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‘Ojos de Hitchcock’, montajes para saborear el cine

Fotograma de 'Eyes of Hitchcock', uno de los video-ensayos de Kogonada

Fotograma de ‘Eyes of Hitchcock’, uno de los video-ensayos de Kogonada

Firma :: kogonada, con los cuatro puntos delante del nombre, siempre escrito en minúscula. Sus breves montajes son vídeo-ensayos, reflexiones visuales, sobre géneros, películas y directores. El autor recopila con mimo la expresividad de las manos en Robert Bresson, la perspectiva frontal en Stanley Kubrick o la simetría enquistada en el universo de Wes Anderson. Se recrea en cada instante como degustando los pasteles de un carrito de postres, desplegando filmografías completas de modo apetitoso y poético.

Parece ser que de origen japonés —”nací en Asia”, dijo en una ocasión— pero residente en los EE UU desde niño, en este último año Kogonada ha despertado cada vez más el interés de los cinéfilos a raíz de los vídeos que difunde en Internet, muchos de ellos encargos para la distribuidora estadounidense Criterion, famosa por reeditar clásicos. En cada uno se saborea el amor por la composición de planos, la duración de las escenas, los miles de detalles sutiles que dan el acabado final a una película.

Uno de esos microbanquetes cinematográficos es Eyes of Hitchcock (Ojos de Hitchcock), de menos de dos minutos de duración, una consecución de planos con miradas de miedo, duda, demencia, terror, asombro, maldad… No permite que las imágenes transcurran tan breves como en la película, congela cada segundo haciéndolo retroceder y avanzar mínimamente, construyendo algo parecido a un gif animado, un bucle para poder examinar con calma la mirada.

Congela los ojos encendidos de la secretaria Marion Crane (Janet Leigh) conduciendo hacia el Motel Bates en Psicosis (1960) y también captura la expresión terrorífica de Norman Bates (Anthony Perkins). También hay miradas de Rebeca (1940), Extraños en un tren (1951) Vértigo (1958), Con la muerte en los talones (1959), de la escena onírica (con abundancia de ojos) diseñada por Dalí para Recuerda… (1945).

La música, del director y productor Rob CawleyAnything can happen, and usually does… On the Orient Express (Puede pasar cualquier cosa… Y normalmente pasa… En el Orient Express)— evoca los afilados violines de Psicosis, pero con una cadencia ferroviaria que Kogonada aprovecha con imaginación para hipnotizar al espectador.

Helena Celdrán

La mirada de un criminal

Daido Moriyama - "Eros Or Something Other Than Eros", 1969

Daidō Moriyama - "Eros Or Something Other Than Eros", 1969

Dicen que nunca ha comprado una cámara.

Las toma prestadas, se las regalan.

Las rapta, las anuda, las utiliza como esclavas.

El invitado al Xpo de esta semana, Daidō Moriyama (Ikeda-Osaka, Japón, 1938) es un criminal. Tiene mirada de criminal y actitudes de criminal.

“Cuando voy a la ciudad no tengo planes. Camino por una calle, tuerzo en una esquina, en otra, en otra más… Soy como un perro. Decido mi camino por el olor”.

Así hablan los criminales. A cuatro patas.

Merodea. Podría entrar en tu casa mientras duermes, violar el orden de tus objetos, la sagrada y endeble disposición de tu normalidad.

Podría retratarte, desposeerte -la forma criminal de la pertenencia-.

Sólo al despertar notarías el quebranto, el rastro del perro, la baba del diablo sobre el cubrecama de la vida que creías armónica.

Daido Moriyama - "On the bed"

Daidō Moriyama - "On the bed"

Moriyama es dios. Daría un ojo por la mitad de su talento. Sus fotos son tan brutas como una alambrada, tan serenas como la mirada abierta de un cadáver.

¿Belleza? Claro, mucha: la tenaza urbana, el mundo bajo un film de grasa, ajeno, arrugado en el marasmo, sin socorro, en estado de permanente resaca, con el olor a entrañas de la piel de asfalto. Mirada de perro.

Moriyama ocupa los bancos infantiles, es perverso al modo cándido de los gendarmes: le pagan para ayudarte pero lleva encima armamento suficiente para freirte. Es la luz y el relámpago, ilumina y quema.

Daido Moriyama

Daidō Moriyama

“Si un fotógrafo intenta incorporarse felizmente al mundo usando la perspectiva tradicional con la cámara, terminará cayendo en el agujero de la idea que ha excavado por sí mismo. La fotografía es un medio que sólo existe fijando momentáneamente el descubrimiento y la cognición que se encuentran en el imparable mundo exterior”, dice el perro.

Hace fotos agónicas con maneras agónicas. Calculan que ha positivado más de 10.000 desde que empezó como freelancer, en 1964. No deja de vagar. Si eres carnívoro debes utilizar los colmillos.

Mira a través de los ojos del cuerpo, es secreto, no ves cómo llega, pinta el día de negro con el blanco de la noche, se guía por un instinto tan impredecible como un motín de hambrientos.

Daido Moriyama

Daidō Moriyama

Los críticos sostienen que en la obra de Moriyama hay náusea y vértigo. Uno de sus muchos álbumes se titula Hunter of Light (Cazador de luz), otro Farewell Photography (Fotografía del adiós). Desde hace casi veinte años ha prescindido del capricho semántico de los nombres y los bautiza como una creciente y monótona letanía  Record Nº 1, Record Nº 2… Va por el Record Nº 12.

Record significa grabar, anotar, registrar. Es un verbo mecánico porque el perro es un autómata.

En este vídeo Moriyama explica cómo funcionan los circuitos, cómo el perro asiste al espectáculo del mundo con ojos necios…

El sistema óptico, las transmisiones, el procesador, todo averiado. Echarse a andar y esperar. ¿Esperar qué? Que el mundo avance, sólo que avance. No resta una esperanza distinta.

Daido Moriyama

Daidō Moriyama

Errabundo, lamiendo la sangre al atardecer, levantando actas inútiles, Moriyama mide, registra los altares absurdos en los que escenificamos la comedia desventurada que llamamos vida.

El fotógrafo japonés es el último agrimensor. Lleva encima una cámara compacta prestada, las retinas amargas de un perro. Protégete.

Ánxel Grove