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"La libertad produce monstruos, pero la falta de libertad produce infinitamente más monstruos"

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El volcán puede dejarnos sin verano (o no)

Dicen que rectificar es de sabios. Voy a rectificar hoy mi error de ayer que consistió básicamente en utilizar las cenizas del volcán para hacer una sátira interesada, facilona y tabernaria de la creencia (falsa, a mi juicio) de que el hombre juega un papel relevante en el calentamiento global del planeta.

Reconozco, a la vista de las críticas recibidas, que no es un tema para tomarselo a broma, hablando, por ejemplo, de no guardar los abrigos (por si acaso) o del negocio de las pistas de esquí y de la ruina de las piscina en un eventual verano frío.

Es sabido que la erupción masiva y continuada de cenizas vocánicas a la atmósfera, pero sobre todo a la estratosfera, afecta al clima enfriándolo si coincide con otros factores muy complejos. Por tanto, el verano frío depende, naturalmente, de varios condicionantes que deben producirse a la vez. Por ello, no siempre, la erupcion de un volcán -sobre todo si es tan pequeño como el actual de Islandia- acabará reduciendo la temperatura de la Tierra.

Ayer me pasé en la exageración. El volcán debe seguir activo mucho tiempo -a veces, meses o años- para alterar la temperatura. Debe coincidir además, como decía ayer, con la ausencia de manchas solares, lo que tiene relación con la abundancia de nubes y el descenso de temperaturas, y con otros condicionantes.

Por tanto, pueden guardar los abrigos, si quieren, pero no en el fondo del armario, por si acaso.

Este fue el texto sarcástico de ayer que provocó, con razón, duras críticas, incluso de una de mis fuentes:

“El verano será frío en el norte y centro de Europa y templado en España. Preparen los abrigos para el mes de julio, por si acaso. Según varios expertos, la nube de polvo volcánico, que está recorriendo hoy más de media Europa, nos dejará sin verano. Aunque la climatología no es una ciencia exacta, no guarden los abrigos tan pronto. El que avisa no es traidor.

No es la primera vez que ocurre un fenómeno semejante. Aunque el clima –mal que le pese a Al Gore y a sus creyentes- depende de muchos factores descomunales, ajenos al minúsculo y soberbio ser humano, en estos momentos hay una conjunción de causas que permiten aventurar un verano traicionero que no hará honor su nombre.

Desde el punto de vista económico, el fenómeno volcánico puede ser una buena noticia para el sector turístico español. Si los vecinos del centro y norte de Europa se congelan este verano bajarán a toda prisa hacia el sur en busca de clima templado. Por ahora, las cenizas volcánicas que templarán al mismísimo Sol se dirigen hacia el Este y Sur de Europa y se olvidan de España.

Pero que nadie se haga ilusiones. Los vientos pueden desviar el polvo de roca volcánica, en cualquier momento, y cubrir más de medio planeta antes del verano.

Lo más preocupante es la conjunción del fenómeno volcánico actual con la ausencia de manchas solares durante más de un año. El ciclo de las manchas solares suele ser de 22 años: 11 años aumentando y otros 11 años reduciéndose. En el punto de inflexión, de menos a más, las manchas solares, que protegen a la Tierra de las radiaciones cósmicas del universo, desaparecen por unos meses.

Sin embargo, ahora llevamos mas de un año sin manchas solares. La ausencia de manchas solares -aún no se por qué- va unida a un aumento de nubes y, por tanto, a temperaturas más frias lo que, por cierto, está dejando en ridículo a los profetas del calentamiento global provocado por el pobrecito ser humano. Este volcán está destrozando el tráfico aéreo y, a la vez, nos está dando una lección de humildad.

La coincidencia de la ausencia de manchas solares y el aumento de polvo volcánico en la atmósfera, sobre todo si llega a la estratosfera, favorece un mayor enfriamiento sobre la Tierra.

Tedremos más frío este verano, pero también disfrutaremos de puestas de Sol y de amaneceres espectaculares dignos de los mejores pintores del mundo que nos dejarán constancia del fenómeno. Así lo hicieron grandes artistas del último período frío, al finales de la pequeña edad glacial (de 1300 a 1850) coincidiendo con el volcán de Indonesia. Basta recordar los cuadros con nieve veraniega por media Europa o el famoso atardecer de El Grito que el pintor noruego Edward Munch recordaba haber visto en su infancia.

Muchos emigrantes europeos huyeron hacia América, en el siglo XIX, empujados por las hambrunas provocada por las heladas veraniegas que destrozaron las cosechas de patatas.

Lo dicho. Por si acaso, no guarden los abrigos tan pronto. Las piscinas europeas pueden padecer pérdidas este verano. Las pistas de esquí, por el contrario, podrían ponerse las botas en pleno agosto. Nunca nieva a gusto de todos.

Mañana, lunes, consultaré fuentes científicas y matizaré este desafortunado post de taberna de fin de semana.

Mis disculpas a los más exigentes comentaristas.