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Conceptos cursis y ambiguos: ¿qué demonios significa ‘nueva narrativa’?

Sucede con frecuencia. Conceptos ambiguos e imprecisos acaban haciendo fortuna: de ser manejados por una élite académica (a veces solo un trasunto de secta) acaban en el torrente de la opinión publicada. Así  ha sucedido con nociones tan volátiles —y sospechosas— como ‘paradigma científico y cultural’ o, más recientemente, ‘narrativas’.

Reparaciones en el Muro de Berlín. (EFE)

Reparaciones en el Muro de Berlín. (EFE)

Hoy la ‘narrativa’ es más que un género literario: es una forma algo pedante, cursi (y lo cursi abriga, que decía Gómez de la Serna) de bosquejar motivos para justificar el presente. Un intento de crear un relato alternativo que enmiende antiguas carencias o complemente visiones ya desgastadas. Yo mismo he usado este concepto alguna vez, decisión de la que me arrepiento, porque en realidad no sé qué se quiere expresar realmente con él.

He leído referencias a una ‘nueva narrativa’ en libros que revisan críticamente la llamada Cultura de la Transición (CT) y también —y por eso os lo traigo hoy aquí— en artículos académicos y discursos políticos sobre la cosa europea, en concreto en inicitativas que parten de las propias instituciones comunitarias. Una moda sospechosa.

“Una nueva narrativa debería hacer referencia no solo a la economía y el crecimiento, sino a la unidad cultural y los valores comunes europeos en un mundo globalizado”. ¿Sujeto o sujetos de esta reflexión? Ni más ni menos que la Comisión Europea, que en abril de este año lanzó una campaña “insuflar nueva vida al espíritu europeo”.

No tengo nada en contra de la CE. Invitar, como ellos proponen, a los ciudadanos europeos  —sobre todo artistas, científicos e intelectuales— a que “contribuyan a diseñar una nueva narrativa” del continente es una acción bienintencionada y loable. Pero también criticable por su extrema vaguedad y por atribuirse una vocación rectora que dudo bastante que deba representar una parte de su obligaciones.

Para contribuir al debate sobre esta ‘nueva narrativa’, la CE propone responder a varias preguntas. Aquí están. Todo el que quiera puede responderlas, aún está a tiempo. Yo quizá lo haga como una prolongación razonada de este post. Porque para mí, como para algunos que tienen infinitamente más poder que yo, el de ‘narrativa’ es un concepto cada vez más extraño.

Estas serían mis contrapreguntas:

  • ¿Puede llegarse de verdad a un consenso, canalizado por las instituciones, sobre qué relato del presente europeo queremos consolidar para las generaciones presentes y futuras?
  • ¿Es obligatorio llegar a un relato canónico?
  • ¿Cómo distinguir entre una ‘narrativa’ coherente y una ‘narrativa’ imprudente e interesada?
  • ¿No da pie, algo tan vacuo como ‘nueva narrativa’, a excesos de subjetividad?
  • ¿Permite el concepto ‘narrativa’ el disenso ideológico, por ejemplo en temas económicos y sociales?
  • ¿Es o no lo mismo hablar de ‘narrativa’ que de ‘memoria histórica’?
  • ¿Qué papel se le reserva a la historia y a los historiadores en esta creación colectiva de una —como la llaman— story?