La carta en la que explicaremos la verdad tras los Reyes Magos a nuestra hija de diez años

Esta es la carta que entregaremos a mi hija, este mismo mes, para confirmarle lo que ya sospecha. Una carta breve, directa, porque creo que es lo más indicado:

Ya has vivido tu décima navidad, por lo que ha llegado el momento de que dejes de ser espectadora de la magia de los Reyes Magos y te conviertas en parte de ella.

Ya eres lo suficientemente mayor para que te contemos lo que hay tras la ilusión más grande, la mejor organizada, la que más felicidad trae. Ha llegado el momento porque seguro que, en el fondo, ya sabes lo que te vamos a contar. Estamos convencidos de que no te va a sorprender saber la verdad.

La verdad es que todos estos años celebrando los reyes magos simbolizan el amor que te tenemos y las ganas de demostrártelo con regalos e ilusión.

La verdad es que durante estos diez años los reyes magos hemos sido nosotros, los mayores que te queremos. Hemos sido papá y mamá, los abuelos, los tíos, Carlos y Sara, Flor y Miguel y Encarni.

Ese amor no cambia en lo más mínimo aunque ahora sepas la verdad. Tampoco la fiesta; seguirá habiendo regalos e ilusión. Lo único que cambia es que ahora estás en el lado de los mayores, en el de los que tenemos que mantener esa magia viva para los más pequeños. Contamos contigo. Tus primas pequeñas, el resto de niños que aún sueñan con los Reyes Magos, necesitan que te conviertas en nuestra aliada.

Y aunque ahora estés en el otro lado, no vas a dejar de disfrutar. Es muy bonito y es también divertido. Ya lo verás.

GTRES

Julia, cuya llegada os anuncié en este mismo blog, tiene diez años y ha llegado el momento de afrontar lo que llevo ya rumiando un tiempo. Ya el año pasado, antes de las navidades, os contaba por aquí que estaba dudando si hacerlo. Al final decidimos esperar un año y ya no hay dudas. Tenemos la certeza de que es el momento.

Creemos que es más recomendable contarlo que dejar que se mueva en la incertidumbre, en el no atreverse a confesar que ya lo sabe o que algún renuncio suyo o ajeno descubra de mejor o peor manera el pastel. Si nosotros la metimos en esta creencia, es también nuestra obligación decírselo. Y hacerlo de la mejor manera posible, no a vuelapluma. Por eso nos iremos a cenar juntos comida japonesa, que le encanta, y haremos de la entrega de la carta un momento especial y positivo.

Hace apenas siete días publicamos en 20minutos un tema titulado: Cómo y cuándo decirles la verdad a nuestros hijos sobre los Reyes Magos. En él, hablando con expertos, se concluía que convenía contarlo cuando tienen entre 7 y 11 años, dependiendo de cada caso y de la madurez del niño. Recomendaban no hacerlo justo en Navidad y hablan de la opción de la carta, asumiendo que cada niño y cada familia es distinto y que los padres deben reflexionar sobre cómo afrontarlo mejor en cada caso.

Ya os contaré qué tal se nos da a nosotros.

6 comentarios · Escribe aquí tu comentario

  1. Dice ser Toston_Blog

    En serio? Una carta? Te parece ese tostón breve para una niña de 10 años? Para que montar tal drama por algo que ya ha deducido ella sola desde hace tiempo pero que como todos los niños nos hacemos los locos por si acaso saberlo indica dejar de recibir regalos…. pero no, hay que montar el drama para el blog que importa mas…

    13 enero 2020 | 10:45

  2. Dice ser Pepe Cardona

    Me pasaron, en su día esta carta y se la leí a mi hija, cuando ya tenía alguna sospecha. Nos parece preciosa:
    «Apenas su padre se había sentado al llegar a casa dispuesto a escuchar, como todos los días, lo que su hija le contaba de sus actividades en el colegio, cuando ésta en voz algo baja, como con miedo, le dijo:
    ―¿Papá?
    ―Sí, hija, cuéntame.
    ―Oye, quiero… que me digas la verdad.
    ―Claro, hija. Siempre te la digo ―respondió el padre un poco sorprendido.
    ―Es que… ―titubeó Cristina.
    ―Dime, hija, dime.
    ―Papá, ¿existen los Reyes Magos?

    El padre de Cristina se quedó mudo, miró a su mujer, intentando descubrir el origen de aquella pregunta, pero sólo pudo ver un rostro tan sorprendido como el suyo que le miraba igualmente.
    ―Algunas niñas dicen que son los padres. ¿Es verdad?
    La nueva pregunta de Cristina le obligó a volver la mirada hacia la niña y tragando saliva le dijo:
    ―¿Y tú qué crees, hija?
    ―Yo no sé, papá: que sí y que no. Por un lado me parece que sí, que existen, porque tú no me engañas; pero, como las niñas dicen eso…
    ―Mira, hija, efectivamente son los padres los que ponen los regalos, aunque…
    ―¿Entonces es verdad? ―cortó la niña con los ojos humedecidos―. ¡Me habéis engañado!
    ―No, mira, nunca te hemos engañado porque los Reyes Magos sí que existen ―respondió el padre cogiendo con sus dos manos la cara de Cristina.
    ―Entonces no lo entiendo papá.
    ―Siéntate, cariño, y escucha esta historia que te voy a contar porque ya ha llegado la hora de que puedas comprenderla ―dijo el padre, mientras señalaba con la mano el asiento a su lado.

    Cristina se sentó entre sus padres, ansiosa por escuchar cualquier cosa que le sacase de su duda, y su padre se dispuso a narrar la que debió ser la verdadera historia de los Reyes Magos:

    ―Cuando el Niño Dios nació tres Reyes que venían de Oriente, guiados por una gran estrella, se acercaron al Portal para adorarle. Le llevaron regalos en prueba de amor y respeto, y el Niño se puso tan contento y parecía tan feliz que el más anciano de los Reyes, Melchor, dijo:
    ―¡Es maravilloso ver tan feliz a un niño! Deberíamos llevar regalos a todos los niños del mundo y ver lo felices que serían.
    ―¡Oh, sí! ―exclamó Gaspar―. Es una buena idea, pero es muy difícil de hacer. No seremos capaces de poder llevar regalos a tantos millones de niños como hay en el mundo.
    Baltasar, el tercero de los Reyes, que estaba escuchando a sus dos compañeros con cara de alegría, comentó:
    ―Es verdad que sería fantástico, pero Gaspar tiene razón y, aunque somos magos, ya somos ancianos y nos resultaría muy difícil poder recorrer el mundo entero entregando regalos a todos los niños en el mismo día. Pero sería tan bonito…
    Los tres Reyes se pusieron muy tristes al pensar que no podrían realizar su deseo. Y el Niño Jesús, que desde su pobre cunita parecía escucharles muy atento, sonrió y la voz de Dios se escuchó en el Portal:
    ―Sois muy buenos, queridos Reyes, y os agradezco vuestros regalos. Voy a ayudaros a realizar vuestro hermoso deseo. Decidme: ¿qué necesitáis para poder llevar regalos a todos los niños?
    ―¡Oh, Señor! ―dijeron los tres Reyes postrándose de rodillas. Necesitaríamos millones y millones de pajes, casi uno para cada niño, que pudieran llevar al mismo tiempo a cada casa nuestros regalos, pero no podemos tener tantos pajes, no existen tantos.
    ―No os preocupéis por eso ―dijo Dios―. Yo os voy a dar, no uno sino, dos pajes para cada niño que hay en el mundo.
    ―¡Sería fantástico! Pero, ¿cómo es posible? ―dijeron a la vez los tres Reyes con cara de sorpresa y admiración.
    ―Decidme, ¿no es verdad que los pajes deben querer mucho a los niños? ―preguntó Dios.
    ―Sí, claro, eso es fundamental ―asintieron los tres Reyes.
    ―Y, ¿verdad que esos pajes deberían conocer muy bien los deseos de los niños?
    ―Sí, sí. Eso es lo que exigiríamos a un paje ―respondieron cada vez más entusiasmados los tres.
    ―Pues decidme, queridos Reyes: ¿hay alguien que quiera más a los niños y los conozca mejor que sus propios padres?
    Los tres Reyes se miraron asintiendo y empezando a comprender lo que Dios estaba planeando, cuando la voz de nuevo se volvió a oír:
    ―Puesto que así lo habéis querido y para que en nombre de los Tres Reyes de Oriente todos los niños del mundo reciban algunos regalos, YO ordeno que en Navidad, conmemorando estos momentos, todos los padres se conviertan en vuestros pajes y, que en vuestro nombre y de vuestra parte, regalen a sus hijos los regalos que deseen. También ordeno que, mientras los niños sean pequeños, la entrega de regalos se haga como si la hicieran los propios Reyes Magos, pero cuando los niños sean suficientemente mayores para entender esto, los padres les cuenten esta historia y, a partir de entonces, en todas las Navidades, los niños hagan también regalos a sus padres en prueba de cariño y, alrededor del Belén, recuerden que, gracias a los Tres Reyes Magos, todos son más felices.

    Cuando el padre de Cristina hubo terminado de contar esta historia, la niña se levantó y dando un beso a sus padres dijo:
    ―Ahora sí que lo entiendo todo papá. Y estoy muy contenta de saber que me queréis y que no me habéis engañado.

    Y corriendo, se dirigió a su cuarto, regresando con su hucha en la mano mientras decía:
    ―No sé si tendré bastante para compraros algún regalo, pero para el año que viene ya guardaré más dinero.

    Y todos se abrazaron mientras, seguro, desde el Cielo, los tres Reyes Magos contemplaban la escena tremendamente satisfechos.»

    13 enero 2020 | 12:08

  3. Dice ser Lola

    Yo me enteré a los 9 años, y fue una amiguita del colegio quien me abrió los ojos, lo comprobé porque vi un día a mi madre cosiendo una ropa para una de mis muñecas que luego apareció el día de Reyes. Claro que estoy hablando de algo sucedido hace 60 años, sinceramente dudo que actualmente los niños no descubran mucho antes lo de los Reyes Magos o el Papá Noel, igual hacen lo que yo hice: seguir disimulando no fuera a ser que dejaran de traerme cosas.

    13 enero 2020 | 13:00

  4. Dice ser Emilio Molina

    No es mala ocasión tampoco para aprovechar para inculcar algo de pensamiento crítico, con la apostilla: “no te creas algo solo porque te lo digan los mayores, contrasta siempre”. 😉

    13 enero 2020 | 14:05

  5. Dice ser LaCestitadelBebe

    Hola,

    muy bonita la carta, aquí se deja atrás la inocencia para ir avanzando en la vida… a mí me la chafaron con 8 años unos compañeros que fueron los que me lo dijeron :C

    Besos!

    Anabel

    13 enero 2020 | 15:02

  6. Dice ser Susi

    Con 10 años no lo sabia?? Yo creo q se estaba haciendo la tonta pq muchos piensan q si no no les van a regalar más. Yo me entere con 7 y no fui la primera. La mayoría se enteran entre los 7 y los 9. Es más a los 10 yo creo q si quedaba algun@ despistada el resto de compañeros se lo solían aclarar de inmediato. Vamos q si a los 10 años aún creías en los reyes es q eras el tonto de la clase, el último en saberlo. Y eso q dicen q ahora los críos son más espabilados y más precoces, pues yo creo q para muchas cosas son muy moñas.

    13 enero 2020 | 20:29

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