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Trasdós Trasdós

No nos disgusta la definición del término trasdós: la "superficie exterior convexa de un arco o bóveda". En este blog perseguimos estar en alerta y con el objetivo siempre dispuesto para capturar los reflejos, destellos, brillos y fulgores que el arte proyecta.

¿Dónde estabas cuando te sacudió por primera vez Led Zeppelin?

Por razones como ésta nos gustaba el rock: peligroso, vulgar, explosivo, con el pecho al aire y las caderas revueltas. Mostrenco pero con ropa de terciopelo. Bruto pero con un aire de sexy prerrafaelismo.

La más justa forma de reconocer qué música debemos salvar del paredón es la memoria, volver al lugar del crimen primario, al desolladero donde te arrancaron la piel. Cuando quiero saber qué soundtrack es el indicado —porque, lo confieso, he olvidado: mucho y sin más motivo que mi propio desgaste— me limito al intento de recordar. Conviene hacerse al menos una vez al día la pregunta ¿dónde estaba yo cuando…?.

Primera foto de promoción para Atlatic Records, 1968 (Foto: Dick Barnatt)

Primera foto de promoción para Atlatic Records, 1968 (Foto: Dick Barnatt)

Dónde: el santuario de mi cuarto, sagrado y algo necio como todas las habitaciones de todos los quinceañeros de Occidente. Cuándo: algún día de enero de 1969. Qué: el disco de vinilo contenido en una carpeta que mostraba, con el grano tipográfico roto tras una ampliación extrema, al Hindenburg, orgullo nazi, ardiendo en el cielo estadounidense —yo tenía una vaga evocación visual del desastre del zepelín, pero casi nada sabía de la cronología nazi ni del lugar del desastre—.

El ejercicio del recuerdo es cumplidor para las patadas feroces. Todo cambió el día en que escuché, pasmado, el primer disco de Led Zeppelin: supe que la violencia también era una forma de amor.

Desde hace unos pocos días está en los mercados. Tiene las etiquetas magnéticas de PVP bien lustrosas en todas las piezas de ese paquete comercial que llaman multiplaforma —un feo término con ínfulas técnicas para decir: te voy a cobrar varias veces por el mismo caramelo—. Celebration Day, el concierto de reencuentro de Led Zeppelin en Londres, en diciembre de 2007. Como la jugada salió bien, las cuentas corrientes echaron chispas y las críticas fueron complacientes —pese a la postproducción de efectos en vivo durante el show—, ahora anuncian la reedición limpia —eso que llaman remastered no es más que un filtrado y algunas triquiñuelas de edición— de todos los discos del grupo con “sustanciales” rarezas, otra palabra tramposa: dicen rareza y quieren decir carnada. También acude al festín consumista un nuevo libro autorizado: Get the Led Out: How Led Zeppelin Became the Biggest Band in the World.

Aunque no me importa Celebration Day ni seré cliente de las reediciones porque todo lo que necesito de Led Zeppelin lo llevo conmigo desde aquel día de 1969, cuando yo tenía 15 años y ellos me rompieron la cabeza a cadenazos, aprovecho el tsunami para presentar un decálogo personal sobre uno de los escasos grupos de los que se puede decir que construyeron un golem: nadie suena como Led Zeppelin, los reconoces en medio de una tormenta, en el umbral del ruido y en el maldito infierno de la indecencia cotidiana.

Led Zeppelin en concierto, 1973

Led Zeppelin en concierto, 1973

1. La máquina. Eslabón entre el heavy metal y el rock de estadio; atrevidos, valientes, caóticos y honestos; mucho mejores como suma de sus partes que como músicos individuales; creadores de un corpus que nadie pudo ni podrá imitar; dueños de la patente del trueno; esenciales y paradójicos; simplones y de cultura básica; pesimos letristas; plagiadores sin recato y sin descanso… Pero no hay otros que se les acerquen: Led Zeppelin, una historia de doce años de los cuales sólo la mitad (1968-1975), seis, basta para justificarlos. Ningún otro grupo detonó con una cinética tan rápida, intensa y calórica los valores del rock para mezclarlos con los latidos del blues (básico), el hard rock (pélvico) y el folk acústico británico (sentimental) y añadirle un cierto grado de dramatismo y ópera. Donde los Beatles ofrecían mansedumbre, ellos eran lobos. Donde los Rolling Stones posaban con orgullo de alta costura, ellos eran simple adrenalina. Led Zeppelin: nadie necesitó nunca otra deflagración para reventar.

Jimmy Page, 1970 (Foto: Jorgen Allen)

Jimmy Page, 1970 (Foto: Jorgen Allen)

2. El líder. Jimmy Page (1944), hijo de la clase media, niño prodigio —primera guitarra, a los 12 años; primeros grupos y actuaciones, a los 14; primeras grabaciones, a los 17— y mercenario mal pagado y sin derecho a crédito en los discos donde otros no eran capaces de tocar bien: se ha llegado a calcular que entre 1963 y 1965 su guitarra se escucha en entre el 50 y el 90% de todas las canciones pop y rock grabadas en Londres. Tres ejemplos: el primer single de los Who, I Can’t Explain; Heart of Stone, de los Rolling Stones, y Baby Please Don’t Go, de Them, el grupo de Van Morrison… Page se descolgó de la espiral del anonimato del estudio con The Yardbirds, un tremendo grupo de rock duro, que publicó grandes canciones, fue ninguneado sin compasión,  sirvió como cuna natal de guitarristas de fuste (además de Page, Jeff Beck y Eric Clapton) y apareció en una inolvidable escena de la película Blow Up (Michelangelo Antonioni, 1966). Desde que montó Led Zeppelin (1968), el grupo fue su maquinaria personal. Compone, produce, arregla y dicta. Gran virtuoso y también débil e inseguro, la fama universal de la banda le llevó a los paraísos analgésicos de la heroína, de la que estuvo muy colgado a finales de los años setenta. También desarrolló por la misma época una fijación neurótica con el seudosatanismo del cantamañanas Aleister Crowley. Ahora Page es un millonario y condecorado caballero británico y, sin duda, aparece en los libros como uno de los mejores guitarristas de rock de todos los tiempos. Sus colegas no dejan de lanzarle flores, pero ya no es quien era: suena académico.


Robert Plant, 1971 (Foto: Fin Costello)

Robert Plant, 1971 (Foto: Fin Costello)

3. Cuerpo y cuerdas vocales. Robert Plant (1948). Procedía de una familia solvente —padre ingeniero— e iba para contable, pero a los 16 años se largó de casa por culpa de la música. Cantó en grupos oscuros que no dejaron demasiada huella y acabó haciendo baladas bluesy y sicodélicas en Band of Joy, donde tocaba la batería un tal John Bonham. Cuando se enteró de que Page buscaba vocalista para un nuevo proyecto —y le había fallado la primera opción, el carnoso Terry Reid, que no lo vió claro y decidió seguir como solista—, Plant se ofreció para una prueba y apasionó al líder con sus voz de amplio registro. En directo fue uno de los más carismáticos dioses del rock: pecho al aire, melena salvaje, manos locas y gesticulación corporal frenética. No comenzó a escribir letras para el grupo hasta el tercer disco, Led Zeppelin III (1970). Estuvo a punto de matarse en un accidente de coche en Grecia en 1975 y dos años después murió su primer hijo (5) de una infección estomacal vírica. Plant se dedica ahora a proyectos musicales situados en las antípodas del rock duro, entre ellos una colaboración que ha dado muy buenos resultados comerciales con la cantante country Alison Kraus. Es vicepresidente del equipo de futbol de la segunda división inglesa Wolverhampton Wanderers.

John Paul Jones, 1971

John Paul Jones, 1971

4. El ritmo. John Paul Jones (1946). Su nombre de registro civil es John Paul Baldwin, pero adoptó el artístico de John Paul Jones en homenaje a una película sobre un héroe de la marina. El menos visible pero quizá el más importante para explicar la furiosa pegada rítmica de Led Zeppelin. Extraordinario intérprete de bajo eléctrico —uno de los mejores de la historia—, es hijo de un arreglista de big bands con cierto nombre y aprendió solfeo y piano a los seis años. Como Page, se curtió en la fertil escena pop londinense de los años sesenta como músico de sesión, aplicando sus amplísimas capacidades para firmar hasta 60 arreglos orquestales cada semana. Son suyos, por ejemplo, los de She’s a Rainbow, de los Rolling Stones, y Hurdy Gurdy Man, de Donovan. En la sesión de grabación de esta canción coincidió con Page y hablaron de tocar juntos. A las dos semanas estaban ensayando con los embrionarios Led Zeppelin, que en principio se iban a llamar, con escasa imaginación, The New Yardbirds. Algunas de las líneas de bajo que aportó al grupo son inolvidables por su poder (The Lemon Song) o por su imaginativa estructura (Ramble On). Aunque era tan fullero y dado a los excesos de drogas, alcohol y sexo como sus compañeros, siempre se dejó llevar por el sano instinto de no llamar la atención y mantenerse en un segundo plano. Tras la ruptura del grupo nunca le faltó trabajo y su educación musical le ha llevado a colaborar con artistas de tan variado registro como Brian Eno o REM, para quienes firmó los arreglos del álbum Automatic for the People (1992). En 2009 participó en el supergrupo Them Crooked Vultures. Es un tipo feliz y cada día, al contrario que Jimmy Page, toca mejor.

Bonzo

Bonzo

5. La furia. John Bonham (1948-1980). Un metrónomo con forma humana y el poder de un huracán. Uno de los mejores bateristas que ha pisado el mundo. Bonham, Bonzo o La Bestia, tocaba con pasión los tambores desde que era un niño de seis años. Terminó sin ganas el insituto (“podrá convertirse en un millonario o un mendigo“, predijo un profesor en una evaluación), fue aprendiz de carpintero, tocó en grupos de segunda y aterrizó en Led Zeppelin, por recomendación de Plant, para dejar en evidencia a todos sus compañeros de generación. Dotado de una fuerza muscular atroz —tocaba siempre con las baquetas más grandes y pesadas, a veces con un par en cada mano y les llamaba “los árboles”— y admirador del ritmo sincopado de la música soul (James Brown era su ídolo), marcó el sonido de Led Zeppelin con sus poderosos arreglos. Ávido coleccionista de coches de época y motos, también era un bebedor compulsivo. El 24 de septiembre de 1980, antes durante y después de un ensayo, bebió dos litros de vodka. Esa noche murió ahogado en su vómito y fue encontrado en su cuarto por John Paul Jones. Tenía 32 años.

Jones, Plant y Page, campestres

Jones, Plant y Page, campestres

6. El mejor disco. Led Zeppelin editó nueve álbumes de estudio entre 1969 y 1982. Los cuatro primeros son excepcionales. El resto, prescindibles (quizá salvando algunas canciones del sexto, Physical Graffiti, el doble elepé de 1975). Aunque elegir sólo un disco es un ejercicio meramente caprichoso, mi opción personal es Led Zeppelin III, el disco de 1970 donde demostraron que podían ser igual de penetrantes con instrumentos acústicos. Preparado  en una casa de campo sin luz ni energía eléctrica en Gales a la que Plant iba de vacaciones cuando era crío, el disco es menos ofuscado, tiene más matices que los dos primeros, Led Zeppelin y Led Zeppelin II, y un planteamiento más democrático: la guitarra de Page no ejerce una dictadura tan notable. Aunque contenía uno de los temas más bárbaros de la banda, Immigrant Song, el mundo esperaba otro cataclismo integral mientras que el grupo se atrevió a rondar con instrumentación acústica por los aires campestres del folk británico e irlandés. Ese quiebro les ennoblece.

Jimmy Page, 1975 (Foto: Charles Auringer)

Jimmy Page, 1975 (Foto: Charles Auringer)

7. El peor. Si es complejo y casi arbitrario elegir el mejor disco, lo mismo sucede con el peor. Houses of The Holy (1973), Presence (1976), In Through the Out Door (1979) y Coda (1982, una colección de descartes) son, en general, medianías indignas, desganadas y faltas de inspiración. En Presence, en especial, la vida disipada de Page y su íntima amistad con la heroína derivan en canciones abotargadas de las que conviene escapar.

8. Letras de instituto. Si fuera obligatorio prescindir de la música y recibir solamente las letras de las canciones, la experiencia dolería. Las de Led Zeppelin, mayoritariamente de Robert Plant, son simplonas, de rima fácil, misticismo barato y soniquete mitológico a lo Tolkien. Sólo en los últimos discos, y entonces ya no quedaba nada de la velocidad y el poder iniciales, el cantante se atrevió a escribir letras personales y a poner en ellas algo de su propia experiencia en vez de resumirnos manuales mal rimados sobre la espitualidad del musgo y los arcanos.

9. Los plagios. La grandeza como instrumentista, compositor y productor de Jimmy Page y su intuición visionaria del mensaje eléctrico y mágico del rock and roll quedan en entredicho por su larga tradición de ladrón de canciones, arreglos de guitarra y letras ajenas. El par de vídeos anteriores es más ilustrativo que cualquier enunciado (¡dos temas birlados nada menos que a Willie Dixon, uno los padres fundadores del blues, y escamoteados como si se tratara de composiciones originales!). Lo indignante es que el buen Page nunca ha admitido los robos ni pedido perdón en público —aunque tuvo que corregir las etiquetas de los discos en más de una ocasión por demandas judiciales— y sus defensores acérrimos no admiten las continuadas apropiaciones indebidas.

Jimmy Page, 1977 (Foto: Adrian Boot)

Jimmy Page, 1977 (Foto: Adrian Boot)

10. La ceremonia. Entre 1971 y 1977 no había nada mejor que un concierto de Led Zeppelin. El grupo actuó en directo unas 400 veces —desde 1971, con jet privado para desplazarse—. Los shows eran largos, con improvisaciones cimbreantes e inacabables (es mítica la de 43 minutos de Dazed and Confused en Los Ángeles en 1975), versiones de rock and roll y blues clásicos y una tensión que podía palparse. Famosos por las escandaleras que montaban los músicos y sus ayudantes en los hoteles tras las actuaciones, algunos alborotos entre el público con espectadores detenidos y los aforos más grandes de la época —casi 80.000 personas en un concierto record en 1977 en los EE UU—, las actuaciones del grupo eran, como escribió algún privilegiado asistente, “lo más parecido a uno de los conciertos del primer Elvis”.

Como el retorno no es posible, inserto tras la entrada algún vídeo para practicar el viaje hacia el edén. En el momento en que escribo, son visibles online, pero apuren a bajarlos a su ordenador, porque Led Zeppelin están limpiando Internet de “grabaciones no autorizadas”. Nos quieren hurtar el derecho a compartir la sacudida.

Ánxel Grove

16 comentarios

  1. Dice ser e0qai

    No sé dónde estaba pero eran y siguen siendo GRANDES, MUY GRANDES.

    28 noviembre 2012 | 21:22

  2. Dice ser TT

    Eran una pandilla de degenerados. Yo prefería a Pink Floyd y Jethro tull.

    28 noviembre 2012 | 22:24

  3. Dice ser Gonzalo

    Sin duda el mejor grupo de rock de la historia de la música, premio música polar en el 2006 y más de 30 millones de ventas con Led Zeppelin IV. ´

    Ángel, ya me leí “Hammer of the Gods” sobre este grupo. ¿Me recomiendas alguno más? Soy un gran fanático de ellos. Un saludo y enhorabuena por la entrada.

    28 noviembre 2012 | 23:13

  4. Dice ser joe lui

    Te repite el cuartito de tripi que te comiste la ultima vez,licenciao,que eres un licenciao

    29 noviembre 2012 | 01:47

  5. Dice ser Kelly Darcy

    El que ha escrito esto no tiene ni P idea.Una coleccion de topicos gafapasticos sobre algo que una persona sin sangre en las venas jamas podra comprender.ZEPPELIN SON MAS GRANDES QUE LA VIDA.

    29 noviembre 2012 | 01:49

  6. Gonzalo: gracias.

    El libro que me parece más ecuánime es “Led Zeppelin: The Oral History of the World’s Greatest Rock Band”, del gran periodista musical Barney Hoskyns. Por desgracia, no está editado en España.

    Más afiebrado por el fanatismo, pero con gran despligue gráfico, “Whole Lotta Led Zeppelin: The Illustrated History of the Heaviest Band of All Time”, de Jon Bream. Tampoco en español.

    Kelly Darcy, gracias a ti también. Has acertado, llevo gafas, pero no son de pasta sino metálicas. Y te juro que cuando me hacen daño, sangro.

    29 noviembre 2012 | 01:55

  7. Dice ser alexontheky91

    Decir que Houses of the Holy es un disco sin inspiración y una medianía es sencillamente aberrante. Puede gustar más o menos, pero me resulta muy descompasado meterlo en el mismo saco de los Coda, In Through Out The Door o Presence. No Quarter, The Song Remains The Same o The Rain Song son piezas indiscutiblemente buenas a ojos de cualquier músico.

    El óxido melódico de Led Zeppelin empieza a brotar a partir de Physical Graffitti y los excesos con la droga de Jimmy Page. (Aunque a raíz de esto pudimos conocer a los John Paul Jones y Bonham más leadwritters, algo que tampoco me desagrada y que le da un matiz muy curioso al Presence, por ejemplo).

    De forma ecuménica me ha parecido muy buen artículo, aunque por favor, pásate otra escucha de Houses of the Holy (Algo que supongo que ya habrás hecho cien veces, lo cual hace que me niegue aún más en rotundo el que pueda considerársele un disco mediocre e insuficientemente díscolo).

    Un saludo.

    29 noviembre 2012 | 03:07

  8. Alexontheky91: Gracias por exponer tu opnión de modo tan cívico.

    Debo confesar que llevas algo de razón y que mi relación con “Houses of the Holy” está marcada por la decepción de encontrarme un disco tres escalones por debajo de los cuatro primeros, que no tienen grieta alguna. Fueron álbumes significativos en mi vida, pasmosos, y siempre duele saber que no habrá más.

    Otro saludo.

    29 noviembre 2012 | 05:13

  9. Dice ser zzzzzzzzzz

    Sólo un bajista como John Paul Jones es capaz de que le prestes atención a él y no a Jimmy Page. A mi personalmente me encantan todos sus discos. Incluso Presence y el posterior tienen detalles increíbles que los redimen.

    29 noviembre 2012 | 07:09

  10. Dice ser Zas

    En un seminario… Yo también lo considero el mayor espectáculo y el mejor grupo de Rock de toda la historia.

    29 noviembre 2012 | 08:21

  11. Dice ser Zappa-riola

    Me considero un fanatico de Zeppelin, es mas, me inicie en el mundo del rockor ellos. Pero lo que no se puede decir es que durante los 70 ( la epoca mas gloriosa de la musica) Zeppelin era lo mejor que se podia ver en un escenario. Es cierto que era de lo mejor, pero hay una docena de grupos que no tenian nada que envidiar, en lo que se refiere a musica y puesta en escena:
    Frank Zappa, Pink floyd, Gentle Giant, King Crimson… Y esto en cuanto a Rock, por que si abrimos el abanico.

    Para gustos colores

    29 noviembre 2012 | 08:54

  12. Dice ser burizoso

    Estimado columnista:

    Estando de acuerdo en algunos de tus comentarios, no puedo por más que echarme las manos a la cabeza al escuchar que Physical Graffiti es un disco “mediano”, cuando la mayoría de sus temas son descartes de los discos que tú llamas mejores, es decir, I, II, III y IV y a los que te refieres como explosión total de los cuatro músicos.

    Evidentemente, la adiccióm de Jimmy con las drogas y de Bonzo y el resto con las mismas y el alcohol, hacen que según pasaban los años, el grupo fuera decayendo en virtuosismo, potencia, etc…. pero de ahí a decir que el resto de discos también son malos……

    Te podría decir lo mismo de Pink Floyd (escuchas los primeros discos – sicodelia pura) con el Wish you were here, the Wall, etc y se parecen como un huevo a una castaña).

    No obstante, ya quisiéramos todos los que comentamos algo aquí que hoy por hoy, surgiera alguna banda que les llegaran a estos a llevarles siquiera el agua en los conciertos.

    Saludos

    buriZOSO

    29 noviembre 2012 | 11:12

  13. Dice ser Josué

    En general me parece un buen artículo, pero la valoración de cada disco no me parece apropiada.

    Como se ha comentado, Houses Of The Holy es un grandísimo disco. Y para aportar, la crítica que más me ha dolido es la de Presence. Es un gran disco, sobretodo la canción que lo abre, ACHILLES LAST STAND, para mí, la canción más infravalorada de Zeppelin.

    29 noviembre 2012 | 11:21

  14. Dice ser Zazo

    Pues la primera vez que los escuché me sonaron demasiado salvaje acostumbrado a escuchar la música de entonces como Cream etc.
    Led zeppelin rompieron con todo lo establecido con esa fuerza y ritmos arrolladores que hasta entonces nadie se atrevió a hacer sonar.
    Si bien es cierto que los primeros discos no tienen desperdicio a partir de Houses of the Holy no fueron tan contundentes en los ritmos pero todos ellos tienen algúna joya pero si es cierto que con Coda sentí que no tenian nada que ver con sus comienzos y creo que la muerte de Bonham les vino al pelo para deshacer un grupo que ya tenían poco que aportar.
    Soy un seguidor de Led Zeppelin desde su primer disco y siempre he creido que con sus altibajos al final de su andadura para mí ha sido, es y será el mejor grupo rock y digo son porque cuando los ví en el O2 Arena en el 2007 íba con la idea de ver un Led Zeppelin decaido y sin fuerza aunque me costó asimilarlo tenía esa opinion pero la verdad es que me alegré de haberme equivocado y ví a un Led Zeppelin con la misma fuerza que en sus comienzos si bien la voz de plant sesenton no era la misma pero no me defraudó y cuando les propusieron de seguir con una gira mundial Plan fué muy honesto al rechazarlo porque su condición física no estaba para esos trotes.
    Led Zeppelin the best forever

    29 noviembre 2012 | 15:16

  15. Dice ser JOSEH

    LED Z SON LA BANDA MAS GRANDE DEL ROCK ESO CREO QUE YA NO TIENE NINGUNA DUDA.
    TODO LO QUE HICIERON TODO ES TODO ,ES YA UNA LEYENDA.
    Y SUS 6 PRIMEROS ALBUMS SON OBRAS MAESTRAS.
    LOS QUE ESCRIBEN COSAS EN CONTRA,NO SABEN NI ENTIENDEN LO QUE ES MUSICA BIEN TOCADA.
    2012 ES EL AÑO DE LED ZEPPELIN NUEVAMENTE SI NO ME CREEN INFORMENSE

    29 noviembre 2012 | 16:14

  16. Dice ser Kufisto

    La mejor banda de Rock, sin apellidos.

    Buen artículo, aunque no estoy de acuerdo con tu crítica de sus discos.

    Un saludo y gracias

    30 noviembre 2012 | 12:45

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