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En busca de una segunda oportunidad En busca de una segunda oportunidad

-Los hombres han olvidado esta verdad -dijo el zorro-, pero tú no debes olvidarla. Eres responsable para siempre de lo que has domesticado- 'El Principito'. Antoine de Saint-Exupéry.

No es para tanto, es solo un perro

11082508_10206634507810292_9221961865749628830_nAquí está un nuevo capítulo del folletín animalista que estoy publicando en este blog todos los viernes. Un libro por partes con el que quiero aprender y experimentar una nueva forma de escribir.

Quiero hacer una buena novela juvenil, apta para todos los públicos, con el marco de la protección animal para dar a conocer y concienciar sobre esta realidad.

Cualquier sugerencia, duda o puntualización será bienvenida.

 

CAPÍTULO 16:

Mal le dijo que en media hora le vería en el portal, que quería aprovechar para dar un paseo a Trancos y cambiarse de ropa. Al lado de Martín parecía casi limpia, pero al lado de cualquier otro quedaba claro que también necesitaba una ducha. El chico se alegró de que no subiera a su casa por varios buenos motivos. El principal era que su madre estaba aún allí, terminando de arreglarse. No tenía muy claro porqué, pero se le habría hecho bastante raro tener a las dos juntas en su salón. Tampoco le habría gustado verla asomarse a su cuarto: si no le había apetecido ver a Manu bajo la lámpara de Woody y Buzz Lightyear que tenía en su cuarto y ante sus cuentos de Rayo McQueen, menos quería aún que Mal viera todo aquello. Por último, se habría sentido bastante incómodo sabiéndose desnudo en la ducha con ella esperando al otro lado del tabique.

Solo media hora. Rascó distraídamente a Logan, que había abandonado su estado de siesta constante para saludarle, cogió la ropa limpia que se iba a poner y se apoyó en el marco de la puerta del baño contándole a su madre los pormenores del rescate mientras ella usaba pincelitos, brochas y lápices de diferentes formas y colores. Todo un misterio en el que Martín no tenía el menor interés en ahondar. Se había acodado allí para que se diera prisa. Hasta que su madre no acabara no podría entrar en la ducha. No es que tuvieran ninguno de los dos el menor problema con la desnudez del otro o con compartir el único baño que tenía el piso, es que el vapor de agua caliente la estropearía el pelo recién alisado. Todo un drama.

– Ya estás guapísima mamá. Venga, que tengo que ducharme y casi no tengo tiempo –

– Pero si tú no tardas nada. En cinco minutos estás duchado y vestido – objetó ella.

– ¿Dónde vas a ir hoy, que te has puesto en plan milf? –

Su madre blandió amenazadoramente el frasco del perfume que se acababa de poner en la cara interior de la muñeca ante sus narices.

– Ni se te ocurra llamarme eso. Te dejo que me digas que estoy cañón o maciza, pero de milf nada. Voy a cenar y a tomar luego algo con algunos compañeros del trabajo –

– Oye mamá. Hay algunos que están comentando por WhatsApp que se van a quedar a dormir en la parcela, para volver el domingo después de desayunar y recoger aquello. ¿Te importa si me quedo? Como no he estado en todo el día… –

– ¿Manu es una de las que se queda? – preguntó ella mirándole directamente a los ojos, divertida.

– Sí, ella se queda. Si no quieres dejarme no pasa nada. No voy a discutir. Ya volveré como pueda, a algunos les irán a recoger sus padres y podrán acercarme –

Su madre guardó sin prisa todos sus bártulos pictóricos antes de contestar.

– No me importa, puedes quedarte. Lo que podáis hacer de noche, lo podéis hacer igual de día. No soy imbécil. Tuve tu edad y sé bien que las oportunidades se encuentran si se buscan. Pero te exijo que tengas cabeza. Y corazón también. ¿Queda claro? –

Martín se notó tremendamente incómodo, un puntito enfadado y muchos cohibido. Se limitó a asentir mientras abría la mampara de la ducha. Luego soltó lo primero que se le cruzó por la mente.

-¿Mamá, te he dicho ya que me gustaría cambiar la lámpara de mi dormitorio? –

– ¿Te he dicho yo que me gustaría que tuvieses pronto tu primera nómina? – contestó ella subiéndose en sus tacones – ¡Ah! Y dado que no vas a volver hasta mañana, no olvides bajar a Logan a hacer un pis antes de irte – ordenó justo antes de salir por la puerta.

Martín maldijo mirando la hora en el reloj de la cocina. Ahora sí que iba a tener que correr.

***

Mal ya estaba en el portal cuando él bajó con su mochila al hombro. También maquillada y con una falda corta de flores pequeñitas, unas botas de esas de ir a conquistar Polonia y una camiseta gris de algodón ajustada. Nada que ver con la ropa cómoda y vieja que se ponían en la protectora y con la que se había acostumbrado a verla. Se detuvo a su lado sonriendo.

– Estás muy guapa – soltó sin pensar.

– Gracias Mastín. Es sábado por la noche. No solo los adolescentes tienen planes. Los vejestorios que vamos camino de los treinta años también quedamos –

Justo en ese instante entró Ernesto, que miró de arriba abajo primero a uno y luego al otro, resopló reprobatorio y desapareció en el ascensor sin decir una sola palabra.

– Bueno, creo que ha añadido la corrupción de menores a mis pecados – comentó ella al aire. Luego sacudió la cabeza quitándole toda importancia.

– No vas camino de los treinta años, solo tienes veintiséis. Y sé bien que los vejestorios pueden tener planes, mi madre ha salido hoy de marcha sin ir más lejos – continuó él en tono de broma mientras se dirigían al coche.

– Eso ha sido descortés con tu madre, que la he visto y es una señora estupenda que además no está aquí presente para arrearte con la zapatilla, que aún tendría derecho a hacerlo – rio ella.

– Mi madre nunca ha hecho tal cosa – replicó Martín.

– Si te hubiera oído ahora mismo se arrepentiría de haber sido tan blanda. ¿Cuántos años tiene? –

– ¿Mi madre? Cuarenta y seis, creo. Me tuvo con veintinueve –

– ¿Creo? Ten hijos para eso. Por eso yo ni me lo planteo –

***

Tardaron poco más de cuarenta minutos en llegar a la parcela de los padres de Claudia. En transporte público le habría llevado unas dos horas llegar hasta aquel rincón de las afueras de un pueblo toledano minúsculo.

Era una casa encalada de una única planta, bastante dejada. Cuando Claudia y su hermano eran pequeños y sus padres más jóvenes, por lo visto iban todos los fines de semana. Ahora paraban poco, sobre todo en invierno. En verano iban algo más porque tenían una piscina y una barbacoa de obra. La casa tenía un único ocupante durante todo el año: una perra ya mayor, cruce de mastín, que era un pedazo de pan y a la que echaban un ojo, pienso barato y agua los vecinos. Tenía el nombre ridículo de Britney, por Britney Spears. Martín la recordaba del año anterior. Se acordaba también de que un año había estado a punto de morir ahogada. Por lo visto cayó a la piscina a medio llenar y había pasado dos días aferrada a la escalerilla hasta que los vecinos pasaron por allí y la lograron sacar.

Mal detuvo el coche frente a la verja de la entrada y Britney se acercó ladrando como una loca.

– No hace nada – dijo Martín antes de darse cuenta de que era una información innecesaria. Mal estaba acariciándola a través de la valla. En un minuto tenía allí a Claudia y a Manu abriendo la puerta.

– Britney es un buen timbre, ¿verdad? – señaló Claudia con una sonrisa de oreja a oreja e ignorante de la dura mirada que le había dedicado Mal.

– Bueno Mastín, aquí te quedas. Pásalo bonito – le dijo volviendo a entrar en el coche.

***

Manu estaba de morros, Martín se dio cuenta en cuando le puso la vista encima.

– Quién es esa borde que te ha traído. No se ha dignado a saludar a nadie. Claudia iba a invitarla a entrar pero no le ha dado la oportunidad –

– Lo sabes de sobra. Es mi vecina, la chica del galgo. Con la que voy a la protectora. Bastante que se ha prestado a traerme hasta aquí – respondió aséptico, soltando la mochila en la vetusta cama de 90 que tendrían que compartir aquella noche. Al otro lado de una mesilla había otra cama de 90. Intimidad, la justa. No tenía ganas de bronca, pero tampoco tenía ganas de encontrarse con Manu cabreada tras un día tan intenso.

– Podías haber mirado más el WhatsApp. No me has hecho ni caso en todo el día. He estado aquí sola, sin saber que era de ti hasta casi el final que has dado señales de vida. Las señales justas –

– No has estado sola, has estado con otros once tíos de la clase –

– Con once que han debido estar pensando que no te importo una mierda – dijo Manu elevando el tono.

– ¡Vaya! Ahora tienes poderes y sabes lo que piensa la gente, como la jodida Bruja Escarlata – respiró para intentar calmarse – Mira, hemos estado haciendo algo importante. Hemos estado rescatando a una perra que había caído en un cepo – explicó, conciliador.

– No es para tanto, es solo un perro. Puede que no sea la bruja esa, pero no te creas tú Superman, tío. Es solo un puto perro –

Un puto perro. Solo un puto perro que no entró dentro de los planes de alguien. Unos ojos asustados e implorantes. Un peso rendido en brazos hasta el arcén. Un cuerpo caliente sin un ápice de maldad en sus manos.

Ahí fue cuando Martín perdió los papeles. Cerró de un golpe que retumbó en toda la habitación el viejo armario y se lanzó a la puerta hecho una furia.

– Vale, lo siento, me he pasado. Lo siento – murmuró Manu poniéndose en medio y abrazándole por la cintura – de verdad, lo siento. No quiero que nos cabreemos. Venga. ¿Me perdonas? –

Martín nunca habría imaginado el poder que encerraban los besos con rabia.

Kadel es un perro de la Sociedad Valenciana Protectora De Animales Y Plantas (SVPAP). Es sociable con otros animales, niños, obediente y cariñoso. Un perro diez. Pero aún con esas lleva ya dos años en el refugio, al que llegó de cachorro completamente rosa y pelado por una sarna fortísima.

La leishmania ya está negativizada, pero en la protectora vive estresado y su piel se resiente. Necesita un hogar tranquilo donde recuperarse y vivir todos los años, que son muchísimos, que le quedan. Que Kadel encontrase un adoptante sería un precioso milagro, pero de no ser así al menos necesita acogida. La protectora ofrece el servicio de acogida, costeando la medicaicón y atención sanitaria.

Más información y contacto:

Y si os habéis quedado con ganas de más, ya sabéis que podéis comprar mi primera novela, Galatea, una novela de ciencia ficción solidaria con los perros y gatos abandonados, ya que la mitad de los beneficios irán destinados a ellos.

Algunas reseñas y entrevistas sobre Galatea en Lectura y Locura, JotDown, Público, Nuevo BestSeller Español, 20minutos, PACMA o TodoLiteratura.

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3 comentarios · Escribe aquí tu comentario

  1. Dice ser lola amigo

    CUANTAS VECES HE OIDO ESO … ES SOLO UN PUTO PERRO!!! que ganas de partirle la cara a quien lo decía!!
    Pero no quiero cabrearme, me gusta cada capítulo y espero con ansiedad que llegue el viernes para ver en qué sigue la trama.

    Por cierto, estoy releyendo Galatea, me ha gustado tanto la primera vez que me la leí tan deprisa por saber qué iba a pasar luego que no la disfruté como se merece. Te repito que me gusta mucho mucho, no había estado tan enganchada a ninguna novela de ciencia ficción desde que leí la trilogía de Asimov, relativa a los robots de Aurora.

    Me gustan tus referencias a Blade Runner (una de mis películas favoritas) y a Dune, una gran novela. También tu sesgada mención a Asimov, y sus tres leyes de la robótica, aunque el comentario es que habían quedado obsoletas, o así lo entendí yo ….. me gustaría saber porqué lo consideran así tus científicos que diseñan esos módulos tan chulos, de los que pienso encargar uno si es que vivo para verlo …. jejejejejeje!

    08 Mayo 2015 | 9:47

  2. Dice ser Lola

    Muchas gracias por publicar el caso de Kadel!,a ver si aparece su ángel!,lo necesita muchísimo.

    08 Mayo 2015 | 12:11

  3. Dice ser may

    Me encanta tu novela….la leo todos los viernes y siempre se me hace corto y tengo ganas de maaas jeje

    Me gusta porque muestra la realidad que hay hoy en dia por desgracia y lo poco que piensa la gente en los animales… que si un puto perro, que si bah es un animal que mas da.. en fin, que asco!

    Bueno es mi primer coment en tu novela y solo queria decirte eso, que me encanta 🙂

    un saludo

    08 Mayo 2015 | 15:15

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