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El ‘Bestiario Moderno’ del pintor al que todos olvidaron

Pinturas de Domenico Gnoli

Pinturas de Domenico Gnoli

El estilo pictórico de Domenico Gnoli (1933-1970) es inusual y atractivo, plano y brillante, una combinación de surrealismo contenido y candidez. Cerradísimos planos de una trenza, el nudo de una corbata, el cuello de una camisa femenina, el plano cenital de una cama de matrimonio en la que se adivina la silueta de dos cuerpos en reposo… Todo tiene un ánimo lúdico y a la vez ceremonioso.

Tras acudir tres días a la Academia de Bellas Artes de Roma, como si supiera que no iba a vivir lo suficiente como para hacer todo lo que tenía en mente, decidió no perder más tiempo y ponerse a diseñar escenarios y trajes para teatro. En su corta carrera, el artista triunfó como escenógrafo y trabajó en teatros de varias ciudades italianas, Londres y París. Además, era ilustrador y pintor. Gnoli —al que ya trajimos a este blog para hablar de sus inusuales cuadros— era atractivo, tenía talento y no sufría traspies. Como si se tratara de una broma de mal gusto, unas semanas antes de cumplir los 37 años y en un momento de creciente éxito profesional, murió de un cáncer fulminante.

Domenico Gnoli en Mallorca en 1969

Domenico Gnoli en Mallorca en 1969

Olvidado de manera inexplicable, a diferencia de otros autores santificados por su temprana muerte, no es una figura conocida ni celebrada, en Internet apenas se encuentran un puñado de referencias a su paso por el mundo. En 2001 se organizó una retrospectiva en una galería de Módena y en 2012 una exposición monográfica en una galería de Nueva York, los libros con obra del artista son escasos y en su mayoría están descatalogados; no hay biografías sobre él.

De entre la producción ampliamente desconocida del autor italiano hay una colección de ilustraciones en tinta que creó en 1968 —dos años antes de morir— y tituló Bestiario Moderno. La serie, también llamada Cos’è un mostro (¿Qué es un monstruo?) es un enigmático compendio de dibujo en blanco y negro de animales inventados, híbridos de aves, mamíferos y peces. Los escenarios aumentan el aura surrealista de los trabajos: las criaturas ni siquiera posan en un hábitat natural, se encuentran perdidas en salas de estar, bañeras, dormitorios, ascensores…

Acorde con el profundo olvido de la obra de Gnoli, el bestiario —que imaginaba a un serio rinoceronte gallináceo o a un angustiado pez con concha de caracol y cuerno de unicornio boqueando sobre un sofá— no fue publicado hasta 1983 y ahora sencillamente no se encuentra. Estas ilustraciones (existen más) son las únicas que circulan por la red, silenciosas y ocultas como un puercoespín con patas y pico de ave en un armario.

Helena Celdrán

Domenico Gnoli - closet

Domenico Gnoli - fish-snail

Domenico Gnoli - cat

Domenico Gnoli - rhino

Domenico Gnoli - sole

Domenico Gnoli - turtle

Redescubren a Domencio Gnoli, el último renacentista

Domenico Gnoli

Domenico Gnoli – Chemisette Verte, 1967

Como si se tratase de una cartografía, un conjunto de primerísimos planos a la altura de la piel, los cuadros del pintor Domenico Gnoli trocean el cuerpo humano y sus vestimentas. Son acrílicos de delicadeza renacentista que encapsulan un cuello, una botonadura, la raya de un peinado, la silueta de un zapato, la arquitectura de la trenza del pelo femenino, la perfección mecánica del nudo de una corbata…

Pintor olvidado —por eso hoy lo asomamos a Top Secret, nuestra sección dedicada a tesoros ocultos—, prematuramente muerto (a los 36 años, de un cáncer fulminante) y muy ajeno a las modas conceptuales de su tiempo o al arte povera de sus compañeros italianos de generación, Gnoli tuvo éxito en vida, pero sobre todo como ilustrador de revistas y diarios. Sus cuadros, diseminados en colecciones privadas, sólo han salido a la luz gracias a la reciente exposición Paintings, 1964-1969, que celebró este año la galería Luxembourg & Dayan de Nueva York.

Domenico Gnoli - Braid, 1969

Domenico Gnoli – Braid, 1969

Hijo de un historiador de arte y una ceramista, Gnoli (Roma, 1933 – Nueva York, 1970) fue un bon vivant (un “muchacho dorado que tuvo éxito en todo”, según recuerda la galerista neoyorquina responsable del redescubrimiento) que se dedicó a la escenografía teatral en Londres y París, a la pintura por simple placer personal, a la ilustración en revistas de renombre (Sports Illustrated, Horizons…) y a recorrer mundo. Desde 1963 vivio en Mallorca, en el pueblo bohemio de Deià, donde conoció y se casó con la también artista Yannick Vu.

“Siempre utilizo elementos simples a los que no añado ni quito nada. No pretendo distorsionarlos: los aislo y represento. Proceden de la vida cotidiana y no quiero actuar contra ellos. Siento la magia de su presencia“, explicó el artista en una de las escasas declaraciones que se conservan de su corta estadía en el mundo.

Domenico Gnoli

Domenico Gnoli

Los críticos, que han visto en la exposición guiños al surrealismo en vigilia de Rene Magritte, los mundos de absurda pero lógica regulación de M.C. Escher y la delicadeza detallista y proporcionada del Quatroccento, destacan a Gnoli como cirujano de la burguesía pudiente de los años sesenta, a la que sistematiza mediante la ampliación, casi hasta el absurdo, de los rincones de la vestimenta y el aspecto. Creo que esta lectura, quizá cierta, es demasiado fría.

Resulta más justo situar a este pintor deslumbrante —sobre todo en su extrañeza al compararlo con sus contemporáneos— en la misma estela que Mantegna y Massacio, obsesionados con la luz, la perspectiva y la observación. Al contrario que los fabricantes del arte pop, fotocopiadores mecánicos, Gnoli era un artesano convencido, con razón, de que los detalles de nuestra segunda piel nos edifican y revelan.

Ánxel Grove

Domenico Gnoli

Domenico Gnoli

Domenico Gnoli

Domenico Gnoli

Domenico Gnoli

Domenico Gnoli

Domenico Gnoli

Domenico Gnoli

Domenico Gnoli

Domenico Gnoli

Domenico Gnoli

Domenico Gnoli