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Betty Davis, la feroz depredadora sexual que llegó demasiado pronto

No quiero amarte / Porque sé cómo eres / Te crees auténtico y honrado / Pero conmigo eso no vale / Porque sabes que puedo poseer tu cuerpo / Que  puedo hacer que te arrastres / Me vuelvo loca contigo / Pero tú te vuelves aún más loco conmigo / No me hace falta amarte

Música sin prisioneros. Muy sucia para los negros y muy negra para los blancos. Las chicas malas no eran aceptadas a comienzos de los años setenta del siglo XX —tiempo de planeos astrales como The Dark Side of the Moon, de Pink Floyd, y Tubular Bells, de Mike Oldfield— y Betty Davis ponía el sexo por delante: maullaba, gruñía y reclamaba tomar el mando. Era demasiado feroz para un tiempo en que las compositoras —Betty escribía la letra y la música de todas sus canciones— debían ser simbolistas de campus universitario al estilo de Joni Mitchell y no panteras de habitaciones de hotel, autodestructivas muñecas rotas como Janis Joplin y no dominantes y orgullosas traga hombres.

Betty Davis, 1973

Betty Davis, 1973

Betty no quería representar el rol de la damita psicodélica: cantaba en ropa de cama seductora y mínima, se movía explicitamente indicando lo que era capaz de hacer, se mostraba como una amazona lúbrica, una depredadora sexual. Hablaba sobre todo de cuestiones de cama (tríos, sexo, humedades…), pero también dejaba al descubierto asuntos menos íntimos: los manejos comerciales con la carne como moneda, los abusos de los managers contra las cantantes, el acoso sexual que sufrían las mujeres en el negocio del pop… No se presentaba como una feminista redentora: su mensaje era simplemente pélvico, era una guerrillera armada con el sexo como munición.

Sucedió lo que tenía que suceder. El tremendo debut discográfico de la cantautora en 1973 —acompañada por una banda de funk incendiario con músicos de Santana (cuando el grupo tenía fiebre de ritmo y no había caído en el chamanismo) y Sly & the Family Stone y coros de las Pointer Sisters y el gay Sylvester (uno de los primeros cantantes negros en salir sin estridencias del armario)— fue vetado en todas las radios. Las actuaciones, anunciadas por la prensa sensacionalista como atrevidas y demasiado hardcore, fueron boicoteadas por fanáticos religiosos negros que entonaban coros y llamaban ramera a la cantante.

Betty Mabry —su nombre de registro civil— se habia marchado de la casa familiar en Durham (Carolina del Norte) a los 16 años para probar fortuna como estudiante de moda. Encontró trabajo de modelo en revistas de Nueva York y se convirtió en habitual de los clubes de rock y jazz de los barrios más calientes de la ciudad, dondé conoció y trabó amistad con Jimi Hendrix y, en 1967, con Miles Davis (presentó el primero al segundo). El trompetista, que ya era una figura de primera fila, se enamoró locamente de Betty, que aparece en la portada de Filles de Killimanjaro (1968), disco que se cierra con el tema Mademoiselle Mabry, una declaración de amor con estructura de blues.

El matrimonio Davis y Muhammad Ali

El matrimonio Davis

En septiembre de 1968 se casaron pero la unión sólo duró un año. Aunque Miles acusó a Betty de engañarlo con Hendrix —infidelidad que la mujer siempre negó—, terminaron como amigos. Ella fue quien introdujo al músico en el rock y le hizo escuchar por primera vez los tormentosos ritmos funk de Sly & The Family Stone que inspiraron Bitches Brew (1970), el primer disco psicodélico del jazz. Betty fue también quien asesoró a Miles para que cambiara su imagen de jazzero académico de traje y corbata por la de viajero cósmico.

La carrera musical de Betty Davis fue casi subterránea. Castigada por la hostilidad de los medios de difusión, incapaces de tragar con la sexualidad palpitante de la música y las letras, los cuatro discos que editó sonaron en sordina y sin repercusión y sólo fueron reconsiderados cuando la discográfica independiente Light in the Attic los reeditó en 2007 tras las menciones de docenas de cantantes de rap que citaban a la cantante como referencia. Retirada desde los años setenta, Betty Davis concedió entonces algunas entrevistas en las que recordaba los buenos tiempos sin amargura.

Los ecos de la fogosa cantante que narró con naturalidad el deseo sexual femenino desde la voz de una chica mala son palpables, entre otros, en OutKast, Erykah Badu,The RootsMacy Gray… Escuchada hoy, la música de Betty Davis parece cantada desde el presente cuando en realidad es de hace cuarenta años.

En la autobiografía de Miles Davis, editada en 1989, el hombre que cambió varias veces el curso de la música del siglo XX, escribió el mejor análisis: “Si Betty cantase hoy sería una especie de Madonna mezclada con Prince. Ella fue el principio de todo, pero estaba adelantada en el tiempo y nadie la entendió”.

Anxel Grove

Demasiado ‘money’ en Pink Floyd

Algunos de los discos de Pink Floyd

Algunos de los discos de Pink Floyd

Sobre un adecuado ritmo bluesy de  de 7/8, la canción alertaba: Money, so they say / is the root of all evil today (Dinero, eso dicen / Es la raíz de toda la maldad de hoy).

Money, una de las piezas más tarareadas en los locales de consumo masivo de cerveza del mundo, quizá no esté entre lo mejor de Pink Floyd, un grupo de indiscutible genio, pero la canción ha terminado por ser un perfecto telón de fondo para una de las mayores maquinarias mercantiles del pop contemporáneo.

Otro capítulo de la inagotable explotación financiera del catálogo musical de Pink Floyd comenzó esta semana con el inicio del escalonado lanzamiento de toda la discografía del grupo. Antes ejercieron una buena, por efectiva, campaña de mercado previa: el cerdo volador Algie sobre Londres; anuncios de escueto y misterioso contenido con el lema Why Pink Floyd?, ¿Por qué Pink Floyd?; entrevistas bien dosificadas con el archivero oficioso de la banda, el baterista Nick Mason.

El nuevo 'Algie' sobrevoló Londres hace unos días © EMI Music Group 2011. Photographer: Anna Weber.

El nuevo 'Algie' sobrevoló Londres hace unos días © EMI Music Group 2011. Foto: Anna Weber.

Pregunta inevitable: ¿no estaba ya al alcance de cualquiera la discografía de Pink Floyd?

La respuesta es sí y, además, a precio adecuado para los bolsillos fríos de estos tiempos miserables.

Casi todos los 14 álbumes en estudio del grupo, sus varias recopilaciones, discos en directo y antologías de rarezas están a la venta desde hace décadas en las series de precio medio (en España, donde los almacenistas toman al cliente por tonto, a entre 12 y 15 euros por pieza; en Europa, a la mitad).

Entonces, ¿a qué viene todo este ruido sobre el relanzamiento mundial de la obra completa de Pink Floyd?

Tres posibles explicaciones. Uno: los sucesivos juicios millonarios entre los músicos han dejado un poco tocados sus saldos y necesitan facturar algo de esa cosa tan perniciosa llamada money.

Dos: es la última oportunidad de sacar tajada del disco como soporte físico antes de que las descargas en formato digital lo manden al cementerio.

Tres: el éxito de la jugada está asegurado. Los fans de Pink Floyd son tan compulsos como los de los Beatles y no le harán ascos a nuevos productos.

"The Discovery Studio Album Box Set"

"The Discovery Studio Album Box Set"

Lo que se nos viene encima tiene varias fases. Ayer se pusieron a la venta ediciones remasterizadas de los catorces discos de estudio en una edición que llaman Discovery (unos 25 euros cada uno).

También lanzaron un cofre con todos juntos (a unos 200 euros con el gancho habitual de las fotos inéditas en el librillo añadido) y dos ediciones de The Dark Side of the Moon (1973): una titulada Experience (20 euros) con el disco original más la desastrosa primera presentación en directo en Londres y otra (Inmmersion, algo más de 100 euros) con seis álbumes donde hay demos y ensayos.

Entre noviembre y febrero repetirán la maniobra con los discos Wish You Were Here (1975) y The Wall (1979).

¿Sorpresas? Tratándose de uno de los grupos más venerados y, por ende, pirateados de la historia (este banco de datos es mareante en cantidad), casi ninguna. Ensayos, tomas y mezclas desechadas y poco más.

Para explotar el síndrome de los fanáticos se anuncian, por ejemplo, novedades tan absurdas como “efectos sonoros de la tripulación de la nave Apollo 17 comunicándose con la Tierra”. Lo único que llama la atención es una colaboración inesperada del violinista francés de jazz Stéphane Grappelli en una versión, finalmente no editada, de Wish You Were Here.

Pink Floyd en 1968. Eran un quinteto. Desde la izquierda, Nick Mason, Syd Barrett, David Gilmour, Roger Waters y Richard Wright

Pink Floyd en 1968. Eran un quinteto. Desde la izquierda, Nick Mason, Syd Barrett, David Gilmour, Roger Waters y Richard Wright

El sonido de las cajas registradoras es una buena percha para colgar un somero y frívolo, Cotilleando a… uno de los grupos musicales más deslumbrantes de la historia, Pink Floyd:

1. Top sellers. De acuerdo con los datos de las empresas discográficas -no siempre ciertos: suelen tender a hincharlos-, Pink Floyd ha vendido más de 200 millones de copias de sus discos en todo el mundo. Por encima están los Beatles y Elvis Presley (600 millones cada uno), Michael Jackson (350),  Madonna (275) y Elton John (250). The Dark Side of the Moon es el tercer disco más vendido de todos los tiempos, con 45 millones de unidades. Los dos primeros son Thriller, de Michael Jackson (110 millones) y Back In Black, de AC/DC (49).

2. Millonarios. Según la lista de este año de las personas más ricas del negocio musical en el Reino Unido, publicada anualmente por The Sunday Times, la salud financiera de los tres propietarios de la marca Pink Floyd es bastante buena (aunque, al parecer, quieren más). Roger Waters aparece en el puesto 22º, con una fortuna personal de 120 millones de euros. David Gilmour, en el 25º, tiene 97 millones, y Nick Mason (41º), 50.

3. Especuladores esquilmados. En 1976, para intentar reducir su aportación a los impuestos públicos, Pink Floyd firmó un contrato con una asesoría financiera, Norton Warburg Group, que propuso invertir los activos del grupo en productos especulativos de alto riesgo. Los músicos aceptaron y salieron escaldados: los ingenieros financieros se quedaron con la pasta y dejaron a Pink Floyd con una enorme deuda con el fisco.

4. Grupo con perros. La perra afgana del vídeo anterior se llamaba Nobs. La grabación, de la primavera de 1972, es parte de la película Pink Floyd: Live at Pompeii (Adrian Maben). La canción, uno de los pocos blues puros de la discografía del grupo, había aparecido en origen en el álbum Meddle (1971) con el título de Seamus, el nombre del perro que cantaba en la pieza con David Gilmour en la vieja tradición de los bluesmen ciegos acompañados por los aullidos de sus lazarillos. A Seamus le había enseñado a cantar un colega del grupo, el gran Steve Marriott (1947-1991), líder de Small Faces y Humble Pie. Seamus tiene página própia en la Uncyclopedia, donde se le presenta como “el quinto miembro no oficial de Pink Floyd” y se asegura que dejó el grupo por “graves desavenencias” con el gruñón Roger Waters.

Pinkfloydia harveii

Pinkfloydia harveii

5. Araña pinkfloydiana. Dos científicos descubrieron este año un nuevo género de arañas en el occidente de Australia. Las bautizaron como Pinkflodya en honor a su grupo favorito. Los investigadores se llaman Dimitar Dimitrov y, lo juro, Gustavo Hormiga.

6. Sincronías. Los seguidores de Pink Floyd son de otra pasta: han diseccionado la obra del grupo con tanto fervor que han encontrado una supuesta sincronía temática y espiritual entre cada disco y una película. Algunas de las propuestas son de carcajada: Atom Heart Mother (1970) y Doctor Zhivago; Animals (1977) y Casablanca… La presunta sincronía que ha quemado más neuronas a los fans es la de The Dark Side of the Moon y El mago de Oz, conocida entre los enterados por The Dark Side of Oz. Hay quien sostiene que el grupo no dejaba de ver la película durante la grabación y que la música está plagada de claves semiocultas que conducen a la trama del filme. Un montaje de la película con el disco como banda sonora, aquí. La teoría de la sincronía, aquí.

Syd Barrett, durante y después

Syd Barrett, durante y después

7. El disparatado. De los cuatro fundadores de Pink Floyd (Gilmour llegó más tarde) el más dotado musical y literariamente -también el más atractivo y magnético- era Syd Barrett (1946-2006), The Madcap (El disparatado), a quien algunos consideran, no sin motivo, el único autor de letras de rock con un espíritu genuinamente británico. El primer disco del grupo, The Piper at the Gates of Dawn, sicodélico, planeante y arriesgado,es en realidad la obra de un solista, Barrett, a quien los demás simplemente acompañan. Desmedido y temerario (consumía un termo de té con LSD al día), apuntaba a estrella, grabó tres excelentes discos con su nombre, pero acabó frito, acurrucado en la casa paterna hasta su muerte por cáncer de pancreas. El grupo siguió considerándole su inspiración primaria y le dedicó el disco Wish You Were Here. La revista musical Mojo acaba de revelar que Barrett asistió a una de las sesiones de grabación, el 5 de junio de 1969 1975, invitado por Gilmour. Los asistentes dicen que estaba ido. “¿En qué parte toco la guitarra?”, preguntó. Cuando los demás le hicieron escuchar algunas canciones y le pidieron su opinión, dijo: “Suena un poco viejo. Parece de Mary Poppins.

Póster del festival "The 14 Hour Technicolour Dream"

Póster del festival "The 14 Hour Technicolour Dream"

8. Londres ácido. Pink Floyd fue uno de los primeros grupos ingleses en explorar los mundos paralelos provocados por los viajes lisérgicos. El 29 de abril de 1967 el grupo fue cabeza de cartel (tocaron a las 5 de la madrugada, mientras el sol nacía) en  The 14 Hour Technicolour Dream (El sueño en technicolor de 14 horas), un festival para recaudar fondos y apoyo para la revista contracultural  IT (International Times), cerrada por la Policía. El evento fue filmado en el documental Tonite Let’s All Make Love in London.

9. El invisible. El otro fundador de la banda fallecido (también por cáncer), el teclista Richard Wright (1943-2008) era a Pink Floyd lo que George Harrison a los Beatles, un tipo eclipsado por el brillo de Barrett y, después, por Waters y Gilmour. Wright, gran instrumentista, pasó los últimos años de su vida patroneando un lujoso yate en las Islas Vírgenes.

10. El más fiel. El único que ha estado en la brecha desde 1965 hasta ahora como miembro de Pink Floyd es Nick Mason. Vive con su segunda esposa en una mansión de Corsham que perteneció a Camilla Parker Bowles, tiene una compañía de compra venta de lujosos coches de coleccionista, pilota vehículos de carreras (completó las 24 horas de Le Mans), tripula un helicóptero y ha escrito un libro sobre su vida. Guarda todos los recortes de prensa, fotos y demás parafernalia que le envían los fans.

Ánxel Grove