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El Harry Ransom Center, un archivo para morirse dentro

Sede del Harry Ransom Center - Foto: Harry Ransom Center

Sede del Harry Ransom Center – Foto: Harry Ransom Center

Nunca te preguntan dónde quieres morir. No lo hacen por razones grotescas —piensan quizá que nombrar la muerte es acortar en un paso la distancia de un encuentro inevitable—, formales —al igual que no se debe hablar del dinero que ganas por ser esclavo, tampoco debes hacerlo de los gusanos que te esperan— o de puro método neoliberal —¿para qué preguntar algo que a nadie beneficia?—.

Para que quede constancia, anoto el lugar en el que, de ser posible el aplazamiento con métodos, digamos, químicos, y siempre que alguien pague mi último viaje —no tengo en las alforjas ningún fondo para imprevistos—, deseo morir.

Esta es la dirección:

Harry Ransom Center
The University of Texas at Austin
300 West 21st Street
Austin, Texas 78712
Estados Unidos

Para quien no sepa andar por el mundo sin un guía electrónico, el lugar está aquí.

Para quien considere que esto es una broma, una cita del único Dios en el que todavía creo, Bob Dylan:

La muerte no llama a la puerta. Está ahí, presente en la mañana cuando te despiertas. ¿Te has cortado alguna vez las uñas o el pelo? Entonces ya tienes la experiencia de la muerte.

Nota necesaria: si me duele más allá del aullido, si no soy capaz de valerme, si araño la indignidad de ser una vergüenza biológica, me importa un bledo el Harry Ransom Center. En ese caso, opten por la eutanasia. Es el último favor que reclamo, lo juro.
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Las fotos inéditas del ‘loco’ Dennis Hopper en Taos, Nuevo México

Untitled (women eating, laughing) © Dennis Hopper

Untitled (women eating, laughing) © Dennis Hopper

No es posible saber si la utopía hippie acabó con la primera cuchillada de las mansonitas contra la tripa embarazada de Sharon Tate o con el disparo del red neck que tumba y mata a Captain America Wyatt, el personaje principal de Easy Rider, interpretado por Peter Fonda. Entre la primera escena, tan real como la sangre y sucedida en las colinas de Los Ángeles, y el estreno publico de la película que contenía la segunda, metafórica y escenificada, pasaron pocas semanas.

Todo ocurrió en el verano de 1969, cuando el diablo fue de vacaciones a California.

En la foto que abre la entrada, tomada por el director-actor de la película, Dennis Hopper (1936-2010), mientras buscaba localizaciones para el largometraje que sería el canto póstumo de una generación, el flower power no parecía estar todavía condenado a la cuneta de una carretera sureña o al delirio de una secta de niños convencidos de que aquel delincuente de poca monta con ojos hipnóticos era, “en serio, hombre”, el quinto beatle.

Las dos mujeres que aparecen en la imagen tienen toda la vida por delante. Eso creen ellas.

Acaban de editar las que quizá sean las últimas imágenes inéditas de Hopper, o sea, las únicas no explotadas por la codicia de los herederos. Drugstore Camera reúne las fotos del director, tomadas con cámaras desechables y reveladas en drugstores —esa mezcla de maxiquiosco y farmacia tan abundante en los EE UU, donde tiene un sentido metafísico comprar en el mismo lugar lo que te cura y lo que te lleva directo a la diabetes— durante sus primeros meses en la zona de Taos, en el desierto de Nuevo México, un lugar seco donde la topografía parece una canción de Lydia Mendoza: Cerro del Oso, Arroyo Seco, Mosca, Cerro del Oro, Jicarita, Hernández, La Española, Cerro Vista, Cuchillo de Fernando, Sangre de Cristo, Agua Fría…

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Los ‘spots’ de David Lynch: perfumes, test de embarazos, coches, café, espaguetis…

— Una mierda. Una jodida y completa mierda.

Sin término medio y con breve, tajante y gruesa concisión. Esta era la opinión de David Lynch en 2007 sobre la cada vez más frecuente, rentable y molesta publicidad por emplazamiento en el cine: la colocación de un producto o marca dentro de la narrativa de una película, una entrada extra de dinero previa al taquillaje que hace ganar a los productores estadounidenses unos 6.000 millones de dólares al año por insertar una determinada marca de coche, ordenador o producto comercial en la trama de los filmes.

La postura radical del cineasta le ennoblece porque tiene mucho de trampa y nulo respeto por el espectador convertir una película en un mampara de anuncios, pero resulta curioso considerar que ningún otro director ha trabajado tanto para la publicidad como Lynch, que ha firmado decenas de spots para televisión desde finales de los años ochenta del siglo pasado [relación incompleta, con posibilidad de bajar los vídeos] para ayudar, eso sí, con mucho estilo, a vender perfumes, coches, marcas de café, pasta, un test de embarazo, un DVD de Michael Jackson, consolas…

Esta es una selección de algunos de los más llamativos anuncios del amigo-enemigo de la publicidad con la invitación a que elijan ustedes por sí mismos cuál es el mejor y comprueben si es cierto, como me sucede a mí, que algunos de los spots son bastante mejores que las tediosas películas que Lynch nos ofrece desde, digamos, 1999, cuando firmó el último largometraje decente de su carrera, Una historia verdadera.

Georgia Coffee (1991)

La supuesta refracción de Lynch por la publicidad por emplazamiento no era tan radical en 1991, cuando la marca de café japonesa Georgia hizo cuatro anuncios con el permiso y asesoramiento del cineasta aprovechando los decorados y la participación de algunos de los actores de Twin Peaks, entre ellos el agente especial del FBI Dale Cooper (Kyle McLachlan), que en la saga de spots intenta resolver la desaparición de una joven japonesa.

We Care About New York (1991)

Uno de los anuncios más coherentes con el ideario de Lynch —el submundo bestial que yace bajo la normalidad— fue el spot que dirigió en 1991 para una campaña de educación cívica para mantener limpia la ciudad de Nueva York. Con la ayuda del director de fotografía de sus mejores películas, Frederick Elmes, responsable de la luminosa turbiedad de Terciopelo azul y Cabeza borradora, el director metió el pánico en el cuerpo a los neoyorquinos mostrando a los seres que viven en el inframundo de la megalópolis.

Who is Giò (1992)

Grabado para un perfume de Giorgio Armani, Lynch recuerda esta minipelícula de dos minutos y medio como el spot “más libre” de los que ha dirigido. Las localizaciones son en Los Ángeles, donde el ambiente era muy tenso porque los tribunales acababan de declarar inocentes a los agentes de Policía que golpearon brutalmente al taxista negro Rodney King. Cuando el equipo estaba grabando la escena del baile en el club. “Allí estábamos, gente de todas las razas pasándolo bien y el exterior era un infierno”, dijo el director.

Clear Blue Easy (1997)

Un spot para un test de embarazo lanzado a bombo y platillo en EE UU en 1997. El anuncio de Lynch, con la impagable metáfora visual del reloj con los números sustituidos por las palabras YES y NO, tenía a los clientes de cabeza porque esperaban algo mucho más raro y tenebroso, pero la versión les encantó. Fue el debut ante la cámara de la modelo Marisa Parker, a quien Lynch obligó a someterse al test para que la escena fuese creíble.

Dangerous (1993)

Lynch dirigió una breve introducción para Dangerous: The Short Films, DVD que recopilaba los videoclips de Michael Jackson.

Barilla (1993)

Gerard Depardieu cocina pasta Barilla para una niña que se acaba de caer de la bicicleta.

Sun Moon Stars (1994)

Daryl Hannah a las órdenes de Lynch anunciando un perfume de Karl Lagerfield.

Obssesion by Calvin Klein (1998)

Los tres primeros anuncios publicitarios de alto que presupuesto y total libertad creativa que firmó Lynch fueron para el perfume de hombre Obssesion (Kalvin Klein). Se lanzaron los tres spots a la vez y cada uno está inspirado en una cita de un escritor, ninguno de los tres, por cierto, demasiado lynchiano: F. Scott Fitzgerald, Ernest Hemingway y D.H. Lawrence. Hubo un cuarto, basado en Gustave Flaubert, pero fue retirado de circulación.

Parissiene (1998)

Surrealista anuncio de Lynch para los cigarrillos suizos Parissiene. Se emitió sólo en cines, antes de la película, y los empresarios demostraron un gran gusto cinematográfico: también encargaron spots a Roman PolanskiRobert Altman, Jean-Luc Godard y su esposa Anne-Marie Miéville, Giuseppe Tornatore y Ethan y Joel Coen.

Nissan Micra (2002)

Lynch sostiene que le gustó tanto el encargo porque se enamoró del Micra nada más ver el coche. El coche es presentado de una manera sensual y misteriosa mediante un lenguaje inventado mediante el cruce de palabras:  spafe (spontaneous + safe), simpology (simple + technology), smig (small + big), aggrendly (aggressive + friendly).

Play Station 2 (2006)

Nada es lo que parece. El cervatillo gana la batalla en este anuncio para la consola de Sony.

David Lynch Organic Coffee (2012)

La última demencia del director fue el lanzamiento de una marca de café con su nombre para venderlo en exclusiva en la cadena de supermercados Whole Foods, donde compran los pijos de los EE UU —familia Obama incluida—. Como prólogo y vaticinio del desastre comercial que se avecinaba, dirigió un vídeo ante el que sólo vale la consternación y, como muchas de sus películas, la promesa de no verlo por segunda vez.

Ánxel Grove