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Igual que en verano no podemos dejar al perro en el coche, con frío polar no debe estar a la intemperie

(EFE/Biel Aliño)

He hablado en el pasado en varias ocasiones de las precauciones que hay que tener con nuestros animales de compañía durante las olas de calor a las que estamos más que acostumbrados en nuestro país. Jamás me había planteado aconsejar qué hacer en caso de hipotermia, cómo reconocer los primeros síntomas, porque no es algo que solamos necesitar saber. Pero 2021 ha venido cargado de nieve, frío y hielo, así que ahí vamos con cómo reconocer la hipotermia y actuar ante ella.

Pero antes de entrar en cómo percatarnos de si hay hipotermia y reaccionar en consecuencia, es vital evitar que se produzca. Por eso el primer texto que publiqué en este blog tras la llegada de Filomena estaba lleno de recomendaciones para salir con nuestros perros a la nieve con seguridad.


Me falto comentar algo muy importante, sobre todo estos días que la nieve y las risas han dado paso al frío de récord y el hielo. Igual que para que nuestros perros no tengan golpes de calor recomendamos todos los veranos hasta el hastío que no se les deje en el interior de coches, con frío polar no deben estar a la intemperie a menos que se trate de un mastín del Pirineo o cualquier otra raza especialmente preparada para afrontar bajas temperaturas. E incluso perros así, grandes, genéticamente habituados al frío y con doble manto de pelo, agradecerán descansar en un sitio cómodo y cálido, que una cosa es sobrevivir y otra muy distinta vivir.

Estos días me he estado acordando de los perros de patio, finca y polígono. Esos perros que en viviendas familiares, terrenos y zonas industriales aguantan en el exterior, sin tener apenas más refugio que una zona techada, un garaje sin calefacción o una caseta más o menos decente. Los que tienen peor suerte, viviendo además encadenados. Ningún perro merece una vida así, sobre todo a estas alturas del siglo XXI en el que hay tantas opciones mejores como alarma de seguridad. Pero con los efectos de Filomena encima, mucho menos. Los habrá que ya hayan muerto o morirán, y no nos enteraremos. Los habrá que sobrevivirán tras demasiado sufrimiento.

Por las redes ha estado circulando esta tabla de hasta qué punto nuestros perros aguantan el frío elaborada por Dirección General de Derehos de los Animales. Muy útil para darnos cuenta de que las mínimas que trae Filomena los pone en riesgo a todos. Y ojo con ella, que en los animales que no están acostumbrados, el frío muerde con mas saña; y el tamaño es importante, pero casi más lo es la raza y el pelaje, que un husky y un galgo pueden tener el mismo tamaño y el segundo puede tener el aguante al frío de un chihuahua. Además, la edad también es un factor de riesgo (los cachorros y ancianos toleran menos el frío).

 

 

Según la veterinaria de Kivet (Kiwoko) Ana Ramírez “los signos más comunes de la hipotermia son temblores, cansancio, extremidades rígidas, palidez de encías, respiración superficial, pupilas dilatadas o estupor”. Si nuestro perro o gato los presenta lo que hay que hacer inmediatamente es “resguardarlos en un lugar cálido y seco; aplicar sobre el tronco fuentes de calor (bolsas de agua caliente, bolsa de semillas, secador del pelo, etc.), protegiendo su piel al aplicar calor con una manta o toalla, y acudir en cuanto sea posible al veterinario”.

Eso para perros y gatos, en roedores o conejos “los signos leves son temblores, rigidez en las extremidades, inactividad, hocicos y orejas frías. En casos más graves suelen presentar pérdida de apetito, depresión, desorientación o pérdida de consciencia”. Con estas pequeñas mascotas la experta recomienda mantenerlas alejadas de las corrientes de aire, tapar la jaula por la noche con una manta o toalla; extremar la higiene de las jaulas “ya que el heno se humedece más en condiciones de frío” y proporcionarles siempre una casa de madera o plástico con heno para que puedan protegerse del frío.

Los gatos de la calle necesitan nuestra ayuda para sobrevivir a Filomena

Los gatos no saben apañárselas en la calle, los gatos se limitan a sobrevivir como pueden en la calle. Si esto es así normalmente, imaginad lo que deben estar pasando en estos momentos de frío, hielo y nieve los gatos que no tienen un hogar desde el que observar resguardados la nieve caer.


Han visto sus refugios sepultados por la nieve, con el alimento escaseando o completamente desaparecido. Incluso aquellos que tienen más suerte y están en colonias controladas están sufriendo. Aunque hay gestores de colonias esforzándose para seguir alimentándolos y habilitándoles refugio (aplauso cerrado para todos ellos), no todos los voluntarios están pudiendo llevar a cabo su labor. Necesitan nuestra ayuda, si es que resulta seguro para nosotros dársela.

Es buena idea ponernos en contacto con los gestores de colonias para ofrecerla. ¿Cómo podemos ayudar a colonias callejeras cercanas, aunque no sepamos quién las gestiona o si las gestiona alguien? Pues la prioridad es el refugio y el alimento, pero también dar una acogida temporal a estos animales. Ahora y en los días venideros. Igual que necesitan y seguirán necesitando aportaciones, de dinero, alimentos o enseres.

Comparto aquí las palabras de Amanda Romero, Concejala del Grupo Municipal Más Madrid y amante de los animales:

Si podéis hacerlo con seguridad, os animo a preparar ayuda para los animales de la calle. En casa ya estamos haciendo refugios, os dejo ideas: con listones de madera, transportines, areneros, cajas, cajones, muebles viejos, mantas, toallas, ropa vieja, sacos de dormir viejos… Lo que se os ocurra. Impermeabilizad con bolsas de basura o de plástico, asegurad que no puedan quedar atrapados, pensad bien dónde colocarlo para que no haya peligro. Podéis poner un mensaje explicando a vuestros vecinos y vecinas que se trata de una medida de emergencia y que lo retiraréis cuando pase el temporal para que nadie se incomode. Aún así, es importante colocarlo en lugares discretos y seguros donde no molesten.

Es importante proteger el alimento con alguna cubierta para que no se llene de nieve, mejor pienso que comida húmeda para que no se congele. En los contenedores de mercados y supermercados podéis encontrar cajas de las del brócoli, esas blancas impermeables de poliestireno. También estamos hablando con nuestras vecinas para recopilar materiales y hacerlo juntas.

Os animo a inventar lo que podáis con lo que tengáis en casa para bajar refugios a las zonas de vuestros barrios donde haya animales. El alimento es crucial pero el refugio también. Muchos animales no soportarán las temperaturas tan bajas de estos días. Gracias, ánimo y solidaridad

Por último, pero no menos importante: conviene recordar que los gatos buscan el calor del motor de los coches en días así, así que es importante dar un par de golpes, unas leves patadas a las ruedas delanteras o a la chapa o tocar levemente el claxon, para asegurarnos de no acabar con una vida al arrancarlo.

Cuidado con la nieve y los perros

A los perros, como a las personas, la nieve les genera dos reacciones. Los hay que adoran jugar y saltar sobre ella, que incluso a una edad avanzada vuelven a ser cachorros juguetones sobre el manto blanco. También los hay, como a la que tengo yo ahora que es almeriense hasta la médula, que huyen de ella, que recelan de ese agua congelada, y prefieren permanecer al calor del hogar. Para muchos perros estos días van a ser los de descubrir la nieve por primera vez. Y en los que nosotros también averigüemos si les entusiasma o les repele. No fuerces las cosas si ves que no es lo suyo.

Pero tanto con unos como con otros hay que bajar a la calle a que hagan sus necesidades, incluso a que se ejerciten un poco. Con todos hay que ser prudentes. La nieve puede ser muy divertida, pero ante el menos riesgo, mejor quedarse en casa y salir al exterior lo mínimo imprescindible y en lugares seguros, que los árboles pueden vencerse con el peso acumulado o el suelo resbalar. Lo más importante es nuestra seguridad.


Pese a que todos los canes, por regla general, soportan mejor el frío que el calor excesivo y un paseo por la nieve no debería suponer ningún problema, conviene tener en cuenta algunas sencillas recomendaciones para evitar sustos:

Lo que más hay que vigilar son las patas.
Antes de salir de casa conviene frotar las almohadillas de las patas, sin duda la parte de su anatomía que más puede sufrir, con aceite corporal (también hay productos específicos y botines para perros, pero si no los tenemos no es plan de hacer venir al señor de Amazon con la que cae). De regreso al hogar, toca limpiar bien las patas con agua tibia y sécarlas a conciencia. Al menor síntoma de cojera, hay que acudir al veterinario. Si ha podido pisar sal o anticongelante (que es muy tóxico), hay que evitar que se las chupe.

Además, hay que tener especialmente cuidado con perros de tamaño pequeño, con los de patas cortas que tengan muy pegada la barriga al suelo y con razas frioleras. No es mala idea llevar una toalla para poder secarles y puede que sea preciso ir con abrigo (mejor si es impermeable y fluorescente). En la nieve hay más posibilidades de que se pierdan, bien porque se despista ellos, bien porque nosotros dejemos de verlos. Además el chip, la chapa con nuestro número de teléfono móvil a la vista es siempre recomendable.

Por supuesto, hay que tenerlo controlado. Que no juegue y corra como loco en zonas por las que pueda molestar a otros viandantes o causar accidentes de cualquier tipo. Por su bien y por el de los demás.

¡A cuidarse sobre esta nevada insólita!


FOTOS: Marta Fernández Jara / Europa Press

Siete consejos para que niños y perros se relacionen de manera segura

Para algunos niños, los perros son como un imán. Da igual su tamaño, solo verles ya les entusiasma y están deseando poner sus manitas sobre ellos. No creo que le extrañe a nadie saber que yo era una niña así, hasta el punto que mi madre se cambiaba de acera si veía que íbamos a cruzarnos con un perro.

Algún mordisco me llevé. Siendo muy pequeña, en el parque frente a la casa de mis abuelos, un chuchillo negro y pequeño que acompañaba a un abuelo no recibió mi amor con entusiasmo, sino con sus pequeños dientecillos. Con unos catorce años un mestizo de pastor alemán que guardaba un garaje cercano a mi casa y tenían suelto me marcó, mínimamente. Nada grave en ningún caso. Nada que me traumatizara o impidiera seguir acercándome a estos animales. Fue culpa mía, que no supe leer sus señales. El pequeño perrillo negro y el cruce de pastor alemán fueron en realidad mis maestros, parte de un aprendizaje que, con los años, se completaría con muchas lecturas y otras experiencias.

Con todos los perros a los que me he aproximado, si no me he llevado más recuerdos ha sido en primer lugar porque la gran mayoría de los perros salen tan buenos de serie que no nos los merecemos. También porque aprendí pronto a interpretar lo que querían decirme; igual que otras personas nacen con buen oído para la música o buena mano para la pintura, yo lo hice con facilidad para interpretar a los animales, con el anillo del rey Salomón.

En alguna ocasión he tenido la oportunidad de explicar a grupos de niños o adultos, cómo deberían los menores acercarse a los perros con seguridad, para evitar disgustos.  Por supuesto, también he educado a mi hija y a otros niños de mi entorno al respecto.

Obviamente no todos los niños, los perros y las situaciones son iguales. El sentido común y, sobre todo, la responsabilidad, deben imperar. No obstante, creo que estas siete recomendaciones pueden resultar de ayuda.

Con un niño tan pequeño como el de la imagen, la única norma es que siempre haya un adulto responsable supervisando cómo interactúan. (GTRES)

Primero: antes de acariciar a un perro, hay que pedir permiso a su dueño. Está absolutamente prohibido tocar al animal sin haber preguntado antes al adulto que lo lleva si pueden hacerlo. No solo por evitar mordiscos, también porque puede que no sea una experiencia agradable para el animal; los hay que están en proceso de recuperación de traumas o intervenciones o que, simplemente, no disfrutan del contacto.

Segundo: si ese contacto se permite, siempre debe haber un adulto responsable supervisándolo. Con los niños más pequeños, más nerviosos o menos responsables, esa supervisión es especialmente importante a cualquier edad.

Tercero: el niño tiene que saber cómo es la forma correcta de aproximarse al animal: con suavidad, sin gritos. Como explican María Ángeles Miranda y Juan Luis de Castellví en un recomendable post sobre seguridad infanitl y niños en el blog EtologíaCanina “hay que enseñar al niño a acercarse de lado, sin mirar directamente al perro a los ojos y tenderle la mano a la altura del hocico para que pueda olerle. Tras haberle olfateado y si no da muestras de agresividad, podrá tocarlo POR DEBAJO de la cabeza, por los lados, y posteriormente podrá ir subiendo y acariciarlo por encima”.

Cuarto: hay que explicar al niño que si el animal se va, le evita, tiene que respetarlo y dejarle en paz (obviamente, también toca hacerlo ante gruñidos o erizamiento del pelo) y que cuando come, duerme o está disfrutando en solitario de un juguete, también conviene no molestarlo.

Quinto: toca enseñar al niño que están prohibidas prácticas como coger el rabo; elevar del suelo a los perros más pequeños; apoyarse en el lomo o subirse a caballito (prohibido además a los adultos colocarlos encima del lomo del perro, para eso están los caballos).

Sexto: hay niños que entienden mejor que otros lo que el animal transmite, por la posición de las orejas, la cola, el cuerpo… pero siempre es buena idea explicarles lo más básico de la comunicación canina.  Hay infinidad de recursos, desde gráficos, a libros como los de Sumara Marletta o vídeos en Youtube.

Séptimo: jamás deben acercarse a perros que se encuentren vagando solos. A esos animales hay que dejarlos en paz. Como mucho, pueden alertar al adulto para que evalúe si se puede tratar de un animal abandonado que requiera ayuda, para ver la mejor manera de proporcionársela.

 

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Ningún animal es un regalo

Estamos a una semana de las navidades, tres del día de reyes, una época que muchos consideran propicia para llevar a su hogar a un animal, ya sea como presentes para un niño o un adulto. Da igual las veces que ya lo haya repetido, los años que lleve insistiendo en que un animal no es un regalo. Me veo obligada a hacerlo una vez más.

Un animal debe llegar a una casa en la que todos están informados, de acuerdo y hayan meditado a fondo la responsabilidad que supone. Esa imagen de las películas, de los instagrams y tiktoks hoy día, del cachorro adorable asomando de una caja ante la sorpresa del destinatario, es potencialmente un gran error, algo a evitar.

Estas fechas prenavideñas, días de perseguir la ilusión de los que queremos haciendo regalos, son propicias para que cedamos a un impulso irreflexivo.

Jamas deberíamos olvidar que no estamos hablando de un juguete, un bolso o un libro que ignorar en un rincón de la casa si no nos gusta del todo o nos cansamos pronto de él. Hablamos de seres vivos con necesidades diarias de atención y con capacidad de sentir placer o sufrir.

(GTRES)

Y no me refiero solo a perros y gatos, también a todas esas otras pequeñas mascotas (hámsters, peces, aves, conejos, tortugas…) que por desgracia entran con frecuencia en casa como ‘regalo de consolación’ y acaban muertos tras un largo sufrimiento en el peor de los casos, languideciendo olvidados en el mejor.

En Navidad se regalan muchos animales, especialmente a los niños. Los conejos y roedores, por su pequeño tamaño, suelen ser la principal elección como regalo de Reyes o Papá Noel. Muchos perderán su encanto en unos meses y pasarán a engrosar la lista de juguetes rotos que se irán abandonando según pasan los días hasta llegar a la Semana Santa, en que todos los que se van de vacaciones se tendrán que plantear qué hacen con ese pequeño animalito”, contaban hace unos años desde La madriguera, una asociación protectora de pequeños animales.

Sí, también estos animalillos se puede adoptar en lugar de comprar; y también en su caso, como con los perros y gatos, es la opción más ética.

Nuestra satisfacción dando o recibiendo regalos no debería estar nunca por delante del bienestar animal.  

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“Los cachorros de perros y gatos deberán tener una edad mínima de tres meses en el momento de la venta”

“Los cachorros de perros y gatos deberán tener una edad mínima de tres meses en el momento de la venta con el objeto de evitar problemas de salud o de comportamiento. En casos de animales criados fuera del territorio nacional su venta no podrá realizarse antes de que los cachorros hayan cumplido los tres meses y quince días, siendo obligatorio que sean entregados con la vacuna de la rabia”.

Eso dice la ley de Protección de Animales de Compañía de la Comunidad de Madrid de 2016.Y no es lo único, también establece que se venderán sanos, desparasitados y con las vacunas obligatorias, entregando un certificado oficial emitido por un veterinario y con el chip ya puesto a nombre del nuevo propietario.

Demasiadas veces me he topado con personas que habían comprado a su perro o a su gato desconociendo todo esto a lo que tenían derecho, para protegerles a ellos como consumidores y también como garantía de bienestar animal.

(GTRES)

Tres meses mínimo. Puede que con dos meses sean adorables bolitas de pelo que nos encantaría tener entre las manos, pero por atractiva e ‘instagrameable’ que resulte esa ternura, a esa edad necesitan estar con su madre y hermanos, aprendiendo de ellos.

Y necesitan también socializar, tener contacto con tantos estímulos como sea posibles: niños, otros animales vehículos… algo que un mal criador que tiene a sus perros o gatos en jaulas, como gallinas ponedoras, no va a poder asegurar. Por eso no me canso de pedir que, si hay empeño en comprar, sea a visitando las instalaciones del criador y viendo en qué condiciones cría.

A veces es imposible que sea así. Si adoptamos, que es siempre la opción más solidaria para sumar un miembro peludo a la familia, puede que nos topemos con un cachorro huérfano a una edad temprana. En ocasiones lo mejor es enemigo de lo bueno. Pero siempre que sea posible hay que procurar que se respete ese periodo de tres meses para estar con su madre. Porque tres meses es el periodo mínimo; muchos etólogos recomiendan que esa separación, si está en un entorno adecuado, no se produzca hasta los cuatro meses.

No todas las normativas de las CC AA lo especifican como la madrileña. Hay comunidades, como la de Castilla la Mancha, que no han tocado esta ley desde hace veinte años. Ojalá pronto tengamos esa ley de ámbito nacional que unifique criterios y lo haga adecuadamente.

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A los gatos sí se les puede enseñar, incluso a hacer trucos

En mi anterior post os decía que no debemos chinchar a nuestros gatos, que no hay que gritarles, lanzarles, tratarles con rudeza, porque nuestro vínculo no es irrompible, porque lo único que aprenden así es a desconfiar de nosotros y nuestra imprevisibilidad.

Eso no significa que no se pueda enseñar a los gatos, que haya que dejarles hacer lo que les dé la real gana. ¡Por supuesto que no! De hecho son capaces de aprender mucho más de lo que mucha gente creería. Se les puede educar si se se sabe cómo y si se es consistente cuando nos arremangamos para hacerlo.

Si hay algo que no nos gusta que hagan, se les puede apartar con delicadeza usando siempre la misma palabra (quita, no, para), pero sin gritos, sin malos gestos, sin tratarlos con violencia, repitiendo las veces que haga falta con mucha paciencia y suavidad. De hecho, cuando comiencen a obedecer, conviene premiarles con caricia o alguna golosina que aprecien.

Y también se les puede enseñar órdenes sencillas en positivo, con refuerzos y alternativas de su agrado. No es difícil encontrar en las redes sociales vídeos de gatos que obedecen (casi siempre) cuando se les pide la pata o que hagan la croqueta. Mientras se emplee aquello que le gusta, como comida o juguetes, el animal disfrute con el proceso y nosotros (haciendo acopio de paciencia) también, no hay el menor problema, nuestro vínculo incluso podrá reforzarse.

Eso sí, los gatos no son perros. Modulemos nuestras expectativas, afrontemos sesiones más cortas, en los momentos en los que están más receptivos y asumamos la posibilidad del fracaso pese al esfuerzo.

Os confieso que yo no veo aliciente ninguno en que mi gato se siente para que le dé una chuche o choquemos los cinco, pero sí en que aprenda lo que no debe hacer. Por ejemplo, tengo el empeño de que mi gata no se cuelgue de la lámpara o otro de mis gatos no se pasee detrás del televisor, algo que van entendiendo a fuerza de insistir con delicadeza.

En cualquier caso, como siempre he dicho, por mucho que lo intentes puede que tu gato decida que tu mueble favorito es su rascador favorito y no le vas a convencer de lo contrario. Si valoras más a tu objeto de decoración que a tu gato, no tengas gato.

Dante es una cachorrita preciosa que busca hogar en Madrid.

Contacto: adopciones@madridfelina.com

No chinches a tu gato, no le grites, lances ni trates con violencia, vuestro vínculo no es irrompible

Va camino de las dos décadas que conozco a Laura Trillo, la responsable de Terapia Felina y una de las personas que más sabe del comportamiento de los gatos de las que tengo constancia. Cuando la conocí era voluntaria en una protectora y ya tenía la mirada puesta en estos animales, ya estaba aprendiendo con ellos y de ellos, para ayudarnos a todos. Esa vocación de ayuda pervive y un pequeño gran ejemplo es su Manual básico para adoptantes de gatos, gratuito y muy recomendable.

Laura sabe mucho de gatos y desde sus redes sociales y sus talleres nos ayuda a entenderlos mejor, a mejorar nuestra relación con ellos. Siendo absolutamente sincera, lamento su fe en las flores, pero nadie es perfecto y los conocimientos que comparte sobre los gatos sigue siendo igualmente enriquecedores, invitan a muchas necesarias reflexiones y a que les respetemos.

 

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Perdón por la contundencia y la emoción que le pongo, pero este es uno de los temas más importantes y hay que ponerse serios ya ❤ Os dejo este vídeo en el que hablo sobre la necesidad de morder de los gatitos pequeños, su necesidad de aprendizaje y de relacionarse. Si quieres ayudar a otras personas, por favor compártelo 🙏🏻 Evitemos que los gatitos crezcan con desequilibrios que el día de mañana les perjudicarán. Está en nuestras manos y es nuestra responsabilidad. Espero que aporte. Gracias ❤ Laura Trillo www.terapiafelina.com #terapiafelina #gatos #amorgatuno #terapeutafelina #terapeutafelino #gato #gata #cat #cats #felinetherapy #cattherapy #cattherapist #catwhisperer #catwoman #catlove #catlover #catbehavior #etologiafelina #comportamientofelino #comunicacionanimal #animalcommunicator #gatito #gatitos #migatitomuerde #agresividadfelina

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En una de sus últimas actualizaciones puso encima de la mesa algo que quería traer a este blog desde hace tiempo: que los gatos no entienden que les gritemos, que les apartemos con agresividad, que en nosotros vean comportamientos violentos que lo único que pueden conseguir es destruir el vínculo que queremos tener con ellos.

¿Sabes qué? No, no te entiende. No, no sabe que ha hecho algo “mal”. Cuando te enfadas, le gritas, regañas, le dices “No!”, le tiras agua, le pegas, no te entiende. Se asusta de tu cambio repentino de humor, de tu violencia. Se defenderá por supuesto si se siente amenazado por ti. No aprende otra cosa que que la persona con la que vive puede cambiar repentinamente. No aprende que no debe arañar aquí o allí, o que no puede subir a la mesa. Aprende a evitarte y a defenderse. De repente comienza a vivir en estado de alerta, inseguridad y estrés. De repente orina fuera, comienza a morderte o a acosar al otro gato”.

Seguid a Laura para entender mejor a vuestros gatos. Y tratadlos sin violencia, exactamente igual que deberíamos tratar a los seres humanos y el resto de animales.

Estos dos cachorretes están en adopción. Sería ideal si fueran juntos a la misma casa. Se encuentran en las buenas manos de la asociación Amigos de Sam.

Contacto: amigosdesam@gmail.com.

Mosquiteras, rejas, mallas… si quieres tener gato tienes que estar dispuesto a blindar tu casa

Pipi Estrada fue ayer trending topic a cuenta de un luctuoso suceso: su gato Trapito cayó por la terraza y murió. Siento esa muerte y no me voy a detener más en el caso particular del periodista deportivo, salvo para recordar algo que llevo años recomendando: si tienes un gato es imprescindible blindar tu casa ante posibles caídas, más vale prevenir que llorar.

Las caídas desde terrazas y ventanas son uno de los accidentes más frecuentes para los gatos, accidentes que se traducen en pérdidas, lesiones y muertes. El alto índice de supervivencia a estas caídas libres se debe a que adoptan instintivamente la mejor postura para amortiguar el golpe; de ahí su fama de tener siete vidas. Pero pese al refrán, no son pocos los que llegan a la consulta con la mandíbula rota o un cuadro de lesiones internas, que los veterinarios han bautizado como síndrome del gato paracaidista.Por eso muchas asociaciones protectoras insisten a los futuros adoptantes en la necesidad de tener asegurado su hogar para prevenir despeñes, quieren ver las casas para asegurarse y niegan adopciones si no cuentan con la seguridad de que el animal no podrá caer o escaparse.

Esa es otra. Los gatos no solo caen, también se van. Y salir que salgan a la calle también es muy peligroso, por las enfermedades que pueden contraer, porque se pueden perder, ser atropellados, toparse con gamberros… Eso sin contar que la fauna silvestre también merece vivir en paz.

Se pueden poner mosquiteras, rejas, mallas, topes que impidan que las ventanas se abran más que unos pocos centímetros, también tener un cuidado exquisito en ventilar habitaciones con las puertas cerradas. Las soluciones son muchas y varían en función de cómo sea cada hogar.

Es cierto que hay gatos más inclinados a andar por las alturas y jugarse el tipo que otro. Suelen ser los más jóvenes, los más atléticos y aquellos que no han sido esterilizados. Pero ninguno está libre de caer o fugarse.

Debería sobrar decir que, si nuestro gato sufre una caída o aparece tras un vagabundeo, conviene llevarlo inmediatamente al veterinario. Aunque aparentemente no tenga nada conviene hacer una revisión, porque los gatos apenas manifiestan dolor con demasiada frecuencia, incluso estando graves. Y tal vez convenga desparasitar y testar al animal para asegurarse de que no ha contraído la peligrosa leucemia o la inmunodeficiencia felina.

Los niños y los perros pueden ser los mejores amigos, si los adultos asumen la responsabilidad de cuidar a ambos

Hace un par de semanas fue noticia una investigación publicada en la revista ‘Pediatric Research’ que, tras analizar 1.646 hogares con niños de dos a cinco años, llegaba la conclusión de que aquellos que venían de hogares con perro gozaban de un mejor bienestar social y emocional. De hecho ponían en dígitos ese bienestar, llegando a asegurar que tenían un 23% menos de probabilidades de tener dificultades generales con sus emociones e interacciones sociales.

Hay multitud de estudios de toda índole que nos recuerdan que los perros y los niños pueden establecer relaciones muy enriquecedoras para ambas partes; nos muestran que mejoran su actividad física, reducen el riesgo de tener alergias y asma, estimula su confianza, reduce su ansiedad… Y más allá de la ciencia, hay una magia especial y visible entre niños y animales, una fascinación inicial que es deslumbrante. No sucede con todos, es cierto. Hay niños que no sienten esa afinidad o a los que puede el miedo, un miedo muchas veces inoculado por adultos. También hay animales que no gustan de la compañía infantil.

Las ventajas de crecer con un animal son muchas, sí, y muchos niños desean y piden tener un animal, pero no debemos olvidar que la responsabilidad última de ese ser vivo es siempre nuestra, de los adultos. Un niño, da igual que sea ya mayor y responsable, no puede hacerse cargo de un animal. Somos nosotros.Y todos en la familia debemos estar de acuerdo, a ser posible entusiasmados, con la idea de su llegada a nuestro hogar.

Sabemos de sobra que los animales no son juguetes, nos han repetido hasta la saciedad que son una responsabilidad para toda la vida y un miembro más de la familia por muchos años y que implica gastos y tiempo. Pero aun sabiéndolo, a veces los adultos nos lanzarnos a la piscina sin reflexionar sobre la profundidad del agua cuando al otro lado de la balanza esta la ilusión de nuestros hijos.

Debemos contenernos si no tenemos claro que podemos asumir su cuidado por siempre. Tanto reflexionar y frenarnos, como reflexionar y dar el paso, es una gran enseñanza para nuestros hijos. Obrando así estamos mostrándoles con nuestro ejemplo, la mejor escuela, la importancia de meditar nuestras decisiones, ser empáticos y consecuentes con nuestras circunstancias.

Y aunque esté hablando sobre todo de perros y gatos, lo mismo es aplicable para pequeños mamíferos, aves o reptiles, que con demasiada frecuencia son premios de consolación por el perro o el gato que no llega y que acaban mal atendidos, ignorados y muertos.