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Siempre busco la manera de acabar una serie cuanto antes... para ponerme a ver otra.

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Dios, ¿por qué nos castigas con ‘Aquí paz y después gloria’?

2Desde hace unas semanas, ver los martes por la noche Telecinco es como volver a 2003. Eran los tiempos en que muy pocos veían series de otros países sin utilizar la televisión. Internet aún estaba despegando, con esas tarifas planas a las que te podías conectar sin que te cobrasen de más desde las seis de la tarde. Entonces tu máxima aspiración era descargarte unos discos con el eMule. Lo poco que llegaba a nuestro país que merecía la pena lo emitía Digital +, pero entonces muchos no sabíamos que esas ficciones eran tan obligatorias como descubrimos años después. La culpa de que haya aparecido tanta reminiscencia es Aquí paz y después gloria, protagonizada por Antonio Resines y Antonio Molero. Sí, Telecinco se ha atrevido: ha querido resucitar a Los Serrano en 2015. Porque Resines y Molero hacen de Diego y Fiti. Con algunas diferencias, claro.5

Que la temática de la serie esté vinculada a la religión lleva a preguntarse por qué el supuesto Dios nos castiga de esta manera. Porque Aquí paz y después gloria es muy mala. Más allá de ser una versión de las andanzas de Diego Serrano con alzacuellos, no tiene ninguna gracia. Algún chiste absurdo te puede hacer reír, sí. Pero esta historia de un estafador que se hace pasar por su hermano gemelo, que es cura, para huir de otros más facinerosos que él a los que ha timado no tiene ningún aliciente. Salvo tirar el dinero en un producto inane. Cada uno tiene sus aficiones.

1El principal problema que arrastra es que es muy rancia. Está infectada de cuñadismo y de bromas absurdas que en los años de Los Serrano podrían hacer gracia por ausencia de competidores. Hoy en día es casi imposible reírse con semejantes patochadas que no me explico cómo han podido acabar en la versión definitiva de un guión. Está claro que cualquiera puede fallar. Pero que todo sea tan nefasto es de nota. Es difícil hacerlo peor.

También cabe preguntarse cómo Telecinco ha aceptado emitir Aquí paz y después gloria. No me cabe en la cabeza que alguien acepte que esto esté en las televisiones en horario de máxima audiencia. Ya no por su nula calidad, sino por vergüenza. No aspira ni al costumbrismo más paleto. Porque da reparo ver a Resines resucitando a un Diego Serrano que ha pasado de cortar jamón a fingir que da misa. O a Molero haciendo tan mal de sacerdote inseguro y que va al rebufo de su superior. El trío calavera del despropósito lo completa César Sarachu, que hace lo mismo que en Camera Café pero intentando aparentar severidad. Y no, tampoco lo consigue. Parece que ha perdido el toque de cuando hacía de un cura que sí molaba: el de Ya peco yo por ti. 4

Del resto de actores prefiero no explayarme, porque me daría para otro post. Pero cuando ves a la peluquera tonta, al tatuador o a la novia del gemelo estafador te dan más ganas de viajar en el tiempo. Precisamente al momento en el que puedes rectificar tu decisión de tragarse sus escenas para no sufrirles. O mejor aún: regresar al segundo anterior al que optaste por poner Telecinco cuando se estrenó el piloto.
3La llegada de Allí Abajo le ha dado la puntilla a la serie del, recordemos, futuro presidente de la Academia de Cine. Desde hace tres semanas no paraba de perder audiencia, y lo del martes la ha rematado. Falta saber si Telecinco cortará por lo sano, la relegará a un horario nocturno o si permitirá que acabe la temporada. Pero también puede ocurrir que la renueve. Aunque en Mediaset sepan que es penosa. A mí no me sorprendería. No hay que olvidar que hablamos del grupo de comunicación que apuesta por Gym Tony, el mayor bodrio televisivo de la actualidad.

Pero que nadie piense que la intención de Aquí paz y después gloria me disgusta. Volver a esos años de juventud e instituto es entrañable. A cuando te reías con cualquier tontería. Lo malo es cuando te das cuenta de que Los Serrano era bastante limitada y simplona. Quizá los responsables de la serie y el propio Resines se deberían haber dado cuenta de que, si no hacían gracia entonces, no lo lograrían 10 años después.

Una guerra de horarios con muchas ‘víctimas’ y un solo ganador

Quizá fuiste uno de los que anoche no quería hacer otra cosa que ver la tele tranquilamente para acabar el día. Tu intención era disfrutar de lo mejor de la noche, algo que te entretuviese lo necesario y te permitiese relajarte antes de irte a la cama. Seguro que habría algo que destacaría por encima de la oferta del resto, por lo que sería fácil decidirte. Ayer martes tuviste buena y mala suerte. Había series y programas interesantes y que cuentan con mucha audiencia. Pero en todas las cadenas. A lo mejor ayer no lo sabías, pero anoche fuiste víctimas de la enésima batalla en la guerra de horarios televisiva. Y en la que, como siempre, solo pudo haber un ganador.1

Hace unos días, la lucha iba a estar entre dos espacios. El estreno de Allí abajo, la nueva comedia de Antena 3 protagonizada por María León que explota la manida relación entre vascos y andaluces, y Aquí paz y después gloria, eso que emite Telecinco con Antonio Resines. Estaba claro que iba a ser una noche interesante de cara a las audiencias. Para animarla aún más se metió por medio TVE, que entró anunciando que estrenaba la nueva temporada de Máster Chef, su programa más exitoso. De repente, las dos grandes privadas lo pasaron a tener muy crudo para ser líderes. Por eso una de ellas, Telecinco, decidió contraatacar con el cuchillo en los dientes: pasó a emitir un especial de El Príncipe, su serie franquicia, que era un avance de la nueva temporada que se estrenará pronto.

2Resultado: un espectador con una parrilla aparentemente atractiva y que solo puede ver una de las opciones. Quedándose sin poder disfrutar o sufrir lo que le ofrecen las otras cadenas. Y es que puede que no tenga tiempo, ganas o medios para recuperar en Internet lo emitido esa noche. Si le gusta Máster Chef y quería ver el estreno de Allí Abajo, está fastidiado. Lo mismo si le apetecía ver qué pasará en El Príncipe pero tenía interés por los nuevos cocineros de La 1. Al final, se priva al espectador, que en teoría es lo más importante, de lo mejor que se tiene.

Entiendo por qué se producen las guerras de horarios. Esto es un negocio, hay que ganar dinero y lo más fácil es hacerlo quitándole espectadores a tu competencia. Pero me resulta imposible compartirlas. Es un maltrato al que está esperando ver su programa, y que puede provocar desafección con la cadena o la televisión. Especialmente si se trata de perfiles que no tienen Internet o pasan del mismo para ver la tele. Ya sabemos que cada vez son menos, pero tampoco se tiene en cuenta otro perfil. Ese del que opta por ver lo español en la tele y lo de fuera en Internet. Vamos, el que pasa de los MiTele, Atresplayer y demás.3

Las cadenas no esconden que su interés está en llevarse más pasta, y que el espectador es contingente, pero no imprescindible. Sobre todo si eres el que más audiencia tiene. Lo malo es cuando pierdes esta batalla, el programa no funciona y tienes que retirarlo. Con las pérdidas de todo tipo que eso conlleva. A lo mejor ahí se arrepienten.

Pero, ¿tenemos razón para quejarnos de esto? Para ello he pedido a dos colegas que siguen mucho la televisión que cuenten qué les parece este fenómeno. El primero es Álvaro Onieva, de AgenTV, que compara lo de anoche con un gran partido de fútbol:

A veces, la televisión es la guerra. Y para los que la seguimos de cerca, hablando de ella y criticándola, batallas como la de anoche nos dan la vida. Era como un Madrid-Barça, salvo porque tienes que esperar al día siguiente para conocer los resultados. No es tan divertido, claro, para el espectador medio que, tal vez, deba elegir ver una cosa y perderse otra (aunque mejor que sobren buenas opciones a que falten) o para las productoras implicadas, aunque éstas ya deberían conocer las reglas del juego. Morir o matar. Ninguna noche se puede (o no se debería) dejar sin un producto que dé la talla y le ponga las cosas difíciles a la competencia. Cada noche hay que dar el todo e intentar cazar a cuantos más espectadores puedas. Y la audiencia, que no desespere, siempre puede recurrir al día siguiente al episodio en la web para ponerse al día.

También opina Elsa Aguado, de Vertele, que recomienda lo inevitable: resignarse.

La televisión española no tiene alergias primaverales y ha salido a la calle a lucirse: suma al ‘súper lunes’ el martes bélico del ‘todos contra todos’. No sorprende, las cadenas se sienten fuertes, porque en realidad no han arriesgado tanto. Han apostado por productos y temáticas al alza, como son la cocina o la ficción. Antena 3 acierta queriendo seguir con su firma de “la cadena de las series” por encima de la especialista en programas Telecinco, mientras que TVE quiso disparar con Máster Chef’ una de sus únicas balas seguras, en la progresiva pérdida de audiencia de la pública. En la guerra de audiencias siempre tiene que haber perdedores, pero la buena noticia es que al menos tenemos material donde elegir. Como los días no pueden durar 48 horas, el espectador español va camino de asemejarse cada vez más al americano, que tira de grabador y del ‘a la carta’. Verlo todo en estos tiempos de abundancia es imposible, así que mejor resignarse, y tomar aspirinas.

Podríamos resumir todo lo anterior en una expresión muy socorrida: estamos jodidos. Si nos gusta la tele o queremos descubrir las apuestas de las cadenas, es así. Es absurdo indignarse porque quieran ganar tener más beneficios haciendo la puñeta al del otro canal. Solo queda esperar que estos combates de prime time no abunden. Y si lo de ayer te molestó, asúmelo. No queda otra.