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Entradas etiquetadas como ‘14-n’

Guerra de cifras: pierde el ciudadano

Por Javier Portela (Escuela Universitaria de Estadística. Universidad Complutense de Madrid).

Tras la manifestación en Madrid del 14 de noviembre, la Delegación de Gobierno cifró en 35.000 los asistentes. Los organizadores, en un millón. El artículo 20, 1, d) de la constitución reconoce al ciudadano el derecho fundamental de “recibir libremente información veraz por cualquier medio de difusión”. Y las instituciones públicas deberían velar más que nadie por nuestros derechos. El recuento de manifestantes suele realizarse a partir de la parcelación del espacio ocupado en áreas de igual densidad y de la estimación de las densidades en número de personas por metro cuadrado. Hoy en día la información digital facilita enormemente la tarea, y la estimación de densidades en el lugar se puede realizar con tres o cuatro equipos de 2 personas, para obtener una estimación de precisión satisfactoria para el ciudadano.

En el caso del 14-N, sin muchos medios, dividiendo las áreas ocupadas, utilizando el cálculo de áreas que hoy es sencillo obtener por Internet, y estimando densidades in situ en el momento de mayor aforo se obtiene una estimación del número de asistentes entre 175.000 y 260.000.

¿Es poco? Nuestras referencias sobre la cantidad de asistentes suelen estar sesgadas hacia valores demasiado altos, pues las cifras en eventos anteriores adolecen de la misma inexactitud que las del 14-N. Y nos acordamos vagamente de las cifras más altas, del millón, como una referencia. Pero es habitual que las cifras se inflen, aún en caso de estimaciones realizadas con cierta conciencia. Frecuentemente se utilizan densidades estándar de 3 o 4 personas por m2 cuando la densidad real es mucho menor.

La estimación de densidades in situ es más que necesaria pero no suele ser la práctica habitual. Además la construcción de áreas debe realizarse con cuidado pues los jardines, estatuas, coches, etc. reducen mucho el espacio disponible o bien la densidad. Por ejemplo, en la manifestación del 14-N el tramo de mayor densidad, la calzada central desde Colón hasta Cibeles, arrojaba una densidad promedio de poco más de 3 personas por metro cuadrado, con un mínimo de 2.5 y un máximo de 4. En los parterres y zona ajardinada de ese mismo tramo la densidad baja a 0,25-0,50 y en los laterales estaba entre 0,5 y 1 persona por metro cuadrado.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Hasta ahora, salvo en tres posibles excepciones (23-F, M. A. Blanco, 11-M), no se ha alcanzado el millón de asistentes en una manifestación en Madrid. Incluso habría que revisar bien esos datos: la cifra de 2 millones, consensuada en los medios, en la marcha tras el atentado del 11-M, situaría en un área limitada de Madrid al equivalente a la población conjunta de Valencia, Sevilla y Málaga. Son protestas que comparte casi toda la población y ello juega a favor de unas cifras espectaculares que a nadie le interesa cuestionar. Esto tiene un pernicioso efecto inflacionista en manifestaciones posteriores, donde los organizadores se ven obligados a proclamar cifras astronómicas.

Como consecuencia, mucha gente piensa que para que una manifestación en Madrid sea un éxito debe aproximarse a la cifra psicológica del millón. Eso es ciertamente absurdo, pero ¿cuándo se debe considerar que una manifestación es un éxito? Hay ciertos aspectos que nos pueden ayudar a evaluarlo en términos relativos, como pueden ser el colectivo representado, el motivo y el municipio. Puede tenerse en cuenta además la experiencia en el tiempo del mismo tipo de manifestaciones, y dónde se sitúa la que queremos calificar en comparación con las anteriores. Por ejemplo, en el caso del 14-N, aún a falta de estudios e información histórica fiable, salvo honrosas excepciones(1), la asistencia a esta marcha estaría por encima del 80% de las manifestaciones históricas del mismo motivo (contra la política de Gobierno), colectivo (general) y municipio (Madrid). Lo que los organizadores podrían considerar un éxito o no, dependiendo de sus expectativas a priori.

Es necesario por último hacer una reflexión sobre la frivolidad con que Gobierno, organizadores e incluso medios de comunicación abordan esta cuestión de las magnitudes estadísticas. No es ya que los ciudadanos tengamos derecho al saber, para ser más conscientes de nuestra realidad, y nos hayan escamoteado las cifras, conociéndolas. Es que posiblemente no se han permitido el esfuerzo de una estimación privada. Y entonces, ¿cómo puede el gobierno evaluar el malestar social, tenerlo en cuenta, o incluso permitirse ignorarlo, si no sabe cuantificarlo ni de manera aproximada?, ¿cómo pueden los organizadores sopesar si ha calado su discurso en la sociedad y si realmente esta es partícipe de la protesta?, ¿en qué se apoyan los medios de comunicación para presentar tantos análisis y opiniones cuando nadie ha dado ni una cifra cabal del número de manifestantes?

(1). Manifestómetro: recuento de multitudes y significados de la movilización. R. Adell. EMPIRIA. Revista de metodología de Ciencias Sociales nº 9 (2005).

Al borde de la lipotimia por la huelga

Por M. P.

Ayer, gracias a la huelga de servicios de tierra organizada por los sindicatos de costumbre (CCOO, UGT, etc.), los pasajeros del vuelo de RyanAir FR5465 estuvimos de 11:30 a 12:15 de la noche encerrados sin poder salir del avión porque los señores del servicio de tierra de Barajas (terminal 1) no tuvieron a bien llevar la escalerita. ¡Imagínense!: 45 minutos en un avión cerrado con el pasaje completo y casi sin poder respirar porque como los motores están apagados no hay aire acondicionado.

Muchos pasajeros, en su ignorancia, culpaban a Ryanair por las deficiencias del servicio, cuando los culpables claros son los sindicatos cuya agenda ignoro, pero que estoy convencida no tiene nada que ver con la seguridad del público. Me gustaría que despidieran a esos trabajadores cuya huelga en aras de la seguridad casi provoca una lipotimia a la mitad del pasaje, y me gustaría que los españolitos tengamos alguna vez la inteligencia y decisión de acabar con estos sindicatos impresentables. Entre medias, y sin esperanzas de que eso ocurra, a ambos les deseo lo peor.

Las impresiones de los lectores sobre la huelga general del 14-N

Por Francisco Javier España Moscoso

“La sombra de los violentos”

A pesar de los datos sesgados del consumo energético ofrecidos por el Gobierno y a pesar de los intentos de demonizar la acción piquetera con algún que otro infiltrado de por medio, la huelga ha sido un éxito. La sociedad en su conjunto ha sentido y compartido el significado del 14-N; unos participando de forma activa y los más, sufriendo el chantaje impuesto por una reforma laboral que ha precarizado el trabajo de tal manera que anula de facto el derecho a huelga, y unos y otros tuvieron ocasión de demostrar su músculo reivindicativo en las multitudinarias manifestaciones que cerraron el día; pero como siempre, aparecieron esos vándalos a sueldo que le regalan la foto de portada a los periódicos ultracentristas y dan argumentos a los opinadores profesionales de los saraos televisivos que llevan tiempo pidiendo que se regule, o mejor dicho, se anule el derecho a huelga.

Sr. Fernández Díaz [ministro del Interior]: no estaría de más investigar quién está detrás de estos reventadores de manifestaciones al igual que se persiguen otras tribus urbanas, aunque me temo que en este caso la alargada sombra de los violentos dejaría en evidencia a más de uno.

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Por Sarah Tabraue Artiles (Barcelona)

“A patadas con las maletas de los pasajeros”

Quiero compartir mi peculiar experiencia de madrugada. Mi vuelo salía a las 6 de la mañana y ante la ausencia completa de Nit Bus decidí coger un taxi. El conductor al principio se negó a llevarme: “ni yo ni ningún otro te llevará al aeropuerto porque hay piquetes y nos rompen el coche”. Con un par de súplicas decidió que me dejaría al otro lado del parking de la T2 del aeropuerto del Prat. Mientras conducía me contaba: “Otros años tiran piedras desde los puentes de la autopista” y “en Mercabarna están tirando neumáticos en llamas y por la ciudad, hay contenedores de basura quemándose”. Tuvimos que desplazarnos a otro cajero, porque el de la esquina lo habían llenado de silicona y no podía meter la tarjeta para sacar dinero para pagarle. Cuando llegué a la T2, antes de llegar al control de seguridad, había un gran piquete rodeado de Mossos d’Esquadra que gritaban al son de “esquirol” y “ojalá se os quede el avión sin gasolina”. También concedían patadas a las maletas de los pasajeros. Gran experiencia.

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Por José Antonio Pozo Maqueda

“Al final el Gobierno se quemará”

En un ejercicio de cinismo desmedido el gobierno “impopular” niega la huelga general y las manifestaciones masivas en las principales ciudades españolas del 14 de noviembre: calla, no aporta datos y destaca la normalidad de la jornada. El gobierno no se da por aludido y hace oídos sordos a los que claman contra su “antipolítica” de recortes suicidas –dice que “no hay alternativa a sus medidas”, pero si esto es así sobra el gobierno entero- que pone en cuestión no solo el Estado de bienestar sino al Estado mismo. Pero este solipsismo político no le saldrá gratis a nuestro gobierno. Está jugando con fuego y al final se quemará.

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Por Almudena Molina (Estudiante de 16 años)

“Respetar los derechos ajenos”

El artículo 28.2 de la Constitución dicta: Se reconoce el derecho a la huelga de los trabajadores para la defensa de sus intereses. Por lo que no se le puede negar a nadie la elección de no trabajar como medio de protesta. En la huelga del 14 de noviembre hubo varias personas que decidieron brillar por su ausencia en sus respectivos oficios. Estos trabajadores reivindicaban derechos al gobierno. Piden derechos laborales pero no se percatan de que no pueden pedir un derecho negando otro: el miércoles había piquetes en las entradas de fábricas, comercios o centros públicos que impedían la entrada a trabajar a ciudadanos, derecho reconocido en la constitución en el artículo 35.

Muchos huelguistas han pensado en sus propios derechos sin percatarse en los demás, en la repercusión que pueden tener. Se han olvidado de la libertad de aquella persona que ha decidido asistir al trabajo, no se han acordado del trabajador que al día siguiente tendrá que limpiar las pintarrajeadas en la boca del metro y muchos nos han demostrado que no saben comportase como personas civilizadas. La huelga era un método de protesta efectivo a principios del siglo XX, pero a mi parecer se ha convertido en un medio obsoleto. No tiene más razón quien más grita. Quizá habrá que proponer soluciones eficaces en vez de protestar tanto y pensar también en los derechos de los demás.

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Por José Manuel Micó Abella (Valencia)

“¿Y los trabajadores de la administración?”

Me sorprende que los trabajadores de la administración han sido el sector que menos ha secundado la huelga general, cuando de un tiempo a esta parte son los que mas ruido hacen y mas protestas a las puertas de los organismos públicos montan. Y ahora qué, ¿es que el resto de días que protestan no les descuentan el salario y por eso el día de la huelga si trabajan?
Pienso desde la acera del trabajador del sector privado: es posible que no sea tan grave que solo te recorten el salario y las pagas extras cuando en la privada te recortan el empleo al 100%. Seguro que cuando les llegue a ellos este tipo de recorte se replantean el secundar la huelga en mayor número de participación. Como ejemplo: Canal 9, FGV (Ferrocarrils de la Generalitat Valenciana) y Vaersa (Empresa pública valenciana de aprovechamiento energético de residuos S.A.)

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