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En busca de una segunda oportunidad En busca de una segunda oportunidad

-Los hombres han olvidado esta verdad -dijo el zorro-, pero tú no debes olvidarla. Eres responsable para siempre de lo que has domesticado- 'El Principito'. Antoine de Saint-Exupéry.

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Troya, la lucha por sobrevivir merece la recompensa de un buen hogar

Se llama Troya, como mi perra. Es más pequeña y ha estado muy cerca de morir, pero ha ganado la batalla gracias a la implicación de muchas personas que tampoco se rindieron. Y ahora necesita un buen hogar.

Esta es su historia:

Todas las semanas llegan a nuestra asociación casos de animales abandonados, heridos o necesitados por uno u otro motivo, y hoy queremos compartir una historia de superación que supone, para nosotros, un verdadero ejemplo de vida. Nos gustaría presentaros a Troya, una podenquita luchadora hasta el extremo, que no deja de maravillarnos.

Era jueves, en torno a las tres del mediodía, cuando recibimos un aviso en el teléfono de Defensa Animal Zamora o DAZ. Se trataba de una mujer que nos contaba que acababa de cruzarse delante de su coche una perra, a la altura de la entrada a Zamora desde Roales del Pan, en lo que se denomina el corredor de Roales. La perra tuvo la suerte de que esta mujer paró su coche para tratar de ayudarla, en lugar de seguir su camino sin echar la vista atrás, y pudo ver cómo se tumbaba en la cuneta.Le pedimos que se quedara junto a la perrita, que llegaríamos lo antes posible. Ella no la había atropellado y no sabía por qué se tumbaba.

En pocos minutos una compañera llegó al lugar, la cogió y la metió en su coche. Desde allí ya la trasladamos a urgencias veterinarias, acompañados de la mujer que la había encontrado, que quería seguir su evolución, lo cual es de agradecer.

Enseguida nos percatamos de que sus dos patas izquierdas estaban extremadamente inflamadas. Para que os hagáis a la idea, como el triple de lo que le correspondería. En pocos minutos los veterinarios nos confirmaron que la causa no era un impacto sino una infección impresionante que ya tenía afectadas ambas patas y las manos.La perrita estaba muy mal hasta el punto de que su estado era prácticamente de coma, no reaccionaba y su analítica era incompatible con la vida.

Los siguientes tres días fueron de una lucha intensa de esta perrita por sobrevivir. Las esperanzas que nos dieron fueron ínfimas, pero pasado ese tiempo comenzó a reaccionar al tratamiento, sus parámetros empezaron una mejoría lenta, y se levantó. Fue realmente emocionante verla ponerse de pie, empezar a comer y a beber. Pedía salir a la calle para hacer pis a pesar de que sus patas estaban ya necrosándose.

No hubo nada que hacer con su pata izquierda trasera y la mano de adelante. Era imprescindible amputar para evitar que esa necrosis invadiera todo su cuerpecito, pero el estado de salud complicaba la supervivencia a la intervención quirúrgica. Esperamos unos días hasta que su analítica fue mejor y finalmente Troya fue operada, los veterinarios de la Clínica Albeitar de Zamora amputaron su pata izquierda trasera en su totalidad y su mano izquierda delantera.

Salió de la operación y superó el post-operatorio y, en pocos días, ya estaba corriendo con dos patas ¡Era increíble! Cualquiera de nosotros estaríamos semanas…

Contactamos con la clínica Fisiodog de León y nos comentaron que unos chicos de León podían hacerle una prótesis para su mano, pero que antes tenía que cicatrizar la operación de amputación.

Como podéis ver, es toda una campeona y hoy disfruta de la compañía de toda su familia de acogida.

Necesitaremos un hogar definitivo para ella una vez que todo esto haya acabado, en su casa de acogida actual convive con gatos y perros sin problema.

Desde DAZ queremos agradecer a la persona que detuvo su vehículo, a los veterinarios que le han salvado la vida y, por supuesto, a las casas de acogida que la han cuidado con todo el mimo para que Troya pudiera salir adelante.

Al final, aunque las esperanzas eran mínimas, esta luchadora ha ganado la batalla y nos ha dado una lección de superación a todos.

Contacto: defensanimalzamora@gmail.com 622 93 45 62

Maltrato reiterado en una rehala de Zamora desde 2014 y solo le cae una sanción


Hace año y medio que Defensa Animal Zamora supo el estado deplorable en el que vivían los animales de una rehala. Denunció y algo de caso hicieron, porque el dueño de la reala tuvo que pagar una sanción. Pero ahí siguen los animales en condiciones de maltrato, sin que nadie intervenga, sin que se tomen medidas. Por eso la protectora ha difundido imágenes, un vídeo y un comunicado “para hacer llegar esta situación públicamente a la Junta de Castilla y León, quizá haciéndolo de forma pública tomen decisiones más ágiles y más eficaces que salven a estos y a otros muchos perros que viven en la oscuridad, en la esclavitud de una reala”.

Os dejo con el comunicado:

En diciembre de 2014 Defensa Animal Zamora fue conocedora de la situación en la que vivían los perros de una rehala de Jambrina (Zamora), visitamos el lugar y pudimos comprobar que estaban hacinados, en jaulas una sobre otra, entre sus excrementos, sin apenas luz que traspasara los muros de aquella cárcel que únicamente contaba con un pequeño agujero en una pared.

Tras la denuncia la mejora a la que llegaron estos perros fue continuar hacinados, con un olor insoportable, algunos de ellos encadenados aunque algunas paredes de aquel zulo fueron derribadas para dar paso a mallas.

El responsable de la rehala fue sancionado económicamente por la Junta de Castilla y León, pero a día de hoy hemos recibido las imágenes que queremos compartir con vosotros, en las que incluso se puede ver un perro muerto entre sus compañeros de encierro.

Esta es la vida de los perros de una rehala, perros que parecen no tener derechos, que parecen no estar sujetos a las mismas normativas que los que viven en nuestras casas, esta es la vida de estos perros tras una denuncia y tras una sanción.

¿Es esto legal? ¿Es esto todo lo que la Junta de Castilla y León puede hacer por estos animales?

¿Será ésta su vida para siempre? ¿Nadie va a retirar a esta persona los perros? ¿Nadie va a salvar a estas víctimas?

Desde Defensa Animal Zamora queremos hacer llegar esta situación públicamente a la Junta de Castilla y León, quizá haciéndolo de forma pública tomen decisiones más ágiles y más eficaces que salven a estos y a otros muchos perros que viven en la oscuridad, en la esclavitud de una rehala.

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Capítulo 54 de #Mastín: “no voy a suponer un problema”

perro2Más de un año escribiendo  Mastín en este blog. Comencé el 23 de enero de 2015 y el próximo viernes concluirá. No sé a vosotros, pero a mí me va a dar pena despedirme de Logan, Martín, su madre, Mal, Juan, Manu…

Luego mi idea es que pase por un proceso de revisión y corrección y publicarla, para que se pueda leer al fin de cabo a rabo y sin esperas.

Tanto si lo vuestro es leer como si es ayudar a los animales (más aún si son las dos cosas), ya podéis comprar Galatea, mi novela de ciencia ficción, en su versión digital por 2,99 euros. Aquí tenéis más información.

CAPÍTULO 54:

– ¡Logan! ¡Logaaan! ¡Ven aquí! – Martín iba en busca del viejo pitbull, que olisqueaba un matojo ajeno a su llamada. Siempre había sido un perro muy obediente, si no acudía no era porque hubiera decidido empezar a ignorar órdenes a su vejez.

– ¡Logan! ¡Ven! – volvió a gritar Martín acelerando el paso – Te estás quedando sordo como una tapia, tío – concluyó sabiendo que el perro ni le oiría ni le entendería.

Loga levantó finalmente la cabeza, buscando a Martín. Miró a su alrededor completamente desorientado y se dirigió decidido a un corredor que andaba estirando en un banco cercano. Cuando Martín vio lo que pasaba, echó a correr para llegar lo antes posible junto al perro. No lo logró antes de que Logan llegara hasta el corredor, que se quedó inmóvil y solo se atrevía a mirar alternativamente al enorme pitbull que lo olisqueaba extrañado y al chico que iba hacia él.

– No hace nada, tranquilo. Es que es ya muy mayor y ni ve ni oye bien, ha debido pensar que tú eras yo – dijo Martín que ya había llegado, agachándose para ponerle la correa.

– Pues no le sueltes. Además esos perros tienen que ir siempre atados y con bozal, pueden ser peligrosos –

Martín contó hasta cinco antes de responder a aquel hombre, que lo miraba muy digno dentro de sus mallas cortas y su camiseta de tirantes fluorescente. – Lo siento si te ha asustado, pero no es nada peligroso. Es muy bueno y muy mayor. Y en este parque a esta hora no hay prácticamente nadie –

– Aquí siempre hay gente. Y eso lo dices tú, pero es un animal y nunca se sabe –

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Capítulo 25: Magullado por dentro y por fuera

El segundo capítulo de julio de mi folletín animalista, escrito a pesar del calor que da el portátil en estas noches madrileñas de verano. Ya sabéis que con Mastín pretendo hacer una buena novela juvenil, capaz de gustar a adultos y con el marco de la protección animal de fondo para dar a conocer la problemática existente.

CAPÍTULO 25:

El grito se había convertido en un lloriqueo. Martín corrió buscando el origen del sonido sin saber quién gritaba o qué haría ante lo que se encontrase, sin preocuparle por qué sentía esa imperiosa necesidad de responder a esa petición de auxilio.

Alguien pedía ayuda en el silencio oscuro de la madrugada, alguien que no podía estar a más de un par de calles. Oír su llamada le había sacado del estado ausente y sordamente doloroso en el que estaba inmerso, eso era todo lo que necesitaba saber en ese momento.

Se detuvo al final del callejón en el que encontró lo que había estado buscando. Al principio le costó ver lo que pasaba. Un bulto oscuro que era incapaz de reconocer se protegía la cabeza con las manos; estaba sentado en el suelo gimoteando. De pie, frente a él, estaba Alberto propinándole pataditas desganadas en las piernas.

– ¡Vamos, levántate! Si no te he hecho nada todavía. No seas tan marica –

Otra sombra que estaba apoyada en la esquina contemplando el espectáculo rio con la voz de Carlos.

– Levanta, que no te va a pasar nada. Tal vez te abofetearemos un poquito como a una chica, nada más. Solo si no eres buena –

Martín ya no necesitaba más para saber quién estaba ovillado contra la pared.

Tal vez si se hubiera parado a pensarlo no hubiera actuado así. Podría haber llamado al 112. También podría haberse dado la vuelta y vuelto a casa, igual que había dado la espalda a Juan muchas veces en el instituto. Pero es que no fue algo premeditado, fue una reacción instintiva. Puede que simplemente necesitara salir de aquel estado mental en el que se había visto inmerso, puede que algo hubiera cambiado en él sin saberlo. Fuera lo que fuera, el chico caminó hacia sus tres compañeros, con zancadas largas pero tranquilas para intentar domar ese rojo vivo que sentía crecer en su interior, una sensación conocida que no quería que le desbordase. Se recordó a sí mismo sobre el tipo que lanzó a los gatos y la voz de Mal pidiéndole prudencia. Respiró profundamente. Alberto y Carlos no tardaron en verle aproximarse.

– Dejadle en paz, ya está bien – dijo en el tono más conciliador que encontró. Eran dos y Martín jamás se había visto metido en una pelea seria.

– No te metas. Pírate –

– ¿Quieres que sea tu novio? ¡Sí! ¿Es eso, verdad? Quieres follarte a Juan – dijo Alberto explotando en carcajadas forzadas .

– ¿Por qué no os vais vosotros? ¿No tenéis nada mejor que hacer? – Martín intentaba ignorar a Alberto y miraba directamente a Carlos, que le parecía un tío algo más razonable pero que se limitó a mirarle haciendo los coros a su colega.

– Otro maricón en clase. ¿Por eso vino tu novia buscándome? –

Las señales de calma no habían funcionado. Notaba la rabia arreciando y adueñándose de él.

– Manu te hizo un poco de caso porque sabía que me cabrearía verla cerca del mayor gilipollas de la clase – le espetó Martín.

– ¿Gilipollas? ¿Quién es aquí el gilipollas, eh? ¡Hijo de puta!-

– ¡Cabrón, vete a meterte en tus asuntos! ¡Déjale en paz!-

Alberto avanzó encarándose directamente con él. Ambos se gritaban a pocos centímetros uno del otro, erguidos, cuadrándose. Carlos seguía sonriendo, atento, Juan no se había atrevido a moverse. Martín se interpuso entre el chico acuclillado mientras seguían insultándose. Como un enganchón entre dos perros jóvenes, en el que rara vez se derrama sangre porque lo que pretenden es imponerse sin daño, pero en aquella ocasión sí que la habría. Alberto le empujó y Martín le lanzó contra la pared. En ese instante el fuego se adueñó de Martín, que no supo más que los golpes llovían, que se defendía como podía y agarraba, empujaba y golpeaba sin saber a quién. Notó algo húmedo resbalando por la cara y le ardía una mano. En medio del caos vio a Juan y luego notó que Alberto había desaparecido de su particular rifirrafe, enzarzado con su víctima en el suelo. Logró zafarse del agarrón de Carlos y lo embistió con la intención de alejarlo, tal vez de lanzarlo también al suelo. En cambio cayeron ambos engarzados contra un coche cuya alarma se disparó. El estridente sonido, aún más ensordecedor en plena madrugada, logró detenerles en el acto. Se miraron durante un instante y luego se alejaron en direcciones opuestas con un trote dolorido de aquel lugar antes de que se presentara la policía o cualquier vecino. Martín sabía que Juan le seguía, se detuvo en unos soportales sombríos cuando consideró que ya se habían alejado bastante.

– Gracias – dijo Juan con la respiración aún agitada y sin atreverse a mirarle a los ojos. Tenía un lateral del vaquero totalmente manchado, unos arañazos en el brazo y algo de sangre entre los dientes.

Martín estaba exhausto, harto y tan despierto como ausente se había sentido pocos minutos antes. Se llevó la mano a la cara. Estaba sangrando bastante.

– Te han abierto un poco la ceja, es más escandaloso que otra cosa. Y se te va a hinchar el labio –

Martín se tocó el labio inferior. Palpitaba y comenzaba a doler. La ceja seguía sangrando y tuvo que cerrar el ojo para que no se le llenara de sangre. Se quitó la camiseta y se apretó el corte intentando detenerlo. Otra camiseta a la basura. La mano también le molestaba, se había desollado los nudillos, probablemente contra la pared.

– Lo siento mucho. Gracias – repitió Juan.

– No tienes que sentirlo. No es culpa tuya. Me metí en medio porque me dio la gana –

– ¿Quieres que te acompañe a Urgencias para que te miren ese corte? –

– No, no es nada. Vivo aquí al lado, me voy a casa –

– ¿Te acompaño? –

– ¡Te he dicho que no! – gritó Martín. Juan dio automáticamente un paso atrás, dolido, y el chico lamentó haberle hablado así, pero quería irse, necesitaba irse, perderle de vista, intentar tranquilizarse y digerir todo lo que había pasado en la última hora. – No quería gritarte, he tenido una noche complicada. Me voy a casa. Ya hablaremos, ¿Vale? –

Juan se limitó a sonreír, lo que en aquel rostro vapuleado, sucio y despeinado le hacía parecer poco más que un niño vulnerable. Martín dio media vuelta y enfiló el camino a casa sin dejar de apretar la camiseta contra su ceja, aún rabioso, aún doliente, aún incapaz de encontrar la calma y pensando, aunque no le importaba demasiado, que buena se iba a poner su madre cuando viera que se había estado peleando.


***

Se detuvo ante la puerta el tiempo suficiente para hacerse notar ante Logan, al que sintió olisqueando el suelo al otro lado. Su madre debía estar ya dormida. La luz de la escalera se apagó y no volvió a encenderla. En penumbras bajó las escaleras y se encontró por segunda vez buscando refugio ante la puerta de Mal.

La chica abrió sobresaltada, escoltada por su sombra en forma de galgo. Llevaba un viejo vestido de tirantes con el que claramente había estado durmiendo y el pelo recogido en una trenza. Martín se imaginó como debía estar viéndole ella, medio desnudo, sucio de sangre y con la camiseta hecha una bola contra la cabeza.

– No sé qué estaba pensando cuando he llamado a tu puerta. Perdona, me voy a casa –

Mal le cogió del brazo y le condujo al interior, sentándolo en el viejo sofá que ya conocía. No parecía enfadada por la irrupción y Martín comenzó a relajarse. La chica desapareció y volvió al poco rato con una bandeja en la que había un cuenco con agua, algodón, un bote de Betadine, gasas y esparadrapo. Le hizo reclinar la cabeza contra el respaldo y se puso de rodillas en el sofá , a su lado, para limpiarle y cerrarle el corte, que ya había dejado de sangrar. En aquella postura sus pechos, sueltos en aquel vestido gastado, estaban a la altura de su cabeza; notaba el calor que irradiaba su cuerpo y su respiración mientras sus dedos y el algodón recorrían con delicadeza su rostro. Martín sintió que se excitaba y cerró los ojos avergonzado.

– Lávate las manos anda, que te ponga también Betadine – dijo ella tras terminar con su cara.

– ¿No me vas a preguntar qué ha pasado? – preguntó Martín una vez ella dio por terminadas sus curas.

– No, ya sabes que no me gusta interrogar a la gente –

– Ni contar cosas tuyas –

– Tampoco, tienes razón Mastín. Pero es que además lo que tienes que hacer ahora es irte a casa y descansar. Mañana ya hablaremos, si es que te apetece contármelo –

Mal se puso en pie y se dirigió a la puerta de la casa, seguida por trancos y por Martín, que sabía que aquello significaba que tenía que irse. Su vecina abrió la puerta y esperó, ligeramente apoyada en ella. Estaba preciosa, descalza y tan pequeña, con esos ojos que parecían entenderlo todo mejor que él.

Estaba claro que aquella iba a ser una noche que no olvidaría.

Cogió su cara con las manos y la besó, un beso suave, prolongado, que ella no respondió. Sus brazos colgaban laxos y simplemente se dejaba hacer. Aquello enfureció al chico, que hubiera preferido que le hubiese apartado, y la besó con más furia, haciéndose daño en el labio herido. Quitó las manos de su rostro para apretarla contra él y abrió la boca. Al principio no pasó nada, Mal permaneció impasible, sin responder, pero luego Martín notó que el cuerpo de ella se curvó adaptándose al suyo, los labios se abrieron un poco, muy poco. Todo tan sutil que parecía no estar pasando. Al poco se apartó respirando con rapidez y mirándola con una intensidad que se extinguió rápidamente. Ella se limitaba a observarle pensativa. No parecía enfadada, aunque tenía derecho a estarlo. Tampoco precisamente dispuesta a lanzarse a sus brazos.

– Tal vez debería haberte desanimado con más ganas, pero es agradable tontear inofensivamente con un chico guapo. Mea culpa – dijo al fin – No es buena idea. Créeme, yo he pasado por esto antes. Estar con alguien a quien quieres, aunque no sea el amor de tu vida, y ponerle los cuernos con otra persona. Lo pasas bien un rato, sí. Disfrutas de las mariposas en el estómago y del sexo con alguien diferente. Pero ese poco tiempo no compensa. A mí al menos no me compensa. Juraría que a ti tampoco. Decide sí quieres seguir con esa chica o no, pero no en función de si tienes alguna oportunidad con otra. Y no le hables de esto. Si quieres seguir con ella o con cualquier otra en el futuro y le pones los cuernos, aprende a encajar tu propia mierda. Pero ahora no es el momento de hablar de eso. Vete a casa a descansar –

– Ya no estoy saliendo con Manu –

– Lo estabas ayer – apuntó ella alzando una ceja.

– Pues ya no – dijo él encogiéndose de hombros.

– Me da igual. O mejor dicho, con más motivo esto no tiene sentido. Una vez rompí a un hombre, no tengo la menor intención de romper a un niño. Además, lo nuestro probablemente fuera ilegal – quiso bromear.

– ¡Eh, que no tengo catorce años! – protestó él.

– No, tienes diecisiete. Y yo veintiséis. Y eso es un universo entero. Ve a dormir, mañana hablaremos – dijo empujándole suavemente hasta que traspasó el umbral. La puerta se cerró y Martín, magullado por dentro y por fuera, subió a casa sintiendo que odiaba más que nunca su edad, que la vida era una mierda, pero que también, de algún modo extraño y soterrado, estaba llena de maravillas.

 

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Esta camada de perros ha aparecido metida en una bolsa dentro de un contenedor en Zamora el 7 de julio.

Seis vidas con las que alguien ha intentado acabar metiéndolas en una bolsa de plástico y tirándola a un contenedor de basura. Basura es la persona que ha hecho esto. ¿Cómo se puede ser tan mal nacido para meter seis cachorritos en una bolsa para que mueran asfixiados?

La semana pasada otro caso en León aunque de ese seguramente tengamos video del abandono y eso nos permitirá llegar hasta las últimas consecuencias con el o la culpable de esta atrocidad. Junto al contenedor de ese pueblo de León hay una empresa con cámaras de vigilancia y el propietario de la empresa está buscando el video del abandono para que podamos denunciar.

Ahora necesitamos casas para estos pequeños, la familia que los ha rescatado de una muerte segura los cuidará hasta que tengan buenos hogares.

Contacto: Defensa Animal Zamora defensanimalzamora@gmail.com

Arrojan un cachorro a un contenedor de residuos en Zamora

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Trash3Sucedió este domingo. Una persona escuchó los ladridos de un perro dentro de un contenedor que se recoge una vez a la semana para ser llevado a la capital y dio aviso a la asociación Defensa Animal Zamora (DAZ). Inmediatamente los voluntarios de DAZ pusieron este hecho en conocimiento de la Policía Local y los Bomberos de Toro, que trataron sin éxito sacar al animal de su escondite.

Tuvieron que avisar al Servicio de Recogida Provincial de Residuos, que envió a un operario a las 6:30 de la mañana de ayer, lunes 4 de mayo. Entre esa persona, que colaboró con ganas, y los tres voluntarios pudieron sacar al perro del inmenso contenedor de basura, que ha resultado ser un cachorro cuya madre estaba rondando a su pequeño todo el tiempo sin saber cómo ayudarle.

En la primera imagen podéis ver al cachorro, en la última a su madre. Ahora los dos necesitan un hogar .

Contacto: Defensa Animal Zamora defensanimalzamora@gmail.com

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Hay perros que no están hechos para vivir sin contacto humano frecuente, como Preciosa

preciosaCasi cualquier perro está mejor en un hogar que en una protectora, independientemente de los metros cuadrados de ese hogar. Pero hay muchos perros que viven razonablemente felices si están bien atendidos y en buenas instalaciones en la protectora, a la espera de su segunda oportunida.

Luego hay perros que no se adaptan a esa vida, que necesitan contacto humano frecuente, una persona de referencia. En algunos casos no lograrlo desemboca en depresión.

Preciosa es uno de esos perros que necesita una familia. Está en Zamora, en la protectora Scooby Medina. Es una perrita mestiza de unos tres años de edad y me cuentan que tiene un carácter estupendo.

Está muy acostumbrada a la gente y siempre está pidiendo mimos, cuando te ve se pone a saltar y a hacer monerías para que le hagas caso. Está muy apegada a las personas, por eso lo está pasando muy mal alli y necesita un hogar donde la den cariño todos los días. Se lleva bien con otros perros.

Contacto: seguimientos@scoobymedina.com

preciosa