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El hombre que enmascaró a Björk

Björk con una prenda de látex bordada creada por Merry  en el vídeo para 'Family', una de las canciones de 'Vulnicura' - Foto: www.jtmerry.com

Björk con una prenda bordada de Merry en el vídeo para ‘Family’, una de las canciones de ‘Vulnicura’ – Foto: www.jtmerry.com

En los vídeos promocionales y en los conciertos de presentación de su último disco Björk oculta su rostro tras gasas semitransparentes de las que nacen bordados y encajes. No sorprende la excentricidad —una marca de la casa—, sino la insistencia con que se blinda de las miradas del público, apenas dejando la boca al descubierto para cantar. Tal vez lo haga por simple vanidad, a lo mejor le es difícil soportar que las letras de Vulnicura (un álbum confesional y descarnado) la muestran como un ser humano vulnerable.

Nada más filtrarse en Internet, la artista islandesa adelantó la publicación del disco y se lanzó a dar entrevistas, en muchas hacía esfuerzos por no llorar o terminaba por dejar que brotaran las lágrimas. En aquellos primeros encuentros con la prensa mencionó que sentía “vergüenza” por exponerse de manera tan sincera, “tan adolescente”. Dejaba de ser un vendaval polar y se mostraba sola y doliente.

El artista tras los antifaces barrocos es James Merry. Colaborador de Björk desde hace seis años, declara que bordar es un antídoto contra las prisas, te obliga a pisar el freno para centrarte en un ritmo terapéutico. Sólo necesita hilo, aguja y tejidos, puede llevar un pequeño taller en la mochila y además adora la “ponibilidad” del “producto final”. “No están incrustados en un marco sobre una pared, puedes llevarlos, doblarlos y ponerlos en la lavadora cuando se ensucian”, dice en una entrevista reciente.

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Yannick Fournié, máscaras de lucha libre alejadas del ring

'Never Kiss 2' - Yannick Fournie

‘Never Kiss 2’ – Yannick Fournié

Ajustadas a la cabeza, de colores chillones y con siluetas que enmarcan las aberturas para los ojos y la boca, las máscaras de lucha libre son el descendiente más pop de una tradición que se remonta a miles de años, cuando en la América precolombina disfrazarse y cubrirse el rostro era indispensable en rituales y ceremonias.

La lucha libre mexicana surgió, tal y como la conocemos, en pequeños locales, en el México de los años treinta. Ahora es el segundo gran espectáculo de masas del país tras el fútbol. Obedece a la tradición pugilística griega, es cruda y básica, pero además se las ha apañado para ser casi un género teatral, una exhibición de acrobacias y golpes fingidos con púgiles convirtiendo llaves y ataques en danzas de enmascarados, jaleadas por un público que se deja llevar con gusto por la pantomima.

En la serie de trabajos de Incognito, el pintor francés Yannick Fournié (1972) saca de contexto a las famosas máscaras, les abre hueco en la ensoñación y el surrealismo.

'Birth' - Yannick Fournie

‘Birth’ – Yannick Fournié

Siente que pertenece a la generación “del arte pop, los cómic, el arte callejero, el resplandor de Internet y las redes sociales, de los reality shows, de la basura audiovisual contemporánea“. Fournié se siente testigo de una decadencia “social, económica y ecológica” y expresa en su obra una angustia mitigada por el color, la imagen singular y el misterio de planos cerrados que no cuentan la historia completa.

Los varios óleos que muestran a una pareja enmascarada besándose traen a la memoria a Los amantes (1928), la obra de René Magritte en el que dos enamorados se besan con una tela blanca cubriéndoles la cabeza. El hombre que se hunde en una piscina cierra los ojos y finalmente se sumerje del todo, la máscara bajo el agua se transforma en una mancha ondulada.

'Never Look' - Yannick Fournie

‘Never Look’ – Yannick Fournié

Le gusta jugar con la identidad, recubrirla de imágenes irónicas y melancólicas. Los personajes de Incognito no son luchadores, en la mayoría de los casos se adivinan los rasgos del autor. El artista flirtea además con el momento definitivo en que un púgil se quita la máscara, captura y detiene los instantes en que la cara comienza a emerger.

En la lucha libre mexicana, los diseños son exclusivos del luchador, la máscara representa su identidad y a la vez la protege. Al apostarla en un combate y perder, debe quitársela: un acto definitivo que representa un deshonor y puede significar incluso el fin de la carrera del guerrero acrobático, que al final, bajo la máscara, revela su humanidad ante quienes lo consideran casi un héroe mitológico.

Helena Celdrán

'Never Dive 2' - Yannick Fournie

‘Never Dive 2’ – Yannick Fournié

'Never Say' - Yannick Fournie

‘Never Say’ – Yannick Fournié

'Almost Seen' - Yannick Fournie

‘Almost Seen’ – Yannick Fournié

'Golden Boy 2' - Yannick Fournie

‘Golden Boy 2’ – Yannick Fournié

Réplicas exactas del rostro como ‘souvenir’ para tus descendientes

La sucesión resulta perturbadora. La primera foto muestra a una mujer joven japonesa, con una leve sonrisa, mirando a la cámara. La segunda, corresponde a la misma modelo, pero con la mano en la barbilla como sujetando parte de su rostro: una réplica de su cara que exhibe por separado en la tercera imagen.

REALFACE (Cara real) es un invento japonés —como cabía esperar por su naturaleza extraña y desconcertante— que reproduce con exactitud la cara de un ser humano en un material similar al látex. Sus creadores (la empresa Real-f) se jactan de poder reproducir hasta el último poro, las venas de los globos oculares, los lunares y las líneas de expresión.

Utilizan una técnica de fotografía en tres dimensiones a la que llaman Three-Dimension Photo Form. Retratan a la persona y escanean su rostro durante unas dos horas, reproducen los tonos de piel copiándolos de las imágenes y no pintándolos. Cada máscara se elabora de manera individual y parte de su elaboración es manual. Aunque sí pueden dejar vacíos los ojos (o hacerlos de quita y pon) para que la persona pueda ver con la máscara puesta, de momento no hacen dientes, sería difícil que parecieran naturales y resultarían aparatosos en conjunto.

Se comprometen a tenerla lista en dos semanas y cuesta 300.000 yenes (2.869 euros), un precio que la empresa destaca como “económico” en este tipo de encargos. Si el cliente pide más, las copias serán más baratas (60.000 yenes, 574 euros).

¿Por qué alguien iba a querer una reproducción exacta de su cara? Real-f sugiere que el invento puede ser “un retrato conmemorativo”, una buena manera de que los seres queridos tengan un fiel recuerdo de uno, un souvenir para los descendientes. Espeluznante.

Helena Celdrán

Máscaras mecánicas que se ríen del pasado

'Tends to Lash Out' - Rob Millard-Mendez

'Tends to Lash Out' - Rob Millard-Mendez

Rob Millard-Mendez es profesor de universidad y se nota. Su discurso académico está encorsetado por palabras pomposas e información compartimentada para su mejor comprensión.

Está acostumbrado a dar clase: “En estos trabajos quiero que el espectador piense quién tiene el poder de influenciar a quién y de qué manera. Hacerlo reaccionar de modo físico, visual e intelectual“. Me dan ganas de volver a tomar apuntes.

Si dejamos de lado las palabras, quedan las máscaras, de ojos huecos y expresión imborrable, pero encantadoras por los rústicos adornos propios de dibujos animados: un puño mecánico, mazas, orejas de conejo…

El artista estadounidense define sus esculturas como “juguetes grandes”. Todas tienen elementos interactivos y eso las libra de ser una mamarrachada pretenciosa más, las convierte en un divertimento inmediato, en un ejercicio de ingenio.

Un zoótropo obsceno, muelles, bisagras, veletas, trampas para ratones.. . Elaboradas con madera, acero, pintura y poco más, en cada una hay mitología, ciencia, historia y arte popular.

 'Unfertility Mask'- Rob Millard-Mendez

'Unfertility Mask'- Rob Millard-Mendez

Millard-Mendez es originario de Lowell (Massachusetts), una ciudad de pasado industrial, reina de la manufactura textil en el siglo XIX. Esas ruinas de la tecnología decimonónica siempre alimentaron la imaginación del artista.

Además de revivir una mecánica desfasada, las creaciones sugieren una mezcla pintoresca entre la máscara africana, la expresión congelada de horror del personaje griego de una tragedia de Eurípides y algunos métodos de castigo medievales.

Chivatos y mujeres consideradas chismosas o rebeldes sufrían en la europa del siglo XII y XIII una tortura que combinaba dolor y humillación. Una mezcla de casco y máscara les cubría la cabeza y contaban con un hierro que se introducía en la boca e  inmovilizaba la lengua, a veces incluso dañándola. Algunos modelos tenían una campanilla que llamaba la atención para que el humillado no pasara desapercibido.

Las obras de Millard-Mendez parecen reirse del carácter trágico y del rito ancestral que pudieron contener las máscaras en la historia y  celebran a la vez la tecnología simple del pasado.

Helena Celdrán