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Enciclopedias obsoletas convertidas en paisajes

'Grand Larousse'

'Grand Larousse'

The Great Wall (La Muralla China) es una colección de obras que Guy Laramée (Montreal-Canadá, 1957) ha creado a partir de libros, como fabricando la orografía de los parajes más recónditos.

Esculpe accidentes geográficos en grandes tomos de enciclopedias obsoletas. Fallas, formaciones rocosas, riscos, montañas y valles crecen de las miles de páginas que vivieron su momento de gloria y que ya nadie quiere consultar.

La mezcla no es casualidad: la visión de la cultura y del conocimiento como un bien que no se acumula, sino que se desgasta y se erosiona ha acompañado a Laramée durante los últimos 25 años de trayectoria artística. “Emergen, se quedan obsoletas y son reemplazadas por otras nuevas”, dice como hablando de un organismo.

'Longmen'

'Longmen'

El autor acompaña las esculturas de un texto futurista que cuenta cómo en el siglo XXI y XX Estados Unidos construyó una gran muralla para protegerse de las invasiones extranjeras.

Tras 150 años completaron la fortaleza y quedaron aislados del mundo, agotando los recursos culturales y naturales. El cansancio y el desengaño de los habitantes allanaron el terreno a China para que invadiera en el siglo XXIII el territorio estadounidense y se conviertiera en un gigantesco reino. El artista termina su relato contando también la decadencia de ese nuevo imperio.

Como si se tratara de los escenarios de la distopia, el canadiense escenifica paisajes inhóspitos y solitarios de peñascos cubiertos de musgo, templos orientales y cuevas pretéritas. “Montañas de conocimiento en desuso vuelven a lo que en realidad son: montañas. Se erosionan poco a poco y se vuelven colinas. Se aplanan y se convierten en campos donde aparentemente nada pasa”.

Helena Celdrán

Cuando la fotografía ‘vintage’ es una estafa

Polaroid 95

Polaroid 95

Esta joya es una cámara Polaroid de la serie 95. Las fabricaron, en tres modelos, entre 1953 y 1961, y estaban diseñadas para cargar película que se revelaba automáticamente dentro de la cámara en aproximadamente un minuto. Fue la prímera cámara instantánea de la historia.

El tipo de film que utilizaba fue progresivamente sustituido por los cartuchos y dejó de fabricarse en 1992. Es decir, una Polaroid Land, como la de la foto o cualquiera de sus sucesivas hermanas, no sirve hoy en día más que como hermosa antigüedad (a no ser, como explicaré, que le metamos mano).

Teniendo en cuenta que Polaroid puso en el mercado ingentes cantidades de cámaras -solamente de la serie 95, casi dos millones de unidades- y que estaban fabricadas con materiales de gran calidad y un gran esmero industrial (eran caras para la época, rondaban los 90 dólares de precio de venta), no es arriesgado afirmar que quedan muchas en el mundo, algunas en perfecto estado, sin estrenar o apenas usadas. Puedo jurarlo.

La peripecia que traigo este jueves a Xpo, la sección sobre fotografía de Trasdós, es personal. Tengo dos Polaroid de la serie 95, ambas compradas en los últimos meses en mercadillos.

¿Para qué las quiero? ¿Para adornar, impresionar a los amigos o teorizar sobre los cacharros tan incómodos que utilizaban nuestros abuelos? No, no y no. Las quiero para  lo que esperan ellas de mí: hacer fotos.

Cartuchos FP de Fuji

Cartuchos FP de Fuji

Pero, ¿no habíamos establecido que no hay película? Matizo la respuesta: no hay forma de conseguir la película original en rollo, pero es posible, con un poco de maña, adaptar la cámara para que admita los cartuchos del film FP de Fuji -el 100C, el 100B y el 3000B-, que producen fotos de un tamaño aceptable: 8,5 por 10,8 centímetros, incluyendo el característico marco blanco de las Polaroid.

Primer axioma: toda cámara mecánica retiene lo necesario para capturar la luz y convertirla en imágen.

Segundo: toda cámara mecánica puede ser modificada, trampeada, tuneada

Algunos pasos de la adaptación

Algunos pasos de la adaptación

Las Polaroid Land no son una excepción. Hay muy buenos manuales online para afrontar el proceso (por citar sólo un par: aquí se puede encontrar uno y aquí otro). ¿Material? Herramientas básicas (destornilladores, alicates, seguetas…), cola industrial, cinta americana, cariño y paciencia. Todo es condenamente barato.

El único añadido externo es la parte necesaria para que la cámara vieja acepte los cartuchos, la culata, ese elemento negro que puede verse en la foto de abajo, a la derecha. Lo más práctico es comprar de segunda mano una Polaroid de la serie 100, que admite los cartuchos, y convertirla en cámara donante, es decir, extraerle la culata. No debería salir por más de 25 euros.

Fotos: Skorj

Fotos: Skorj

Tras la manualidad y el ensamblaje, el justo premio es echarse al mundo y gozar de la calidad de la máquina, de esa luminosa niebla que sólo la óptica de las primeras Pola es capaz de conseguir.

Los dos ejemplos de la izquierda son del gran Skorj, un fotógrafo japonés especializado en la modificación y alteración de cámaras antiguas, en devolver la vida a artilugios condenados al abandono. Él mismo modificó la Polaroid Land 95 con las que hizo las fotos.

Tras la disgresión técnico-mecánica, regreso a mi particular peripecia. Hace unos días, en una tienda de fotografía de ésas que venden las cámaras por su aspecto y diseño modernos, ofrecían a la venta un par de cámaras ya customizadas.

Eran dos Land 45, con culatas para cartuchos Fuji FP. Pregunté el precio. Nada menos que 380 euros cada una.

Una búsqueda rápida en eBay mientras redacto esta entrada ofrece más de setenta resultados de Polaroid Land a la venta. Algunas cámaras tienen en precio claramente hinchado (unos 300 euros), pero no parece difícil hacerse con una por, digamos, 40 ó 50. Siendo bueno en la puja, quizá con la mitad baste.

He dejado para el final revelar cuánto pagué por las mías: una me costó 20 euros y la otra cuatro.

Los detalles me sirven para comprobar, otra vez, a dónde estamos llegando con la engañifa de la fotografía cool, lomográfica, vintage o como quieran llamar a esas formas bastardas de llevar encima una cámara porque combina con tus zapatillas Converse.

Ánxel Grove