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Siempre busco la manera de acabar una serie cuanto antes... para ponerme a ver otra.

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Cuando Peaky Blinders nos cerró la boca

Uno de los posts que más repercusión tuvo entre lectores y redes sociales fue el que escribí sobre Peaky Blinders. Me decepcionó bastante. Le pegué un palo considerable ya desde el titular (“El fracaso de los Peaky Blinders de Cillian Murphy”) y la destrocé en el texto, lo que provocó que me insultasen bastante. Y me reafirmo: su primera temporada me aburrió. Me pareció bastante mala para todo lo que ofrecía y las expectativas que generó. No descarto que mi estado de ánimo en el tiempo en que la vi influyese en mi veredicto, que quede claro. Pero aún así recuerdo que sus seis episodios se me hicieron eternos, al ver entera su primera temporada por esperar que diese un subidón en algún momento. No fue así.3

Un año después me he lanzado a ver su segunda temporada, lleno de esperanza por las buenas críticas y las grandes incorporaciones a su ya de por sí buen reparto, como la de Tom Hardy. Y ha logrado que me calle. Ahora SÍ es la gran serie que debía ser por sus características. Los dos primeros episodios de este año son mil veces mejores que todos los del pasado. Le ha costado conseguirlo, pero la solución era tan sencilla que me sorprende que no la hubiesen puesto en práctica antes: meterle en guión la acción que le faltaba.

2Una serie de gánsters, ya sea británica, americana o maltesa, tiene que contar con una mayoría de carga dramática y una parte significativa de acción. Ambos aspectos son inseparables y hacen milagros, como Malone y Stockton. Toda ficción de esta temática que cumpla con la regla de contar con situaciones comprometidas para los personajes, en las que tengan que lidiar con sus problemas habituales o inesperados, además de con tiros, peleas, asesinatos y ajustes de cuentas, está destinada a ser al menos una de las buenas. El ejemplo de ésto está en la más grande de la historia (Los Soprano) y en otras como Boardwalk Empire.

Peaky Blinders ha regresado con toda la acción que le faltó. Esto ha abierto nuevas tramas que la hacen mucho más atractiva. Ya no es solo que los Shelby hayan ascendido y tengan mucho más poder. O que Tommy Shelby se siga metiendo en más líos de los que debería. Es que ahora los campos para actuar de la familia mestiza se abren mucho más. También aumentan las posibilidades de que sean atacados y sufran, algo que se echó en falta hace un año.4

En los nuevos capítulos estamos viendo la consolidación de la gran familia liderada por Tommy, con la expansión a Londres y los tratos y enemistades con otros gánsters. Si a todo esto le sumamos lo que ya teníamos (el drama familiar, la persecución policial liderada por Chester Campbell (Sam Neill) o los problemas personales del líder) está claro que la serie nos puede sorprender con varios giros de guión explosivos.

1Lo que sigo sin entender es por qué han tardado tanto. A lo mejor su showrunner, Steven Knight, pretendía con la primera temporada presentarnos a la familia, mostrarnos evolución de sus miembros en conjunto o por separado y los traumas personales de cada uno. Es la única explicación que le encuentro, porque el fondo del relato y los buenos actores son los mismos.

Ahora, por fin, podemos disfrutar de su brutal banda sonora mientras los Shelby protagonizan escenas interesantes y cargadas de tensión. Sus gimoteos y dramas personales permanecen, pero casan mucho mejor ahora que de verdad se nos muestra cómo atacan o se defienden por las malas.5

De esto esto, por lo que más interés tengo es por la relación de Tommy con el IRA. Y es que una serie en la que haya de por medio un grupo terrorista que haya existido realmente me conquista rápidamente. Las repercusiones históricas, religiosas y políticas de una banda profesional de asesinos que tiene un fin muy concreto en una serie son muy valiosas. La llenan de calidad. Y Peaky Blinders es perfecta para aglutinar tantas buenas historias. Sobre todo ahora que nos ha callado la boca a unos cuantos.

El fracaso de los Peaky Blinders de Cillian Murphy

Existen determinados asuntos a los que calificamos de éxito solo con leer o escuchar las características que atesoran. Vaticinar un supuesto acierto es un vicio que todos tenemos, aunque en los tiempos que vivimos tengamos más posibilidades que nunca de equivocarnos. Las series, como debe ser, no son una excepción. No es la primera vez que prevemos que una o varias van a triunfar para que luego resulten un fracaso. A mí ya me había pasado en esta temporada con The Blacklist. Y ahora, otra vez.

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Las particularidades de mi nueva decepción eran muy prometedoras; confluían una cadena que solo emite maravillas, como la BBC; uno de mis actores preferidos (y creo que de muchos), que no es otro que Cillian Murphy (Origen, Batman Begins Red Lights); y un argumento basado en mi temática de referencia, la mafia y los gánsters (la RAE insta a escribirlo así); y encima, ambientada en el Reino Unido de los años 20. Eso es, a grandes rasgos, Peaky Blinders. Una de esas británicas que apuntaba a maravilla. Hasta que la he visto y me he cerciorado de que no se merece tal calificativo.

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La historia sobre una modesta familia de mafiosos a la que teme toda la ciudad que se dedica a las apuestas ilegales y a recolectar dinero por ‘protección’ llama la atención de cualquiera. Si además, le añades una historia paralela, como contar los estragos que han causado en los personajes la I Guerra Mundial, pues le sumas una carga dramática que te permite varias formar de narrar. Una miríada de aparentes virtudes que deberían formar un mecanismo perfecto de entretenimiento y buena ficción. Pero ni por esas.

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Para el que le interesa más la historia para decidirse o no, la serie va sobre esta familia de mafiosos que tiene planes para hacerse con el control de las carreras de caballos que controlan otros gánsters. Un robo equivocado lo cambiará todo: sin querer, se hacen con varias cajas que contienen armas muy potentes y cuya desaparición hace saltar las alarmas en el Gobierno británico. Todo por el miedo a que el IRA se haga con ellas.

La matriarca de los Shelby, Polly (Helen McCrory, Harry Potter), le pide al líder, Tommy (Cillian Murphy), que se deshaga de ellas. Algo a lo que él se niega, ya que quiere obtener réditos de este latrocinio involuntario. Será entonces cuando aparezca el inspector Campbell (Sam Neill, Parque Jurásico), un policía que ha tenido éxito en su lucha contra los terroristas en Belfast, y al que un jovencísimo Winston Churchill encargará la misión de recuperar las armas. Aunque para hallarlas tenga que usar métodos poco ortodoxos.

El porqué del fracaso

Peaky Blinders empieza bien. En los dos primeros episodios los Shelby ponen las cartas sobre la mesa, algo que se agradece, y la interpretación de los actores es sublime. No se le puede pedir más. A partir del tercer capítulo es cuando empieza a flojear. Los gánsters son demasiado amables. Su lentitud no es soportable: es excesiva. Las tramas avanzan a duras penas y aparecen otras que, aunque podrían encajar, de primeras te dejan la sensación de haber entrado con calzador. Y así hasta su final de temporada.Peaky1

Escudarse en una argumento atractivo y en contar con gente de la talla de Sam Neill, Helen McRory o Annabelle Wallis (Los Tudor) no vale si tu serie es un peñazo. Es como tener la plantilla del Barça y acabar último. Y es que muchas estrellas juntas no siempre se traducen en un producto fastuoso (algo de lo que sabe mucho Florentino Pérez, por acabar con la referencias futboleras).

Peaky2Peaky Blinders es oficiosamente el fracaso más exitoso de la temporada británica. Su creador, el prolífico Steven Knight, ha logrado crear dos personajes casi perfectos (los de Tommy Shelby y el inspector Campbell), mientras el resto da la talla. Pero se la ha pegado con el ritmo que ha imprimido a las tramas y con éstas en sí. Sencillamente, no atrapa.

La banda sonora es otro aspecto que me ralla la maldita cabeza. Incorporar de fondo canciones de Jack White (ya sea en solitario, The White Stripes o The Raconteurs) y música de un estilo similar me parecería genial en otro tipo de serie. Incluso sería un punto a favor. El problema es cuando lo haces en una serie ambientada en los años 20. A mí me chirría. Llamadme purista, pero creo que no pega. No todo es malo, claro.Peaky3

A favor de Peaky Blinders: que su temporada sea de seis episodios, las ya mencionadas interpretaciones y la idea. En contra tiene lo demás. No engancha, es soporífera y algunas historias no casan con el argumento principal. Le sobran las excesivas tribulaciones de algunos personajes, como el repetitivo trauma de Tommy Shelby con la guerra que le lleva a ser un adicto a las drogas; y le falta más acción, frescura y ritmo; e incluso más “mafia”, es decir, asesinatos, enfrentamientos, extorsión y menos amabilidad por parte de los chicos malos. Porque los gánsters son de todo menos indulgentes.

Si os gustan Cillian Murphy y Sam Neill, deberíais verla. Pero os vais a aburrir.