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La reportera Dorrit Harazim gana el reconocimiento a la excelencia del Premio García Márquez de Periodismo

Dorrit Harazim. Foto: Luiz Arthur Leitao Vieira  / FNPI

Dorrit Harazim. Foto: Luiz Arthur Leitao Vieira / FNPI

Dorrit Harazim, reportera y editora brasileña con 50 años de carrera profesional, ha ganado el reconocimiento a la excelencia del premio Gabriel García Márquez de Periodismo, que concede la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano (FNPI), de Cartagena de Indias.

En su dilatada carrera profesional, Harazim ha informado sobre las guerras de Vietnam y Camboya, el golpe contra el gobierno de Salvador Allende en Chile, los atentados contra las Torres Gemelas en Nueva York, la primera Guerra del Petróleo en Emiratos Árabes, cuatro elecciones presidenciales en Estados Unidos y ocho olimpiadas. Estos son solo algunos de los hechos históricos de los que la periodista brasileña Dorrit Harazim ha sido testigo y relatora en sus 50 años de carrera y por los que este año recibirá el Reconocimiento a la Excelencia del Premio Gabriel García Márquez.

Dorrit Harazim explica en un vídeo que ha grabado tras el premio que con 72 años ha vuelto a ejercer de reportera. “Es un privilegio, sin tener que ser la jefa de nadie, sin tener que contratar ni despedir a nadie, he vuelto a la raíz del oficio“.

En el comunicado de la FNPI dicen que «la manera con la que Harazim narró estos hechos y su capacidad para “encontrar ángulos y aspectos que otros periodistas dejan pasar y para transportar al lector hacia minuciosos e interesantes detalles”, son los aspectos que destacan el Consejo Rector del Premio GGM, integrado por Germán Rey, Mónica González, Jean-François Fogel, Jon Lee Anderson, Héctor Feliciano, Rosental Alves, Martín Caparrós, Sergio Ramírez, María Teresa Ronderos, Héctor Abad Faciolince y Joaquín Estefanía, quienes han otorgado este galardón de manera unánime».

Carol Pires ha trazado un interesante perfil de la reportera brasileña que reproduce la FNPI en español y portugués. Tras su larga trayectoria profesional, Dorrit Harazim reconoce que “tengo la alegría de decir que, después que me metí en esto, he sido siempre feliz“.

Jon Lee Anderson: “La calidad del reportaje depende de la creatividad, el rigor, las agallas y la ética de cada reportero”

Foto taller Jon Lee Anderson en barrio Mandela. Autor-Joaquín Sarmiento-FNPI
Jon Lee Anderson impartiendo el taller de crónica en el barrio Nelson Mandela de Cartagena de Indias. Foto: Joaquín Sarmiento/FNPI

 

En la primera semana de febrero, Jon Lee Anderson, reportero de The New Yorker, impartió un taller de crónicas, en el barrio Nelson Mandela de Cartagena de Indias, organizado por la Fundación Gabriel García Márquez para el Nuevo Periodismo Iberoamericano (FNPI).

Cartagena de Indias es una de las ciudades más bonitas de América, pero el barrio Nelson Mandela es el más pobre. Fue fundado hace veinte años por los desplazados del conflicto armado colombiano y poco tiene que ver con la belleza de la zona colonial de Cartagena. Después de conversar con Moisés Naím y participar en tertulias del Hay Festival, Anderson se subió con los talleristas a un autobús, que los llevaría hasta el barrio Mandela, y comenzó a impartir un taller a jóvenes periodistas que sienten pasión por la crónica.

“El formato es sencillo: catorce periodistas de México, Uruguay, Venezuela, Brasil, Colombia, España, Perú y Chile reportearán durante una semana y trabajarán sus textos junto al maestro. El escenario es este empobrecido suburbio de 45.000 habitantes levantado por víctimas que huyeron de las atrocidades de la guerrilla y los paramilitares y se instalaron de forma irregular a las afueras de Cartagena”, explicaba Jacobo García en la página de la FNPI.

¿Se puede enseñar un método para escribir crónicas o reportajes? “Obviamente no se escriben crónicas a partir de un manual, pero sí se pueden impartir métodos posibles que es precisamente lo que hago en los talleres de la FNPI. Al final, la calidad del reportaje depende de la creatividad, el rigor, las agallas y la ética de cada reportero”, dice Jon Lee Anderson.

Muchos de los mejores periodistas latinoamericanos han pasado por algún taller de la FNPI, que tiene su sede en Cartagena de Indias. Entres los periodistas que han impartido talleres se encuentran grandes maestros, tales como Kapuscinsky, Jon Lee Anderson, Martín Caparrós, Juan Villoro, Alma Guillermoprieto y Leila Guerriero, entre otros.

Jon Lee Anderson. Foto:FGM
Jon Lee Anderson. Foto:FGM

Anderson considera que el taller en el barrio Mandela ha sido una gran experiencia. “Es un barrio lleno de personajes con vidas intensas y dramas, propios de un lugar donde hay poca presencia de autoridades, pero sí de pandillas y donde se encuentra mucha pobreza. El nivel del grupo ha sido excelente y trabajaron muy bien tanto en el barrio como entre ellos. Ha sido uno de los mejores talleres en los que he participado”.

Fui tan nerviosa como ilusionada al taller de Jon Lee, pero el nervio duró poco y la ilusión perdura”, explica Elsa Cabria, una periodista, nacida en Santander en 1983, que ha trabajado en México DF como freelance y ahora se ha “enrolado” en Nómada, un medio digital de investigación de Guatemala.

“Fue un reto enriquecedor y vertiginoso al mismo tiempo. Estar en una ciudad desconocida, tener tan pocos días para encontrar un buen tema, reportear, escribir y editar fue una locura. Pero hay que ver cómo gocé. Ni bien empezó el taller me dediqué a la reportería todo el tiempo que pude”, dice Joseph Zarate, subeditor de Etiqueta Negra, nacido en Lima en 1986.

Anderson recomendó a los talleristas que intentaran dejar su bagaje social y cultural para encontrar el nudo de la historia. “Siempre se debe tener claro una idea o una inquietud que se quiera resolver”. Elsa Cabria se quedó con una frase: “Intenta siempre mirar al personaje por todos los lados“. Y añade: “La idea es que no seamos básicos, que veamos la dimensión del personaje, que busquemos sus aristas, una fijación distinta saliéndonos de lo evidente, que busquemos lo inesperado”. “Sentir al personaje“, como les dijo Jon Lee Anderson.

Zarate cree que Anderson “recurre mucho a la intuición para guiarte“. A su juicio, en el taller el reportero del New Yorker “actuaba más como un editor sabio, que sabía escuchar y dialogar, que no te imponía, sino que trabajaba para definir qué rayos querías decir con tu historia”. Para no caer en los lugares comunes, la propuesta de Anderson era que los cronistas asumieran el reto con una nueva mirada. “Nos retaba a mirar más allá, a mirar de nuevo. A caminar y a ensuciarnos los zapatos. A aprender a escuchar. A desaparecer y a despojarnos. A confiar en nuestra intuición de reporteros. Y a entender que la historia de un personaje o un barrio puede servir para explicar fenómenos sociales que afectan a todos, seamos latinoamericanos o no. Esa historia que puede contar tantas. Incluyendo la mía”.

Durante el taller, Cabria escribió un perfil de alrededor de 2.400 palabras del gallero del barrio Nelson Mandela. Se trata de un tipo que vive feliz con su familia a la vez que se dedica a su pasión, la pelea de gallos, “en completa soledad”.

Zarate eligió a Kissinger, “un ex pandillero negro, alto, corpulento, de la edad de Jesucristo y que viste de forma extravagante como las estrellas de reggaeton”. El joven cronista peruano empleó casi 1.800 palabras para contar cómo se desarrolla un día en la vida de Kissinger, “el cantante de champeta* más famoso de Nelson Mandela, el barrio más pobre de Cartagena“.

La FNPI publicará proximamente en internet las crónicas que se realizaron en el taller.

 

*La champeta, según me explica Joseph Zarate, es un género musical que nació en los sectores populares y que hoy es un boom en toda Colombia.

Eduardo Suárez, ganador del premio de periodismo García Márquez: «Me parece extraño que no me haya felicitado el director del periódico»

Eduardo Suárez en la entrega de los premios de periodismo García Márquez. Medellín, octubre, 2014.

Eduardo Suárez en la entrega de los premios de periodismo García Márquez. Medellín, octubre, 2014. Foto: Jorge Porras.

Eduardo Suárez (León, 1979) recibió en Medellín, Colombia, el premio García Márquez de Periodismo el mismo día que el diario El Mundo publicó su último artículo. Después de 14 años, el periodista se acogió a un plan de salidas voluntarias del periódico. Conversamos en Madrid poco después de que llegara de Medellín con un teclado –como el de los Mac de sobremesa, pero más pesado porque está realizado en bronce– que acredita el premio y 15.000 dólares.

Suárez obtuvo el galardón que concede la FNPI en la categoría de texto por un reportaje que realizó en Alaska 25 años después de la catástrofe ecológica del Exxon Valdez. María Ramírez (hija de Pedro J.), su esposa y compañera de trabajo, asiste a la conversación e interviene solo para matizar algún dato. Ambos han dejado El Mundo y están pensando en cómo trasladar sus libros desde Bruselas (el último destino como corresponsales) a Madrid.

En la conversación, evita utilizar el nombre de Casimiro García-Abadillo, director de El Mundo, a quien se refiere como “el actual director del periódico”.

Se te ve feliz con el premio.

Sí, mucho. Ha sido muy especial y más por las circunstancias. Es un estímulo en un momento en el que me voy del periódico, después de unos meses difíciles y con una relación bastante mala con el director actual de El Mundo. También es un reconocimiento a la gente que sigue en el periódico, donde hay muy buenos reporteros como Alberto Rojas, Gonzalo Suárez y mucha otra gente, que hacen buenas historias y que deberían tener más espacio y más tiempo para trabajar en ellas.

¿Cuánto tiempo dedicaste al reportaje?

En el terreno, cinco días. Estuve de lunes a viernes en Alaska y después pasé escribiendo otra semana en Nueva York. El proceso fue más largo porque antes hablé con mucha gente y me informé. Pero, para reportear y escribir, unas dos semanas.

¿El texto era muy largo para publicarlo en un periódico de papel?

La versión para el papel tenía 15.000 caracteres, que es larga para un periódico. Pero, en realidad, escribí 50.000, que es la versión completa que presenté para el premio y que publiqué en formato ebook en Amazon. La paradoja es que nadie me pidió que escribiera el artículo que ha ganado el premio García Márquez. Lo escribí porque entendía que había mimbres para redactar una historia larga. Es algo que antes no había hecho. Para el papel, hice un resumen. Pero el papel pronto solo se encontrará en alguna hemeroteca y en casa de mi padre, que lo tiene guardado. Pensé que la versión digital completa y el ebook era para siempre.

Premiados García Márquez

Eduardo Suárez con otros premiados y, a la izquierda, Jaime Abello, director general de la FNPI. Foto: Jorge Porras

Has sido el primer español que ha ganado el premio de la FNPI.

Era el único finalista español de todas las categorías y con el único tema que no tenía que ver con América Latina. Tenía muchas dudas porque los otros dos trabajos finalistas eran muy buenos. Me gustó que destacaran que el reportaje es un texto muy periodístico y no tan literario como otros. Para mí es un elogio porque creo que en España nos sobra poesía y nos falta periodismo y reporteo.

¿El festival de Medellín sirve como antídoto para el desánimo que cunde entre los periodistas españoles?

Claro, llegas a un sitio donde la economía está creciendo y el periodismo tiene cómo financiarse. Además, hablas con gente con mucho talento y conoces los detalles de proyectos como Radio Ambulante, donde están haciendo cosas muy interesantes con poco dinero y bastante éxito. O La Silla Vacía, que está compitiendo con medios grandes en Colombia. Con respecto a los cronistas, he visto a mucha gente con talento literario que son buenos reporteros a la vez. En España, los grandes periódicos pondrían a esos reporteros a hacer una columna y contar sus opiniones. Allí, por el contrario, hacen reportajes.

¿Hay un exceso de columnistas?

En España, la columna es un género sobrevalorado. Ojalá sucediera lo mismo que en América Latina, donde gente como, por ejemplo, Manuel Jabois se dedicara más al reportaje y menos a la columna. Es casi un cáncer que hace que un periodista que tenga cierto talento termine de columnista. Como le sucede a Enric González, un gran reportero, pero últimamente solo leemos columnas suyas. Deberíamos valorar más las buenas historias. Y para eso necesitamos a grandes profesionales para contarlas. En el panorama mediático español se trabaja en la historia que mañana van a dar todos los demás y se apuesta poco por historias propias. Las historias si son buenas, son eternas y se pueden leer mucho tiempo después. Si dedicas recursos y un espacio de 3.000 caracteres a una rueda de prensa de Rajoy, pasados dos días es una información obsoleta que no interesa a nadie.

Tiempos revueltos: desde el mes de junio, os han suspendido de sueldo durante 20 días, cambiasteis de la corresponsalía de Nueva York a Bruselas y pocos días después os acogisteis a un plan de bajas incentivadas.

No entendimos que el nuevo director dijera que nos fuéramos de Nueva York. Nos pareció una decisión incomprensible. Todo el ‘feedback’ que tenemos tanto de personas de fuera como de dentro del periódico es que estábamos haciendo un buen trabajo. La persona a quien sustituimos había estado diecisiete años y nosotros llevábamos solo dos años y medio. No lo entendimos. Escuchas muchas tonterías. Nosotros no estábamos en Nueva York de vacaciones, porque hay muchos rascacielos o porque nos encanta ir al teatro, ni nada por el estilo, sino porque es el país más maravilloso del mundo para ser reportero. La gente te abre su puerta, su corazón, te cuentan un montón de historias. La política americana es apasionante. Es el país donde lo están descubriendo todo en ciencia y tecnología, donde saben cómo va a ser el mundo dentro de 20 años. Es un regalo para un reportero estar ahí. Nos dimos cuenta desde el minuto uno de que el cambio de corresponsalía era una decisión extra periodística que no tenía nada que ver con nuestro trabajo. Eso comenzó en febrero. Lo de junio: vimos que Ana Romero, una compañera que era corresponsal en la Casa Real, firmaba todos sus trabajos y en un día tan importante como el de la abdicación del Rey su crónica salía sin firmar. Hablamos con ella y nos confirmó que quiso publicar una historia en el periódico y no pudo. Nos preocupó mucho porque somos periodistas y creemos que tenemos que defender la libertad de expresión y la capacidad de poder informar. Pensamos que no íbamos a ser los únicos que defendiéramos a Ana, pero después de apoyarla en Twitter, miramos hacia atrás y vimos que no había nadie más. A raíz de eso, el periódico nos sancionó. Nadie nos llamó antes. El director tomó la decisión, inédita en la prensa española y creo que en la mundial, de sancionar a un periodista por dar una opinión en público. Sufrimos muchísimo. Lo del sueldo es lo de menos. Ninguno de los dos somos ricos, pero no nos íbamos a morir de hambre. Vimos reacciones que no nos gustaron, no solo del director del periódico. Durante el verano lo estuvimos meditando. Surgieron las bajas incentivadas. Nos costó tomar la decisión porque era nuestro periódico. María estuvo 15 años y yo, 14. Empecé en el diario cuando aún no había terminado la carrera. Primero en Opinión, editando obituarios y cartas al director. Después, escribiendo editoriales. Luego de corresponsal en Londres y, más tarde, en Nueva York. El Mundo es mi periódico a pesar de que esté al frente quien está ahora.

Y en El Mundo se publicó el trabajo de Alaska que ha ganado el premio.

Sí, por cierto, me parece llamativo y extraño que no me haya felicitado el director del periódico que publicó el artículo que ha ganado el premio García Márquez. Porque, al final, es el periódico quien ha hecho posible que se consiguiera porque dijeron que sí al reportaje, pagaron el viaje, que no era barato, y publicaron la historia. Me siento agradecido al periódico y al actual director, porque fue quien dio la aprobación. Pero no entiendo el silencio ni la ocultación del premio en las páginas del periódico. Es una reacción un poco infantil, además de perder una oportunidad porque también es un premio para el periódico, para Agustín Pery, que es el subdirector que me envió allí y para toda la gente de especiales que me ayudaron a plasmarlo con sus vídeos, sus fotos…

¿Qué echas de menos en el periodismo español?

Me gustaría que hubiera más sitios donde poder leer más historias como la del premio. En mi opinión, los dos grandes periódicos están en un mal momento. Ninguno de los dos directores de grandes medios están apostando mucho por internet. Eso genera un hueco para un gran proyecto digital en español que publique historias bien contadas y que haga buena información del día a día. Hace falta explicar más. Una de las lecciones clave del periodismo anglosajón es explicar todo, explicarlo bien y no dar nada por supuesto. En los medios españoles se dan muchas cosas por supuestas. Y la gente se pierde con la información. Hay que recordar que la principal tarea del día de la gente no es leer el periódico.

Después de desmontar el piso de Bruselas, ¿qué tenéis pensado hacer?

De momento estamos en el corto plazo: firmar papeles, finiquito… Tenemos alguna oferta… Estamos escribiendo con María un libro sobre Marco Rubio para la editorial Debate. Rubio es un senador republicano, muy hábil e interesante que llegó de la nada. Fue el primero de su familia que llegó a la universidad. El libro saldrá en 2015.

Medellín, una fiesta para el periodismo en español

Medellín, Colombia, entrega de Premios Gabriel García Márquez de Periodismo. Foto: David Estrada Larrañeta/FNPI.

Entrega de Premios Gabriel García Márquez de Periodismo en Medellín, Colombia. Foto: David Estrada Larrañeta/FNPI.

En Medellín se ha celebrado una fiesta del periodismo. Mientras en España los profesionales de los medios de comunicación andan alicaídos entre ERE, despidos, reducciones de sueldos, en América Latina los ánimos son distintos. Sin duda, esa es una de las primeras conclusiones que se pueden alcanzar tras seguir las tres jornadas que ha organizado la Fundación García Márquez (FNPI) en Medellín, Colombia, con el objetivo de elegir a los ganadores de la segunda edición de los premios, en cuatro categorías:  Texto, Imagen, Cobertura e Innovación. A la final llegaron 12 trabajos seleccionados entre los 1.400 que se presentaron procedentes de 30 países. Lee el resto de la entrada »