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Bienvenidos a lo que Kurt Tucholsky llamaba el manicomio multicolor.

CC/ Europa: Así piensa el continente la primera generación comunitarizada

Ya iba siendo hora de que refiriera en el blog algunas de las ilusionantes iniciativas relacionadas con Europa que pululan por el ambiente.

Y para empezar os traigo un proyecto integrado por un grupo de jóvenes unidos por su “europeísmo crítico“, que no piden tanto “más” Europa como una Europa “mejor” y que son plenamente conscientes de ser la primera “generación comunitarizada”. Su nombre Con Copia a Europa (CC/ Europa); si queréis seguirlos (os lo recomiendo) aquí está su página web, su Twitter y su Facebook.

Logotipo de CC / Europa (Ana García Toni)

Logotipo de CC / Europa (Ana García Toni)

CC/ Europa parte de una brecha, por así decirlo, generacional. Lo que significaba Europa para las generaciones anteriores estaba claro: seguridad y ausencia de conflictos bélicos. Hoy, el proyecto necesita un nuevo impulso, y ellos, estos más de 20 jóvenes —europeístas y sobradamente preparados— lo saben y quieren ser un altavoz para que otros jóvenes como ellos también piensen, libre y activamente, en término europeos.

En un tono desenfadado, pero comprometido, amable, incluso humorístico. Sin la habitual retórica academicista (aunque muchos de sus integrantes, algunos de los cuales conozco personalmente, sean investigadores) ni las también demasiado frecuentes servidumbres partidistas e ideológicas. Así se presenta CC/ Europa.

Un altavoz prociudadano, no subvencionado, para hablar de política (“La respuesta a la crisis no es quedarte en casa”); economía (“Tú decides hacia dónde va la integración”); comunicación (“Europa es mucho más que la Champions League”) o  relaciones internacionales (“Europa es una superpotencia, seámoslo también en política exterior”).

Más de una vez he echado en falta iniciativas europeístas no alineadas, por así decirlo, con las instituciones, las fundaciones o los think tanks. No es que aquellas sean intrínsecamente sospechosas de nada, todo lo contrario. Pero las asociaciones vocacionales, no sometidas al dictado de ningún poder fáctico, instintivamente me agradan más. Larga vida, pues. Y mucha suerte.

3 comentarios

  1. Dice ser Carla

    Es dificil asimilar el sentimiento europeo cuando los mensajes que nos llegan de Europa son las diferencias entre los intereses de los paises, la falta de solidaridad, la nula intención de avanzar conjuntamente hacia un mejor bienestar …

    Carla
    http://www.lasbolaschinas.com

    13 Diciembre 2013 | 18:33

  2. “Parecía un enfrentamiento “superado”

    Hace unos pocos años, era un tópico poner en duda la vigencia del enfrentamiento izquierda/ derecha. Quizá se trataba de la versión postmoderna del “final de las ideologías” proclamado por Fukuyama tras la caída del muro de Berlín. El capitalismo había derrotado definitivamente a su opositor, y por tanto aparecía como único sistema económico viable.
    El abanico de alternativas quedaba limitado a la posible gestión del capitalismo: más una cuestión de eficacia que de ideología, más técnica que política. A lo más, quedaba un margen para un posible “rostro humano” que permitía diferenciar un centro-izquierda respecto a la derecha, la cual por cierto se autocalificaba de centro-derecha como indicativo de amplio predominio.
    La pregunta “¿qué significa ser de izquierdas hoy en día?” presuponía que no había respuesta contundente en los términos tradicionales de lucha de clases. En todo caso debía buscarse en el eje ético moral: pacifismo, igualdad de género, aborto, respeto a opciones homosexuales,… Con estos ingredientes, se podía tejer ese centro-izquierda a la americana, pero no había espacio para una izquierda radical.

    La voracidad de la derecha

    Quizá Fukuyama hubiera tenido razón si la derecha hubiese sabido administrar su victoria. Pero no ha sido así, y él mismo se ha retractado. Lejos de esa prudencia, la derecha ha abusado de su hegemonía hasta extremos insospechados. No sólo la apropiación de rentas y patrimonio por parte de las élites parece no tener freno, sino que se socavan los pilares fundamentales del pacto social vigente durante buena parte del siglo XX.
    Primero se atacaron los derechos laborales, desde el poder adquisitivo hasta la estabilidad e incluso la sindicación. Después los fiscales, hasta el punto que las rentas de trabajo de las clases bajas y medias pagan más que las altas o que las rentas de capital. A continuación los sociales, poniendo en jaque todo el estado del bienestar, incluyendo educación y sanidad. Y más recientemente, los políticos, prohibiendo referendos y hasta sustituyendo gobernantes elegidos por tecnócratas designados.
    La crisis actual, tanto en su origen como en su presunta solución es el mejor ejemplo de esta voracidad, al mismo tiempo que la excusa para justificar todos los excesos. Tan lejos han ido como para que algunos magnates reclamen pagar más impuestos, o para que gobernantes conservadores quieran implantar la tasa Tobbin unilateralmente. No se sabe si por compasión, o por precaución ante la posibilidad que finalmente la recesión, el paro, la pobreza, la caída de la demanda,…, terminen socavando el propio sistema.

    ¿Por qué este desenfreno depredador, que incluso alguna derecha quisiera limitar? Quizá es la simple borrachera de victoria, ciega a todas las alertas. Quizá es que la esencia del capitalismo es la explotación máxima, hasta donde sepas y te dejen. En todo caso, no parece que la derecha industriosa y prudente pueda frenar a la rampante.

    No hay pacto posible

    Esta radicalización deja sin interlocutor al centro-izquierda pactista antes referido. Cada vez tiene menos credibilidad el discurso del capitalismo de rostro humano a la europea, o la posibilidad de gestionarlo mediante un nuevo pacto social entre una derecha refulgente y una izquierda desarbolada. No se ve el final de las sucesivas reformas laborales, ni de los sucesivos recortes. Y sobre todo no se ve posibilidad alguna de recuperar lo perdido cuando la tempestad amaine, suponiendo que lo haga.
    En el mejor de los casos, Europa va hacia un largo estancamiento o “crecimiento 0”. Por tanto, el problema no será cómo repartir las ganancias, sino cómo redistribuir lo que tenemos : los ricos sólo podrán seguir enriqueciéndose a base de empobrecer a los pobres; los pobres sólo podrán salir de la pobreza quitándoselo a los ricos.

    Sólo queda en pie el discurso de la izquierda radical. De hecho puede esgrimir el “teníamos razón”cuando Maastrich, las privatizaciones, etc., hasta la reforma constitucional del pasado mes de agosto. Esto no arregla la dramática situación de tanta gente, pero legitima y da audiencia a nuestras ideas, como herramienta política de trabajo: está de nuevo bien claro el enfrentamiento izquierda/derecha, y quién está a cada lado”.

    Josep Ferrer Llop, ingeniero industrial, es catedrático de matemática aplicada y ha sido rector de la Univ. Politècnica de Catalunya (UPC)
    04/11/12

    13 Diciembre 2013 | 21:54

  3. Dice ser Pelus

    Le echaré un vistazo. Pero tal y como se cuenta, suena bien. Aparentamente no les lleva más interés que el de hacer una Europa mejor y para todos, no para unos cuantos. Lo seguiré con interés. A ver lo que dura su inociencia jejeje

    13 Diciembre 2013 | 22:45

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