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Siempre busco la manera de acabar una serie cuanto antes... para ponerme a ver otra.

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El previsible final de esa broma llamada ‘El Príncipe’

SPOILERS: Si no has visto el final de la primera temporada y pretendes hacerlo, no leas

 

De todos los estrenos españoles de los últimos años, que con la excepción de Crematorio y alguna más han destacado por su inexistente calidad, la que más éxito ha tenido ha sido El Príncipe. Los números de su primera temporada han sido de vértigo, llegando a sentar delante del sofá a 5 millones de personas en un tiempo televisivo tan fragmentado y con tantos canales (aunque desde hace un par de días nos hayamos quedado sin unos cuantos que hacían mucho por la pluralidad de contenidos).11

El Príncipe acabó ayer su larga temporada de presentación. Y a mí no me gustó. Me pareció previsible. Como consecuencia de ésto, también me resulta lamentable cerrar una etapa de una serie de la forma más fácil y que va a provocar las consecuencias más esperadas por todos.

No es por ir contracorriente, dado que ya sé que los comentarios en Twitter fueron casi unánimes, que la audiencia ha respaldado uno de los finales de temporada más esperados y comentados que se recuerdan o que la serie en general ha aglutinado a una masa de audiencia muy importante. Simplemente el final de ayer, como los retazos que he ido viendo en estos cuatro meses de la ficción de Telecinco, me han parecido una broma. Y lo de anoche solo ha acentuado mi desencanto con una de las que sí podía provocar un giro en la producción española.

77Porque claro, ¿quién iba a pensar que Abdu iba a ser un islamista radical cuando en el segundo capítulo ya dieron TODAS LAS PISTAS de que había elegido ese destino? También resultó muy sorprendente ver cómo su hermano no es capaz de convencerle de que deje en paz a toda la gente que tiene secuestrada, cuando su hermana sí logra hacerle entrar en razón aunque sea por un momento. Por supuesto, nadie se imaginaba que el primo-novio-cornudo de Fátima estaba detrás de todo, o que el único policía musulmán de todos era el infiltrado en la comisaría. Desde los tiempos de Isabel Gemio no me encontraba con tantas sorpresas de golpe.

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Volviendo al final, ¿por qué hacerlo todo tan dramático? ¿Por qué han ido a lo fácil? El disparo de Javier Morey a Abdu podría haber sido en cualquier otro lugar para evitar que activase la bomba del autobús. Pero no, qué casualidad que le pega un tiro limpio en la cabeza, haciendo saltar a la vez por los aires los sesos del terrorista y el futuro de su relación con la hermana del muerto. Claro hombre, había que cargarse a toda costa el lío de los protagonistas. Y un fallecimiento traumático es la mejor fórmula.

Sobre las interpretaciones repetiré de forma telegráfica lo que dije hace unos meses: Alex González e Hiba Abouk son los dos peores actores que me he encontrado en una pantalla. En serio. Y anda que no he tenido que aguantar interpretaciones pésimas en estos años de vicio a las series. Por cierto, no sé qué se habían tomado en ese ‘programa’ llamado Hable con ellas para decir que la historia entre estos dos es “la historia de amor más importante de la historia de la televisión en los últimos meses” (sic). 

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En el otro extremo está José Coronado, que siempre cumple y más aún si el papel es de policía. El despropósito de esta serie es que el mejor actor que ha tenido (junto a Rubén Cortada) es el que se han cepillado en el último episodio de un headshot. Del resto del elenco no tengo nada que decir: sus actuaciones hablan por sí solas.

El Príncipe me parece una broma. No me gusta. Si a vosotros sí, genial. Mi papel es ofrecer una visión al respecto, la cual puedes aceptar e incluso compartir, o rechazar y criticar. Pero no pretendo convencer a nadie, y nadie va a lograr que yo cambie de parecer sobre esta serie. Y sí, tiene mucha audiencia, pero solo recordaré que el programa más visto de España es otro de Telecinco que se emite desde las 16.00 horas.

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Igual es que soy difícil de impresionar, o que tengo el paladar seriéfilo más desarrollado gracias a las maravillas que he podido disfrutar, pero es que me pongo a pensar en lo que se hace en otros países con respecto a lo de aquí y me dan ganas de llorar. Y El Príncipe no tiene la excusa de los medios limitados que otras sí pueden poner sobre la mesa: detrás de esta ficción había mucha pasta.

Quizá mi problema haya sido haber visto Bron Broen y luego toparme con El Príncipe. Porque la primera sí es una serie de verdad en la que nada se puede anticipar. En la segunda, nuestra española que iza todas las banderas del chauvinismo, solo faltaban las señales luminosas para indicar cómo iba a acabar.

Mejor me callo ya y resumo mi parecer con el siguiente tuit.