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Hay motivos para ser optimistas

Redacción de ’20minutos’. (JORGE PARÍS)

Este miércoles, 25 de noviembre, en 20minutos publicamos un especial con motivo del 20 aniversario de nuestro nacimiento, en el que, además de procurar que nos conozcáis un poco mejor, hacemos un recorrido a cómo estábamos hace 20 años, cómo hemos evolucionado a lo largo de este recién estrenado milenio, en qué punto estamos y hacia dónde apunta el futuro.

128 páginas impresas y muchos reportajes que os invito a leer. En uno de ellos, en el área social, hablo precisamente de la protección animal, no solo de los animales de compañía, también de los animales que destinamos al consumo. Aquí lo tenéis y, si le dedicáis unos minutos, veréis que, al echar la vista atrás, hay motivos de sobra para ser optimistas.

Vamos a más, como sociedad estamos cada vez más sensibilizados, somos más empáticos con los animales. Cierto es que partíamos de muy abajo y por tanto era fácil mejorar. También que el camino por delante es tan largo y arduo que, si intentamos vislumbrar la meta desde el punto en el que estamos, es fácil desanimarse. Sobre todo si nos paramos a pensar que el tiempo que transcurrirá hasta lograr los niveles de bienestar animal deseable, se miden en dolor y sufrimiento, en vidas perdidas.

Pero la única opción inteligente es aferrarse al optimismo. En todo, también en la lucha por los derechos de los animales. Recordar lo logrado en los momentos más oscuros. Como al montar en bicicleta, solo avanzando evitamos caer. 

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‘¿Qué tal si me adoptas?’, la canción solidaria con los animales abandonados de 16 artistas españoles

Esta semana me ha escrito Francis, del equipo directivo de la protectora madrileña AiBA, para hacerme partícipe de una preciosa iniciativa nacida de un grupo de artistas españoles con sensibilidad hacia los animales. Una iniciativa de un pequeño gran puñado de músicos que ademas es prueba de su generosidad en un momento especialmente complejo para su sector.

Todo empezó cuando en la protectora “tuvimos el placer de conocer a Conchita”. Con su ayuda lograron que también se involucrasen en la creación de una canción solidaria con los animales sin hogar Rozalén, Lorena Gómez, Álex Ubago, Gastelo, Nach, Arkano, Funambulista, ELE, Mäbu, Roi Méndez, Pitingo, Luis Ramiro, Pedro Guerra, Sofía Ellar y Georgina.

Os invito a ver y difundir el vídeo, porque todos los beneficios que genere su visionado irán a parar a los perros y gatos que necesitan una segunda oportunidad. También porque es un excelente instrumento para concienciar a la gente de lo importante que es la adopción en un país en el que cada año se recogen 150.000 animales abandonados (eso que registre el estudio de la Fundación Affinity, que en realidad son muchos más).

Miro hacia la puerta una vez más y vuelvo a imaginarme que me vienes a buscar, y que tendré esa vida que aún no he podido tocar: un amigo, una cama, un cuenco, un techo, un collar y un mundo entero.

Miro hacia la puerta una vez más, confío en que aparezcas y me lleves a tu hogar; yo puedo prometerte que no te dejaré jamás. Tener siempre un amigo que acompañe en los silencios y el camino.

Decídete pronto, por aquí hace frío. Tengo tantas ganas de llegar a una vida nueva, tú serás mi amigo, vamos a correr por la ciudad.

Y voy a cuidarte en la calle, en el parque, la playa, con ruido, en silencio, con gente, sin gente, tumbado a tu lado, saltando, durmiendo, ladrando.

Y voy a quererte en la calle, corriendo, en el parque, con gente, sin gente, con ruido, en silencio, y yo sentado en la puerta esperando a que vuelvas.

Solo tengo ganas de gritar, sé que el mundo es mucho más que jaulas y esperar. Ya me contó un amigo que hay mil sitios que explorar, que siempre vuelve a casa después de alguna caricia o un silbido.

Decídete pronto, por aquí hace frío. Tengo tantas ganas de llegar. Serás mi familia, yo seré tu amigo, vamos a correr por la ciudad.

Y voy a cuidarte en la calle, en el parque, la playa, con ruido, en silencio, con gente, sin gente, tumbado a tu lado, viéndote de lejos, saltando, durmiento, ladrando.

Y voy a quererte en la calle, corriendo, en el parque, con gente, sin gente, con ruido, en silencio, y yo sentado en la puerta esperando a que vuelvas.

¿Qué tal si me adoptas y empiezas una vida conmigo y yo empiezo una vida contigo y nos salvamos de una vez?

No es una crueldad tener a un perro en un piso

Estoy harta de oír a gente que me dice que es una crueldad tener un perro en un piso, sobre todo si es un perro grande, que eso no es amar a los animales, que ellos sólo tendrían perro si tuvieran un buen terreno para que el perro pudiera correr a sus anchas. Y yo les explico que aunque mis perros tuvieran cien hectáreas para recorrer preferirían estar a mis pies. En mi piso siempre les encontraréis en la habitación en la que yo esté.

Si un perro tiene sus necesidades de ejercicio cubiertas y está bien atendido, en cincuenta metros  podrá vivir felizmente. Sí, también un perro enorme. Más que pensar en el tamaño hay que mirar el nivel de actividad que necesita cada animal. Los hay muy pequeños que son terremotos y precisan mucho ejercicio y juego y otros que con pasear tranquilamente media hora dos o tres veces al día tienen bastante. Pero en ambos casos es una necesidad salir al exterior.

Además, aunque tengamos un jardín es muy poco probable que el perro decida hacer ejercicio y jugar solo. Tendremos que jugar nosotros con él, que estimularlo.

Que tanto el perro como su dueño podrían estar más contentos en un chalé enorme con terreno, piscina y pista de pádel. Pues sí, es posible. Ojalá yo pudiera vivir en una casa ubicada en un ‘prao’ de mi Asturias. Pero un piso pequeño con buenos paseos es siempre mejor opción que el chenil de una protectora. Mejor también que ser un animal olvidado en el exterior.

Tener patio o jardín es algo fantástico, que abre muchas posibilidades, pero no puede convertirse en el espacio vital del perro. da igual su tamaño. Todos los perros son animales sociales que buscan y necesitan nuestra compañía. Es cierto que los hay más independientes que otros, pero eso no tiene que ver con los kilos que pesen. Y ninguno merece una vida de semiabandono, casi del todo ignorado en el exterior de una casa, ladrando a los que pasan al otro lado de la reja y apartado cuando intenta saludar a sus amos por aquello de que les puede manchar.

No es una crueldad tener a un perro en un piso. Y si deseas un perro y puedes asumir la responsabilidad que supone, no hacerlo por vivir en un piso es solo una excusa.

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Un animal no es un complemento de moda

Antaño fueron los huskies, dálmatas, pastores alemanes, golden retrievers, cockers, beagles, caniches, chihuahuas o yorkshires los que marcaban tendencias. Hoy día algunas de esas razas permanecen como objeto de deseo, mientras que otras pierden vigencia. Dejan de estar de moda y desaparecen o apenas se las ve. En cambio surgen otras: bichones, shibas inu, pastores belga o border collies (mejor si son azules o merle).

(GTRES)

Los gatos no son ajenos a estos caprichos e instagram es una buena manera de tomar el pulso a las últimas tendencias. Así se incrementa la demanda de razas desconocidas salvo por los expertos hasta hace no tanto, como los bengalíes, sphyns, ragdoll o maine coon.

Los perros y gatos, sus razas, no deberían estar sujetos a las modas. Los animales de compañía no son complementos, no son objetos para presumir de nuestro estatus. Sobre todo porque, con excesiva y doliente frecuencia, eso se traduce en gente oportunista que cría sin conocimiento ni ética, compradores que la oferta rápida y barata y que no se informan de las necesidades de ese animal más allá de su aspecto.

La problemática del maltrato, abandono y protección animal en nuestro país es compleja y multifactorial. Uno de esos factores tiene precisamente que ver con esa compra por capricho, basada en el impulso estético. Un bolso o una chaqueta pueden permanecer olvidados al fondo del armario cuando nos cansamos de ellos, un perro o un gato no.

Dejarse llevar por modas pasajeras al decidir convivir con un perro o un gato son factores de riesgo que pueden derivar en un futuro abandono, pero también a desapego, cambios de mano, sufrimiento del  animal y también de las personas que se metieron en una situación complicada de gestionar sin reflexión, sin estar preparadas, pero también sin mala fe.

Incluso cuando de lo que se habla es de la adopción (la opción más ética, la que yo siempre ejerceré y recomendaré) y no de la compra, se nota que al incorporar a un animal a nuestro hogar primamos que encaje estéticamente en la visión que tenemos de nosotros mismos o que queremos proyectar de nosotros en los demás. En las protectoras saben que los perros negros, atigrados, comunes en tamaño y hechuras, ‘feúchos’… lo tienen mucho más difícil para encontrar un hogar. Igual que se ven enterradas a peticiones de adopción cuando entra un animal de una raza de moda repudiado, tal vez procedente de una fábrica de cachorros desmantelada.

Es normal tener ciertas preferencias, pero es necesario reflexionar sobre si lo más importante en el futuro miembro de nuestra familia, ya provenga de la adopción o de la compra (solo a criadores responsables y comprometidos con el bienestar animal por favor), es su aspecto o que su carácter y necesidades encajen con nuestra personalidad y estilo de vida. Yo lo tengo claro, sé bien qué enseñanza quiero transmitir a mis hijos e interiorizar.

Que la belleza está en el interior sonará manido y naive, pero no por eso deja de ser cierto.

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La promesa de no mirar a otro lado

(kreaWERFT / PIXABAY)

Hay muchas formas de ayudar a los animales: se puede ser casa de acogida temporal; ser socio o hacer donaciones a una protectora; ser voluntario ayudando de muchas maneras distintas, desde mantener sus redes sociales a pasear perros o ayudar a reparar las instalaciones; participar en grupos de rescate…  Son muchos los caminos posibles, pero entiendo que distintas circunstancias impidan que nos desviemos de nuestro día a día para transitarlos. Bastante complicado es ya sobrevivir con bien. 

Pero hay algo que sí se puede hacer, algo que fortalece nuestra humanidad, y es simplemente no mirar a otro lado si nos encontramos durante nuestro caminar ante un animal desamparado. Puede ser un gatito huérfano, un perro abandonado, un maltrato del que somos testigos, etc. Si el destino lo pone delante de nosotros, algo debemos hacer por él. Supondrá que desviemos del rumbo trazado, pero tendríamos procurar proporcionarle asistencia, por mínima que sea.

Os invito a hacer la promesa de ayudar al ser necesitado que os encontréis. No es preciso ir buscando activamente a quién prestar auxilio en forma de caricia, alimento, techo o denuncia; basta sencillamente con no ignorar, no dejar pasar a los que el azar nos ponga delante. Puede que jamás suceda, pero haber hecho conscientemente ese juramento de antemano nos ayudará a reaccionar. Y no solamente cuando sea un animal, por supuesto.  

Guardar esa promesa en nuestro interior nos ayudará además a sentirnos un poquito mejor con nosotros mismos, algo que a veces uno necesita desesperadamente. 

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Todos los ayuntamientos deberían hacer públicos los números de cuántos animales abandonados recogen, cuántos son sacrificados y cuántos encuentran un hogar

Mucha gente, muchos amantes de los animales, desconocen que existen perreras municipales y protectoras y sus diferencias.

Las primeras, que han ido abandonando el nombre de perrera por sus connotaciones negativas, son un servicio que las administraciones municipales están obligadas a ofrecer de recogida de animales. Está costeado con dinero público y su concesión puede estar en manos de asociaciones protectoras, pero también de cualquier otro tipo e empresa o entidad. Las hay gestionadas con criterios éticos, con frecuencia con el reto de tener pocos recursos para llevar a cabo su labor, y las hay para las que  el bienestar animal es totalmente secundario y en las que los sacrificios injustificados están a la orden del día. En todas ellas se pueden encontrar voluntarios, además de los trabajadores contratados para atender a los animales.

Las segundas son asociaciones privadas, que cuando no tienen espacio para albergar más animales pueden negarse a recogerlos, al contrario que las perreras municipales. Las hay buenas, malas y regulares en su organización, instalaciones y métodos pero salvo rarísimas excepciones se dejan el pellejo por los animales abandonados, haciendo un trabajo que sería responsabilidad de las administraciones públicas.

(JORGE PARÍS/ARCHIVO)

No son mundos estancos. No es raro que colaboren entre ellas en mayor o menor grado. A veces una protectora que ya está funcionando obtiene la concesión municipal de una perrera que ya estaba funcionando. A veces, una asociación de ánimo proteccionista que tenía una perrera municipal, pierde la concesión, consigue otras instalaciones y sigue operando de manera privada.

Lo que siempre me ha preocupado es que también hay muchas personas, muchos amantes de los animales, que no saben cómo funciona la perrera de su municipio. No parece preocuparles si es un lugar al que poder llevar un animal que encuentran abandonado sabiendo que tendrá un buen trato y procurarán buscarle un hogar o si es un campo de sufrimiento y exterminio.

Creo que es nuestra responsabilidad si nos consideramos animaleros informarnos de cómo funciona ese servicio de recogida de animales de nuestro ayuntamiento,  cómo se gestiona y quién tiene la concesión. Deberíamos pedir que los ayuntamientos rindan cuentas, que sean transparentes dando números sobre cuántos animales entran en sus instalaciones cada año, cuántos son sacrificados y cuántos encuentran un nuevo hogar y que se impliquen activamente realizando campañas de concienciación y adopción.

¿Tú sabes cómo funciona tu perrera municipal? ¿Sabes si se esfuerzan en salvar vidas?

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“Si te gustan los animales tienes que entender que algunos no se pueden tener como mascota”

Fue hace cuatro veranos, en Bretaña. Paseaba con mi perra a primera hora en torno a la granja en la que nos alojábamos, rodeada de verde y apartada de todo. Tomé una curva y allí estaba, en medio del camino. Demasiado hermoso, como un espíritu de los bosques; de un rojo que resultaba aún más intenso contra la vegetación. La aparición más bella, una imagen que jamás olvidaré. Apenas me miró un par de segundos antes de salir corriendo, cruzando un prado de pastos como una flecha ardiente.

Me recuerdo reflexionando que algo tiene que estar roto en aquellos que vean tanta belleza y su impulso sea destrozarla de un escopetazo.

(GTRES)

Entiendo que los zorros protagonicen tantos cuentos y leyendas. Lo que no entiendo es que haya personas que quieran transformar esa libertad en un peluche, sepultando las necesidades de un animal así bajo sus gustos y deseos.

Hace unos años que se está popularizando el tener un zorro como animal de compañía. Lo mismo sucede con el coatí, el mapache, el suricata o el fénec. Y tal vez os sorprenda descubrir que no es nada difícil conseguir uno si tienes el capricho. Google está lleno de posibilidades, igual que de preguntas frecuentes que recibe como “¿Cuánto vale un zorro de mascota?”, “¿Cómo puedo tener un zorro de mascota?” o “¿Cómo puedo tener un zorro de mascota?”.

No lo concibo. De verdad que no me cabe en la cabeza. Teniendo animales tan adaptados a vivir con nosotros como los perros y los gatos, y que aún así suponen retos y responsabilidades que muchos no son capaces de afrontar, abrimos el campo a otros animales exóticos, con las dificultades de todo tipo que entrañan, cuya naturaleza pide campo y no casa, que pueden convertirse (ya se están convirtiendo) en problema medioambiental.

Si con frecuencia no sabemos tratar y entender a perros y gatos, ¿cómo asumir la responsabilidad de un animal del que desconocemos casi todo y que además no nació para hacernos compañía?.

Luego hay sufrimiento animal, hay abandonos y especies invasoras. Pero es que el vídeo del zorro que vi era tan mono. La celebridad que me gustaba ponía tan bonito tener un mapache…

Ana Jiménez (Myles en redes sociales) es bióloga, autora del libro Azul vivo y divulgadora científica. Ayer mismo pedía “por favor, compartid este hilo o directamente estas palabras donde podáis”. Un hilo nacido de un vídeo que se ha hecho extremadamente popular y polémico y que entronca con mis reflexiones y que, atendiendo a sus deseos, aquí os dejo esperando que llegue al mayor número posible de personas.

Los zorros no son animales domésticos. No son mascotas y no deben ser tratados como tal. Las mascotas exóticas en general son un problema bastante grave y además están cada vez más de moda, pero si empiezo a hablar de ellas no acabaré nunca, así que centrémonos.

Cuando en un primer momento critiqué el material de este vídeo, algunas personas vinieron a contarme que está grabado por una persona que se dedica a rescatar zorros de granjas de pieles y demás y a ver… Eso está muy bien. Pero no los saques de la sartén para caer al fuego. Las granjas de pieles deberían desaparecer, son extremadamente problemáticas tanto a nivel de bienestar animal como a nivel ecológico, eso no se puede discutir. Pero si vas a sacar a los zorros de la granja debe de ser para rehabilitarlos, no para mascotizarlos.

¿Por qué? Estaréis pensando que esos zorros están viviendo la buena vida y que no hay problema, pero todo esto va mucho más allá. Esto animales acaban perdiendo por completo sus comportamientos propios, se desnaturalizan en ese sentido, los tratamos como a perros. Cuando una entidad responsable, como centros de rescate tipo @CentroRainfer o los zoos modernos que tenemos en Europa rescatan animales de circos, tráfico, etc, lo que hacen es PROMOVER QUE RECUPEREN SUS COMPORTAMIENTOS NATURALES EN LA MEDIDA DE LO POSIBLE, no mascotizarlos. Esto es importante por muchos motivos: que puedan socializar con otros miembros de su especie el primero, pero otro de los problemas graves aquí es que tratando a los zorros como mascotas promueves que… bueno, que mucha otra gente también lo haga.

Solo hay que entrar a los comentarios para ver cuantísima gente dice que ahora quiere tener un zorro, y aunque la mayoría lo diga sin una intención real, otro gran número de personas se va a ver capaz de cuidar de un animal silvestre que parece un perro, pero no lo es. Teniendo en cuenta que los zorros no son como otras mascotas exóticas que tienen menos problemas porque se suelen criar, esto lo que suele promover es el tráfico de animales: se capturan en su hábitat, muchos mueren, otros se venden ilegalmente, por el camino lo pasan fatal.

Y esto lo llevamos viendo por internet con una infinidad de animales silvestres (como lemures, mapaches, loros…) desde hace años, y siempre es el mismo cuento y nunca se acaba. Si te gustan los animales tienes que entender que algunos no se pueden tener como mascota.

Esto sin entrar, por supuesto, en que esta tenencia irresponsable de mascotas exóticas además puede acabar en problemas de especies invasoras que acaban con millones de animales autóctonos todos los años (gatos, cotorras…). Y luego vienen los lloros porque hay que sacrificar.

Si a la persona que graba los vídeos verdaderamente le preocuparan los zorros, no los trataría como a mascotas, trataría de que su comportamiento se renaturalizara y de que vivieran en hábitats aptos para ellos cuando no puedan ser devueltos a la naturaleza. Muchísimos zoos cada año se hacen cargo de cientos de animales de este tipo, y aunque evidentemente los cuidadores y los animales acaban teniendo una relación muy estrecha, eso no quiere decir que los traten como a mascotas, no tiene nada que ver con lo que vemos en los vídeos.

Así que por favor, si te gustan los animales, te pido que no compartas este tipo de vídeos con comentarios tipo “quiero un zorro (o cualquier animal de turno), sino que lo hagas señalando que esto no es bueno para ellos y que no están tan rescatados como parece. Esos animales muy difícilmente volverán a comportarse como zorros y a socializar como zorros, y pueden a su vez fomentar que otros animales que viven silvestres sean capturados y sufran destinos terribles. Seamos coherentes con quienes decimos ser.

 

A los gatos de la calle no hay que exterminarlos, hay que controlarlos de manera ética

Es verdad que las colonias felinas no controladas son un problema; en primer lugar para los gatos, que llegan al mundo condenados a tener una vida corta y llena de sufrimiento. Es cierto que si se alimenta a los felinos de la calle sin cabeza y se les deja nacer, crecer y, sobre todo, enfermar y morir, a su libre albedrío pueden suponer ocasionalmente un problema de salubridad. También es innegable que estos animales en libertad son una amenaza para la fauna silvestre, algo que causa no pocos enfrentamientos entre conservacionistas y defensores de los gatos.

Pero los gatos no son alimañas, las colonias de felinos que sobreviven como pueden en nuestras ciudades por culpa del abandono y la negligencia de los seres humanos no son “una plaga que hay que eliminar” como ha afirmado el  primer teniente de alcalde de Santa Cruz de Tenerife. No es el único gestor público que cree, erróneamente, que la captura y el sacrificio es la única solución.

Son seres vivos únicos, irrepetibles. Son vidas que tienen valor y es responsabilidad del ser humano buscar soluciones humanitarias para estos animales, porque somos nosotros la razón de que estén malviviendo y ‘peormuriendo’. No debería ser necesario recordar que los gatos no saben buscarse la vida en la calle.

Cada vez más consistorios hacen lo correcto, apoyan los programas  CES, de captura, esterilización y suelta, se coordinan con asociaciones cuyo fin último es el bienestar de estos animales, limitando el número de camadas que tienen, buscando adopciones para aquellos animales que necesitan a salvo en un vivir en un hogar, controlando el espacio que ocupan estas colonias, alimentándolas y procurándolas asistencias veterinaria cuando es preciso.

En marzo hablé con Mercedes Hervás, presidenta de la Asociación AGAR que gestiona las colonias de gatos ferales del madrileño parque del Retiro. Cuando AGAR asumió su protección en 2008, había más de 400 gatos censados por el ayuntamiento. En esos momentos había unos 270 censados, de los que 210 estaban esterilizados y un gran porcentaje también chipados. Un ejemplo de lo que se puede conseguir con esfuerzo y siguiendo la senda ética.

Esta colaboración entre ayuntamientos y proteccionistas está lejos de funcionar de una manera perfecta, faltan fondos, entendimiento, preparación… pero es el camino correcto a seguir, a lo que hay que tender en todas las ciudades.

De hecho, la futura Ley Integral de Derechos Animales de ámbito nacional en la que trabaja el Gobierno tiene como uno de sus punto a desarrollar el establecimiento de criterios para controlar las colonias felinas, para que el exterminio no sea nunca la opción a aplicar.

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Los Premios 20Blogs incluyen una nueva categoría: ‘Animaleros’ para sitios centrados en los animales de compañía

En 20minutos buscamos blogs protagonizados por los animales de compañía, la protección animal y su tenencia responsable. Sitios en los que encontrar recomendaciones para su cuidado y experiencias compartidas.

Animaleros se llama una de las nuevas categorías de los Premios 20Blogs, que ya están en su XIV edición y cuya inscripción abrió en julio y termina el 29 de septiembre con la opción de ganar 5.000 euros y convertirse en bloguero de este periódico como premio principal.

Animaleros, igual que el grupo de Facebook y la newsletter semanal que este periódico ha lanzado este año. Porque los animales y su bienestar nos importan. 

Durante todos estos años de Premios 20Blogs nos hemos encontrado con muchos blogs sobre animales participando, blogs que buscaban entre las categorías existentes el mejor acomodo y que, en ocasiones, se han llevado el galardón. Ahí tenéis por ejemplo a Fotopets hace tres años.  

Pues este año hay una categoría pensada para ellos.  Os animo a participar si tenéis una web así, porque más allá del premio es una iniciativa que puede contribuir a que mejore cómo tratamos a los animales.

Los ganadores a mejor blog solidario en 2017: Fotopets, retratistas de animales, recogen su premio. (ELENA BUENAVISTA)

“En época de crisis económica siempre se recorta la ayuda a las protectoras y se incrementan los abandonos”

Arranca un curso que se antoja complicado para los animales de compañía y las personas y entidades que velan por su bienestar. En una situación de crisis como la que enfrentamos, con el número de parados en escalada constante, muchos sectores y servicios gravemente afectados por la irrupción del coronavirus y nuevos retos impensables hace un año para poder conciliar y organizar nuestro día a día, ellos también sufren las consecuencias.

Que los abandonos aumenten es la más previsible. A falta del estudio anual de Fundación Affinity, el más veterano y riguroso que suele llegar antes del verano pero que este año se está retrasando, tenemos los cálculos de la Real Sociedad Canina que dijo en agosto que se han incrementado un 25% respecto al año anterior.

A comienzos de abril, recién inaugurado el estado de alarma por la Covid-19, tuve la oportunidad de entrevistar a Mati Cubillo, responsable desde hace unos quince años de la Federación de Asociaciones Protectoras de Animales de Madrid, FAPAM, que asesora a asociaciones de toda España.

Durante esa larga charla era inevitable hablar del impacto que la ya entonces previsible crisis económica iba a tener y que ya se estaba notando: “ya se está ayudando a gente que ha sido despedida de su trabajo por esta crisis causada por el Covid-19 y tenían que operar a su animal y no tenían dinero. Y se va a ir notando más. Hay personas que no se quieren deshacer de un animal pero no puede pagar una cirugía o un tratamiento que necesita. También gente que, por ejemplo, tiene que mudarse a una habitación de un piso compartido y no se lo puede llevar pero sufre por tener que separarse de su animal. Y por supuesto los que aprovecharán la crisis para deshacerse del animal. Y las asociaciones tampoco tenemos recursos para ayudar a todas estas personas”.

Más allá de los abandonos, también se ven mermados los recursos de esas entidades de protección animal, que en gran medida están asumiendo una responsabilidad que corresponde a las administraciones públicas. Hay menos voluntarios, menos casas de acogida, menos socios, menos donaciones…

Así lo contaba Mati: “En época de crisis económica, si tienes que recortar, recortas de lo que no es imprescindible para ti y para tu familia, como las ONGs de los animales. Es normal, vienen tiempos muy malos y por muy solidario que seas tu familia tiene que comer, tienes que pagar la luz, el agua y el alquiler. Ya pasó en la última crisis”.

Y la última crisis no trajo de la mano unas restricciones que también afectaron a las formas que tienen de ingresar fondos y sumar socios estas asociaciones. Para ellas son vitales los mercadillos, los eventos solidarios de toda índole, los puestos en comercios afines o a pie de calle desde los que dar a conocer su labor.

Estos tiempos difíciles requieren que seamos especialmente responsables. Si ya tenemos algún animal bajo nuestra tutela o estamos planeando tener uno, es preciso que entendamos mejor que nunca el compromiso que supone. También es necesario que seamos especialmente solidarios, siempre en la medida de nuestras posibilidades. Hay muchas formas de ayudar, más allá de las aportaciones económicas.

La situación lo requiere.

(JORGE PARÍS)

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