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Norman Bates vive en la terraza del MET

Una de los terrazas más seductoras de Nueva York, la del nunca alabado lo suficiente museo MET , en el número 1000 de la Quinta Avenida, está ocupada por una réplica de una de las construcciones que pueblan la pesadilla colectiva: la casa donde Norman Bates habitaba —solo aunque no en soledad, ya me entienden— en Psicosis, la película de 1960 de Alfred Hitchcock.

Desde el 19 de abril, la azotea, una de las más frecuentadas desde la primavera hasta el otoño por las espectaculares vistas sobre Central Park y la mutación lenta y sorprendente, pese a lo cíclico, de los tonos de los 20.000 árboles del parque, contiene una reproducción de la tenebrosa mansión victoriana de Bates, interpretado por el siempre torturado Anthony Perkins, que se empapó para la actuación de la vida y desmanes del asesino en serie Ed Gain, el carnicero de Plainfield, granjero en apariencia modelo que asesinó, despellejó y en algunos casos comió a varias decenas de personas en los años cincuenta —también profanaba tumbas, usaba un cinturón de pezones humanos curtidos y desayunaba un tazón de sopa muy nutritiva como tónico matinal—.

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‘Ojos de Hitchcock’, montajes para saborear el cine

Fotograma de 'Eyes of Hitchcock', uno de los video-ensayos de Kogonada

Fotograma de ‘Eyes of Hitchcock’, uno de los video-ensayos de Kogonada

Firma :: kogonada, con los cuatro puntos delante del nombre, siempre escrito en minúscula. Sus breves montajes son vídeo-ensayos, reflexiones visuales, sobre géneros, películas y directores. El autor recopila con mimo la expresividad de las manos en Robert Bresson, la perspectiva frontal en Stanley Kubrick o la simetría enquistada en el universo de Wes Anderson. Se recrea en cada instante como degustando los pasteles de un carrito de postres, desplegando filmografías completas de modo apetitoso y poético.

Parece ser que de origen japonés —”nací en Asia”, dijo en una ocasión— pero residente en los EE UU desde niño, en este último año Kogonada ha despertado cada vez más el interés de los cinéfilos a raíz de los vídeos que difunde en Internet, muchos de ellos encargos para la distribuidora estadounidense Criterion, famosa por reeditar clásicos. En cada uno se saborea el amor por la composición de planos, la duración de las escenas, los miles de detalles sutiles que dan el acabado final a una película.

Uno de esos microbanquetes cinematográficos es Eyes of Hitchcock (Ojos de Hitchcock), de menos de dos minutos de duración, una consecución de planos con miradas de miedo, duda, demencia, terror, asombro, maldad… No permite que las imágenes transcurran tan breves como en la película, congela cada segundo haciéndolo retroceder y avanzar mínimamente, construyendo algo parecido a un gif animado, un bucle para poder examinar con calma la mirada.

Congela los ojos encendidos de la secretaria Marion Crane (Janet Leigh) conduciendo hacia el Motel Bates en Psicosis (1960) y también captura la expresión terrorífica de Norman Bates (Anthony Perkins). También hay miradas de Rebeca (1940), Extraños en un tren (1951) Vértigo (1958), Con la muerte en los talones (1959), de la escena onírica (con abundancia de ojos) diseñada por Dalí para Recuerda… (1945).

La música, del director y productor Rob CawleyAnything can happen, and usually does… On the Orient Express (Puede pasar cualquier cosa… Y normalmente pasa… En el Orient Express)— evoca los afilados violines de Psicosis, pero con una cadencia ferroviaria que Kogonada aprovecha con imaginación para hipnotizar al espectador.

Helena Celdrán