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Aprovechando la crisis de Kodak, Fuji saca la navaja

Algunas de las películas Fuji. Las cuatro de la derecha ya no se fabrican o están a punto de no ser fabricadas

Algunas de las películas Fuji

Los señores directivos de Fujifilm Holdings Corporation —una megaempresa que el año pasado facturó 2.000 millones de euros y cerró con beneficios pese a la que está cayendo— cultivan la lección de gestión que los distribuidores de opiáceos ilegales han aplicado con tanta maestría a lo largo de la historia: si el clan rival está en peligro y el producto escasea, sube los precios y prepárate para sacar tajada.

El gigante japonés, principal rival histórico de la empresa estadounidense en quiebra Kodak, ha anunciado que subirá sustancialmente (se habla del 100%) toda su gama de películas fotográficas. Quizá sea el primer paso para dejar de fabricarlas. Hace dos años, a traición y con alevosía, Fuji dejó de distribuir en Japón y algunos otros países su película en blanco y negro Neopan de medio formato, una de las más queridas por los fotógrafos —mi favorita, por encima de la mítica Kodak TX—.

¿Razones? La empresa cita varias: la depreciación del yen, el aumento del precio del petroleo, el descenso del uso de película analógica. Añaden que siguen “comprometidos” con la fotografía y que la subida del precio es la única forma de mantener la producción. Permitan que me ría.

¿La verdad? A Fuji no le interesa un mercado que considera residual  —no lo es, hay millones de fotógrafos usando película en el mundo, pero nos hacen creer lo contrario— y que sólo representa una parte menor de su facturación, el 44% de la cual entra en caja gracias a las copiadoras (Xerox es propiedad de Fuji) y las soluciones de oficina.

Otro asunto, para mí inexplicable sin tener en mente la palabra atracador, es el precio de los carretes y el escandaloso margen de beneficio de algunos comerciantes. Vean: para una misma película, la Fuji Pro 400 H de medio formato y color, uno se encuentra con precios que van de los 3,8 euros (en B&H, EE UU), a los 6 (Lomography) o los 7,5 (Fotocasión, Madrid).

Ánxel Grove

Cuando la fotografía ‘vintage’ es una estafa

Polaroid 95

Polaroid 95

Esta joya es una cámara Polaroid de la serie 95. Las fabricaron, en tres modelos, entre 1953 y 1961, y estaban diseñadas para cargar película que se revelaba automáticamente dentro de la cámara en aproximadamente un minuto. Fue la prímera cámara instantánea de la historia.

El tipo de film que utilizaba fue progresivamente sustituido por los cartuchos y dejó de fabricarse en 1992. Es decir, una Polaroid Land, como la de la foto o cualquiera de sus sucesivas hermanas, no sirve hoy en día más que como hermosa antigüedad (a no ser, como explicaré, que le metamos mano).

Teniendo en cuenta que Polaroid puso en el mercado ingentes cantidades de cámaras -solamente de la serie 95, casi dos millones de unidades- y que estaban fabricadas con materiales de gran calidad y un gran esmero industrial (eran caras para la época, rondaban los 90 dólares de precio de venta), no es arriesgado afirmar que quedan muchas en el mundo, algunas en perfecto estado, sin estrenar o apenas usadas. Puedo jurarlo.

La peripecia que traigo este jueves a Xpo, la sección sobre fotografía de Trasdós, es personal. Tengo dos Polaroid de la serie 95, ambas compradas en los últimos meses en mercadillos.

¿Para qué las quiero? ¿Para adornar, impresionar a los amigos o teorizar sobre los cacharros tan incómodos que utilizaban nuestros abuelos? No, no y no. Las quiero para  lo que esperan ellas de mí: hacer fotos.

Cartuchos FP de Fuji

Cartuchos FP de Fuji

Pero, ¿no habíamos establecido que no hay película? Matizo la respuesta: no hay forma de conseguir la película original en rollo, pero es posible, con un poco de maña, adaptar la cámara para que admita los cartuchos del film FP de Fuji -el 100C, el 100B y el 3000B-, que producen fotos de un tamaño aceptable: 8,5 por 10,8 centímetros, incluyendo el característico marco blanco de las Polaroid.

Primer axioma: toda cámara mecánica retiene lo necesario para capturar la luz y convertirla en imágen.

Segundo: toda cámara mecánica puede ser modificada, trampeada, tuneada

Algunos pasos de la adaptación

Algunos pasos de la adaptación

Las Polaroid Land no son una excepción. Hay muy buenos manuales online para afrontar el proceso (por citar sólo un par: aquí se puede encontrar uno y aquí otro). ¿Material? Herramientas básicas (destornilladores, alicates, seguetas…), cola industrial, cinta americana, cariño y paciencia. Todo es condenamente barato.

El único añadido externo es la parte necesaria para que la cámara vieja acepte los cartuchos, la culata, ese elemento negro que puede verse en la foto de abajo, a la derecha. Lo más práctico es comprar de segunda mano una Polaroid de la serie 100, que admite los cartuchos, y convertirla en cámara donante, es decir, extraerle la culata. No debería salir por más de 25 euros.

Fotos: Skorj

Fotos: Skorj

Tras la manualidad y el ensamblaje, el justo premio es echarse al mundo y gozar de la calidad de la máquina, de esa luminosa niebla que sólo la óptica de las primeras Pola es capaz de conseguir.

Los dos ejemplos de la izquierda son del gran Skorj, un fotógrafo japonés especializado en la modificación y alteración de cámaras antiguas, en devolver la vida a artilugios condenados al abandono. Él mismo modificó la Polaroid Land 95 con las que hizo las fotos.

Tras la disgresión técnico-mecánica, regreso a mi particular peripecia. Hace unos días, en una tienda de fotografía de ésas que venden las cámaras por su aspecto y diseño modernos, ofrecían a la venta un par de cámaras ya customizadas.

Eran dos Land 45, con culatas para cartuchos Fuji FP. Pregunté el precio. Nada menos que 380 euros cada una.

Una búsqueda rápida en eBay mientras redacto esta entrada ofrece más de setenta resultados de Polaroid Land a la venta. Algunas cámaras tienen en precio claramente hinchado (unos 300 euros), pero no parece difícil hacerse con una por, digamos, 40 ó 50. Siendo bueno en la puja, quizá con la mitad baste.

He dejado para el final revelar cuánto pagué por las mías: una me costó 20 euros y la otra cuatro.

Los detalles me sirven para comprobar, otra vez, a dónde estamos llegando con la engañifa de la fotografía cool, lomográfica, vintage o como quieran llamar a esas formas bastardas de llevar encima una cámara porque combina con tus zapatillas Converse.

Ánxel Grove