El antes y el después de un gato obligado a vivir en la calle

Hay algunas afirmaciones que logran encenderme al instante de escucharlas. Una es esa, tan extendida de, que los gatos saben apañárselas en la calle. Que si son estupendos cazadores, que si saben buscarse estupendamente la vida para buscar alimento y cobijo, que si lo que no es normal es tenerlos encerrados en un piso…

No es más que el cuñadismo llevado de manera extrema al mundo de los gatos. Todos esos que afirman que los gatos callejeros son los más felices, justificando a conciencia o no el abandono de muchos de estos animales, deberían hablar con cualquier persona que gestiona una colonia felina, la voz llena de experiencia para narrar lo mal que lo pasan, lo pronto que mueren, lo mucho que enferman, que, en definitiva, no es vida para ellos.

Blaki es un ejemplo llegado de Córdoba, de la protectora El amigo Fiel. que cuenta que empezó a aparecer de manera intermitente hace un par de años en una colonia que ellos controlan siendo un precioso gato de angora negro.

“Con el tiempo hemos ido viendo como se iba consumiendo y empeorando. Es el ejemplo del abandono y de la mentalidad arcaica y retrógrada de que los gatos se buscan la vida en la calle”, explican desde la protectora, que necesita toda la ayuda que se les pueda ofrecer en forma de voluntarios, adopciones, acogidas y donaciones para continuar con su valiosa labor.

“Han sido muchos días de intentos e inventos caseros para poder cogerlo, ya que con la jaula trampa y de la manera habitual, era imposible que entrara. Finalmente lo capturamos y por desgracia ha sido cuando estaba en las últimas. Blaki ha estado ingresado. Se ha esterilizado, desparasitado interna y externamente, se le ha hecho marcaje en la oreja, se le han hecho analíticas y se le ha practicado una segunda cirugía, además de la castración. Creíamos que iba a perder el ojo por la gran infección que tenía y su estado en general, pero nuestros veterinarios han conseguido estabilizarlo. El problema venía de una espiga que tenía clavada en la cara desde hace mucho y le estaba provocando un dolor terrible. Ya está fuera de peligro y le han dado el alta. Ahora mismo lo tenemos en una jaulita hasta que termine todo el tratamiento de antibióticos y antiinflamatorios. Cuando esté recuperado totalmente lo soltaremos en la colonia felina, que para él (por desgracia), es su único hogar”, cuentan.

Porque esa es otra. Hay muy poca gente que adopta gatos adultos. Los hay por decenas de miles, y si ya es complicado lograr un hogar para todos los cachorros que nacen, conseguir casa para los que ya no son adorables bolitas de pelos es casi un imposible.

Si además no son gatos adultos cariñosísimos sino gatos con un pasado que les ha hecho desconfiar y para el que es preciso una dosis extra de paciencia, es poco más que un sueño. Ese es el caso de Blaki: “no es un gato que haya nacido en la calle y sea feral, sino un gato casero que se ha tenido que asilvestrar para poder sobrevivir. ¿Pero quien quiere un gato adulto y que no se deja manipular? Ya te digo, nosotros tenemos gatos así y la convivencia puede ser buena y feliz para ellos, con ciertas limitaciones, pero con una calidad de vida digna. Ojalá alguien tuviera el compromiso de trabajar con él y darle su tiempo”.

Necesitamos que los  ayuntamientos se impliquen de verdad en la protección animal. Unos más, otros menos, vez más van colaborando para las colonias estén bien controladas y cuidadas, para que se les aplique el método CES (captura, esterilización y suelta) y se les mantenga en buenas condiciones. Algo que, como casi todo, no sale gratis ni mucho menos. Pero hay muchísimo camino por recorrer, en toma de conciencia de las instituciones públicas y una consecuente adopción de medidas; y también en una toma de conciencia por parte de la sociedad, que si quiere animales la adopción es la opción más ética, que debe esterilizarlos  y asumir la responsabilidad hasta el final, sin excusas baratas y falsas para justificar el abandono como que se saben buscar la vida en la calle.


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6 comentarios · Escribe aquí tu comentario

  1. Dice ser Yakary

    Me encantaria adoptar a blacki,es identico a uno de mis gatos adoptados,yo vivo en barcelona pero me haria cargo de los gastos del viaje,ojala podais ayudarme a contactae,seria genial que se uniese a la familia,muchas gracias

    28 julio 2020 | 20:54

  2. Dice ser vanesa

    Buena idea tengo dos gatitos adoptados Lucki y Sira.

    29 julio 2020 | 9:15

  3. Dice ser Eri

    Yakary, busca en redes la protectora El Amigo Fiel de Cordoba y contacta con ellos! Ojalá encuentre un hogar….

    Gracias por este artículo que, aunque no abra los ojos al cuñado más cuñado, si a gente que le gustan los animales pero tiene bien metida en su interior la idea esa de que los gatos “se las apañan bien”

    29 julio 2020 | 9:43

  4. Dice ser Kally

    Hasta los gatos callejeros que no son cariñosos pueden aprender a serlo. Os cuento lo de Tío – rescatado por una protectora con seis meses de edad, buscando comida en los contenedores y totalmente silvestre. Mi exmujer me lo presentó en casa como ‘regalo’ (no somos ex por culpa de Tío – más bien a pesar de este gesto de ella, que fue la cosa más romántica y probablemente la única cosa romántica que me hizo!!!!!) y Tío no me dejaba ni acercarle en casi 9 meses. Cada tarde al regresar del trabajo, yo le perseguía por toda la casa (caminando, no corriendo!) hablándole en plan Loca de los Gatos (“Tío, soy ser humano, y para que lo sepas, a los seres humanos nos encantan los gatiños, así que tú me encantas, aunque no quieres conocerme aún…” etc). Al final cuando le tenía arrinconado, temblando y encogiéndose para hacerse más pequeño para que yo no le viera, le seguía hablando y empezaba a tocarle, y luego acariciarle, mientras él se quedaba ‘congelado’ de miedo. Después de un par de segundos, Tío solía empezar a relajarse; entonces me iba con un, ‘hasta luego, precioso’. Dejándole con buenos recuerdos y ganas de más.
    Unos 6-7 meses más tarde, estuve en el sofá y me di cuenta de que Tío estaba sentado a un poco más de un metro de mi, y le acaricié brevemente; no se movió, ni se tensó. Mi ex y yo lo celebramos como un gran triunfo.
    Todo esto empezó en marzo 2006. Sobre 2018, de repented decidió que el regazo de la Mamá podría ser un asiento cómodo, y me saltó encima ronrroneando. Pero la verdad es que ya había sido cariñoso desde hacía muchos años – siempre según sus propios términos y condiciones.
    Junto con sus hermanos y hermanas, duerme encima de mi en la cama (ahora mismo no, porque hace demasiado calor!) Tiene 15 años y es un sol y me quiere muchísimo, chillándome para que le acaricie, e incluso, cuando llega a conocerles, se deja acariciar cuando viene otra gente a casa. A mis padres les roza los tobillos gritando, y cayéndose encima de sus pies, ronrroneando.
    El lado silvestre suele reaparecer cuando se trata de ponerle Frontline o al llevarle al veterinario – siempre les digo que tiene que ser yo misma la que le manipula durante la cita, si no quieren que se ponga salvaje y cague por todo el suelo. Siempre les digo, “se cree un gato callejero. No ha sido uno desde los siete meses, y ahora tiene 15 años, pero aún se cree gato ‘gángster’. Soltará unas palabrotas que juro que no se las he enseñado yo, así que, si hay niños fuera, que se tapen los oídos.” Y suelta taco tras taco, yo le riño por su lenguaje frente a las damas, y pega a todo el mundo (siempre les asegura a los veterinarios que, aunque nos va a pegar, no sacará sus garras y no morderá, es tan sólo ruido!)
    Estoy completamente de acuerdo sobre los gatos adultos. Tío todavía era un bebé, en teoría, pero con siete meses de edad, ya era más o menos de tamaño adulto, y no ha crecido mucho desde entonces (se hace tan flaco en verano que realmente sufro – en verano pesa una media de 2,3 kilos – pero siempre recupera el peso en invierno, aunque siempre ha sido un gato muy pequeño). Son los gatitos muy pequeños los que ‘venden’ en las protectoras, pero en menos de 5 meses, ya son de tamaño adulto. Olivia es otra que cogí de una protectora. Cuando me presenté a ella, viendo que era nueva allí – y que tuvo una barriga del tamaño de un balón de fútbol – en vez de acariciarle a ella, fue ella la que empezó a acariciarme a mi. Me enamoré enseguida y le dije, cuando acabes de cagar estos bebés y ya tienen hogares, te llevaré a casa y puedes ser hermana de mi Palomita (una gatita de biberón, puta total, ahora con 16 años y que se porta como una bebé). Además de que los adultos suelen ser los que más pronto encuentran hogares, también lo son los gatitos que carecen de ‘imperfecciones’. La última de Olivia que encontró un hogar fue Honey (‘Miel’), que perdió un ojo con unos 2 semanas de edad. Por suerte trabajo en un periódico y, siendo todavía chiquitísima, escribí un artículo con el título, “no soy perfecta, pero sí que soy una monada”, con unas fotos de Honey. Funcionó: A la protectora les llamó una mujer que dijo, “Hace poco perdí a mi gato de 15 años que había tenido desde que era un bebé de 6 semanas, y me juré que nunca más tendría otro; sin embargo, siento que Honey me estaba mirando fijamente desde las páginas con su ojito diciéndome, ‘danos otra oportunidad y llévame a casa’.” La cogió enseguida, y ahora que era libre de bebés, le llevé a Olivia a casa. Ahora tiene casi 8 años!
    Pero ya hace tiempo que no “colecciono” a gatos de protectoras, porque las calles mismas me tienen abastecida de ellos. De los ocho que tengo en casa, tres de ellos eran de la calle – tres en menos de nueve años. Dos de ellos tenían sólo 4 semanas (una, Annabel, era un esqueleto viviente, cubierta de pulgas y con un ojo infectado, y me mordió y gritó cuando la cogí) y otro, que se nota que era un gato doméstico, tenía 4 meses y me presentó todas sus costillas diciéndome, tengo hambre, pero ya! Dame comida! Alguien le había abandonado. Con solo verlo, me rompió el corazón. Ahora, dos años después, todavía pasa el día entero gritando porque quiere comida, acariciándome (y a todos los que entran en casa) y peleando con los demás, que tienen un grado de paciencia que ni Job!!!!!!!
    Hace poco, el alcalde de un pueblo cerca de mi dijo públicamente que iba a prohibir a que se dieran de comer a los gatos de la calle, porque si comieran pienso, ya no cazarían a las ratas, algo que era su razón de ser. Escribí una columna de opinión en mi periódico, recordándole al imbécil este que hasta los gatos domésticos más mimados, malcriados y gordos todavía cazaban ratas si salían a la calle por diversión, no para poder comer, y que un gato no puede vivir sólo de carne de rata.
    Por cierto, los míos viven en un apartamento (un apartamento muy grande, con terraza) así que no salen a la calle, y tampoco tienen ganas de salir; son la mar de contentos. Y eso que la gran mayoría de ellos nacieron en la calle. Así que sí, pueden adaptarse perfectamente, y cuando veo la cantidad de gente que sufre por haber perdido un gato víctima de los coches, estoy aún más convencida de que vivir dentro de casa es lo mejor y debería ser lo normal. No son animales salvajes; los gatos se domesticaron hace más de 10.000 – se daban cuenta de que, más cerca estaban a los seres humanos, más posibilidades tenían de poder comer.

    09 agosto 2020 | 16:54

  5. Enhorabuena para Blaki, en Camas para perros nos gustan estas obras!
    Saludos

    28 agosto 2020 | 18:43

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