Solo un capítulo más Solo un capítulo más

Siempre busco la manera de acabar una serie cuanto antes... para ponerme a ver otra.

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¿Estará Aaron Paul en la próxima temporada de The Walking Dead?

Esta historia trata sobre cómo una fotografía, una frase en Facebook y lo que se infiere de ambas puede provocar uno de los mayores hype que se han conocido en las últimas semanas (y que yo mismo he experimentado).

Ayer vi una fotografía de Norman Reedus (Daryl en The Walking Dead) en la que aparecía junto a Aaron Paul (Breaking Bad) en un post de Facebook de la serie de zombis de AMC. Partiendo de que sé que Reedus y Paul son amigos y que se han hecho decenas de fotos juntos, ni se me habría pasado por la cabeza una posible presencia de Jesse Pinkman en la ficción apocalíptica si no hubiese sido por la frase que acompaña la imagen: Are we dreaming right now?”

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Captura del post de Facebook

En cuanto lo vi, flipé. No me podía creer que pudiese ser verdad que Aaron Paul se incorporase a The Walking Dead. Fue lo primero que pensé, y así estuve un rato. Hasta que indagué. Y lo siento: no, Paul no estará huyendo de los zombis en la quinta temporada de la serie.

La habilidad (o mala idea) del CM de TWD ha provocado que todos nos ilusionásemos con una gran incorporación para la nueva tanda de episodios, prevista para octubre. La realidad es otra, y en ésta no cabe por ahora ver a Paul junto a Reedus matando muertos vivientes.

La fotografía fue publicada por el actor de la ballesta hace cinco días, en un momento de descanso del rodaje de la película en la que están trabajando juntosTriple Nine. Da la casualidad de que el filme se está grabando en Atlanta, el mismo lugar donde está situado el set para los nuevos capítulos de TWDPero ni por esa coincidencia va a acabar el eterno Pinkman junto a Rick Grimes y el resto de sus compañeros.

Estoy convencido de que hemos sido muchos los que hemos picado. Quizá por el bromance entre Paul y Reedus no deberíamos haberlo pensado. Pero esa frase y ese post de Facebook me descolocaron por completo. ¿Moraleja? Nunca subestimes el poder de un Community Manager. Una profesión que, además de ser mejor que trabajar, te permite embaucar a la gente.

La foto original en Instagram

Siete semanas y una vida con Walter White y Breaking Bad

Spoilers para dar y regalar. Avisados estáis 🙂

Comencé a ver Breaking Bad el 13 de agosto, hace apenas dos meses. Carezco de razón (o excusa) para no haber empezado a verla mucho antes. Simplemente no se puede ver todo lo que a uno le gustaría. Pero he de decir que no era de las que más me llamaba la atención. Sabía por supuesto que la veía un gran número de gente, que se había instalado un hype indescriptible porque se iban a emitir los ocho últimos capítulos, y que había voces que afirmaban con rotundidad que se marchaba la “mejor serie de la historia”. Esto último es lo que me suele echar atrás con algunas ficciones, ya que he llegado a leer que la mejor comedia actual es New Girl. Sin embargo, a Walter White (Bryan Cranston) era necesario darle una oportunidad. Y menos mal que lo hice. Acabé de verla el miércoles pasado. Y fue perfecta. Breaking2

Haberla visto tan seguida me ha privado de disfrutarla más. No he tenido que estar con la tensión del cliffhanger semanal, ya que finalizaba un capítulo y me ponía a ver otro. Y otro. Y luego uno más. Aunque al principio no fue así: su primera temporada, de siete episodios, no es ninguna maravilla. Es interesante, está claro, porque la idea y los personajes no se parecen en nada a lo que hemos visto antes. Pero es floja, por culpa del síndrome Padrino que ya expliqué una vez. Y es que las siguientes entregan son tan espectaculares que te hacen reflexionar sobre qué pasaba en la primera.

Breaking4Porque lo que está claro es que hay una evolución de un género completamente distinto a otro. Y es que parece que Vince Gilligan pretendía hacer al principio una tragicomedia; una especie de parodia sobre el mundo de las drogas al que accede un profesor mohíno en busca de dinero por culpa de una enfermedad incurable. Porque al principio parece de coña: son dos inútiles jugando a ser narcos y que fabrican metanfetamina. Algo que no es tal en la segunda temporada, ya que se vuelve seria. Incluso adusta. Sin tener nada que ver con su carta de presentación de 2008.

Es cuando pasa a ser una drama de acción en el que no hay tanto de esto último. No hay tiros, persecuciones, peleas o luchas contra el reloj. Es decir, falta el ritmo que se le presupondría a algo en lo que prime todo lo anterior. Pero no le hace falta. Tener una cadencia determinada está bien, pero la calma y la pausa es lo que diferencian a una serie entretenida de una genialidad absoluta. Y eso es Breaking Bad: lenta en su segunda entrega, pero con todos los argumentos del mundo para justificar el serlo. Algo que remató la aparición de Gus Fring (Giancarlo Esposito), que imprime ese tono profesional y pausado que la hace única y diferente.

No le menciono en el post, Pero RJ Mitte lo hace genial.

No le menciono en el post, Pero RJ Mitte lo hace genial.

Esta reinvención del género de acción es majestuosa en la tercera entrega (el capítulo del tiroteo a Hank es la hostia, directamente), donde Walter y Jesse Pinkman (Aaron Paul) se profesionalizan gracias al auspicio del narco que, bajo una de las ideas más geniales que he visto a unos guionistas, resulta que es dueño de una cadena de restaurantes de comida rápida. De verdad, ese detalle me enamoró. Y donde Skyler White (Anna Gunn) adquiere, al fin, la importancia necesaria para sacar toda la fuerza que tiene su personaje. Quizá sea aquí cuando empieza a generar animadversión entre el personal, como ella misma admitió en el New York Times.

De Walter a Heisenberg

Es aquí también cuando empieza la transformación del profesor de química. La génesis de una persona que abraza el mal de forma consciente y que se siente cómodo con ello, como relató el maestro Enrique Vila-Matas hace unos días. Alguien que no duda en revelar a su mujer qué hace para ganar dinero. Ya no importan los demás, como reconoce él mismo en el último episodio. Todo lo que hacía era por él y su propia ambición. Y si hay que quitar a gente de en medio, se hace.Brekaing5

“I’m the one who knocks”, le dice a Skyler cuando ésta le pregunta si está en peligro. Por eso no duda en cargarse a dos camellos que han matado un niño para salvar a Jesse. O en ordenar la muerte de su compañero de laboratorio para salvar su pellejo, y el de su exalumno. Ya no es Walt. Es Heisenberg, el creador de la metanfetamina azul de 99% de pureza. Este final de tercera temporada es uno de los que me habría gustado saborear y que por verla corriendo no he podido hacerlo. Habría molado quedarse con la intriga con un cliffhanger así.

Breaking8Y es que no tardé ni un minuto desde el final de la tercera en comenzar la cuarta temporada. Necesitaba saber que iba a pasar. Esto no paraba de mejorar. Y así fue: otra maravilla televisiva. Aquí es cuando vemos al Walter maquiavélico, que ya te demuestra que es frío y con un carácter desabrido para los negocios que en nada recuerda al de los inicios. Al que sabes que algo le tiene que pasar, ya que se ha librado hasta ahora de todo. Es en esta entrega cuando el ritmo, eso que decíamos antes que no tenía pero que tampoco le hacía falta, aparece. Y de qué manera. Que un episodio sea vertiginoso es un logro; lo que se hace aquí es una obra maestra.

Una característica palpable en los tres últimos capítulos de la temporada, con momentos para enmarcar y situaciones que ya empiezan a convencerte de que está reinventando la ficción televisiva. La autodestrucción (otra vez) de Jesse marca una parte, que le sirve a Aaron Paul para justificar los Emmy que ha ganado y para exigir el otro que debería ganar el próximo año. La sed de venganza de Walter por sentirse ninguneado por Gus hace el resto. Y eso le lleva a enloquecer en algún momento.

Es en el capítulo número 11, después de que Skyler le diga que le ha dado el dinero a Ted para que pague su deuda con Hacienda, cuando algo salta en su cabeza. Empieza a llorar. Pero luego se ríe de una forma aterradora. Que acojona tanto como los payasos asesinos del cine (al menos a mí, que tengo coulrofobia). Y ya es imposible creerse que este hombre que ha decidido ser un villano sienta que un niño enferme. Ya cuando descubres que ha sido él mismo el que le ha envenenado por uno de sus objetivos, lo entiendes. Pero antes tampoco demuestra empatía alguna con la situación del pobre crío. Es lo mismo que pasó con Jane, a la que dejó morir sin intentar hacer nada para salvarla. Algo que le restregará bien fuerte a Jesse en su momento.Breaking7

Antes de llegar a la quinta temporada, lo único que se le podría achacar a Breaking Bad es que algunos de sus momentos son predecibles un minuto antes. Pasa con la muerte del hombre de Gus en el primer episodio de la cuarta, por poner un ejemplo. Y con unos pocos más en las cuatro entregas. En la quinta todo cambia. Ya no te puedes esperar nada. Los giros son totalmente inesperados y demasiados bruscos como para anticiparlos. Es cuando descubres que todavía es más imposible separarse de ella, y que casi la necesitas en vena.

Un cierre impecable

Breaking3La última remesa de capítulos dividida en dos entregas distintas de ocho y ocho es la de la radicalización absoluta de la serie. El hilo a seguir es completamente distinto al de las anteriores entregas. Y creo que nadie podría haberlo hecho tan bien como Vince Gilligan. Todo porque se da una situación peculiar, que es la de la incorporación de una trama mafiosa y asesina que antes no había tenido tanto impacto (amén de los gemelos de la tercera temporada, que tenían un objetivo claro). De esto tiene culpa la banda nazi del tío Jack y Todd, que aparenta ser un imberbe cuando realmente es un temible y despiadado. O fijáos en su expresión cuando mata a la exnovia de Jesse. Sin inmutarse. Una interpretación casi perfecta, pero aún muy lejos de las de Paul y Cranston, está claro.Breaking6

Aquí cada capítulo es mejor que el anterior. Pasa de todo a cada minuto. La alianza con Mike, el negocio independiente de Heisenberg y Jesse, y la persecución de la DEA contra todos los que formaban parte del engranaje de Gus… La forma en la que está contado es magistral. Y para mejorarlo se incorpora un personaje tan odioso como Lydia, que pone ese contrapunto de wannabe mafiosa remilgada que sacia su miedo intentando que otros maten a los que ya no le interesan.

Breaking1La muerte de Mike quizá sea el punto de inflexión para la segunda parte de la temporada final. Es lo que rompe y permite otro argumento completamente distinto. Una evolución más. Y así es cuando Hank descubre todo y quiere acabar con Walt. A su conversación de enfrentamiento, uno de los momentos a destacar, se suma el asesinato masivo en las cárceles a los esbirros de Gus por parte de los sicarios del tío Jack. Una excelencia recogida en los cuatro últimos episodios, que deberían estudiarse en las escuelas de guión como el ejemplo a seguir de cualquiera que quiera dedicarse a escribir ficción. No pueden pasar más cosas en algo menos de cuatro horas de duración. Ajustes de cuentas, asesinatos, torturas, esclavismo, huidas, regresos, persecuciones… Hay de todo. Es espectacular.

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El final es simplemente perfecto. No se le puede pedir más. La manera en la que se despide Walter White, que muere matando, marca un antes y un después para todos los que vemos series. Ese disparo al tío Jack, exactamente igual a lo que él hizo con Hank antes, lo dice todo. Y minutos antes, al finalizar su venganza contra los que le ningunearon y se hicieron ricos por su trabajo usándoles como asidero para su familia, se cierra el resto. Con Jesse libre tras pagar por sus pecados.

Breaking Bad y Walter H. White han entrado directamente al Olimpo de las maravillas de esta temática que supieron sobrevivir a sí mismas y despedirse a lo grande y encandilando a todos los que la hemos seguido. Algo que hizo The Shield y que seguramente hará Sons of Anarchy. Ahora es cuando me arrepiento de no haberla seguido semana a semana. Y ni un spin-off de Saul Goodman me va a llenar este vacío. Creo que como poco necesito una camiseta de Heisenberg para homenajearle.