Entradas etiquetadas como ‘Alicia en el País de las Maravillas’

Los juguetes del futuro traspasan la pantalla

Hoy sueño con ovejas eléctricas que parecen excitadas y balan conceptos que creía lejanos, y que debo incluir en el moderno vocabulario, cosas como “realidad aumentada, mezclada, algorítmica, juguetes cibernéticos, niños transhumanos, alucinaciones virtuales…”

Son conceptos erráticos, nunca más futuristas, sin embargo, que sobrevuelan mi cabeza después de ver las posibilidades del juego Koski en este vídeo promocional. Lo está desarrollando Václav Mlynář, graduado del Royal College Art de Londres, en el Studio Deform. Une el clásico tablero con una dimensión digital a través de una pantalla que ofrece contenidos virtuales como en el sueño infantil de un ciborg.

Los jugadores (niños, en el pasado) usan un iPad a modo de dimensión mágica que interactúa con las piezas de madera sólida. El juego, basado en retos, consiste en levantar bloques físicos a través de los cuales un personaje corretea, escala o salta dentro del moderno espejo de Alicia: tras el cristal está la frontera en la que aparecen esos seres, árboles y cascadas digitales superpuestos a la dimensión física que se refleja. Usando la realidad aumentada y los sistemas de reconocimiento de objetos, estos serán los juegos del mañana.

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El Harry Ransom Center, un archivo para morirse dentro

Sede del Harry Ransom Center - Foto: Harry Ransom Center

Sede del Harry Ransom Center – Foto: Harry Ransom Center

Nunca te preguntan dónde quieres morir. No lo hacen por razones grotescas —piensan quizá que nombrar la muerte es acortar en un paso la distancia de un encuentro inevitable—, formales —al igual que no se debe hablar del dinero que ganas por ser esclavo, tampoco debes hacerlo de los gusanos que te esperan— o de puro método neoliberal —¿para qué preguntar algo que a nadie beneficia?—.

Para que quede constancia, anoto el lugar en el que, de ser posible el aplazamiento con métodos, digamos, químicos, y siempre que alguien pague mi último viaje —no tengo en las alforjas ningún fondo para imprevistos—, deseo morir.

Esta es la dirección:

Harry Ransom Center
The University of Texas at Austin
300 West 21st Street
Austin, Texas 78712
Estados Unidos

Para quien no sepa andar por el mundo sin un guía electrónico, el lugar está aquí.

Para quien considere que esto es una broma, una cita del único Dios en el que todavía creo, Bob Dylan:

La muerte no llama a la puerta. Está ahí, presente en la mañana cuando te despiertas. ¿Te has cortado alguna vez las uñas o el pelo? Entonces ya tienes la experiencia de la muerte.

Nota necesaria: si me duele más allá del aullido, si no soy capaz de valerme, si araño la indignidad de ser una vergüenza biológica, me importa un bledo el Harry Ransom Center. En ese caso, opten por la eutanasia. Es el último favor que reclamo, lo juro.
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Pogo, el músico electrónico que fragmenta las películas de Disney

Una sílaba pronunciada por Cenicienta mientras la observa un pajarillo azul, Pepito Grillo cantando sobre una caja de cerillas, una visión fugaz de Mary Poppins girando en medio de una coreografía de deshollinadores… Nick Bertke (Cape Town – Sudáfrica, 1988) —más conocido como Pogo— hace música electrónica como sacando juguetes de un baúl sin fondo, dándole un nuevo significado a dibujos animados y películas que avivan la nostalgia de varias generaciones.

Residente en Perth (Australia) y con años de carrera a pesar de su juventud, en sus mezclas utiliza exclusivamente los sonidos y la música del film, no se permite añadir nada que no pueda encontrar en la banda sonora. Se jacta de no usar programas de manipulación de sonido, de valerse sólo de diminutos fragmentos de audio que luego mezcla.

El montaje visual también merece mención. Pogo ordena las imágenes para que el espectador sepa de dónde salen las piezas de su puzle sonoro, aprovecha momentos en que los personajes bailan y pone en conjunto planos similares de diferentes películas, para envolver su regalo musical en el celofán adecuado.

La nueva pieza de su repertorio se titula Forget (Olvida). La mezcla contiene sonidos, minúsculos trozos de canciones e imágenes de películas de todas las épocas de la factoría Disney, desde La cenicienta, Fantasía, Dumbo y El libro de la selva hasta Pocahontas, Fantasía 2000, algún film más ajeno a los clásicos de Disney como James y el melocotón gigante y clásicos de Hollywood como Desayuno con diamantes.

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Cuando se cruzaron las vidas de Alicia y Peter Pan

Alicia Liddel (foto: Julia Margaret Cameron) y Peter Llewelyn Davies

Alicia Liddel (foto: Julia Margaret Cameron) y Peter Llewelyn Davies

Está pendiente alguien para redactar la no-ficción de esta pareja, su posible devenir. Cuando en 1926 se cruzaron por primera y única vez sus caminos, ella, Alicia Liddell, tenía 80 años —60 más que en la foto edénica que le hizo Julia Margaret Cameron y que aparece arriba—, y él, Peter Llewelyn Davies, 29.

El escenario en el que se conocieron, un salón de la muy estirada casa de subastas Sotheby’s, acaso impidió que olvidaran la diferencia de edad y salieran a perderse y trastear por las calles de Nueva York. Así lo demandaba la fama literaria que les precedía. Ella era Alicia, la habitante del enloquecido País de las Maravillas, y él, Peter Pan, el siempre-niño.

Alicia murió en paz ocho años más tarde en Lynhurst, un pueblecillo inglés que parece diseñado por un fabricante de vajillas rococó. Peter esperó un poco más para irse y sufrió mucho antes de decidirse por el suicidio: en abril de 1960,  a los 63 años, se tiró al paso de un tren.

El tiempo debió sincronizarse de otra forma para este par de ingleses, ambos multiplicados, bendecidos y condenados por un par de libros de esos que debes leer varias veces a lo largo de tu vida para no caer en la idiotez.

Lewis Carroll su retrato a Alicia Liddle (6 años), retratda "como una vagabunda"

Lewis Carroll y su foto a Alicia Liddle (6 años), retratada “como una vagabunda”

Liddell es la niña a la que Lewis Carroll regaló en 1864 el manuscrito escrito e ilustrado de puño y letra Alice’s Adventures in the Underground, que al año siguiente sería editado con el título de Alicia en el País de las Maravillas. El escritor, reverendo anglicano, profesor de matemáticas, amigo del carácter ilógico de la lógica y fotógrafo de niños pubescentes quedó enganchado por la belleza salvaje de la cría cuando la llevó a una excursión de verano. Prendado y para evitar el impaciente aburrimiento de Alicia, Carroll decidió componer para ella un libro alucinado.

Le hizo también muchas fotos. La que más desvela es la que tomó en 1858, cuando ella tenía 6 años y él la retrató con una manzana en una mano, el hombro al aire y vestida de harapos, “como una vagabunda”. Los padres de Alicia, amigos del escritor, estaban presentes y el escenario fue el jardín familiar, pero poco de eso importa si se traza la línea entre la mirada de la niña y la cámara. Todavía quedan críticos que acusan a Carroll de pedófilo por fotografías como esta.

El escritor padecía migrañas tan fuertes que le provocaban micropsia, una afección bautizada en honor a Carroll como Síndrome de Alicia en el País de las Maravillas. El síntoma más frecuente parece una bendición: ves diminutas alucinaciones de seres bondadosos que desprenden luz.

J.M. Barrie y los hermanos Llewelyn Davies

J.M. Barrie y los hermanos Llewelyn Davies

 J. M. Barrie creó Peter Pan inspirado por los cinco hijos de una familia amiga, los traviesos e imparables Llewelyn Davies. También hubo insinuaciones de acercamientos inapropiados a los niños por parte del escritor. Ya saben: escribir sobre críos es tarea compleja, peligrosa y simiente de habladurías.

Los hermanos Llewelyn Davies no se llevaron bien con la vida. George murió al recibir un tiro en la cabeza a los 21 años en la I Guerra Mundial. Michael se suicidó a la misma edad ahogándose en un río junto con un amigo-amante. Peter, ya lo he contado, se arrojó ante un tren en marcha.

Los amigos y la familia sabían Peter Llewelyn estaba triste, que padecía por culpa del “maldito personaje” —debe ser duro que los demás te señalen: “¡mira, el verdadero Peter Pan!”—, que no perdonaba a Barrie no haberle dejado ni un penique en el testamento.

Arriba, páginas del manuscrito de Lewis Carroll para su "Alice's Adventures Under Ground" (British Library). Abajo, portada de la primera edición de "Peter and Wendy" y una de las ilustraciones del libro

Arriba, páginas del manuscrito de Lewis Carroll para su “Alice’s Adventures Under Ground” (British Library). Abajo, portada de la primera edición de “Peter and Wendy” y una de las ilustraciones del libro

El libro Alicia en el País de las Maravillas celebra en 2015 su 150º aniversario. Peter and Wendy tiene unos pocos años menos: Barrie llevó a novela al personaje que no podía crecer —lo había utilizado antes en un par de libretos teatrales— hace 103.

Cuando Alicia Liddell y Peter Llewelyn Davies se conocieron en Nueva York en 1926 ella estaba en la ruina. Acababa de quedarse viuda y no tenía ingresos de ningún tipo. Subastó su posesión más preciada, el manuscrito que Carroll le había regalado. Fue comprado por 15.400 libras esterlinas y depositado en la Universidad de Columbia. El tomo fue comprado de nuevo por un consorcio de bibliófilos para regalarlo a la British Library —el ejemplar único puede verse online— como gesto de deferencia por el esfuerzo bélico de Inglaterra “contra Hitler y el nazismo”.

De la reunión de los dos protagonistas reales del par de sagas infantiles más populares de la historia no se conocen detalles. Quizá así deba ser. No está bien cerrar los finales de los buenos cuentos.

Jose Ángel González