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Felicitaciones a Rajoy por la tragedia y comedia Rato

Los antiguos griegos se inventaron el teatro hace unos dos milenios y medio como fórmula para dar cauce público a pasiones y tensiones colectivas. Escena, orquesta, graderío, proscenio, coro, corifeo, máscaras, zuecos… Tragedia y comedia, llantos y risas. El teatro era la segunda fórmula del debate público, el contrapunto de la primera, que era el ágora de la polis.
Mariano Rajoy, que al fin y al cabo es un clásico, se apuntó ayer un gran éxito como corifeo en la Función Rodrigo Rato, en la Tragedia y Comedia Rato. El despliegue del registro, el escenario montado en plena calle con sus docenas y docenas de cámaras, el escamoteo y salida de escena del hasta ahora antagonista Montoro, la aparición del secundario que le puso la mano en la cabeza al protagonista y exvicepresidente para ayudarlo a entrar en el coche y a los compañeros fotógrafos para ayudarlos en el encuadre, el traslado al segundo escenario, los horarios perfectamente ejecutados para la pena de telediario y de portadas impresas… y luego, ya retirado el público a dormir a pierna suelta, satisfecho de la función y de su efecto purificador y catártico en la conciencia colectiva, la vuelta a casa discreta del sujeto y su frase y colofón final a la agencia pública: “He colaborado con la Justicia porque tengo confianza en ella”.
¡Chapeau, corifeo Rajoy! ¡Plas, plas, plas, plas! ¡Felicitaciones!
Ahora, señor presidente del Gobierno, vaya usted al escenario principal del debate público de los griegos, acuda al ágora. Al Parlamento a dar explicaciones, todas las explicaciones. Sobre la amnistía fiscal, sobre los amnistiados, sobre los investigados por blanqueo -los 705 políticos o relacionados con la política-, sobre Cristóbal Montoro y la Agencia Tributaria… y, por supuesto, sobre la función de ayer y sobre su excompañero de Gobierno y de dirección del PP Rodrigo Rato y Figaredo.

PD. El jefe de aquel Gobierno, José María Aznar López, donde tanto poder tenían Rajoy y Rato y Montoro; el jefe de aquel partido “incompatible con la corrupción”, ¿dónde anda estos días, en qué desiertos remotos y montañas lejanas medita profundamente?
PD2. Un alto cargo de Moncloa me decía ayer por la tarde/noche: “Acabamos de detener a Rato”. “Acabamos”, primera del plural.

Gobiernos sólo con pactos

Una encuesta situaba en Extremadura hace poco más de un mes al PP cerca de la mayoría absoluta, con cierta ventaja sobre el PSOE, certificaba que Podemos entraba con bastante fuerza en el Parlamento regional y dejaba fuera de él tanto a IU como a Ciudadanos. Otra mucho más reciente que me cuentan -probablemente influida por la realidad de las elecciones andaluzas- pinta un panorama bien distinto: el PP cae hasta perder la primera posición, y se queda con 26 escaños; el PSOE se recupera hasta los 29, Podemos logra 6, Ciudadanos entra con 3 e IU sigue fuera.
Es el signo de los tiempos: volatilidad del voto, trasvases fuertes entre formaciones cercanas e incluso no tan cercanas, fin de las mayorías absolutas… y pactos obligatorios para el que quiera gobernar.
En Extremadura, y probablemente también en Madrid, en la Comunidad Valenciana, en Castilla-La Mancha, en Asturias, en Navarra… y en muchos grandes ayuntamientos. Y en Andalucía, por supuesto, donde a la socialista Susana Díaz le está costando mas de lo que probablemente esperaba asegurarse la investidura como presidenta.

Podemos no parece partido para mujeres

Pablo Iglesias, el líder de Podemos, presentaba ayer en Madrid a los cabezas de lista de su formación en las elecciones que se van a celebrar el próximo 24 de mayo en 13 comunidades autónomas. La foto era muy ilustrativa: 11 hombres (12, incluyendo a Iglesias) y 2 mujeres.

Hace ya meses, me comentaba uno de los principales dirigentes de Podemos: “Tenemos una laguna en nuestra expansión y en nuestro crecimiento: las mujeres”. Y, en efecto, se va uno a las tripas de los estudios del CIS y salta a la vista. Último Barómetro con intención de voto, el de enero pasado. Pregunta número 18. “Suponiendo que mañana se celebrasen elecciones generales, es decir, al Parlamento español, ¿a qué partido votaría Ud.? (RESPUESTA ESPONTÁNEA)”. A Podemos en total, 19,3%. Pero entre hombres alcanza el 22,9%, mientras que entre mujeres se queda en el 15,7%. Más de siete puntos es una brecha enorme, ningún otro partido tiene tanta diferencia entre sexos.

Más reciente. Preelectoral de Andalucía, también del CIS. Pregunta número 13. “Y, suponiendo que las elecciones al Parlamento de Andalucía se celebrasen mañana, ¿a qué partido o coalición votaría Ud.? (RESPUESTA ESPONTÁNEA)”. A Podemos, 13,7%. Entre hombres, el 16,0%. Entre mujeres, bastante más abajo: el 11,5%.

Los cabezas de lista para las autonómicas de mayo surgen en Podemos de procesos abiertos a los militantes, cierto, pero ese balance de sexo que les ha salido (11 hombres y 2 mujeres) previsiblemente no le va a ayudar a quitarle a Podemos el aire de no ser partido para mujeres.

Las líneas rojas de Ciudadanos con el PP

Tras la orden de prietas las filas y no me monten jaleo dada ayer por Rajoy a sus huestes, el PP se encamina a las elecciones locales y autonómicas del próximo 24 de mayo resignado a su suerte. Da la impresión de que el presidente pone todas sus esperanzas de evitar el desastre que se vio en las andaluzas y que le auguran muchas encuestas en dos cosas. En que la incipiente recuperación económica se note realmente en los bolsillos de los ciudadanos… y en hacer lo más posible la rosca a Ciudadanos en estas 7 semanas que faltan para los comicios para ganarse su apoyo en posibles investiduras de alcaldes o presidentes autonómicos y mitigar así lo más posible la previsible pérdida de poder.
Todas las encuestas indican que, en general, nos encaminamos del bipartidismo al tetrapartidismo, y que en muchos de los comicios venideros, y especialmente en las elecciones generales previstas para otoño, tendremos a cuatro formaciones con entre el 15% y el 25% de los votos. Si ese designio se cumple y se han acabado los tiempos de las mayorías absolutas, los pactos de gobierno de a dos o de a tres son inevitables, y el PP considera que si la facción socialista pro gran coalición no convence a Pedro Sánchez de que pacte con Rajoy, su aliado más probable será Ciudadanos.
¿Lo ve de igual manera Ciudadanos? No tanto. Su líder, Albert Rivera, ha hecho bandera estos meses de las medidas anticorrupción, y esa línea roja de no apoyar a gobiernos que tengan imputados en sus filas es hoy, por ejemplo, lo que le está impidiendo a la socialista andaluza Susana Díaz lograr el apoyo de Ciudadanos para su investidura en el Parlamento Andaluz.
Entrevisté a Rivera hace apenas un mes, y ya lo dejó meridianamente claro.

-¿Pactaría con el PSOE?, le pregunté.
-Con los ex presidentes de la Junta imputados, no, no, no- me contestó.

Y así ha sido, por lo que estamos viendo.
Unos minutos después, también le pregunté al líder de Ciudadanos sobre el PP.

-Me decía que no pactaría con el PSOE de Andalucía si antes no hace determinadas digamos señales contra la corrupción. ¿Y con el PP?
-Son tres cuartas partes de lo mismo. A mí me parece que el Partido Popular tiene que hacer limpieza, y que si no hay limpieza pues nosotros no nos podemos manchar. Creo que los partidos nuevos no podemos participar de una especie de pasteleo para lavarle los problemas de los demás. Si hay que pactar cosas con un Partido Popular o con un Partido Socialista, si tenemos que compartir Gobierno, será porque compartimos principios. Y para mí, un principio básico es la ética en la política, la limpieza en la política y la transparencia en ese sentido…
-¿Lavar para el PP sería también asumir responsabilidades políticas por lo que ha pasado en su sede central, por esos sobres o sobresueldos, por esas reformas del edificio que parece que se hacían en B, en dinero negro?
-Sin duda. Creo que la espada que pende ahora mismo sobre Rajoy y su equipo de Gobierno y sobre todo el partido es el caso PP, el caso Bárcenas. Es imposible que la gente confíe en este presidente y en este Gobierno si nadie asume responsabilidades por todo eso que estamos sabiendo, que a lo mejor estamos ante la punta del iceberg.

Con esas palabras tan recientes, no veo a Ciudadanos dando por ejemplo su apoyo para la Alcaldía de Madrid a Esperanza Aguirre, que ha sido la jefa y promotora política de docenas de imputados en Gürtel y otros escándalos de corrupción, o apoyando al propio Mariano Rajoy en una hipotética sesión de investidura en otoño, tras no haber asumido nadie en el PP, como recuerda el propio Rivera, responsabilidad política alguna sobre el caso Bárcenas.

Los buenos y los malos datos del paro

Los datos de paro registrado y afiliación a la Seguridad Social a marzo, hechos públicos esta mañana por el Ministerio de Empleo, son por lo general buenos. Sobre todo, el de afiliación, que sube con fuerza tanto en el mes como en el interanual. Nuestra economía, tan basada en el turismo, ha entrado en en temporada alta con la Semana Santa. Lo malo es que en ese entorno favorable hay cosas que no mejoran (la estabilidad del empleo o el empleo para jóvenes, por ejemplo), y algunas otras que incluso empeoran muchísimo, por ejemplo las prestaciones a los parados. Los datos son escalofriantes. Nuestra sociedad está echando a la marginalidad a una porción creciente de la población, la brecha de la desigualdad se está abriendo aún más.
Estos son los datos más significativos que he visto en los informes de Empleo, tuiteados en caliente esta mañana:

Rajoy toca a rebato

“Tendremos que corregir lo que haya que corregir”, decía ayer martes Mariano Rajoy, nueve días después de que el hundimiento electoral del PP en las elecciones andaluzas hayan desatado en el partido y en el Gobierno todos los miedos a una hecatombe similar en las autonómicas en 13 comunidades y las locales en toda España previstas para el próximo 24 de mayo. Aunque por lo general de pasos lentos, Rajoy se ha aplicado hoy mismo su propio consejo y ha tocado a rebato. Ha convocado para el próximo martes nada menos que a la Junta Directiva Nacional, el máximo órgano del partido. Hacía ya dos años que no se reunía.
El debate interno en el partido del Gobierno se centra ahora en si corregir algo de lo que se ha hecho o si corregir sólo la manera en que se ha explicado, en si los hechos o si la comunicación, en si el contenido o si el continente. Incluso quizás se hable de si lo que hay que corregir, lo que hay que cambiar, son algunas personas: la secretaria general, los portavoces… No lo dirá probablemente allí en público ninguno de los asistentes, pero alguno quizá esté pensando también si hay que empezar a hablar del líder máximo, en sí hay que cambiar a Mariano Rajoy. No ahora, no antes de la cita electoral de mayo, pero sí para las generales de otoño.
En el PP está empezando a pasar hoy como en el PSOE pasó hace cuatro años, cuando algunas voces pedían el anuncio de la retirada de Zapatero antes de las municipales y autonómicas de aquella primavera, como un bálsamo para evitar el desastre en las urnas. El anuncio finalmente se produjo. Hace ahora cuatro años, Zapatero dijo ante el órgano máximo del PSOE entre congresos que no sería candidato en las siguientes elecciones generales, pero aquel anuncio no evitó el hundimiento socialista ni en aquellos comicios ni en los siguientes, las generales de noviembre.
Corrijan lo que corrijan, Rajoy y el PP tienen ahora tan complicado cambiar la tendencia electoral como Zapatero y el PSOE entonces. Con una diferencia externa notable. En 2011, la alternativa al deteriorado PSOE solo era el PP. Ahora, el campo se ha abierto, y las alternativas al deteriorado PP son PSOE, Ciudadanos e incluso Podemos. Quizás en esa previsible dispersión del voto tenga Rajoy puestas sus últimas esperanzas de salir políticamente vivo del envite que le viene en mayo y en otoño.
Atentos el martes a las correcciones.

A UPyD se le ha estrechado mucho el mercado

UPyD afronta estos días quizás el momento más delicado de su corta historia. Tras el desastre electoral del pasado domingo en Andalucía, las tensiones internas que sacuden a la formación desde que su líder, Rosa Díez, descartara hace unos meses pactar con Ciudadanos han aflorado en toda su intensidad.
La previsión sobre el futuro de UPyD no es optimista. Es más bien lo contrario. El partido tiene muchas papeletas para acabar o desapareciendo o convirtiéndose en irrelevante o residual. Y es una pena, porque tanto en algunos ayuntamientos y comunidades autónomas como en el Congreso de los Diputados ha jugado un buen papel en la regeneración de la política, en la denuncia de la corrupción y en alentar un debate público más transparente y democrático. Pero así es el marcado, incluso el mercado de las ideas políticas. Dos productos nuevos, Podemos y sobre todo Ciudadanos, le han arrebatado en un pispás a UPyD el hueco que tan trabajosamente durante una década se había abierto a codazos entre los dos grandes partidos -PP y PSOE- que dominan el escenario desde hace ya más de 30 años.
Rosa Díez, que tuvo el enorme mérito de fundar UPyD y hacerlo crecer, tiene ahora el demérito de no haber sabido reaccionar a tiempo ante el cambio súbito de hábitat que le venía. Ya al arranque del otoño pasado, cuadros internos de UPyD que analizaban los pequeños detalles de las encuestas contaban su preocupación porque alguien tan alejado ideológicamente de ellos como es Podemos les estaba minando apoyos electorales en colectivos como, por ejemplo, los jóvenes universitarios. Cuando poco después Albert Rivera, el líder de Ciudadanos, anunció que su formación quería expandirse desde Cataluña a todo el territorio nacional y planteó a Díez explorar la posibilidad de una fusión de los dos proyectos, la líder de UPyD debería habérselo tomado con mayor interés y menos displicencia y soberbia. Hoy la contundencia de los datos de Andalucía -Ciudadanos, el 9,28% de los votos; UPyD, el 1,93%- ya no apuntan a un escenario de posible nueva negociación entre iguales sino más bien a una desbandada de militantes y dirigentes de la formación de Díez a la de Rivera.

Rajoy hoy, como Zapatero en 2011

“Los últimos días han sido muy duros para José Luis Rodríguez Zapatero. Se ha visto solo, incomprendido, lleno de dudas sobre si realmente se había convertido en un problema para el PSOE y para España y enormemente presionado por los muchos dirigentes socialistas que querían jubilarlo, o cuando menos prejubilarlo.
Unos, los barones territoriales (Barreda, Fernández Vara, Tomás Gómez…), le presionaban porque creen que la marca ZP les resta votos en las elecciones autonómicas y municipales del próximo 22 de mayo. Hasta Patxi López presionaba, pese a que en Euskadi no toca ahora hacer elecciones autonómicas. Otros, los números dos de ZP en Madrid, Rubalcaba y Blanco, presionaban más sutilmente y por otra razón: los largos meses de incertidumbres sobre el futuro de Zapatero, fomentados por el propio presidente, ya les habían convencido de que heredarían uno el Gobierno o al menos la candidatura a presidirlo y otro el partido, y veían nerviosos cómo corrían los días en el calendario -incluido el Comité Federal del 26 de febrero- sin que esas expectativas se cumplieran…”

Así comenzaba una entrada que escribí en este blog hace casi 4 años, el 2 de abril de 2011. Si hoy pusiéramos “Mariano Rajoy” donde entonces decía “José Luis Rodríguez Zapatero”, y “PP” donde decía “PSOE”, y algunos nombres propios de dirigentes socialistas los sustituyéramos por otros populares, tendríamos una crónica casi de última hora.
El hundimiento ayer del PP en las elecciones andaluzas -“el resultado es infinitamente peor de lo esperado”, ha dicho esta mañana Margallo, el ministro de Exteriores- ha desatado los miedos, sobre todo entre los que dentro de dos meses se van a jugar en las urnas autonómicas y municipales su continuidad en el cargo público o incluso su supervivencia en la política.
Rajoy -que se ha implicado en la campaña andaluza mucho más de lo que estaba inicialmente previsto- ya huele para alguno de los suyos a apestado, a perdedor, a mala compañía, como lo olía Zapatero para algunos dirigentes socialistas hace 4 años, también en vísperas de las elecciones municipales y autonómicas.
Los miedos, larvados hasta ahora, han comenzado a mostrarse hoy. Ha sido significativa, esta mañana, la reunión del Comité Ejecutivo Nacional del PP, que preside Rajoy, y donde previsiblemente se iba a analizar el resultado electoral de Andalucía. La mayoría de los barones territoriales no han acudido. Juan Vicente Herrera (Castilla y León), Pedro Sanz (La Rioja), Ignacio González (Madrid), Alberto Núñez Feijóo (Galicia), Alberto Fabra (Comunidad Valenciana), Alberto Garre (Murcia), José Antonio Monago (Extremadura), Juan José Imbroda (Melilla), Luisa Fernanda Rudi (Aragón), Ignacio Diego (Cantabria), José Ramón Bauza (Baleares). Habrán dado otras explicaciones, pero algunos de ellos no han querido hacerse hoy la foto con los perdedores de ayer, Juanma Moreno -que sí asistía- y Mariano Rajoy.
A la desafección de los suyos -y a la caída de su propia estrella por la mala gestión de la crisis-, Zapatero reaccionó en la primavera de 2011 con el anuncio de que no sería el candidato socialista a presidente del Gobierno en las siguientes elecciones. No veo a Rajoy anunciando ahora nada similar (entre otras cosas, porque a ZP y al PSOE no les sirvió de nada, y perdieron con estrépito las municipales, las autonómicas y las generales de 2011), pero algo tendrá que hacer el presidente del Gobierno y del Partido Popular. El PP recibió un serio aviso del electorado en las europeas de mayo de 2014, y no reaccionó, y ha recibido ahora un segundo aviso, en Andalucía. Permanecer impasible e inmóvil, como acostumbra hacer Rajoy cuando tiene que gestionar una crisis, sería ahora resignarse a la hecatombe.

Un seísmo y un segundo recado al PP

Con un seísmo de intensidad media/alta, los andaluces han inaugurado un nuevo mapa político para toda España. Ya es oficial: se acabó el bipartidismo, vamos hacia el tetrapartidismo.
El PSOE andaluz -el más fuerte de los PSOE- aguanta el tipo, el PP se hunde (14 puntos porcentuales menos de votos que en las andaluzas de 2012, del 40,6% al 26,7%), también se desploman IU (del 11,35% al 6,89%) y UPyD (el 3,35% al 1,93%), y dos fuerzas nuevas, Podemos (14,85% de los votos) y Ciudadanos (9,25%), entran en el centro de la escena y logran casi uno de cada cuatro sufragios, algo impensable hace apenas un año. Véase estos datos: En las europeas de mayo de 2014, hace solo 10 meses, Podemos tuvo en Andalucía 189.882 votos, y Ciudadanos, 46.299. Ahora en las andaluzas, Podemos ha logrado 589.322 y Ciudadanos 368.559. Pasan de sumar el 8,8% de los votos a tener el 24,1%. Este espectacular despegue certifica la enorme pulsión de cambio en la sociedad española que venían anunciando las elecciones europeas de hace 10 meses y todos los sondeos posteriores.
El PP, claro perdedor en las andaluzas, ha recibido un recado descomunal, prólogo de los que probablemente recibirá en mayo, en las municipales y en las autonómicas en 13 comunidades, y en las generales de otoño. Ahora no sólo ha caído 14 puntos estando en la oposición, sino que ni siquiera es el partido más votado en ciudades que gobierna como Sevilla, Huelva, Jerez o Algeciras -en las que gana el PSOE- o Cádiz -donde gana Podemos-.
Las europeas de hace 10 meses, las primeras urnas que apuntaron el fin del bipartidismo, desataron una crisis en el PSOE que acabó con la sustitución de Rubalcaba por Pedro Sánchez. El PP de Mariano Rajoy, también malparado en aquellos comicios, no reaccionó. ¿Será capaz ahora? ¿Está aún a tiempo?

El domingo en Andalucía, entre ventolera y huracán

Las encuestas fallaron ayer estrepitosamente en las elecciones israelíes. Incluso las hechas a pie de urna (a las que, curiosamente, se llama ‘israelitas’). Decían anoche estas últimas que el conservador Likud, el partido de Benjamin Netanyahu, había prácticamente empatado a 23/25 escaños con la coalición de centroizquierda Unión Sionista, que encabeza el laborista Isaac Herzog. Los israelíes se fueron a la cama con esos datos y hoy se han desayunado con una realidad bien distinta: la Unión Sionista ha conseguido 24 escaños, sí, pero Likud se ha ido a 30.
Prácticamente todas las encuestas que se han publicado estos días sobre las elecciones andaluzas del próximo domingo coinciden en algunas líneas generales básicas:
-Ganará el PSOE de Susana Díaz, con entre el 32% y el 37% de los votos (tuvo el 39,5% en las anteriores elecciones, en marzo de 2012), y quedará lejos de la mayoría absoluta en escaños (está en 55, pues el Parlamento Andaluz tiene 109).
-El PP caerá entre bastante y mucho respeto a las anteriores elecciones andaluzas, en las que obtuvo el 40,7% de los votos. Las encuestas le sitúan ahora en una horquilla entre el 22% y el 30%.
-Dos partidos nuevos entran con fuerza y toman la tercera y la cuarta posición en el ranking: Podemos, con entre el 15% y el 19%, y Ciudadanos, que podría llegar hasta el 11%.
-IU, que en 2012 fue la tercera fuerza, con el 11,3% de los votos, cae al quinto lugar, con entre el 6% y el 9%.
-UPyD tiene difícil entrar en el Parlamento, y el Partido Andalucista, prácticamente imposible.
¿Se cumplirán el domingo estos pronósticos? Da la impresión de que en ninguno de los partidos se fían mucho. Ya en las anteriores andaluzas hubo una desviación monumental entre la realidad y las encuestas. Estas le daban al PP un triunfo holgado y al PSOE un hundimiento estrepitoso, y al final sólo los separó un punto porcentual en los votos: 40,6% el PP frente a 39,5% el PSOE. Ahora la probabilidad de error de las encuestas es mayor por la emersión de dos fuerzas nuevas, Podemos y Ciudadanos, que están erosionando claramente a las dos grandes tradicionales, PSOE y PP, pero que es difícil para los expertos demoscópicos calcular cuánto y dónde.
Es evidente que hay una pulsión de cambio en la sociedad andaluza, pero es difícil cuantificar las distintas direcciones de ese viento, y si estamos ante una ventolera media y poco durable o ante un huracán arrasador.