‘Carla no es Carla, sino Carlos’, un cuento para educar sin etiquetas

Hace mucho que conozco a Alba Alonso Feijoo, tanto que no recuerdo exáctamente desde cuándo ni cómo di con esta profesional de la educación que se bate el cobre, desde las redes sociales y el duro suelo, para que cale ese lema que muestra siempre visible: Educar sin etiquetas.

Esta maestra gallega lleva mucho tiempo defendiendo el derecho de los niños a ser quiénes son, a crecer libres y propios, a que tengan una infancia feliz y plena, con el proyecto RealKiddys. Desde hace años está denunciando los imperativos de género, esos que constriñen a muchos de nuestros hijos de manera casi imperceptible impidiéndoles soñar sin ataduras.

Os recomiendo que la sigáis si es que no lo hacéis ya, la podréis encontrar como RealKiddys en las distintas redes sociales. Sus reflexiones, sus hallazgos, son siempre interesantes.

Su último proyecto también lo es. Es un libro, un cuento nacido por crowdfunding y centrado en la infancia trans, en esos niños que, aún teniéndolo más fácil cada año que pasa, siguen encontrando demasiados escollos e incomprensión en su camino.

‘Carla no es Carla, sino Carlos’ es un pequeño intento por allanar ese recorrido hacia la edad adulta, por hacer comprender la necesidad de respetar lo que sienten y quiénes se sienten. Así lo explica Alba:

Yo que nunca fui de rosa y mira tú por dónde en mi último cuento infantil este tono domina sobre todos los demás. Y respecto a los colores y tonalidades sigue habiendo gente que no comprende el porqué de usar tonos rosas y azules. El porqué de seguir transmitiendo un mundo sexista y binario cuando Realkiddys lucha contra todo ello desde sus inicios.

Efectivamente, en ‘Carla no es Carla, sino Carlos’ se juega con un mundo azul de niños y un mundo rosa de niñas. Pero lejos de estar de acuerdo con ello lo que hacemos en este cuento es simplemente representar una realidad muy común en el mundo transexual infantil.

Cierto es que la realidad transexual, al igual que cualquier otra realidad, es diversa y no hay una única y correcta manera de ser transexual. Pero los niños y niñas trans quieren encajar tanto en lo que la sociedad les vende como “correcto” para ser niños o niñas, que tienden a caer en los estereotipos de género muy a menudo.

Probablemente en el mundo no-binario o de niñes estos tintes tan rosa/azul no tengan cabida alguna (o sí, ya he dicho que todo es más diverso de lo que creemos, y considerar que por ser no-binario tienes que ir de verde o naranja vuelves a caer en los estereotipos). Lo ideal sería que lográsemos romper con los estereotipos en todos los campos del género: ni todas las lesbianas llevan el pelo corto, piercing y son masculinas, ni todos los gays tienen pluma, ni todas las rubias son tontas, ni todas las personas trans deciden operarse…

Como ves no hay un único camino en la vida, sino millones de ellos.

¿Por qué entonces conformarnos con la opción A o la B cuando el alfabeto tiene tantas letras?
Y cuando además descubras que las combinaciones son infinitas aún te alegrarás más.

Pensado para niños muy pequeños, yo creo que a partir de unos cuatro o cinco años, es un libro breve, de dibujos y mensajes sencillos, que vira del rosa intenso e impuesto al arcoíris de la aceptación.

Como buen cuento, tiene un final feliz
. A Carla todos la acaban aceptando, empezando por los maestros y terminando por sus padres, a los que les cuesta más asimilar que ahora su hija es hijo, es Carlos.

No es así en todos los casos. Carlos es Carlos y él se encuentra más comprensión entre los docentes que entre su familia o sus iguales, salvo una amiga especialmente empática. No es el caso particular de Carla/Carlos lo más importante, sino el mensaje de aceptación, de normalidad, de amor incondicional.

La autora ha contado que tuvo niños como Carlos a su cargo, y reconoce que no siempre supo darles la respuesta que necesitaban, que merecían:

Sonia fue alumna mía cuando mi andadura en la escuela pública comenzaba. Trabajo como maestra de inglés en infantil y primaria y Sonia tenía aquel curso tan solo 4 años. En mi clase de inglés y a esas edades trabajo mucho por commands: “stand up, sit down, turn off the light, look at me, run, fly…”. Y en aquella época además solía dividirlo por sexos: “Girls come here, boys sit down, girls swim, boys stand up”.

Sonia siempre se “confundía” en estos juegos. A pesar de ser una niña (o eso pensaba yo) solo seguía aquellos “commands” que ordenaba a los niños que hicieran. “Mal, Sonia, mal. You are a girl!!!” Pero Sonia hacía oídos sordos a mis palabras. No fue hasta años más tarde que descubrí qué significaba ser trans y me pregunto si Sonia sigue llamándose igual o es ahora Pedro, Manuel o Antonio. Tal vez tenga el mismo cuerpo o tal vez no. Tal vez solo quería ser como su padre (tenía pasión por él) o tal vez no. Pero desde luego mi forma de actuar con ella (o él) no fue nada correcta.

También quiero que conozcas a Laura (nombre ficticio). Laura se identifica muy a menudo con un niño. Su expresión de género (pelo corto, chándal, deportivas…) es totalmente masculina. Esto no debería llamar mi atención en un principio, pero es que en clase de “Arts and Crafts” Sonia dibujo a un niño cuando toca hacer autorretratos. Y si nos agrupamos por grupos heterogéneos ella se cuenta a sí misma como un niño.

Pero afortunadamente yo sé hoy mucho más que cuando le di clase a Sonia. Por eso dejo que Laura exprese su identidad de género como ella quiera. He hablado con su tutora y el claustro al respecto para que todas y todos estemos atentos ante cualquier nuevo indicio. Ahora tengo claro que lo realmente importante es que Laura pueda sentirse libre para expresar su género como quiera, sea solo durante un tiempo o para siempre. Y de momento afortunadamente así es.

Apenas quedan un centenar de ejemplares de este cuento, que se pueden adquirir por 15 euros en la web de la autora. También en su versión gallega, ‘Uxía non é Uxía, senón Uxío’.

2 comentarios · Escribe aquí tu comentario

  1. Dice ser Cathy

    La gente trans es la gente más sexista que hay y la que más apoya los estereotipos de género, en lugar de luchar para que cada persona pueda elegir ser como sea, se cambian de sexo… el mismo artículo lo demuestra…. si te vistes como un niño, pues eres trans, no eres niña que quiere vestir diferente, eres niño en cuerpo de niña, a operarte.

    La gente que está en contra de los estereotipos, lucha contra ellos, no se cambia de sexo para encajar.

    12 julio 2019 | 14:39

  2. Dice ser LaCestitadelBebe

    Hola,

    como ya comenté complicado tema y muy buena lectura. Si al final se quiere seguir hacía delante y el entorno no lo entiende, lo mejor es cambiar de escuela o incluso domicilio, tema complicado, pero al final si es necesario por fu felicidad.

    Besos!

    Anabel

    15 julio 2019 | 10:39

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