Archivo de octubre, 2020

Nuestros animales son un gran apoyo para sobrellevar la pandemia

(GTRES/ARCHIVO)

A la vuelta del verano fue noticia un estudio de la Universidad de York venía a confirmar lo que muchos que compartimos nuestra vida con un animal ya sabíamos, que el confinamiento en su compañía nos ayuda a mantener la moral y la salud mental en mejores condiciones. Los investigadores preguntaron sobre la relación con sus animales de compañía a miles de británicos entre el 23 de marzo y el 1 de junio, una abrumador 90% confirmó que sus perros y gatos les ayudaron emocionalmente en el forzado encierro.

El portal Wamiz me hizo llegar hace pocos días la noticia de este estudio por correo de nuevo. Un estudio con sesgo, porque contestaban propietarios de animales que, solo por serlo, ya se les supone cariño por ellos. Pero dado que este octubre está acabando de una manera que recuerda a cómo empezamos marzo y arrecian las noticias del aumento de los problemas de salud mental, me ha dado por preguntar desde mis redes sociales si la compañía de nuestros perros y/o gatos hizo más llevadero el confinamiento y también ayuda en estos tiempos inciertos por la pandemia.

Obviamente en mis redes sociales también hay un sesgo, pero la respuesta es abrumadora y positiva. La encuesta en twitter, con 250 partipantes, tiene un 97% de respuestas positivas.

Silvia. Sin duda… Yo he trabajado durante todo el confinamiento y llegar a casa y tener su compañía era y es una alegría.

Emerald. La compañía con perros y gatos siempre hace la vida mejor, ya sea una pandemia, una Apocalipsis zombie o el día a día de esta existencia.

@ordonezst. Hacen compañía, se ocupan de que te levantes temprano y cumplas las rutinas (son gatos, ya sabemos que cuando quieren son pesaos) y dan mucho cariño cuando notan que estamos bajitas de ánimo

Ana.  Adopté un perro por primera vez este verano, y ha sido la mejor decisión que he podido hacer. Todo lo que me aporta es positivo, desde arrancarme sonrisas cada vez que me mira, hasta hacerme relativizarlo todo, desde obligarme a pasear horas al día hasta entretener a mis hijxs que llevan ocho meses en semiconfinamiento.

@fotorubira. Sí, él estaba muy feliz y a mí me daba menos ansiedad. Sinceramente, en muchos momentos olvidaba la horrible situación gracias a mi gatito.

Charo. A mí me ayudan todos los días del año…Con pandemia, sin ella…Con confinamiento, sin él…Con amor a raudales cada minuto de nuestras vidas 😊 Nos queremos caiga lo que caiga!!

Pilar. En el confinamiento no, Kira lo pasó mal por no poder salir a dar nuestros grandes paseos. Fue muy estresante no poder moverte de la puerta. Después por supuesto que sí nos ayudó, comenzamos a salir poco a poco al campo que es lo que más nos gusta, lejos de aglomeraciones. Solo pido que no nos vuelvan a confinar en casa.

Maricarmen. Claro que sí. La vida compartida con animales es mejor, con confinamiento y sin él. Estuve teletrabajando 4 meses completos y él era mi compi de curro. Se repartía el tiempo y tenía para todos: estaba un ratito a los pies de marido, otro a mis pies y otro en el cuarto de cada uno de mis hijos, asistiendo con ellos a las teleclases. En casa lo adoramos.

@luci_abc. Totalmente. Todo es mejor con ellos y gracias a ellos. Y ante la situación que estamos sufriendo, disfrutar de su compañía y amor incondicional hace que todo sea más llevadero.

Maribel. Sí, sin lugar a dudas me ayudó muchísimo.

Miguel. Sin ninguna duda … Increíble su comportamiento y su cariño incondicional. Ella sabía que algo raro o distinto estaba pasando 🐾

Marta. Sin dudarlo ni un segundo. Ya me acompañaba en mi vida normal, pues en los momentos chungos, más todavía.

Esmeralda. Decidimos adoptar a Limon, nuestro perro, mucho antes de que se iniciara el confinamiento. Pero como era recién nacido tenía que permanecer un tiempo con la madre y hermanos. Cuando ya estaba preparado empezó el confinamiento y tuvimos que esperar un mes a poderlo traer a casa. Si comparo el mes que estuvimos sin él fue muchísimo peor que cuando él llegó. El mes antes de su llegada estábamos nerviosos, muy preocupados, muy paranoicos. Fue llegar a casa Limón y rejalarnos y olvidarnos bastante de todo lo que estaba pasando.

Susana. Por supuesto. Mis perros y mis gatas sin duda alguna aportan siempre una gran felicidad a mi vida

Obviamente no hay que tener un animal de compañía con este fin, igual que no era buena idea hacerse con un perro hace siete meses solo para poder salir a pasear varias veces al día; soy de las que creen que es mejor en los que nosotros podemos aportar a un animal que en lo que vamos a conseguir de ellos antes de invitarlo a sumarse a la familia. Pero tampoco es desdeñable el hecho de que puede ayudar a nuestro equilibrio emocional, a nuestra salud mental, en estos días extraños.

Sin ellos, si su compañía y apoyo incondicional, sin lo necesarios que nos hacen sentir, el mundo, con o sin pandemia, sería un lugar aún considerablemente más gris para muchos de nosotros.

La gatita de las imágenes está en adopción en la comunidad de Madrid, me cuentan que “es muy cariñosa; en cuanto te sientas, en seguida busca como subirse a ti para chuparte y jugar contigo; si ha estado sola, cuando entras en la habitación se pone muy contenta; se duerme la coloques donde la coloques ya sea en tu cuello, tu mano, tu pierna o colgando del brazo. Es muy sociable y se lleva muy bien con otros gatos”.

Está desparasitada, pendiente aún de saber si es negativo a inmunodeficiencia o leucemia felina.


Contacto y más información:
devicentemaya@gmail.com

Un animal no es un complemento de moda

Antaño fueron los huskies, dálmatas, pastores alemanes, golden retrievers, cockers, beagles, caniches, chihuahuas o yorkshires los que marcaban tendencias. Hoy día algunas de esas razas permanecen como objeto de deseo, mientras que otras pierden vigencia. Dejan de estar de moda y desaparecen o apenas se las ve. En cambio surgen otras: bichones, shibas inu, pastores belga o border collies (mejor si son azules o merle).

(GTRES)

Los gatos no son ajenos a estos caprichos e instagram es una buena manera de tomar el pulso a las últimas tendencias. Así se incrementa la demanda de razas desconocidas salvo por los expertos hasta hace no tanto, como los bengalíes, sphyns, ragdoll o maine coon.

Los perros y gatos, sus razas, no deberían estar sujetos a las modas. Los animales de compañía no son complementos, no son objetos para presumir de nuestro estatus. Sobre todo porque, con excesiva y doliente frecuencia, eso se traduce en gente oportunista que cría sin conocimiento ni ética, compradores que la oferta rápida y barata y que no se informan de las necesidades de ese animal más allá de su aspecto.

La problemática del maltrato, abandono y protección animal en nuestro país es compleja y multifactorial. Uno de esos factores tiene precisamente que ver con esa compra por capricho, basada en el impulso estético. Un bolso o una chaqueta pueden permanecer olvidados al fondo del armario cuando nos cansamos de ellos, un perro o un gato no.

Dejarse llevar por modas pasajeras al decidir convivir con un perro o un gato son factores de riesgo que pueden derivar en un futuro abandono, pero también a desapego, cambios de mano, sufrimiento del  animal y también de las personas que se metieron en una situación complicada de gestionar sin reflexión, sin estar preparadas, pero también sin mala fe.

Incluso cuando de lo que se habla es de la adopción (la opción más ética, la que yo siempre ejerceré y recomendaré) y no de la compra, se nota que al incorporar a un animal a nuestro hogar primamos que encaje estéticamente en la visión que tenemos de nosotros mismos o que queremos proyectar de nosotros en los demás. En las protectoras saben que los perros negros, atigrados, comunes en tamaño y hechuras, ‘feúchos’… lo tienen mucho más difícil para encontrar un hogar. Igual que se ven enterradas a peticiones de adopción cuando entra un animal de una raza de moda repudiado, tal vez procedente de una fábrica de cachorros desmantelada.

Es normal tener ciertas preferencias, pero es necesario reflexionar sobre si lo más importante en el futuro miembro de nuestra familia, ya provenga de la adopción o de la compra (solo a criadores responsables y comprometidos con el bienestar animal por favor), es su aspecto o que su carácter y necesidades encajen con nuestra personalidad y estilo de vida. Yo lo tengo claro, sé bien qué enseñanza quiero transmitir a mis hijos e interiorizar.

Que la belleza está en el interior sonará manido y naive, pero no por eso deja de ser cierto.

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Los veterinarios de animales de compañía seguirán siendo los únicos sanitarios con un IVA del 21%

El Gobierno ha aparcado un plan que sí tenía para 2020, bajar el IVA a los productos veterinarios (que habría tributado al 4%) y de los servicios veterinarios, que habrían pasado del 21 al 10%”. Así os lo contaba mi compañera Clara Pinar ayer en su noticia sobre las bajadas de impuestos que se han ‘caído’ de las cuentas.

Hay que conseguir dinero y el IVA de lujo para los productos y servicios veterinarios no va a reducirse, como habían prometido. Lo mismo ha sucedido con el IVA de compresas o tampones o el de impuestos de sociedades para las pymes por ejemplo. Pero este blog va de lo que va, así que voy a centrarme en el IVA veterinario.

Hagamos un poco de memoria. La subida del 8% al 21% de IVA, que no aplica a los productos y servicios veterinarios ganaderos que se alzaron del 8% al 10% creando un agravio comparativo dentro del mismo oficio, fue aprobado en 2012 por el gobierno de Mariano Rajoy. La crisis económica obligaba a encontrar caladeros de financiación pública.

Desde el primer momento el colectivo veterinario hizo ver, con toda la razón, que encarecer estos servicios iba a traducirse en que los animales pasaran menos por sus consultas para vacunaciones, desparasitaciones y tratamientos, lo que se iba a traducir en más riesgo de zoonosis y peor calidad y expectativas de vida para nuestras mascotas, sin entrar en otras consideraciones económicas sectoriales.

Ha sido una reivindicación constante de los veterinarios clínicos de animales de compañía, que siguen siendo ocho años después, pese a todas sus justas protestas, los únicos sanitarios que mantienen el 21% en sus consultas

Hace dos semanas se aprobó en la Comisión de Hacienda del Congreso de los Diputados una Proposición no de ley que instaba al Gobierno a rebajar este IVA, una medida que además venía incluida en el acuerdo de coalición de PSOE y Podemos.

Pues finalmente no ha sido así, ayer mismo supimos que el IVA veterinario se mantiene, con discrepancia incluida entre los dos socios de gobierno.

Curar o atender a un animal enfermo o herido no es un lujo, es un deber moral llevan clamando los veterinarios desde 2012 con toda la razón. Habrá que seguir recordándolo.

La promesa de no mirar a otro lado

(kreaWERFT / PIXABAY)

Hay muchas formas de ayudar a los animales: se puede ser casa de acogida temporal; ser socio o hacer donaciones a una protectora; ser voluntario ayudando de muchas maneras distintas, desde mantener sus redes sociales a pasear perros o ayudar a reparar las instalaciones; participar en grupos de rescate…  Son muchos los caminos posibles, pero entiendo que distintas circunstancias impidan que nos desviemos de nuestro día a día para transitarlos. Bastante complicado es ya sobrevivir con bien. 

Pero hay algo que sí se puede hacer, algo que fortalece nuestra humanidad, y es simplemente no mirar a otro lado si nos encontramos durante nuestro caminar ante un animal desamparado. Puede ser un gatito huérfano, un perro abandonado, un maltrato del que somos testigos, etc. Si el destino lo pone delante de nosotros, algo debemos hacer por él. Supondrá que desviemos del rumbo trazado, pero tendríamos procurar proporcionarle asistencia, por mínima que sea.

Os invito a hacer la promesa de ayudar al ser necesitado que os encontréis. No es preciso ir buscando activamente a quién prestar auxilio en forma de caricia, alimento, techo o denuncia; basta sencillamente con no ignorar, no dejar pasar a los que el azar nos ponga delante. Puede que jamás suceda, pero haber hecho conscientemente ese juramento de antemano nos ayudará a reaccionar. Y no solamente cuando sea un animal, por supuesto.  

Guardar esa promesa en nuestro interior nos ayudará además a sentirnos un poquito mejor con nosotros mismos, algo que a veces uno necesita desesperadamente. 

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A Trump se le puede criticar por muchas cosas, pero no por no tener un perro en la Casa Blanca

Los perros, desde la más feliz ignorancia, han pasado a formar parte de la artillería demócrata de EE UU durante estas víricas elecciones. Hace pocos días hicieron público un vídeo que recordaba los perros presidenciales concluyendo que “los perros nos hacen mejores personas ¿por qué no hay un perro en la Casa Blanca?” para poner en evidencia que Donald Trump es uno de los pocos presidentes estadounidenses que no ha tenido mascota, el primero en unos cien años (aquí tenéis toda la lista de perros presidenciales) y dando a entender que es peor persona por ello. No como Biden, que tiene a Champ y a Major, una reciente incorporación que fue adoptado, no comprado, que da mejor imagen aún en estos tiempos modernos. “Elige a tus humanos sabiamente”, concluye la campaña, cuya página web oficial tiene una web que invoca el voto de los amantes de los animales.

Un despropósito. En primer lugar porque es ridículo afirmar que tener un perro te haga mejor persona. A muchos los perros (o los gatos o los caballos) solo les sirven de sparring para su crueldad o indiferencia. Todos conocemos a seres bondadosos que no soportan a los animales y a otros que dicen amarlos y cuanto más lejos los tengamos, mejor. Tener un perro, que te gusten los animales, puede hacerte parecer mejor persona, puede humanizarte, eso sí. Pero esa es una película muy distinta que se traduce en estrategias de imagen, publicitarias y electorales.

A Obama prácticamente le obligaron a tener perro, pese a tener alergias en casa. Los había que no concebían que no hubiera perro presidencial, así que llegó primero Bo poniendo de moda los perros de agua (de lo que me parecen las peligrosas modas con seres vivos ya hablaremos otro día) y cinco años después Sunny, ambos convertidos en auténticas estrellas. Ese revuelo en torno a la compra o adopción de un perro por parte de los Obama ya me pareció ridícula entonces.

No es obligado tener un perro en La Casa Blanca, no es obligatorio tenerlo en ninguna casa. Solo deben estar en las que los quieren de verdad.

(THE WHITE HOUSE – FLICKR)

Tenerlos o usarlos para tener rédito político tampoco me complace especialmente; por eso tampoco me gusta el vídeo, por mucho que desee que Trump, que solo usa a los perros como término para insultar a sus enemigos, desparezca del gobierno yanqui.

En España no pasa. Aquí los políticos no utilizan a los animales, no demasiado al menos (seguro que estáis recordando ahora a Pecas, el perro de Esperanza Aguirre). Es poco probable que recordemos, por ejemplo, si Zapatero o Aznar tenían perro (que sí tenían), y mucho más fácil que nos acordemos de los perros de Obama o a Socks, el gato de Clinton. En Estados Unidos no hacerlo es impensable, hasta el punto de que los perros y gatos presidenciales son celebridades que acaparan estratégicamente titulares y protagonizan felicitaciones navideñas.

Y siempre me ha parecido que estas estratagemas de lavado de imagen lo que hacen es tomar por tonto al elector. Una versión solo ligeramente menos obvia que los afortunadamente ya erradicados besos a bebés. A quién votemos para que nos gestione, para que en estos días capee una crisis sanitaria sin precedentes, no debería estar influido por si tiene perro, gato o prefiere relajarse podando bonsáis. ¿No os parece?

(Esperanza Aguirre / flickr)

“Los cachorros de perros y gatos deberán tener una edad mínima de tres meses en el momento de la venta”

“Los cachorros de perros y gatos deberán tener una edad mínima de tres meses en el momento de la venta con el objeto de evitar problemas de salud o de comportamiento. En casos de animales criados fuera del territorio nacional su venta no podrá realizarse antes de que los cachorros hayan cumplido los tres meses y quince días, siendo obligatorio que sean entregados con la vacuna de la rabia”.

Eso dice la ley de Protección de Animales de Compañía de la Comunidad de Madrid de 2016.Y no es lo único, también establece que se venderán sanos, desparasitados y con las vacunas obligatorias, entregando un certificado oficial emitido por un veterinario y con el chip ya puesto a nombre del nuevo propietario.

Demasiadas veces me he topado con personas que habían comprado a su perro o a su gato desconociendo todo esto a lo que tenían derecho, para protegerles a ellos como consumidores y también como garantía de bienestar animal.

(GTRES)

Tres meses mínimo. Puede que con dos meses sean adorables bolitas de pelo que nos encantaría tener entre las manos, pero por atractiva e ‘instagrameable’ que resulte esa ternura, a esa edad necesitan estar con su madre y hermanos, aprendiendo de ellos.

Y necesitan también socializar, tener contacto con tantos estímulos como sea posibles: niños, otros animales vehículos… algo que un mal criador que tiene a sus perros o gatos en jaulas, como gallinas ponedoras, no va a poder asegurar. Por eso no me canso de pedir que, si hay empeño en comprar, sea a visitando las instalaciones del criador y viendo en qué condiciones cría.

A veces es imposible que sea así. Si adoptamos, que es siempre la opción más solidaria para sumar un miembro peludo a la familia, puede que nos topemos con un cachorro huérfano a una edad temprana. En ocasiones lo mejor es enemigo de lo bueno. Pero siempre que sea posible hay que procurar que se respete ese periodo de tres meses para estar con su madre. Porque tres meses es el periodo mínimo; muchos etólogos recomiendan que esa separación, si está en un entorno adecuado, no se produzca hasta los cuatro meses.

No todas las normativas de las CC AA lo especifican como la madrileña. Hay comunidades, como la de Castilla la Mancha, que no han tocado esta ley desde hace veinte años. Ojalá pronto tengamos esa ley de ámbito nacional que unifique criterios y lo haga adecuadamente.

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A los gatos sí se les puede enseñar, incluso a hacer trucos

En mi anterior post os decía que no debemos chinchar a nuestros gatos, que no hay que gritarles, lanzarles, tratarles con rudeza, porque nuestro vínculo no es irrompible, porque lo único que aprenden así es a desconfiar de nosotros y nuestra imprevisibilidad.

Eso no significa que no se pueda enseñar a los gatos, que haya que dejarles hacer lo que les dé la real gana. ¡Por supuesto que no! De hecho son capaces de aprender mucho más de lo que mucha gente creería. Se les puede educar si se se sabe cómo y si se es consistente cuando nos arremangamos para hacerlo.

Si hay algo que no nos gusta que hagan, se les puede apartar con delicadeza usando siempre la misma palabra (quita, no, para), pero sin gritos, sin malos gestos, sin tratarlos con violencia, repitiendo las veces que haga falta con mucha paciencia y suavidad. De hecho, cuando comiencen a obedecer, conviene premiarles con caricia o alguna golosina que aprecien.

Y también se les puede enseñar órdenes sencillas en positivo, con refuerzos y alternativas de su agrado. No es difícil encontrar en las redes sociales vídeos de gatos que obedecen (casi siempre) cuando se les pide la pata o que hagan la croqueta. Mientras se emplee aquello que le gusta, como comida o juguetes, el animal disfrute con el proceso y nosotros (haciendo acopio de paciencia) también, no hay el menor problema, nuestro vínculo incluso podrá reforzarse.

Eso sí, los gatos no son perros. Modulemos nuestras expectativas, afrontemos sesiones más cortas, en los momentos en los que están más receptivos y asumamos la posibilidad del fracaso pese al esfuerzo.

Os confieso que yo no veo aliciente ninguno en que mi gato se siente para que le dé una chuche o choquemos los cinco, pero sí en que aprenda lo que no debe hacer. Por ejemplo, tengo el empeño de que mi gata no se cuelgue de la lámpara o otro de mis gatos no se pasee detrás del televisor, algo que van entendiendo a fuerza de insistir con delicadeza.

En cualquier caso, como siempre he dicho, por mucho que lo intentes puede que tu gato decida que tu mueble favorito es su rascador favorito y no le vas a convencer de lo contrario. Si valoras más a tu objeto de decoración que a tu gato, no tengas gato.

Dante es una cachorrita preciosa que busca hogar en Madrid.

Contacto: adopciones@madridfelina.com