Se nos ve el plumero Se nos ve el plumero

"La libertad produce monstruos, pero la falta de libertad produce infinitamente más monstruos"

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Un brindis por la Constitución

Bandera constitucional de España, conquistada en el despacho de José María Calvino, en el Pirulí, cuando era director general de RTVE y me encargó crear el primer informativo matinal.

Tal día como hoy, hace exactamente 32 años, coloqué –aún no sin cierto repelús- un metro de tela de la bandera española (sin águila fascista ni escudo constitucional) en la puerta de mi casa.

A la hora del aperitivo, llamaron al timbre. Salí a abrir y me encontré con mi vecino de atrás, el anciano coronel Lisarrague, y su esposa.
¿”Qué hace Vd. con mi bandera en su puerta?, me dijo con una sonrisa socarrona y algo triunfal.
“Perdone usía, mi coronel. Seguramente ayer era su bandera y no la mía. Pero, ahora, esta bandera es también la mía, precisamente desde hoy”, le repliqué con la misma sonrisa, también triunfal.
Les invité a pasar a casa, a tomar una copa y a brindar juntos por la Constitución recién aprobada por la mayoría de los españoles.
Se puede decir que, como don Camilo y Pepón, el 6 de diciembre de 1978, hicimos las paces como buenos vecinos procedentes de bandos opuestos. El era un coronel del Ejército rebelde, vencedor en la Guerra Civil, y yo era hijo de un teniente del Ejército de la II República Española, vencido en la misma Guerra Civil.

Carnet de subofical del Ejército de la II República que mi padre exibía con orgullo. Llegó a teniente pero se perdió el registro de su ascenso y oficialmente se quedó en sargento.

Ese día, en efecto, hace 32 años, firmamos la paz a ambas orillas del arroyo que separa nuestras parcelas y, a partir de entonces, nuestras conversaciones (de huerta a huerta) fueron mucho más amistosas, fluidas, incluso tiernas. Y, de vez en cuando, nos visitábamos e intercambiábamos risas y recuerdos. (Yo había sido alumno de su hermano, el profesor Lisarrague, catedrático de Sociología, en la Facultad de Ciencias Políticas y Económicas de la Complutense.)

Hoy ya hemos colocado en la mesa del comedor una banderita española –que me llevé, disimuladamente, del despacho de José María Calviño cuando, como Director General de RTVE, me encargó en 1985 que creara el “Buenos Días”, primer informativo matinal de TVE. Y, en los postres, brindaremos de nuevo (como es costumbre familiar, con champán asturiano “Le Gaiteró”– por la Constitución de 1978, la que más libertad y paz nos ha dado en toda la historia de España.

El jueves pasado, como todos los primeros jueves de diciembre desde hace años, un amplio grupo de amigos de la Fundación Fernando Abril Martorell y del Club de Amigos de la Sociedad de la Información (C@SI), presididos por Crisanto Plaza, bridamos, en pie y alzando nuestra copa, “por la Liberad y por la Constitución”. Previamente, este año, le tocó hacer el Elogio de la Concordia a José María Fidalgo, ex secretario general de Comisiones Obreras.
En vísperas del 6 de diciembre, lo repetimos cada año y, siempre que lo hago, siento un pellizco de emoción al recordar mi primer brindis constitucional -entonces, aún con mucho miedo en el cuerpo- con mi querido vecino, el coronel Lisarrague, y con su esposa.

Nunca es tarde para iniciar y mantener una tradición a favor de la libertad y de la paz.
Aunque sea mejorable en muchos aspectos, y hablaremos libremente de ellos, hoy me toca brindar:

¡Viva la Constitución!