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Entradas etiquetadas como ‘redes sociales’

Alineados por “la ballena azul”

Por Bárbara R.

El juego de la ballena azul (Youtube).

Estamos creando una sociedad en la que generalizamos desgracias tan grandes como los suicidios, porque simplemente se han convertido en algo habitual de nuestros días.

Hace unos meses conocimos el horrible juego que circula entre los jóvenes de nuestra sociedad. “La ballena azul” toma su nombre porque hace referencia a los suicidios colectivos de algunas ballenas, que buscan la orilla para encontrar la muerte. Dentro de la mitología griega se decía que estas se suicidaban porque Neptuno, dios de los mares, las había expulsado.

Este juego online se ha extendido por lugares como Twitter, Facebook, en el que los participantes tienen que superar 50 retos en 50 días, lastimándose ellos mismos, los cuales poco a poco se tornan más macabros, hasta culminar el juego dando su vida por él.

¿De verdad queremos crear una sociedad de alineados por los medios en la que nuestros jóvenes, sean controlados mentalmente por las redes sociales y cualquier persona pueda ejercer un control sobre sus vidas manipulándolos como les venga en gana, a veces, con las peores intenciones?

El autor de este juego macabro nos ha dejado la perla de que nuestros vulnerables adolescentes “son residuos biológicos sin ningún valor”.

El circo oculto en las redes sociales

Por Andrea Martín

Un hombre con un móvil en sus redes sociales (Europa Press).

Un hombre con un móvil en sus redes sociales (Europa Press).

Un día como otro cualquiera revisas tus redes sociales, esperas encontrarte más de lo mismo: fotos de unos amigos celebrando un cumpleaños, recetas culinarias explicadas paso a paso, paisajes alucinantes de lugares exóticos, nuevas tendencias de moda, etc.

Pero cada vez son más la cantidad de vídeos que se suben a las redes con el único objetivo de convertirse en virales. Muchos de ellos los protagonizan animales. De los grupos que más cameos realiza, aún sin querer ser los protagonistas de estas historias, son nuestros queridos canes. Se le embute al animal en disfraces hechos a medida, se están el tiempo que haga falta en la misma posición hasta que el dueño está satisfecho con el resultado, se les “ridiculiza” y estresa.

Incluso hay vídeos donde se ven a los dueños forzar las extremidades de sus mascotas para así hacer gestos que harían los humanos para hacerlos todavía más “graciosos”. Se les expone de manera vergonzosa, a un público que ni tan siquiera conocen, por unos cuantos likes, unas descargas o que figuren como virales en las preciadas redes sociales.

Reflexionemos. ¿Todo vale? Creo que no. Pero me sorprende enormemente los pocos comentarios reprochando este tipo de acciones.

Parece ser que no avanzamos, volvemos poco a poco hacia tiempos pasados, de prohibir a los animales en los circos por divertimento a crear el nuevo “circo oculto”. Espectáculo gratuito que podemos contemplar cómodamente desde casa y visualizarlo tantas veces como queramos.

La importancia de las redes sociales para hacernos escuchar

Por Foix Coral

Redes sociales y mensajería (Archivo).

Redes sociales y mensajería (Archivo).

Hace unos días vi en Instagram un post evidenciando la trampa que se esconde detrás del supuesto “elogio” establecido por la convencional idea de que las mujeres podemos hacer muchas cosas a la vez –a diferencia de los hombres–. Y no sólo eso sino que, esta se usa para “aclamar” la figura de la mujer poderosa en un intento de reivindicación feminista totalmente desubicado.

Inmediatamente puse like y compartí con mis amistades ese post, que defiende un claro: “No, gracias. No podemos con todo y no queremos”. Al ver de nuevo en Instagram las declaraciones de Sofía Castañón en el Congreso de los Diputados refiriéndose a esta foto me ha parecido más que importante. No simplemente por el mensaje que daba sino, además, por lo que implica que una diputada haga referencia al post de una influencer en redes en el Congreso.

Así, se evidencian claramente los grandes cambios en la generación de opinión y la transmisión de información del mundo actual, donde tenemos mucho más al alcance los medios para participar activamente y hacernos escuchar.

¡Renunciad al postureo!

Por Santiago Morante

Estamos asistiendo, a principios del siglo XXI, al surgimiento de una sociedad preocupada por altos valores morales: ecologismo, solidaridad y respeto al diferente, pero sólo el tiempo que lleva hacerse una foto con el póster de un refugiado en los huesos; luego se nos pasa la solidaridad y nos vamos a por una hamburguesa.
Las causas solidarias importan lo justo como para representar la pantomima de turno. La gente se tira un cubo de agua helada en la cabeza y así cura la esclerosis. Se hacen una foto con un cartel que diga “Bring our girls back” y así presionan muy duramente a Boko Haram para que libere a las niñas a las que secuestró. Corren en carreras en contra del cáncer, para después echarse un cigarrito por lo bien que lo han hecho.
La australiana Amanda Bisk en Instagram (Amanda Bisk/Lofficiel).

La australiana Amanda Bisk en Instagram (Amanda Bisk/Lofficiel).

Las cosas solamente importan de cara a la galería. La de la red social, concretamente. Si no aparece en las redes sociales, no ha pasado, y viceversa. Hay que conseguir que pasen cosas para poder hacerles una foto. Es como si la sociedad quisiera demostrar algo, pero aún no he deducido qué.

Eres aquello en lo que puedes demostrar con fotos que participaste. Estás muy concienciado con el cuidado del medio ambiente si el Día de la Tierra bajaste el brillo del ordenador para que gastase menos. Luego pusiste un mensaje en tu perfil “Ayudando a la tierra. Cuidemos de ella”. Ya está, ya eres ecologista.
No digo que la gente no tenga principios, faltaría más, pero al menos que renuncien a fingir que las cosas les importan más de lo que en realidad les importan. Que renuncien, en definitiva, al llamado “postureo”.
Se busca iconizarlo todo, estar donde está pasando lo importante, poder decir que se estaba presente en tal o cual acto que acabó siendo recordado, hacerse la foto en el lugar en el que pasó, para luego colgarlo en la red. Los periodistas cubren manifestaciones buscando una foto que pueda convertirse en símbolo. Se busca la foto que pueda ser portada del periódico pero que también sirva como referente de la manifestación. Si se cubre una noticia sobre refugiados, se busca la imagen del niño llorando que sirva de icono.
Podemos ver muchas caras de la sociedad pop. Por ejemplo, tenemos la cultura de las celebrities, aupadas al olimpo de la sociedad por Hollywood, la industria musical y las revistas de moda. Personas que por hacer su trabajo y ganar mucho dinero por ello se convierten en referentes de vestimenta, de peinado, de modales e incluso de valores morales. Esperamos un comportamiento modélico de estas personas solamente porque son millonarias.
El máximo exponente del mundo de las celebrities lo tenemos en las “It girl”. Esta selecta comunidad está compuesta principalmente por mujeres jóvenes sin trabajo definido que se han convertido en iconos de estilo por ser famosas. Ya ni siquiera hace falta tener méritos para ser un referente.
Incluso las personas formadas han sucumbido a esta moda. Así tenemos a los iconos tecnológicos y científicos. Si te pregunto quién dirigía Motorola en los años 80, lo más probable es que no lo sepas, a pesar de que inventaron el primer teléfono móvil del mundo. Sin embargo, si te pregunto quién dirigía Apple cuando sacaron el primer IPhone, seguro que lo sabes. Los Steve Jobs, Mark Zuckerberg y compañía han convertido en iconos lo que antes no pasaba de persona de relevancia en el sector. Idolatramos a estas personas, convirtiéndolas en techno-celebrities. Se hacen camisetas con sus caras, se llevan pegatinas de sus empresas en los portátiles, se les piden fotos y autógrafos, y se idolatran sus productos. Cada frase de un icono puede convertirse en una cita histórica.
Existen marcas que han conseguido crear “productos icono”, aquellos que se compran por motivos emocionales, más que racionales. Los llamados hipsters no son más que escaparates de productos icono. Han iconizado una determinada marca de café, un determinado móvil, unas determinadas marcas de ropa, una serie de compañías en definitiva.
Existen incluso lo que podríamos denominar hipsters científicos, aunque la sociedad los llame geeks. Siguen exactamente los mismos patrones que el resto de la sociedad pop, pero desplazados al espectro científico. Han destacado unos científicos por encima de otros, convirtiéndolos en figuras de referencia, casi en símbolos que identifican a gente que piensa como ellos. Los  científicos más destacados dan charlas multitudinarias retransmitidas en directo por internet, donde aplican una gruesa capa de espectáculo sobre la ciencia y la convierten en cultura pop, grandiosa por fuera, pero con poco contenido por dentro.
No me malinterpretéis, no estoy en contra de la divulgación científica, todo lo contrario, soy un gran partidario. Creo que la ciencia debería formar parte de la cultura de las personas, que debería ocupar espacios en la televisión y que debería formarse a todas las personas en unos conocimientos básicos sobre cómo funciona el mundo. Lo que creo que se ha ido de las manos es la iconización de los científicos. Valoramos más a aquellos con grandes dotes comunicativas. Eso es marketing. Hemos iconizado la ciencia.
Los medios de comunicación han favorecido la germinación de la sociedad pop, rindiéndose a memes, a virales o a cualquier contenido multimedia con muchas visitas en cualquier portal de internet. Si un niño acaricia a un perrito y lo ve mucha gente en YouTube, los informativos abren con la noticia. Lo demás puede esperar.
Todas las sociedades han tenido sus iconos, su jerga y sus modas. Pero la sociedad actual genera más elementos icónicos de los que se pueden absorber, seguir o incluso entender. Puede que sea cuestión de adaptación, que la sociedad madure y acabe filtrando la información. O puede que los iconos acaben dictando las pautas sociales y todos tengamos que tirarnos un cubo de agua para no quedarnos atrás.

Los refugiados ya no están de moda

Refugiados en un tren en Macedonia. (EFE)

Refugiados en un tren en Macedonia. (EFE)

Por Eva Rodríguez Táboas

Recuerdo cuando, a principios de septiembre, la fotografía de aquel niño sirio ahogado en Turquía inundaba las portadas de todos los diarios. De la misma forma, los comentarios de apoyo a los inmigrantes sirios en las redes sociales no tardaron en llegar en forma de tsunami: la gente estaba embargada por un sentimiento solidario nunca antes visto. Pero como pasa con un tsunami, así como vino, así se fue.

Pasaban las semanas y parecía que la crisis de refugiados se había solucionado, los informativos dejaron de emitir imágenes sobre ellos y la gente ya no tenía tiempo para defenderlos a través de las redes sociales. Pero los olvidados reaparecieron en pantalla y yo me preparé para presenciar otro aluvión solidario en Internet.

Ya llevo dos días agazapada en las redes y nada de nada, parece ser que están ocupados divulgando otras cosas más importantes. Cierto, lo que realmente está acaparando sus esfuerzos y energías es la subida a sus perfiles de selfies, los cuales les reportarán un número considerable de “Me gusta” y eso es muy buen alimento para el ego.

Muchos se aventuraron a clamar que la solidaridad demostrada en las redes era un claro síntoma de que nuestra sociedad no estaba perdida y que pensaba diferente a los gobiernos clasistas europeos; yo me aventuré a decir que todo era “postureo” para alimentar la soberbia. Y mientras yo me ganaba la fama de insensible, los refugiados se ganaron un sitio en las publicaciones antiguas de los perfiles. Es una pena que de “Me gusta” y de compartir no se sobreviva.

Narcisos del selfie

Por Fernando Carmona

Reza el mito griego que existió un joven apuesto y viril llamado Narciso, quien se enamoró tanto de su reflejo, proyectado en un lago cristalino, que terminó matándole. O como bien dice mi final predilecto de esta tragedia: Narciso fue condenado a vivir para siempre, enamorado de su imagen sin llegar nunca a conocerse a sí mismo. Después de esta brevísima y humilde introducción a la mitología me pregunto: ¿Qué sería de Narciso si viviera en el actual apogeo de los selfies? Tal vez pasaría horas y horas subiendo fotos a Instagram (que no poseo) y Twitter (que no sé usar). Y es que tal vez nos encontremos ante nuestro lago cristalino y no nos demos cuenta. Tal vez sin quererlo estamos destinados a vivir enamorados de nuestro reflejo cual espejo y morir sin conocernos a nosotros mismos, morir dejándonos llevar por la corriente, morir pareciendo sin ser.

(ARCHIVO)

(ARCHIVO)

Curiosamente la palabra selfie (la más utilizada en el año 2013, 2014 y lo que va de 2015) proviene de self que significa: uno mismo o a sí mismo. ¿Cómo puedo ser yo mismo si me dejo llevar por las masas, sus tendencias, sus modas y sus estereotipos? ¿Tenemos tanto miedo de mirarnos a nosotros y no al reflejo? Quiero ‘ser-fiel’ en vez de ‘selfier’ (si se me permite el término), no quiero sacarme una foto a mí mismo con una Cannon para seguir un canon de belleza impuesto. No quiero demostrar, alardear, exponer ni copiar la identidad de otros ni la mía. No quiero ser etiquetado ni mucho menos encasillado. Quiero ser libre y sobre todas las cosas quiero ser fiel a mí mismo. El selfie no es más que un retrato fictício o el reflejo de lo que queremos que los demás vean; es un grito de auxilio que clama por aceptación, es irreal y superficial. Los likes en Facebook, Twitter o Instagram no son más que la aceptación por parte de los otros espejos al reflejo de tu espejo.

Bien lo dijo Óscar de la Borbolla: «Nadie logra abstraerse de las caricias masturbatorias de un adulador profesional». Dejemos los selfies, las modas, los estereotipos y los cánones de belleza de un lado. En lugar de ‘selfier’ es mejor ser-fiel a uno mismo y aceptarse tal cual sin enamorarse de un reflejo fictício. Para concluir dejemos de alimentar «las caricias masturbatorias colectivas» porque si Narciso existiera en la actualidad viviría día a día ahogándose en su propio selfie.

La hipocresía de las redes sociales

Por Luis V.

Qué gran hipocresía la de las redes sociales como Facebook. Aquí vale todo con tal de lograr incrementar el número de personas registradas.

Facebook (GTRES)

Facebook (GTRES)

Hace tiempo había leído en la prensa que había censurado la publicación en el perfil de una persona en un fotografía dando el pecho a un lactante en el hospital en el que se encontraba ingresado, esto me produjo una gran indignación.

Sin embargo, ésta fue en aumento cuando hace unos días veo a través de mi perfil un vídeo en el que literalmente dos hombres de gran envergadura se golpean con una violencia desproporcionada durante alrededor de quince minutos hasta que uno de ellos, finalmente, acaba en el suelo semi inconsciente y con el rostro tumefacto como consecuencia de la golpiza recibida. Pues bien, ante la posibilidad de denunciar el video por su contenido inapropiado accesible a todo el mundo, decido dar cuenta del mismo a la red social.

¿Cúal es mi sorpresa al recibir días más tarde respuesta? Al parecer este no era considerado ofensivo y que no iban a hacer nada al respecto. ¿Acaso es más molesto una fotografía de un niño tomando el pecho de su madre que la de dos hombres mostrando un comportamiento animal? Es indignante que se prohíban aquellas imágenes que no dejan de ser reflejo de una celebración de la vida y se permitan las que fomentan la violencia tan gratuitamente.

Encontrar a tu perro por Facebook cuatro años después

Por Elena Zapata

Hace 4 años a mi madre le robaron el perro del jardín de casa y hace pocos días el perro fue abandonado.

Copi, el yorkshire hallado cuatro años después gracias a las redes sociales. (E.ZAPATA)

De esto me enteré porque una pareja lo encontró vagando por la noche, lo publicó en un grupo de Facebook sobre perros perdidos y entonces allí vi de nuevo al perro que tenía mi madre.

La pareja que lo encontró lo llevó al veterinario, quien les dio el teléfono del propietario real, el que constaba en el microchip y que era el número de mi madre, la cual se llevó una gran sorpresa.

Es un caso inusual que demuestra cómo la capacidad de organizarse logra hechos tan emotivos como este.

Desde que tengo perro he descubierto varios grupos en Facebook que promueven quedadas, comparten inquietudes sobre sus perros y se debaten problemas sociales.

También se informa de mejoras como el hecho de que se pueda llevar por fin al perro en el tren o de las normativas para llevarlo a la playa.

Gracias a páginas como estas, promovidas por los propios ciudadanos, estos casos pueden hacerse realidad. La comunicación juega un papel importante en nuestra sociedad y si sabemos usar las herramientas que Internet nos ofrece pueden ser muy útiles para el bien de todos.

Ahora el perro está en casa de nuevo y mi madre feliz de tenerlo.

Siglo XXI: el siglo del “yo” en las redes sociales

Por Andrea Pelegrin

Después de ver los vídeos que ha compartido Robbie Williams durante el parto de su mujer donde lo vemos cantar, bailar etc… Son pocas las cosas que pueden llegar a sorprenderte durante el mismo día, aunque sé que me arrepentiré de dichas palabras.

Redes sociales (GONZOO)

Redes sociales (GONZOO)

El acto es un arrebato de privacidad por parte de Robbie Williams hacia su mujer y su futuro hijo. En su debido tiempo se arrepentirá de haber compartido con millones de personas una cosa tan íntima como el nacimiento de un hijo.

Se arrepentirá de tener sus ojos clavados a una pantalla mientras canta sin sentimiento, se arrepentirá de no tener su mano junto a la de su mujer y se arrepentirá de no estar viviendo este momento.

Y este es el siglo XXI que hemos creado, el siglo del espectáculo y de la exposición del “yo” a todos los canales de comunicación posible.

Este afán insaciable de mostrarnos a nosotros e incluso a aquellos que más queremos, de exponer nuestros momentos más íntimos. Una sed infinita de mostrarnos que acabará con todo aquello que algún día fue nuestro y de aquellos que queremos. ¿Y es que quizá lo que necesitamos es la constante aprobación de un juez, la sociedad, para sentirnos bien ?

LEE AQUÍ CÓMO ENVIAR TU OPINIÓN Y TU DENUNCIA

España no es país para viejos

Por César Salinas

Un grupo de ancianos sentados en un banco. (GTRES)

Un grupo de ancianos sentados en un banco. (GTRES)

Tengo 31 años y vivo en medio de un eufórico culto por la juventud ampliado por el efecto de las redes sociales, que si la juventud aquí, la juventud allá, fotos por aquí, fotos por acá.

Si a esto le sumamos la “moda” de emprender profesionalmente (porque no hay otra opción), “si eres joven qué más da, no tienes nada que perder”, dicen.

A raíz de esto tengo la sensación de que la vida no llega más allá de los 50 años, y no porque no me imagine de mayor, más bien al contrario, sino porque siento que estamos en un país en el que los mayores de 60 no cuentan. ¿Tercera edad? Me suena a tercer mundo, pero ¿qué significa tercera edad?

A dos calles de mi casa (Barcelona) hay una residencia de ancianos, todos los días paso por allí para coger el metro y observo con perplejidad el “depósito” de personas mayores que se encuentran allí sin otro propósito que ver cómo pasan los últimos días de sus vidas. Solos y con el escaso cuidado que les entregan los pocos enfermeros que trabajan en el centro.

Vivimos en un país que no tiene muchas referencias mayores, los medios apuestan cada vez más por la juventud (para bien y para mal), lo que amplía aún más (si cabe) el culto a lo joven y el olvido de lo viejo. Ya ni si quiera en el núcleo familiar cumplen un rol importante, “para qué si es el abuelo, ya sabes”.

Según un estudio las personas somos más felices a partir de los 50 años… parece que no pasaron por España. Por este tipo de cosas tengo la sensación de que España no es país para viejos…