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Cuando la pequeña pantalla se comió a la grande

Black Mirror, el fin de los puñetazos sociopolíticos

El otro día, cuando terminé de ver la cuarta temporada de Black Mirror, pese a que había disfrutado mucho del visionado y, en general, la consideraba mejor que la anterior temporada, pensé que la serie de Charlie Brooker había perdido lo que la hacía grande: los puñetazos sociopolíticos que la conectaban con nuestra realidad. Black Mirror se ha caracterizado por ser una serie incómoda, que removía conciencias y nos hacía reflexionar sobre aspectos de nuestro presente que se reflejaban en el espejo negro y distorsionado de las distopías.

El episodio del cerdo —sabéis de lo que hablo— llegó en un momento de crisis económica y social, y todos sentimos, hasta cierto punto, un regocijo justiciero. ¿Quién no hubiera querido, al menos, pisotear a algunos de los líderes que tanto daño estaban infligiendo a la sociedad? Al mismo tiempo, también nos alertaba del peligro que se corría cuando las ideas se radicalizaban hasta extremos terroristas.

La política, la justicia, los medios de comunicación estaban presentes en el prisma distorsionado del espejo roto. Sin embargo, al “americanizarse”, el espejo oscuro se ha vuelto más blanco que nunca. Las historias, aun con ese punto tan entretenido y terrorífico que nos recuerda las Amazing Stories de Spielberg, han perdido la relación con la actualidad que era su esencia para volverse ciencia ficción especulativa que ya no sorprende como antes y que, sobre todo, no conecta de la misma forma con los tiempos que vivimos.

Al margen de esta línea menos politizada y de consumo masivo, Charlie Brooker sigue demostrando que es una mente privilegiada. USS Callister es un episodio magistral con esa combinación de homenaje a Star Trek y tecnología futurista; Crocodile consigue transmitir la idea de hasta dónde puede llegar la crueldad humana para autoconservarse, y Black Museum concluye la temporada por todo lo alto aunando los temas planteados durante los episodios anteriores: conciencia, justicia, intimidad y tecnología invasiva.

Pese a ello, y aunque haya disfrutado sobremanera con los nuevos capítulos, echo de menos al Brooker más cañero que lanzaba puñetazos sociopolíticos y conseguía que observáramos la realidad de una manera más crítica.

Nota en Mis Puntuaciones


Ya sabéis que he escrito un par de libros que esperan ansiosos que les echéis un ojo. Las series de mi vida, donde hablo de ficciones como The Wire, Los Soprano, Mad Men, Breaking Bad y otras joyas que quizás queráis descubrir.

 

O, si lo preferís, fantasía oscura y terror con deseos, obsesiones, viajes en el tiempo y un lugar más allá del tiempo y el espacio llamado Araneida.

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