Entradas etiquetadas como ‘brutalismo’

La imaginación salvaje de las paradas de bus soviéticas

Hay rincones donde el espacio cotidiano se convierte en una orgía arquitectónica, las formas son dominadas por una imaginación portentosa y desacomplejada, donde una parada de autobús acaba siendo, por ejemplo, una suerte de ovni, escultura sin código, un sueño estrambótico, la deformación alegórica en mitad de la nada, el huevo creativo que eclosiona en la estepa olvidada, a medio camino entre el brutalismo y la fantasía personal. Esto es lo que ocurrió en la antigua Unión Soviética.

SARANSK, Russia. Homage to local lightbulb factory. #sovietbusstops Vol.2 @fuelpublishing .

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Las paradas de autobús de ese territorio, bautizadas como “pabellones del bus”, son eso: edificios alzados como arquitecturas inverosímiles. Último reducto de la originalidad en un mundo excesivamente centralizado. Pura extrañeza. Llamaradas en la visión del recién llegado que no sabe responder si son feas o hermosas, genialidades o bazofias.

Anapa, Russia. #sovietbusstops Vol. 2. Now available from Fuel-design.com, Amazon and fine bookstores everywhere.

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A todo viajero que se precie le gustaría esperar al autobús en una de estas paradas. Perder cuantos vehículos fuera necesario. Su belleza reside en lo inusual. Y lo inusual es el enemigo a derribar en este proceso de copia globalizadora que hemos tomado.

Kamenka Каменка, Russia. #sovietbusstops Volume 2, PAGE 93. Available on Amazon and from Fuel-design.com

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El fotógrafo Christopher Herwig ya va por el segundo volumen de su libro Soviet Bus Stops (publicado en septiembre, en Amazon). Ha recorrido 30.000 kilómetros y viajado por 14 países del extinto imperio soviético (Tayikistán, Georgia, Bielorrusia, Lituania, Abjasia, etc.). Ha utilizado todo tipo de transportes: bicicletas, motos, coches, tranvías, y, naturalmente, el autobús. Esta obra encarna su necesario arte de mirar allí donde los panfletos turísticos nos dicen que no hay nada.

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Un acróbata del brutalismo se lleva la medalla de oro como mejor arquitecto

Ginasio Paulistano Athletic Club © PMDR archive

Ginasio Paulistano Athletic Club, © PMDR archive

El ufo de la foto está en São Paulo y fue construido entre 1958 y 1961. Es un polideportivo con capacidad para dos mil espectadores y parece desafiar todas las reglas sobre el equilibrio y la resistencia: el tejado circular de hormigón flota gracias a la sujección de seis hojas del mismo material, ancladas por una docena de cables de acero. El arquitecto Paulo Mendes da Rocha (1928) tenía 30 años cuando firmó el proyecto.

Era un recién llegado, pero el siempre espectacular y bienquerido gigantismo del jormigonaco —el material que más erotiza a las administraciones públicas y otros entes con afán de dejar manchas sobre la Tierra—, convirtió al autor en una estrella.

Da Rocha, imparable desde entonces, acaba de ganar la medalla de oro que otorga cada año al mejor arquitecto el Royal Institute of British Architects (RIBA), el organismo colegial del Reino Unido que goza de enorme influencia y prestigio en el gremio. El premio, que se concede desde 1948, ha sido recibido por, entre otros, Zaha Hadid (2016), Frank Gehry (2000), Norman Foster (1983), Frank Lloyd Wright (1941) —no debe ser casual su soledad humanista entre tanto monstruo de la demasía— y Oscar Niemeyer (1998), el único brasileño que había sido galardonado hasta ahora.

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Arquitectura brutalista hecha con Lego

Uno de los modelos arquitectónicos de Arndt Schlaudraff

Uno de los modelos arquitectónicos de Arndt Schlaudraff

Acostumbrados a la apariencia colorista de las construcciones de Lego (incluso en las más ambiciosas y profesionales), los modelos de Arndt Schlaudraff se distancian del espíritu desenfadado del juego de construcción. Inspirados en edificios reales o reproducidos con la mayor exactitud posible, son un canto de amor a la arquitectura brutalista, que de los años cincuenta a los setenta se identificó por el generoso uso del hormigón crudo.

El artista alemán sólo trabaja con piezas blancas y transparentes, obedeciendo a la naturaleza fría y limpia de los edificios que versiona. Desvela que su mejor herramienta es la caja de Lego Architecture Studio, de 1210 piezas inmaculadas y clasificada para un público de 16 años en adelante. Diseñado para —en palabras de la compañía— “liberar a tu arquitecto interior”, el set cuenta con un libreto con trucos y técnicas para crear las construcciones y está avalado por despachos como el neoyorquino Rex Architecture P.C o el japonés Sou Fujimoto Architects.

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Salvar tres ‘jormigonacos’ españoles, entre los objetivos de #SOSBRUTALISMO

Espai Verd - Valencia (Foto: Wikipedia)

Espai Verd – Valencia (Foto: Wikipedia)

La iniciativa #SOSBRUTALISMO quiere preservar al poligonerismo y reivindicar a su profeta en la tierra, el hormigón visto, en francés betón brut, de ahí el nombre del estilo, el material igualitario defendido por Le Corbusier.

El estilo, que todavía colea por una especie de milagro o brote colectivo de locura, está basado en una cadena de insensateces: aristas afiladas, planos inclinados, acabado rugoso y casi un sólo elemento constructivo: el durísimo —para la vista y las caídas— hormigón de las narices (rotas).

Los promotores del asunto han elaborado un fichero online de 700 horrendos edificios brutalistas. La web, entiendo que para compensar, es moderna, dinámica y placentera de ver.

No consta que en #SOSBRUTALISMO se hayan parado a pensar que algo esencialmente maligno debe residir en un estilo que gustaba al mismo tiempo a Franco, Honecker, Stroessner, Obiang y Nixon. No parece importar que todo dictador con suficiente sangre bajo las uñas como para merecer el título haya apostado por el brutalismo para alojar a los sometidos.

Están empeñados en salvar del deterioro a las construcciones de hormigón y organizar una “gran exposición brutalista” en 2017 en el museo de arquitectura DAM de Frankfurt, en Alemania, ese país donde el umbral de la buena educación es eructar en público.

Estiman que los edificios debe reunir tres características:

  1. Ser memorables como imagen.
  2. Tener una estructura clara.
  3. No haber sido restaurados con materiales distintos a los originales.

El de la foto que abre la entrada, esa construcción modular que quizá aún esté a la venta en Imaginarium como kit educativo para niños de 3 a 5 años, fue consumado en (¿debería usar la preposición contra?) Valencia  por Antonio Cortés Ferrando —que encima va de “arquitecto humanista, intelectual y espiritual”—.

Se llama Espai Verd. La traducción podría generar una metáfora biliar que no me atrevo a redactar para no parecer alemán. Es uno de los tres edificios señalados en España como objetivos a salvar por #SOSBRUTALISMO.
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Roger Mayne: fotógrafo de una sola calle

"A Girl Jiving in Southam Street" - Roger Mayne

"A Girl Jiving in Southam Street" - Roger Mayne

A algunos fotógrafos les basta una calle para mostrar el mundo entero. Es el caso de Roger Mayne (Cambridge-Reino Unido, 1929).

Alguna nota periodística de los años cincuenta apuntaba que la calle Southam —en Kensington, al noroeste de Londres— no era un buen lugar para dejarse caer. “Al menos el 95 por ciento de los vecinos tiene antecendentes penales“, alertaba el gacetillero con más mala intención que realismo.

Lo cierto es que se trataba de una barriada pobre, de casas maltrechas y situación sanitaria discutible (casi ninguna de las 140 construcciones, de dos alturas y  nueve viviendas cada, tenía baño). En 1968 fueron derribadas por las excavadoras en una de las habituales maniobras urbanístico-especulativas que diseñan los gestores urbanos en comandita con los señores del ladrillo y el metro cuadrado.

En lo que fue la calle levantaron la monstruosa torre Trellick, diseñada por el arquitecto húngaro de la escuela del brutalismo Ernö Goldfinger, de cuya catadura y apellido se sirvió el escritor Ian Fleming para crear a uno de los más cómicos enemigos de James Bond.

"Southam Street, W10" - Roger Mayne

"Southam Street, W10" - Roger Mayne

La torre de hormigón —defendida por algunos prohombres de la britomanía con el particular sentido del gusto de una nación que considera un manjar al pastel de riñones— se convirtió en un nido de traficantes de speed y expertos en el uso de la navaja y el puño americano, pero dicen que la Policía ha limpiado el terreno para los Juegos Olímpicos y el jubileo de su graciosa majestad y los apartamentos brutalistas se han revalorizado entre los jóvenes profesionales.

Al fotógrafo Mayne le gustaba pasear por la calle Southam antes del desastre. Lo hizo a diario entre 1956 y 1961, quizá sospechando que aquel lugar era anacrónico y tenía los días contados, quizá sin sospecharlo, buscando, como ha señalado en alguna entrevista, “un proyecto personal”, “una referencia” para seguir haciendo fotos pese al malvivir que conlleva el oficio.

"Southam Street, W10" - Roger Mayne

"Southam Street, W10" - Roger Mayne

En Southam había picardía, balones de fútbol trajinados, sueños, intemperancia, seducción, alguna cerveza, brillantina, zapatos muy viejos pero bien lustrados, tabaco de hebra… De todo excepto dinero. La ecuación era perfecta: con los bolsillos vacíos, inventas, pasas hambre pero sueñas, buscas la forma de eludir la respuesta biológica de matar a alguien o matarte.

Mayne supo entrar en el juego y dejarse llevar. “Había belleza en aquella calle, un cierto tipo de esplendor decadente y siempre un ambiente estupendo. Romántico, en el frío del invierno; frenético, en el verano; cálido y amigable en la primavera… Sigo recordando mi excitación cada vez que doblaba la esquina para entrar en la calle Southam”.

"Southam Street, W10" - Roger Mayne

"Southam Street, W10" - Roger Mayne

La colección de fotos —propiedad del Museo Victoria y Alberto, en cuya web pueden verse todas— es una de las más tiernas y venturosas de la fotografía europea de los años cincuenta, década en la que aún retumbaba el horror de los bombardeos nazis pero que también se estremecía por la desvergüenza naciente de los teddyboys y la rebeldía juvenil. El bocazas Morrisey, que tiene bastante buen ojo para la fotografía, ha utilizado unas cuantas de las imágenes de Mayne para las cubiertas de algunos discos.

Mayne siguió haciendo fotos —retratos por encargo, paisajes y documentales por Europa adelante, algunas de ellas en España, como esta y esta otra en Almuñecar o esta en Nerja—, pero nunca alcanzó el latido intenso de las fotografías que hizo en la calle Southam, cuando se simbiotizó con los adoquines y los habitantes con los bolsillos vacíos de una las zonas peligrosas de Londres. Moraleja: camina hacia donde las guías te digan que no camines.

Ánxel Grove

"Southam Street, W10" - Roger Mayne

"Southam Street, W10" - Roger Mayne

"Southam Street, W10" - Roger Mayne

"Southam Street, W10" - Roger Mayne

"Southam Street, W10" - Roger Mayne

"Southam Street, W10" - Roger Mayne