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El fotógrafo ‘yé-yé’ que entró y salió de la fama en silencio

Marianne Faithfull  © Roger Kasparian

Marianne Faithfull © Roger Kasparian

Roger Kasparian (París, 1938) no ha merecido la suerte de pasar a la historia. Era un personaje secundario en la penumbra del abigarrado mundo de la fotografía de músicos durante los fértiles años sesenta y sólo ahora ha sido recuperado de ese papel de relleno con la exposición Roger Kasparian: The Sixties en las Snap Galleries de Londres.

El mundo era entonces menos complejo y Kasparian, hijo de un fotógrafo armenio dueño de un estudio en las afueras de París, entró en la nómina de los paparazzi de la capital francesa una noche de noviembre de 1961 por la simple razón de que tenía coche. Había conocido por casualidad a un reportero de Paris Jour que necesitaba transporte para acercarse a un club donde, le había soplado, estaban de juerga algunos famosos.

Kasparian se ofreció a servir de transportrista y entró en el garito con su nuevo amigo, que le dejó una cámara y le dió un consejo: “En cuanto veas a algún famoso, dispara”. Tuvo la suerte de los principiantes y logró retratar al cineasta Claude Chabrol, que estaba de farra con un grupo de amigos. Los editores de Paris Jour compraron las fotos a la mañana siguiente, sin saber que la decisión quizá salvaba la vida de Kasparian, que ya había sido obligado a alistarse en el Ejército para ser enviado a la Guerra de Argelia y sólo podía eludir el servicio militar bélico demostrando que trabajaba.

Serge Gainbourg © Roger Kasparian

Serge Gainbourg © Roger Kasparian

A lo largo del resto de la década de los sesenta, el fotógrafo se especializó en celebridades, sobre todo musicales. Empezó con los yé-yés franceses —así les llamaban los medios, usando el mismo término que importaríamos en España al poco—: Johnny Hallyday, Françoise Hardy, Serge Gainsbourgh… y siguió con la avalancha derivada del corredor de abastecimiento mútuo entre París y Londres que traía a Francia a las rutilantes estrellas del pop rock inglés.

Kasparian estaba siempre al quite y terminó por ser contratado como fotógrafo de plantilla de Musicorama, el show musical de la radio Europe 1 que se grababa en directo en el mítico teatro Olympia del Boulevard des Capucines.

La exposición de Londres muestra fotos de, entre otros, The Beatles, The Rolling Stones, Little Stevie Wonder, The Kinks, The Who, The Troggs, The Beach Boys, The Animals

Con la misma moderación con que había llegado al negocio, Kasparian lo dejó. En 1970, cuando la inocencia de la década anterior dió paso a la profesionalización y todos sus males añadidos (managers, derechos, permisos, contratos, mafias…), el fotógrafo yé-yé regresó al estudio de su padre y se dedicó a hacer fotos de bodas, bautizos y otros ritos sociales.

Ánxel Grove

The Who live at La Locomotive @ Roger Kasparian

The Who live at La Locomotive @ Roger Kasparian

Van Morrison © Roger Kasparian

Van Morrison © Roger Kasparian

The Beach Boys © Roger Kasparian

The Beach Boys © Roger Kasparian

The Beatles, live 1965 © Roger Kasparian

The Beatles, live 1965 © Roger Kasparian

Keith Richards © Roger Kasparian

Keith Richards © Roger Kasparian

Francoise Hardy © Roger Kasparian

Françoise Hardy © Roger Kasparian

Redescubren a Domencio Gnoli, el último renacentista

Domenico Gnoli

Domenico Gnoli – Chemisette Verte, 1967

Como si se tratase de una cartografía, un conjunto de primerísimos planos a la altura de la piel, los cuadros del pintor Domenico Gnoli trocean el cuerpo humano y sus vestimentas. Son acrílicos de delicadeza renacentista que encapsulan un cuello, una botonadura, la raya de un peinado, la silueta de un zapato, la arquitectura de la trenza del pelo femenino, la perfección mecánica del nudo de una corbata…

Pintor olvidado —por eso hoy lo asomamos a Top Secret, nuestra sección dedicada a tesoros ocultos—, prematuramente muerto (a los 36 años, de un cáncer fulminante) y muy ajeno a las modas conceptuales de su tiempo o al arte povera de sus compañeros italianos de generación, Gnoli tuvo éxito en vida, pero sobre todo como ilustrador de revistas y diarios. Sus cuadros, diseminados en colecciones privadas, sólo han salido a la luz gracias a la reciente exposición Paintings, 1964-1969, que celebró este año la galería Luxembourg & Dayan de Nueva York.

Domenico Gnoli - Braid, 1969

Domenico Gnoli – Braid, 1969

Hijo de un historiador de arte y una ceramista, Gnoli (Roma, 1933 – Nueva York, 1970) fue un bon vivant (un “muchacho dorado que tuvo éxito en todo”, según recuerda la galerista neoyorquina responsable del redescubrimiento) que se dedicó a la escenografía teatral en Londres y París, a la pintura por simple placer personal, a la ilustración en revistas de renombre (Sports Illustrated, Horizons…) y a recorrer mundo. Desde 1963 vivio en Mallorca, en el pueblo bohemio de Deià, donde conoció y se casó con la también artista Yannick Vu.

“Siempre utilizo elementos simples a los que no añado ni quito nada. No pretendo distorsionarlos: los aislo y represento. Proceden de la vida cotidiana y no quiero actuar contra ellos. Siento la magia de su presencia“, explicó el artista en una de las escasas declaraciones que se conservan de su corta estadía en el mundo.

Domenico Gnoli

Domenico Gnoli

Los críticos, que han visto en la exposición guiños al surrealismo en vigilia de Rene Magritte, los mundos de absurda pero lógica regulación de M.C. Escher y la delicadeza detallista y proporcionada del Quatroccento, destacan a Gnoli como cirujano de la burguesía pudiente de los años sesenta, a la que sistematiza mediante la ampliación, casi hasta el absurdo, de los rincones de la vestimenta y el aspecto. Creo que esta lectura, quizá cierta, es demasiado fría.

Resulta más justo situar a este pintor deslumbrante —sobre todo en su extrañeza al compararlo con sus contemporáneos— en la misma estela que Mantegna y Massacio, obsesionados con la luz, la perspectiva y la observación. Al contrario que los fabricantes del arte pop, fotocopiadores mecánicos, Gnoli era un artesano convencido, con razón, de que los detalles de nuestra segunda piel nos edifican y revelan.

Ánxel Grove

Domenico Gnoli

Domenico Gnoli

Domenico Gnoli

Domenico Gnoli

Domenico Gnoli

Domenico Gnoli

Domenico Gnoli

Domenico Gnoli

Domenico Gnoli

Domenico Gnoli

Domenico Gnoli

Domenico Gnoli