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Vivir es cabalgar un dragón y disfrutar del viaje

¿Eres de los que disfrutan o de los que huyen de coger un bebé ajeno en brazos?

Es posible que el mundo se divida entre aquellos que desean coger en brazos un bebé, cualquier bebé, y esos otros que no tienen el menor interés.

Los primeros disfrutan sintiendo sosteniendo esa vida frágil, recién iniciada. Si llora saben cómo consolarlo o al menos se esfuerzan en hacerlo. Se les ve casi siempre seguros, confiados, felices de acunar ese cuerpecito fragante y ajeno.

A los segundos, por mucho que les gusten los bebés, que los quieran y les enternezcan, se les ve vacilantes con un bebé en brazos. Se les nota incómodos, deseosos de entregar el recién nacido en otros brazos. Si notan que empieza a protestar lo sueltan aún más rápido, como una delicada granada cargada. No siempre es por inseguridad o falta de experiencia, a veces es una simple cuestión de falta de interés, de ganas.

Así era yo antes de tener mis propios hijos. Pese a cumplir este mes diez años de blog  maternal, antes de tener mis propios hijos nunca era voluntaria para coger a un bebé y si me lo soltaban en brazos estaba tensa como una cuerda de violín y deseando devolverlo cuanto antes a sus padres o a cualquier otro voluntario.

Me encontré con frecuencia en esa situación. Un bebé desconocido, con el que apenas tenía ninguna relación, pero se suponía que por ser mujer joven tenía que tener cierta maña innata, el deseo de acunarlo. Y cuando no lograba escaquearme y lo tenía en brazos era como Torakichi, el protagonista de la deliciosa serie de maga Padre e hijo, en la imagen que ilustra este post.

A veces coseché miradas peculiares, de extrañeza, de conmiseración. Entre eso y que nunca jugué con muñecas (¿tendrá algo que ver?, ¡quién sabe!), muchos en mi entorno más cercano creían que carecía por completo de instinto maternal.

Los hombres jóvenes de mi entorno no se veían en esas. No con tanta frecuencia al menos. No tan juzgados con toda seguridad. Micromachismos supongo.

Sé que no era miedo lo que sentía, no era tampoco rechazo. Tal vez incomodidad. Me resulta difícil discernir que me empujaba a ello.

Con la llegada de mis hijos, pasó a ser de otra manera. Ya poco antes, con algún bebé muy cercano, de gente a la que quería mucho, noté otras sensaciones. No me he convertido en la madre del mundo  queriendo sostener a todo bebé con el que me cruzo, pero estoy tranquila y lo disfruto cuando sucede, recordando con un punto de nostalgia la etapa en la que mis hijos, que ya tienen once y ocho años, eran así de pequeños y tiernos.

Somos seres complejos y cambiantes, en constante evolución.

Pero aún hoy, cuando veo un bebe y gente comiéndolo en brazos, me resulta fácil ver cuando una persona lo acoge con dulzura y gusto y cuando está en una situación incómoda y desea que acabe pronto.

Y me sigue intrigando a qué se debe y si llegaran a cambiar.

8 comentarios · Escribe aquí tu comentario

  1. Dice ser LaCestitadelBebe

    Buenas,

    a mí también me pasa, no sé son seres tan pequeños que siempre temes que les pase algo o seas responsable.

    Besos!

    Anabel

    07 noviembre 2017 | 07:34

  2. Dice ser marian

    Lo cierto es que no me gusta coger bebés ajenos, ni me gustaba antes de tener al mío ni después.
    No me inspiran nada la verdad y odio que te medio obliguen a “disfrutarlo”.
    Supongo que soy de las que solo siente por su propia cria.
    La gente que se incomoda es porque no les inspira esa ternura y a la par tienen miedo de que encima se les caiga.

    07 noviembre 2017 | 10:23

  3. Dice ser BichoRaro

    No eres la única, a mí me pasó en un cumpleaños familiar.
    Me pasaron a uno de mis sobrinos, un bebé de meses, le hice dos carantoñas para quedar bien y se lo pasé al siguiente. Lo peor fue que al poco alguien sacó uno de los regalos del homenajeado, un hamster.
    Lo tomé con ternura entre mis manos, lo acaricié y exclamé “¡Oooh que cosa más bonita!” y sentí unos irrefrenables deseos de protegerlo y de abrazarlo.
    Fue entonces cuando me di cuenta de que algo no funcionaba correctamente. Un bebé humano me había dejado impasible y se me caía la baba con un roedor. ¿Cómo era eso posible?
    Muy sencillo, aquel bebé no me necesitaba, mientras que el pobre hamster iba a quedar totalmente desprotegido en manos de mi otro sobrino. En muchas ocasiones el instinto sólo se pone a trabajar cuando es necesario.

    07 noviembre 2017 | 10:29

  4. Dice ser Isthar

    Además que es verdad que se “pasa mal”. A mí me encantan los niños pero cuando me ponen un bebé en brazos (porque yo nunca los cojo a no ser que sus padres me lo permitan, y casi siempre son ellos los que insisten), me da una sensación de que se me va a caer o algo que lo paso fatal. Tu viñeta explica totalmente ese momento porque yo soy tal cual! Luego ya cuando son más mayores no me da tanto miedo, pero de muy bebés…uf!!

    07 noviembre 2017 | 11:58

  5. Dice ser cuatro martillazos y andando

    Ya se sabe que los miniyo ajenos son muy bonicos pero para verlos a distancia.

    07 noviembre 2017 | 12:22

  6. Dice ser usi

    en cuanto he llegado a “micromachismos” he dejado de leer. ale, adios

    07 noviembre 2017 | 12:35

  7. Dice ser Diana

    Leí una vez que uno de los grandes placeres que uno no debería nuca dejar de experimentar es el de sostener un bebé en brazos. Y es verdad, es algo difícil de explicar con palabras. Aún así, yo estoy tensa cuando no es un bebé de mi familia porque creo que un bebé es como algo muy íntimo de sus padres y tengo sensación de estar de intrusa. Pero ahora que soy abuela disfruto con todas mis fuerzas de la sensación de tener a mi nietecillo en brazos recordando cuando mis hijos eran así de pequeñitos.

    07 noviembre 2017 | 12:56

  8. Dice ser Cabulo

    Lo que me produce incomodidad no es el bebé sino los comentarios de los que están alrededor, en plan: “Venga, cógelo” aunque no apetezca, o “Vete practicando”, “A ver cuándo te toca uno” (como si tener un bebé fuera algo que tiene que tocarle a uno por obligación.

    07 noviembre 2017 | 15:37

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