Fuentesycharcos

“Mark Twain tendría hoy un blog, pero jamás habría escrito gratis”. Robert Hirst, estudioso de Mark Twain

Entradas etiquetadas como ‘NIck Bilton’

Roger Domingo recomienda “Flash Boys” de Michael Lewis

¿Se puede hacer periodismo en España para publicarlo en libros? ¿Hay un nicho de mercado editorial para el periodismo de libro? ¿Qué libros periodísticos demandan los lectores? ¿Tiene interés para los editores que los periodistas escriban libros?

Varios editores opinan en #Fuentesycharcos sobre la publicación de libros de periodismo.

Esta semana hablamos con Roger Domingo, director editorial de Ediciones Deusto, Gestión 2000, Alienta Editorial, Para Dummies y PlanetaHipermedia en Grupo Planeta.

flash-boys_9788423418800Pregunta: ¿Interesan los  libros de periodismo a los lectores?

Roger Domingo:  El interés que puede suscitar depende del alcance de cada libro: si se trata de un libro sobre periodismo escrito por un periodista suele interesar únicamente a los integrantes del gremio, sin dar el salto al gran público. Si, por el contrario, se trata de un libro escrito por un periodista pero sobre una temática de interés general, y ya se trate de una crónica o de un reportaje de investigación, el universo lector se amplía acorde a la universalidad de la temática. En los últimos años, por ejemplo, se han publicado libros escritos por periodistas de renombrado prestigio y que han llegado con sumo facilidad al gran público, tales como los de Mariano Guindal o Enric González, entre otros.

P: ¿Qué libros de periodismo de los que habéis publicado han tenido una mejor acogida por parte de los lectores?

RD: En el primer caso, es decir, libros sobre periodismo escritos por un periodistas, destaca Newpaper, de Albert Montagut, en el que se relata todo lo ocurrido en los medios de comunicación español durante los últimos treinta años y profundiza en la irrupción de lo digital. En el segundo caso, esto es, libros escritos por periodistas pero con ánimo de llegar al gran público, destaca Memecracia, de Delia Rodríguez, en que analiza cómo Internet logra que ciertas ideas se convierten en ‘mainstream’, o bien La verdadera historia de Twitter, escrito por el periodista del New York Times Nick Bilton y en el que se describe los turbios y complicados inicios de Twitter.

P: ¿Alguna recomendación? 

RD: Destacaría, sin duda, cualquiera de los libros escritos por Michael Lewis, a mi entender el mejor periodista económico que existe en la actualidad. En su última obra, Flash Boys, por ejemplo, nos coge de la mano para que le acompañemos a lo largo de una investigación hacía las partes más ocultas, y corruptas, de Wall Street, ahí donde se esconden los intereses nunca hechos públicos de los grandes bancos de inversión. En Boomerang, su anterior obra, nos invita a viajar a lo que él llama el nuevo tercer mundo europeo: Islandia, Grecia o Irlanda, países a los que visita y en los que entrevista a sus banqueros y políticos, pero también a sus ciudadanos de a pie, quienes le explican cómo han vivido unos años que marcarán sus vidas para siempre. Todo ello con su particular estilo, cargado de fina ironía y ácido sentido del humor.

¿Puede estar el futuro de la televisión en las lentillas?

Nick Bilton

Nick Bilton

Internet está cambiando la forma de hacer televisión y la forma de consumirla. En el futuro, para ver la televisión tal vez no sean necesarias ni siquiera las gafas de Google, porque los sensores conectados a la red estarán incorporados en las lentes convencionales o, incluso, en las lentillas. Además, disfrutaremos de contenidos de alta calidad, mientras se abaratan los costes de producción.

Cada mes en YouTube, los usuarios ven más de seis mil millones de horas de vídeo. Hay que satisfacer la demanda. Por eso no resulta extraño que Nick Bilton, columnista y reportero del New York Times, explique con entusiasmo que “YouTube ha comprado un edificio cerca de Google y están creando estudios de grabación para que la gente pueda hacer películas, documentales y vídeos cortos”. Al fin y al cabo se trata de hacer “contenidos audiovisuales sin los costes de las televisiones”.

El autor de La verdadera historia de Twitter ha venido a España para hablar de lo rápido que puede cambiar la tecnología y, de paso, cambiar nuestras vidas. Mientras unos operarios instalan (por fin) la fibra óptica de Telefónica en el edificio donde vivo, Nick Bilton pronuncia la charla inaugural de Ficod 2014, un evento de tres días que patrocina Red.es, la entidad del Ministerio de Industria. Aunque el título de la conferencia, según figura en el programa, es “El futuro de los medios de comunicación, la tecnología y la sociedad”, Bilton solo habla de la televisión cuando responde a una pregunta al final de su intervención. Es una charla “tipo” que da en muchos eventos. “Cada vez que doy esta charla tengo que actualizarla porque continuamente hay novedades”, explica en el turno de preguntas. “Nos levantamos en un planeta distinto del que nos acostamos la noche anterior”.

Después de hablar de sus dos libros y recordar que se pueden comprar en Amazon, Bilton, sentado en un taburete y parapetado tras un atril donde ha instalado su portátil, pasa las diapositivas que ha traído preparadas para su medida intervención.

Habla del pasado, del presente y del futuro:

“El móvil es la tecnología que domina el mercado”.

Las redes sociales generan más tráfico en Internet que los buscadores“.

“En el futuro tendréis pantallas flexibles en vuestras manos”.

“Los wereables (tecnología para llevar encima) son parte del futuro. Aunque hay una gran contienda porque todo el mundo intenta saber cuáles serán los wereables del futuro: gafas, relojes…”.

Pantallas flexibles, chips en la piel y los chips tragables: “Una píldora que vamos a tragar”.

Los nuevos dispositivos tecnológicos continuarán revolucionando la educación, los medios de comunicación y el consumo audiovisual. Bilton, espectador privilegiado, seguirá cambiando diapositivas para que su conferencia recoja las últimas tendencias. El futuro está asegurado.

EL RELOJ DE ARENA DE BILTON

casa San Francisco

Nick Bilton escribe en la parte trasera de su pequeña casa de 67 metros cuadrados en San Francisco. Junto a su ordenador, tiene un reloj de arena de una hora. Cada vez que se encuentra navegando sin darse cuenta por Internet, desenchufa el wifi del ordenador y gira el reloj para que empiece a caer la arena. No vuelve a conectar el ordenador a la red hasta que ha caído el último grano.