal precioso en poder de los nazis se encontraban en la sala de correos a bordo del carguero SS Minden, que se hundió a unos 190 kilómetros al sureste de Islandia el 24 de septiembre de 1939, poco después de que comenzara la guerra. El oro fue supuestamente retirado por los nazis de bancos de América del Sur, donde lo tenían depositado.

    PRIMERAS IMÁGENES: Galeón San José en Colombia, uno de los hallazgos “más grandes de la historia”
    El SS Minden zarpó a Alemania desde Brasil. Según detalla ‘Daily Mail’, Adolf Hitler ordenó al capitán del barco hundirlo antes de dejar que cayera en manos del enemigo, cuando la embarcación fue interceptada por dos cruceros británicos.

    La empresa Advanced Marine Services ha solicitado al Gobierno islandés el permiso para hacer un agujero en la nave con el fin de extraer el cofre. Los cazadores de tesoros tienen la intención de llevar el contenido al Reino Unido, según ‘The Sun’.

    A principios de este año, el grupo fue acusado de intentar sacar el oro del carguero alemán sin la licencia adecuada, hecho que casi provocó una disputa diplomática entre Londres y Reikiavik.

    23 Julio 2017 | 19:13

  4. Dice ser Calamardi

    La de 1964, la del Belmondo… es mejor.

    23 Julio 2017 | 20:13

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