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¡Que paren las máquinas! ¡Que paren las máquinas!

¡Que paren las máquinas! El director de 20 minutos y de 20minutos.es cuenta, entre otras cosas, algunas interioridades del diario

Mientras el petróleo baja un 65%, la gasolina sólo un 18%

Examina estas tablas y gráficos. El precio del petróleo OPEP tocó el 19 de junio de 2014 al que sería su máximo de ese año: costaba 115,06 dólares el barril. Ahora está en torno a 40 dólares, como también puedes comprobar en el enlace. El crudo se ha abaratado, por tanto, algo más del 65% en catorce meses.
Ahora navega por este otro enlace. Verás que en la misma fecha del récord del petróelo del año pasado, el 19 de junio de 2014, la gasolina sin plomo de 95 estaba a 1,46 euros el litro y el gasóleo A se pagaba a 1,36 euros. Ahora -como puedes también comprobar en esa página- la primera está a 1,19 euros y el segundo a 1,06, luego han bajado en los últimos catorce meses en torno al 18% el primero y en torno al 22% el segundo.
Ya sé que hay otros factores en la configuración del precio de los carburantes -el cambio dólar/euro, por ejemplo-, pero cuando el precio del barril subía eran los propias empresas petroleras las que, tras encarecernos de inmediato y mucho los carburantes, lo justificaban con el casi único argumento de la subida de su materia prima: el crudo. ¿Ahora ya no vale el argumento? ¿A qué se debe que cuando la materia prima baja el 65% el producto final sólo baje en torno al 20%?
Y más preguntas, que nos hemos hecho aquí ya en varias ocasiones: ¿realmente funciona el libre mercado y las leyes de la competencia en el mercado de los carburantes? ¿Alguien se ocupa del consumidor, alguien vela por los intereses de los ciudadanos? ¿Tiene el Gobierno -este y los anteriores- algo que hacer o que decir? ¿Algún partido, nuevo o viejo, va a llevar en su programa electoral alguna reforma que acabe con estos abusos?

Así aspiran aún Podemos y Ciudadanos a romper el bipartidismo

Las encuestas más recientes confirman lo de la volatilidad del voto. Muchos ciudadanos están cambiando de apuesta sobre la marcha y con cierta frecuencia. Hace apenas seis meses, las encuestas dibujaban para las elecciones generales un mapa de cuatro grandes partidos con entre el 15% y el 25% de los votos cada uno de ellos. Ahora la mayoría de los sondeos dicen que no, que habrá una Primera División con dos formaciones claramente por encima del 25%, PP y PSOE, y una Segunda División con Podemos y Ciudadanos moviéndose entre el 10% y como mucho el 15% de los sufragios.
En los tres meses y medio que faltan para la cita electoral -si se confirma que los comicios serán el domingo 13 de diciembre-, ¿seguirá cambiando la intención de voto de muchos ciudadanos, continuará viva la volatilidad? ¿Y en qué dirección? ¿Se reforzará más el bipartidismo o volveremos a apuntar al tetrapartidismo? Pablo Iglesias y Albert Rivera, los líderes de las dos fuerzas emergentes, confían en lo segundo y han puesto sus respectivas maquinarias y estrategias electorales, la de Podemos y la de Ciudadanos, a trabajar en ello en este arranque de temporada.
En su ignoto retiro vacacional, y probablemente alarmado sobre todo por el Barómetro del CIS que se conoció el 5 de agosto y que le daba a Podemos un 12,6% en voto directo y un 15,7% en voto estimado frente a los 19,3% y 23,9% que le adjudicaba el Barómetro de enero, Iglesias ha decidido dar un giro a su política de pactos. Ayer, en una comparecencia pública, descartaba pactos postelectorales con el PSOE y se abría a pactos preelectorales con toda la constelación de izquierdas. Tendía puentes hacia formaciones surgidas en distintos territorios en las elecciones municipales de mayo pasado y que ahora propugnan la unidad popular de izquierdas para las generales e incluso coqueteaba con IU y su líder, a los que antes del verano desdeñaba con una cierta prepotencia. “Me encantaría contar con gente como Alberto Garzón”, decía ayer el líder de Podemos.
Rivera, por su parte, ha decidido hacer esfuerzos selectivos: además de las siete grandes circunscripciones donde tiene relativamente asegurado su éxito en escaños -Madrid, Barcelona, Sevilla, Valencia, Alicante, Málaga, Murcia…- concentrará la precampaña y la campaña de Ciudadanos en algunas provincias de Castilla y León y de Castilla-La Mancha donde la formación estuvo muy por encima de su media estatal en las recientes elecciones municipales y autonómicas.
Como os comenté aquí hace pocas semanas, nuestro sistema electoral le da una prima en escaños a los grandes partidos estatales, sobre todo en las elecciones generales, y les pone muy difícil a las terceras y cuartas formaciones conseguir escaños en las provincias medianas y pequeñas. Tanto la estrategia de Podemos de intentar aún sumar a IU y de abrirse a más pactos en comunidades o provincias con formaciones locales como la de Rivera de concentrarse sólo en algunas plazas donde pueda rentabilizar los votos intentan paliar esa dificultad de salida. En muchas circunscripciones, a Podemos y a Ciudadanos sólo les sirve ser medianos si no quedan muy alejados del PP de Mariano Rajoy y del PSOE de Pedro Sánchez en porcentaje de votos.

El resfriado chino y sus escalofríos aquí

Agosto es un mes peligroso en la economía globalizada.
En un agosto, el de 2007, estalló la crisis de los créditos subprime, considerada el prólogo y uno de los detonantes de la crisis financiera global.
En otro agosto, el de 2010, la economía de Estados Unidos dio tales indicios de fatiga que medio mundo se temió -como así fue para algunos, entre ellos España- que la crisis finalmente no iba a ser ni en forma de V ni en forma de L, sino en forma de W.
En agosto de 2011, más de lo mismo, con indicadores muy malos en muchas de las principales economías y además jornadas de infarto en la zona euro por la crisis de la moneda y de las deudas soberanas.
Este agosto, el sobresalto viene de China, la segunda mayor economía del mundo: en las últimas semanas su Bolsa se ha depreciado en torno a un 30%, las autoridades no han logrado parar el derrumbe con sucesivas devaluaciones de la moneda y muchos indicadores apuntan a una ralentización de la economía en su conjunto… El resfriado chino -o lo que sea, que los expertos no se ponen muy de acuerdo- ya está provocando compulsivos ataques de tos en todo Occidente. Por ahora, bursátiles. Hoy, lunes 24, de rojo intenso.
Los escalofríos no tendrían por qué extenderse a las economías reales europeas, pero algunos efectos dominó son peligrosos. Un ejemplo: el gran exportador europeo, Alemania, tiene en el gigante asiático a uno de sus principales mercados, y si la ralentización china se confirma nuestra locomotora germana podría aflojar también su marcha y tirar algo menos del vagón español. Otro ejemplo: China es uno de los grandes compradores de deuda pública de países occidentales, y si deja de hacerlo o lo hace menos se encarecerá la financiación de esas deudas.
Por si tuviéramos poco con China, otra gran noticia económica de agosto provoca nuevas incertidumbres: la caída del precio del petróleo. Hace unos meses, era una buena noticia, porque mejoraba la balanza exterior, la recuperación, los precios y el consumo en las principales economías importadoras de crudo y de carburantes. Ahora la caída es tan pronunciada y brusca en los últimos días (entre otras razones, por los escalofríos chinos) que muchas petroleras del primer mundo renuncian a los planes de exploración que tenían y anuncian despidos masivos.
Y aún le queda una semana a agosto.

Sánchez se consolida gracias a Madrid

El resultado de las primarias en las que los socialistas madrileños elegían ayer domingo a su nuevo/a secretario/a general es un gran éxito para la ganadora (Sara Hernández, 38 años, abogada; ojo a esta figura emergente: hace tres meses casi desconocida y ahora alcaldesa de Getafe -la 38ª ciudad española por población- y jefa de una de las federaciones socialistas más potentes) y sobre todo para su mentor en la sombra, Pedro Sánchez.
El palmetazo en la mesa que dio Sánchez en febrero pasado, cuando destituyó al entonces líder del PSM, Tomás Gómez, le ha acabado saliendo bien al secretario general socialista. Lo sustituyó para las autonómicas por un independiente, Ángel Gabilondo, que logró que Madrid fuera la única comunidad donde el PSOE superó sus resultados de 2011, y ahora logra que su candidata a dirigir el partido en Madrid, Sara Hernández, se imponga con claridad (57,6% frente a 42,3%) a Juan Segovia, candidato apoyado por algunos de los rivales internos que aún le quedan a Sánchez: el expresidente Zapatero (con el que desde hace meses tiene Sánchez una relación entre tirante y distante); Eduardo Madina, su rival en las primarias de hace un año; y Susana Díaz, presidenta andaluza y siempre teórico recambio de Sánchez en el liderazgo del PSOE si a este no le va bien en las próximas elecciones generales, previstas para este otoño.
A Juan Segovia le apoyaron los tres. Zapatero y Madina más a las claras, Díaz con mayor discreción. Batalla política perdida por estos (sin grandes víctimas, porque parece que Hernández va a integrar a Segovia en su Ejecutiva) y ganada por Sánchez, que cumple un año como secretario general mucho más consolidado.

Pedro Sánchez-Albert Rivera, la clarividente apuesta de El País

Son legendarios el tino y la clarividencia de El País en sus apuestas ante un proceso electoral. El año 2000 batió todos sus récords:
Marzo. Elecciones generales. José María Aznar versus Joaquín Almunia. Apostó por Almunia. Ganó Aznar.
Julio. Elecciones Real Madrid. Florentino Pérez versus Lorenzo Sanz. Apostó por Lorenzo. Ganó Florentino.
Julio. Elecciones Barça. Joan Gaspart versus Lluís Bassat. Apostó por Bassat. Ganó Gaspart.
Julio. Congreso del PSOE. José Bono versus José Luis Rodríguez Zapatero. Apostó por Bono. Ganó Zapatero.
Noviembre. Elecciones en Estados Unidos. George Bush frente a Al Gore. Apostó por Gore. Ganó Bush…
Desde entonces hasta aquí, tantos y tantos aciertos más.
Ahora parece que apuesta sin disimulos por PSOE más Ciudadanos para las próximas elecciones generales y el Gobierno subsiguiente.
Cuidaos, Pedro Sanchez y Albert Rivera.

Santiago: Nunca una mentira creó tanta verdad

25 de julio, día de Santiago.
Probablemente nunca en la historia del mundo una patraña -el imposible descubrimiento en el siglo IX de la tumba de un apóstol decapitado a unos 4.000 kilómetros de distancia casi 800 años antes- alumbró tanta civilización, tanta verdad.
El falso hallazgo de Santiago generó primero la iglesia y catedral, luego la ciudad y después el Camino de Santiago, y por él llegaron a la Península el arte románico, la reforma cluniacense, la poesía provenzal, la urbanización y el fenómeno de las ciudades, el turismo, el dinero, la burguesía, las obras públicas, la hostelería… La civilización, en suma…
Mi hijo Ignacio y yo le dedicamos a este fenómeno un capítulo en nuestro libro La nación inventada. Ahí va, de lectura de sábado… de Santiago

¿Gobierno polipartito a la vista?

Con las encuestas más recientes en la mano, y con la complejidad de hacer hoy cálculos de escaños cuando estamos pasando de un sistema bipartidista a un tetrapartidista asimétrico (dos partidos grandes más dos medianos; o tres grandes y uno mediano, no está claro aún), los cuatro aspirantes a la Moncloa -Mariano Rajoy, Pedro Sánchez, Pablo Iglesias y Albert Rivera- probablemente ya han llegado a la conclusión que la suma de dos no da mayoría en el Congreso de los Diputados. Parece difícil que PP más Ciudadanos o PSOE más Podemos o PSOE más Ciudadanos sumen 176 escaños. Sólo un muy improbable PP más PSOE podría alcanzarlo.
¿Qué hacer? ¿Empezar a pensar en una tercera pata de Gobierno y hacerle guiños cuanto antes? ¿Será por eso por lo que el líder del PSOE, Pedro Sánchez, decía ayer en Barcelona que, si tiene la oportunidad de gobernar, pedirá a los “nacionalistas moderados” que se incorporen a la “gobernabilidad y gobernanza” de España? Si a lo de “nacionalistas” añadió Sánchez lo de “moderados”, ¿será que piensa que PSOE más Podemos o Ciudadanos (uno de los dos) más nacionalistas moderados como PNV, Unió, Coalición Canaria, etc. sí sumarán 176? ¿Hipótesis de Gobierno polipartito a la vista?

El nuevo mapa político dificulta los cálculos electorales

A cuatro meses de las elecciones generales (o cinco meses, pues últimamente se especula con que serán o el 13 o el 20 de diciembre), comienzan a menudear las encuestas de muestra creo que insuficiente, pues se basan en unas 1.000 entrevistas, y de conclusión me temo que excesiva, ya que se atreven a pronosticar los escaños que obtendrá cada formación.
Como se sabe, nuestro Congreso lo componen 350 diputados que se eligen en 50 más 2 circunscripciones electorales: las 50 provincias más las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla. ¿Cuántas de aquellas 1.000 entrevistas creéis que se hacen en las provincias con poca población? ¿Doce o quince en cada una de ellas? ¿Es fiable el resultado de porcentaje de votos para cada partido con una muestra tan pequeña? ¿Y el resultado en escaños?
Imaginaos una provincia donde se eligen tres diputados (en las elecciones generales de 2011, había ocho provincias así en España) y un resultado muy ajustado entre la lista A y la B. ¿Unas doce o quince entrevistas son fiables para determinar que A gana en votos a B y eso quiere decir que en escaños la lista A logra 2 y la lista B solo 1? ¿Y si es exactamente al revés, 1 a 2?
Todos los institutos demoscópicos tienen ya larga experiencia en cocinar con atino las encuestas en esas pequeñas circunscripciones, pero de repente el guiso ha cambiado en origen. Hasta ahora, los dos principales partidos (PP y PSOE) sumaban más del 70% de los votos a nivel estatal (llegaron hasta el 83%), pero en las últimas elecciones ya no es así (en las europeas de mayo de 2014, sumaron el 49,06%; y en las municipales de hace dos meses, el 52,07%) y han aflorados dos partidos nuevos, Podemos y Ciudadanos, a los que encuestas recientes dan en torno al 15% de los votos al primero y sobre el 10%-12% al segundo.
¿Quién se atreve, con ese nuevo escenario, a repartir escaños de manera fiable en provincias pequeñas como las que decíamos antes o en provincias medianas en las que las entrevistas no han llegado ni siquiera a la treintena? ¿Qué diferencia de puntos porcentuales de votos ha de haber entre la segunda y la tercera lista para que esta última entre en el reparto de escaños? ¿Y entre la tercera y la cuarta? ¿Y qué ocurrirá si durante la campaña Podemos se acerca al 20% de los votos, y Ciudadanos al 15%? ¿Y si IU logra armar candidaturas bajo el paraguas de Ahora en Común y resta fuerza a Podemos? ¿Cómo funcionará ahora el voto útil en las circunscripciones pequeñas y medianas? Todo son dudas y más dudas.
El Congreso que se eligió en 2011 surgía así:
-De 2 circunscripciones muy grandes (Madrid, con 36 escaños, y Barcelona, con 31).
-De 5 grandes (Valencia, 16; Alicante y Sevilla, 12; y Málaga y Murcia, 10).
-De 18 medianas (Cádiz, Vizcaya, La Coruña, Baleares, Las Palmas y Asturias, con 8 escaños; Santa Cruz de Tenerife, Zaragoza, Pontevedra y Granada, con 7; y Tarragona, Córdoba, Girona, Guipúzcoa, Toledo, Almería, Badajoz y Jaén, con 6).
-De 16 pequeñas (Navarra, Castellón, Cantabria, Valladolid, Ciudad Real, Huelva y León, con 5; y Lérida, Cáceres, Albacete, Burgos, Salamanca, Lugo, Orense, La Rioja y Álava, con 4).
-Y de 11 muy pequeñas (Guadalajara, Huesca, Cuenca, Zamora, Ávila, Palencia, Segovia y Teruel, con 3; Soria, con 2; y Ceuta y Melilla, con 1).
Con esa distribución tan desigual de escaños, lo probable es que los dos partidos más votados (presumiblemente, PP y PSOE; salvo en las provincias con formaciones nacionalistas fuertes) acaparen casi todos los escaños de las circunscripciones pequeñas y muy pequeñas y de una gran parte de las medianas, y que sólo en las grandes y muy grandes circunscripciones logren representación la tercera marca en competición (Podemos, según las encuestas recientes), la cuarta (Ciudadanos), la quinta (IU), quizás la sexta (UPyD).
Una conclusión: los dos partidos más votados lograrán mayor porcentaje de escaños que porcentaje de votos. Y viceversa: los partidos secundarios tendrán menor o mucho menor porcentaje de escaños que porcentaje de votos, ya que todos sus sufragios recogidos en las circunscripciones pequeñas y muchos de los que logren en las medianas no generarán escaños.
Y otra conclusión: el sistema electoral (las 50 más 2 circunscripciones y la asignación de escaños por la Ley D’Hondt) puede darle al bipartidismo una nueva oportunidad de supervivencia.

El Eurogrupo, un poder oscuro dirigido por Alemania

La crisis griega arroja detalles del funcionamiento interno del Eurogrupo que cargan de razón a los que piensan que es uno más de los poderes oscuros, una de esas instituciones que pese a no ser democráticas, pese a que no surgen de procesos democráticos transparentes, ejercen un poder en ocasiones tiránico sobre Gobiernos soberanos, sí democráticos.
Las largas sesiones de negociación con Grecia ya permitieron ver algunos de esos detalles poco ejemplarizantes. Una entrevista ahora con Yanis Varoufakis -ministro de Finanzas griego hasta el lunes de la pasada semana- que hoy publica New Statesman -y en castellano El País– completa el obsceno retrato.
Varoufakis es un damnificado del Eurogrupo, cierto, pero no por ello pierde crédito en lo que cuenta. Y cuenta cosas como estas:

P. Cuando llegó usted, a principios de febrero, no habría una postura unificada…
R. Había varios que simpatizaban con nosotros a nivel personal, a puerta cerrada, sobre todo representantes del FMI. Pero dentro del Eurogrupo, aparte de unas cuantas palabras amables, nada. [El ministro alemán de Finanzas, Wolfang] Schäuble siempre mantuvo la misma actitud: ‘El programa no se discute, porque el gobierno anterior lo aceptó y no vamos a cambiar por una elección. Con 19 países, siempre hay alguna elección pendiente y, si cada vez cambiáramos las cosas, los contratos entre nosotros no tendrían ningún valor’. Entonces tuve que responder que quizá no habría que celebrar elecciones en los países endeudados, y nadie me respondió, un silencio que solo puedo interpretar como que les parecía buena idea pero difícil de llevar a la práctica. Así que el que no firmara se quedaría fuera.
(…)
P. ¿Cuál es el mayor fallo del funcionamiento del Eurogrupo?
R. El problema es que es un grupo sin existencia legalmente reconocida, sin un tratado que lo sustente, pero con el máximo poder para decidir sobre las vidas de los europeos. No responde ante nadie, no hay actas de las reuniones, y es confidencial. De modo que ningún ciudadano se entera nunca de lo que se discute. A pesar de que son decisiones casi de vida o muerte.
P. ¿Y el grupo está controlado por las actitudes alemanas?
R. No por las actitudes, sino por el ministro de Finanzas de Alemania. Es una orquesta muy afinada, dirigida por él. A veces, la orquesta desafina, pero él se encarga de que vuelva al redil.

Puedes hacer tus comentarios.

El corto diálogo con el que Fernando Trueba arrancó su carrera

Fernando Trueba ha sido galardonado hoy con el Premio Nacional de Cinematografía, y dice el jurado que se reconoce así «su indiscutible trayectoria profesional como director, productor y guionista, además de su labor en defensa de la profesión cinematográfica desde los inicios de su carrera como fundador de la revista Casablanca y como crítico en El País y la Guía del Ocio”.
Muchos creen que la carrera de Trueba en el mundo del cine comenzó y tomó ritmo con Ópera prima, aquella fresca e innovadora comedia de 1980. No, no es así. Rotundamente no. Su carrera había comenzado y acelerado en realidad con un cortísimo diálogo que Fernando escribió mentalmente para sí mismo un año antes, en 1979, y que interpretó de modo impecable y a la fuerza en un descansillo de un edificio de oficinas de Madrid.
Finales de 1978, quizás comienzos de 1979. Cuatro amigos, dos parejas, pasan un fin de semana en París y descubren Pariscope, una publicación de pequeño formato y gran éxito donde se recogían a modo de agenda las principales actividades de ocio y espectáculos de la capital gala.
-Esto no lo hay en Madrid –se dijeron a sí mismos aquellos viajeros-. ¿Y si fundamos algo parecido?
A su vuelta contrataron a un periodista, Juan Carlos Avilés, le montaron una pequeña oficina y le dieron el ejemplar de Pariscope para que se inspirara y lo adaptara a aquel Madrid que estaba a punto de ver nacer la movida.
-No teníamos ni secretaria –ha contado muchas veces Juan Carlos-. Una tarde llamaron al timbre y fui a abrir…
Cambio de plano. Exterior, calle. Una pareja de veinteañeros ha aparcado el viejo coche en doble fila. Ella se ha quedado sentada al volante, impaciente, y él se ha dirigido al ascensor.
-No sé cómo nos habíamos enterado de la dirección y del proyecto. Era quizás la tercera vez que íbamos. Yo no me atrevía a llamar, dejaba pasar unos minutos y bajaba y le mentía a Cristina. No hay nadie, no contestan… Pero esa vez ella me había dado un ultimátum. Baja con ese empleo. Improvisé el diálogo en el ascensor…
Nuevo cambio de plano. Interior. Oficina. Juan Carlos.
-Una tarde llamaron al timbre y fui a abrir. Me encontré enfrente a un tipo alto y desgarbado que con un ojo me miraba a mí y con el otro parecía que miraba al descansillo.
-Buenas. ¿Es aquí la Guía del Ocio?
-Pues… sí.
-Soy el crítico de cine.
-¡Pero si no tenemos!
-¡Por eso!
Y se quedó.