¿Dejar de trabajar, dedicar tu vida para cuidar a otros, es renunciar a tus sueños?

Este lunes desayunamos con un emotivo discurso de Glenn Close, al recibir su tercer Globo de oro por The wife. Unas pocas palabras de agradecimiento con las que recordaba a su madre entre lágrimas y reivindicaba el derecho de las mujeres a cumplir sus sueños.

Estoy pensando en mi madre, que toda su vida dependió de mi padre y a los ochenta años me dijo que pensaba que no había conseguido nada. Eso no está bien, y lo que siento que he aprendido con esta película es que las mujeres somos las que cuidamos y criamos y eso es lo que se espera de nosotras. Tenemos a nuestros hijos, tenemos a nuestro marido si somos lo suficientemente afortunadas, tenemos a nuestras parejas, lo que sea… pero necesitamos sentirnos realizadas. Tenemos que seguir nuestros sueños. Tenemos que decir “yo puedo hacer eso y debería estarme permitido hacer eso”.

Imposible no aplaudir. Por supuesto que debemos tener derecho a perseguir nuestros sueños. Y es preciso seguir peleándolo. Ayer también era noticia cómo una chica saudí de dieciocho años había huido de un matrimonio concertado saliendo del país y temía por su vida. Un pequeño ejemplo entre muchos que tenemos a diario en portada de cualquier periódico, también en nuestras calles.

No obstante, volviendo al discurso de Glenn Close, no sé qué contestaría a su madre cuando le dijo que tenía la sensación de no haber logrado nada en su vida. Debe ser muy triste llegar al final de tus días inmersa en esa convicción, también escucharlo, por mucho que sea imposible que su existencia haya sido tan baldía. Yo, al menos, no lo creo. A veces esas emociones responden a una cuestión de perspectiva.

Escuchándola sobre ese papel de la mujer que abandona el camino que había empezado a recorrer, que renuncia a sus sueños para atender a otros, reflexionaba sobre lo mucho que lo he visto a mi alrededor y me hacía la preguntaba si dejar de trabajar, si dedicar tu vida a cuidar a otros, es renunciar a tus sueños. Lo ha sido y lo es en demasiados casos. Pero no, no siempre es así.

Tengo un hijo con discapacidad, que fue a Atención Temprana, que ahora va a un colegio especial. Me muevo en círculos en los que es habitual que uno de los progenitores deje de trabajar y pase a ser cuidador. Y suelen ser las madres.

Puede que tuvieran un trabajo que no les motivase demasiado o uno que tenía que ver con sus estudios y sí les gustaba. Da igual, tuvieron que dejarlo. Los horarios eran incompatibles con atender a ese hijo con especiales necesidades, no se fiaban de otros o no podían ser otros, no salían las cuentas.

El trabajo pasó a ser muy distinto: llevar y traer de colegios, actividades, revisiones y pruebas médicas y terapias; hacer papeleos; consolar, limpiar, alimentar, estimular…

Que uno de los padres deje de trabajar puede implicar muchas renuncias personales y profesionales que a veces pasan factura. También familiares. Lo he visto. Puede traducirse en menos capacidad para afrontar terapias; menos (liberadoras y necesarias) posibilidades de ocio y descanso en familia o pareja; la dependencia económica, con las distintas implicaciones que tiene, de uno de los miembros de la pareja hacia el otro; también en el estrés mental que supone tener una vida que no has elegido sino en la que te sientes obligada a estar.

Pero tampoco es así siempre. A veces no es preciso apretarse tanto el cinturón porque uno de los sueldos es suficiente. A veces, incluso con más carencias materiales el volantazo compensa. En ocasiones el trabajo tampoco era algo especialmente motivador y volcarte en tu familia es motivo de felicidad, de liberación pese a los posibles inconvenientes.

He visto de todo. Asumir la nueva situación con resignación, con alegría, con amargura, con sana aceptación… He visto el “no quedaba más remedio”, el “volvería a trabajar si pudiera”, y también el “este es mi camino y estoy feliz recorriéndolo”. Prejuzgar, suponer sin conocer cuando vemos a una mujer entregada a los cuidados de otros, puede conducir a error.

Cuidar pude realizar. Por supuesto que sí. Al final de una vida, haber sido el sostén de otros puede haberte llenado de buenos recuerdos y aportado plenitud. Cuidar no es sinónimo de renunciar a tus sueños. Cuidar no debería suponer dejar de cuidarte. Cuidar no implica renunciar a la corresponsabilidad. Y cuidar no debería ser sinónimo de renunciar a tus sueños.

Fotos: GTRES

6 comentarios · Escribe aquí tu comentario

  1. Dice ser Arturo

    Yo les preguntaría a las mujeres q se levantan a las 5 de la mañana todos los dias, para estar delante de una maquina, pelando pescado o en un almacén de fruta o una cárnica, trabajando con las manos mojadas a 7 grados todo el día, si les gustaría ser la madre de Glenn Close y no sentirse realizada. A ver qué contestan.

    08 enero 2019 | 13:11

  2. Dice ser LaCestitadelBebe

    Es duro hay que tener paciencia y fuerza, sé de algunos y algunas que poco aguantarían!

    08 enero 2019 | 15:39

  3. Dice ser Jaione

    Es un tema muy complicado. Yo sólo puedo hablar, por fortuna y tocando madera, desde la perspectiva de madre de dos niños sanos. No he querido renunciar a mi carrera profesional y por eso he aprovechado muy poco tiempo las reducciones de jornada, lo “justo e imprescindible” para no afectar a la lactancia exclusiva (a partir de ahí sacaleches, mucho sacaleches hasta los 12 meses). Como también soy madre y quiero educar yo a mis hijos y pasar muchas horas con ellos, invierto mucho dinero en que alguien los cuide y los niños se despierten tarde por las mañanas y así se acuesten tarde por las noches y podamos vernos durante al menos 5h al día. Reconozco que no es una decisión fácil y que acabo cansadísima cada día pero estoy disfrutando de mis dos facetas.
    Si tuviese algún hijo con algún problema de salud o discapacitado claramente mis prioridades serían distintas y mi hijo iría por delante de todo.

    09 enero 2019 | 07:53

  4. Mi caso es este:

    Acabé la carrera y enseguida encontré el trabajo de mis sueños: secretaria de Dirección de una cementera. Me encargaba de los temas de gerencia y directivos, viajes, protocolo y eventos.
    Nos casamos ese mismo año y tras pasar unos cuantos en plan los dos solos, vino el tema de tener hijos y lo tuve claro.

    El sueldo de maridín daba para todo, me podía quedar en casa a cuidar de los hijos, llevar la casa y porqué no, quizá trabajar desde ella ( lo que hago actualmente ). Tener a las familias lejos, también me ayudó a tomar la decisión y nunca me he arrepentido de ella.

    Poder estar al lado de mis hijos en todo momento, me llena más que cualquier trabajo del mundo. A veces es agotador, física y mentalmente pero nada comparado con poder ayudarles si tienen dudas en los deberes, estar en casa con ellos si están enfermos, etc…

    Y aquí viene mi ego a hablar: sin mí, quien los llevaría al cole? Quien les haría la cena?

    Pienso que no es renunciar a tus sueños, es vivir de otra manera pero no por ello valiendo 0 sino todo lo contrario.

    09 enero 2019 | 12:59

  5. Dice ser Lara

    Desde mi punto de vista lo triste de este tema es que el trabajo está por encima de nuestra propia familia. Hoy en día se considera como algo malo estar en casa para cuidar de tu familia. ¿Qué pasaría si se le diese la importancia que de verdad tiene? ¿Y si la madre de Glenn Close hubiese sabido que era un pilar fundamental para su familia?
    Mis abuelas, amas de casa, dependían económicamente de mis abuelos, y eran el sostén de la familia. Venían a buscarnos al colegio, nos llevaban al médico, tenían la comida preparada a tiempo para llegar al colegio o al trabajo a tiempo, etc., siempre estaban ahí para lo que necesitásemos. Y eso hizo darme cuenta de lo importante que es que uno de los padres (no creo que los abuelos tengan que educar a los nietos) esté en casa con sus hijos. En mi caso soy yo la que se queda en casa, siempre he querido hacerlo, aunque mucha gente da por hecho que es por imposición y siempre está la pregunta de ¿No vas a dejar a tu hija en la guardería?, ¿No vas a hacer nada? (Como si criar a los hijos fuese algo insignificante) Luego a todas esas personas les encantaría estar en casa con sus hijos…
    Nosotros nos ajustamos mucho el cinturón y renunciamos a muchas cosas, pero para nosotros es más importante estar unidos como familia y pasar tiempo con nuestros hijos que viajar, darnos caprichos, salir a tomar algo… Es cuestión de prioridades y de tener los pies en la tierra. A mucha gente se le olvida que los hijos dan muchísimo trabajo y luego vienen las ‘sorpresas’.
    Sinceramente creo que no llegamos a comprender lo importante que es el papel que tenemos para con nuestros hijos. La sociedad comienza en casa, para lo bueno y para lo malo y para educar se necesita mucho tiempo. Luego nos llevamos las manos a la cabeza por las cosas que pasan a nuestro alrededor, pero mientras sigamos viendo el educar y el cuidar de nuestros hijos como algo engorroso, incómodo e insignificante no va a cambiar nada.
    Para mí y para mi marido nuestra familia es lo primero.
    Estoy totalmente de acuerdo con Arturo.

    11 enero 2019 | 16:59

  6. Dice ser María San Román García

    Yo dejé de trabajar para cuidar a mis hijos y no me arrepiento. Les he visto crece y he podido cuidarlos las 24 horas del día. Ahora, nueve años después, he vuelto a trabajar. Me ha costado muchísimo volver al mundo laboral, porque tenía que dejar a mis hijos y porque había perdido completamente el ritmo. Ni que decir tiene que mi carrera profesional no va a ser ni la sombra de lo que pudiera haber sido de no haberme quedado en casa. Pero lo dicho, no me arrepiento.

    12 enero 2019 | 18:51

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