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Al PP ya no le vale sólo con pedir disculpas

Esperanza Aguirre el lunes y Mariano Rajoy ayer martes piden disculpas por la corrupción en el PP. Es un buen paso. Tardío, un poco tibio, pero es mejor eso que nada. Probablemente más basado en el miedo a que los ciudadanos le pasen factura al PP en las próximas urnas que en la decencia y la ética política, pero es mejor ver a la cúpula popular pidiendo excusas que mirando hacia otro lado y negando la evidencia: docenas, probablemente centenares de altos cargos públicos y de dirigentes orgánicos del PP se han corrompido poco, mucho o muchísimo al calor del enorme poder político que el partido ha atesorado durante muchos años. Los documentos judiciales o policiales de los casos Gürtel, Bárcenas, Brugal, Palma Arena, Fabra, tarjetas black, Púnica, etcétera, etcétera están llenos no sólo de indicios, sino también de evidencias.
Pero a estas alturas, el paso de Aguirre y de Rajoy no es suficiente. Asumir la responsabilidad política no es salir media hora en una rueda de prensa o dos minutos en una comparecencia parlamentaria y mostrarse compungido y decirse avergonzado. Requiere algo más, mucho más. Sobre todo cuando -contrariamente a lo que aún dicen desde la cúpula del PP-, la corrupción no ha sido sólo un fenómeno que afectaba a individuos. Las últimas investigaciones y los más recientes autos del juez Ruz indican que en la sede central del PP se extendieron prácticas corruptas en las más altas esferas y niveles de decisión y durante largos, larguísimos, años. Ya no son sólo indicios; son evidencias, son pruebas. En uno de sus últimos autos, Ruz ya no utiliza la palabra “presuntos”.
Da la impresión de que vamos a seguir conociendo, por goteo o a cataratas, más detalles y más nuevas historias negras de corrupción del partido de Esperanza Aguirre, de Mariano Rajoy y de José María Aznar. La catarsis a que quizás esté inevitablemente llamado el PP deberían hacerla cuanto antes. Y una catarsis no es pedir perdón con la boca pequeña.

Los carburantes bajan, pero mucho menos de lo que deberían bajar

“El precio de la gasolina, en mínimos desde 2011″, informábamos alborozados muchos medios de comunicación estos días pasados. Era una buena noticia, en efecto. Pero le faltaban algunos detalles que la matizaban mucho. Los precios de los carburantes son hoy entre un 5% y un 10% más baratos que hace cuatro meses… pero el precio del petróleo se ha abaratado mucho más, en torno al 25%. ¿Dónde están los 15 o 20 puntos porcentuales de diferencia?
Me he ido a la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC), a ver si saben algo. Su último informe sobre carburantes se refiere a julio-agosto, y lleva fecha del 2 de octubre pasado. Juraría que su antecesora, la Comisión Nacional de la Energía, era más rápida… pero hasta la CNMC ya vio cosas raras en las gasolinas en julio y agosto, cuando los precios del crudo empezaban a desplomarse y los de sus derivados mucho menos.
Por ejemplo, en la página 10 del informe: en julio, el margen bruto promedio (la diferencia entre el precio antes de impuestos y la cotización internacional de referencia) de la gasolina de 95 se incrementó para las petroleras en un 5,3%, hasta situarse en los 16,4 céntimos por litro, y en un 4% en agosto, hasta alcanzar los 17,1 céntimos.
Otra pista en las páginas 29 y 30, en los gasóleos: el margen bruto creció un 2% en julio y en un 2,3% en agosto.
Tercera pista, en la página 31: “En agosto de 2014, los precios antes de impuestos de la gasolina 95 en España fueron superiores a los de las medias europeas (+3,5 c€/lt vs. la zona euro y +4,6 c€/lt vs. la UE-28)”. Y en la página 32: “en agosto, los precios antes de impuestos del gasóleo A en España fueron superiores a los de las medias europeas (+4,3 c€/lt vs. la zona euro y +4,3 c€/lt vs la UE-28)”.
Como escribí aquí en febrero pasado, tras otro informe de la CNMC, “con el anterior Gobierno de ZP y con el actual de Rajoy, ¿realmente funciona el libre mercado y las leyes de la competencia en este mercado? ¿Alguien se ocupa del consumidor, alguien vela por los intereses de los ciudadanos? ¿Y el ministro Soria qué dice de esto?”

Lo bueno y lo malo de la EPA

Aznar y Rajoy saben, pero no contestan

Lo de Rodrigo Rato –exvicepresidente del Gobierno y número 2 del Ejecutivo con José María Aznar de presidente, exministro de Economía y Hacienda también con Aznar, ex director gerente del FMI, expresidente de CajaMadrid y de Bankia- huele muy mal. La gestión en Bankia, las tarjetas B, el pago de 6 millones que le hizo Lazard… Pero estaríamos ante corrupción personal, ante golfadas personales para enriquecerse el sujeto.
Lo de Ángel Acebes –exsecretario general y número 2 del PP con Mariano Rajoy de número 1, exministro con Aznar, exdiputado, exsenador, exalcalde- huele también muy mal, pero aun siendo menores las cantidades y aun no habiendo indicios –en esto concreto de Libertad Digital- de enriquecimiento personal, es políticamente mucho más grave. No estamos ante un nuevo caso de corrupción de un político, sino del PP en su conjunto, del principal y más poderoso partido. No era Ángel Jesús Acebes Paniagua el que como tal presuntamente delinquía, era el secretario general y número 2 del PP el que presuntamente lo hacía.
A Rato, el PP presidido por Rajoy le amaga con un expediente… que archiva tan pronto como el propio Rato pide la suspensión temporal de militancia. El Partido Popular parece que no quiere saber oficialmente qué hizo y qué no hizo en CajaMadrid/Bankia su ilustre hijo.
A Acebes, el PP no le abre expediente alguno, quizás porque la cúpula del partido sabe perfectamente lo que hacían todos ellos juntos con la financiación irregular, con la caja B, con las obras en B, con los sobres, con los sobresueldos…
Aznar y Rajoy -esos dos grandes regeneradores democráticos- saben, pero por ahora no contestan.

Podemos, de antisistema de extrema izquierda a transversal y de centro

En los cuarteles generales de los partidos tradicionales (PP, PSOE, IU, incluso UPyD o ERC), probablemente hoy lunes están aún más intranquilos con Podemos que el viernes pasado. En vísperas de la asamblea constituyente de la formación que lidera Pablo Iglesias, celebrada este fin de semana pasado, se albergaba alguna esperanza de que el modelo asambleario de organización le hiciera si no saltar por los aires sí al menos abrir fuertes fracturas internas que le mermaran mucho en su recorrido futuro. No ha sido así, al menos por ahora; habrá que ver si en las próximas semanas se desencadenan algunas disensiones en los círculos tras imponer el equipo fundador de Podemos una forma de organización más vertical que horizontal (parecida a la que critican en otros partidos) y matizar algunas de sus propuestas más radicales.
Ya no se habla, por ejemplo, de no pagar la deuda pública, sino de una reestructuración ordenada para “recuperar un nivel de endeudamiento y una senda de sostenibilidad de la misma que posibilite la recuperación de los niveles de bienestar de la población”. El entrecomillado lo firmaría cualquier socialdemócrata. Ya no estamos ante una organización casi antisistema de extrema izquierda (véanse las propuestas aprobadas ayer) sino ante una formación que mantiene, es cierto, su discurso anticasta y de sublimación de la indignación ciudadana, pero que se dice trasversal y que, en palabras de Iglesias, aspira a ocupar “la centralidad del tablero”. ¡Vuelve la mística del centro, ese centro en el que, según sociólogos y politólogos -y los fundadores de Podemos lo son-, siempre se han ganado las elecciones en España!
Con estos nuevos planteamientos, lo que Podemos probablemente busca es asustar menos a una parte de esa enorme masa de electores indignada con los partidos tradicionales, pero temerosa de un cambio demasiado brusco, de una revolución.
Los que quizás sí se están asustando son sus partidos competidores, y al fin y al cabo todos lo son si realmente Podemos logra calar entre los ciudadanos como transversal. Ven que la formación de Pablo Iglesias no se conforma ni con el 8% de votos que tuvo en las europeas de mayo pasado ni con el 15%-18% que ahora le dan algunas encuestas; que quiere realmente “tomar el cielo por asalto” y que está convencida de que puede hacerlo.

Tarjetas B, ébola y otros tuits recientes

Esperando a los no barbudos de la sierra

En los partidos políticos hay quien todo lo mira y analiza en términos de réditos o débitos electorales. Cuando las elecciones están cerca, como es el caso, andan con la calculadora permanentemente echando humo.
En el PP, pasaron el verano tranquilos. El gurú demoscópico interno, Pedro Arriola, les había contado a Rajoy y a la cúpula que, según sus cálculos, el Partido Popular iba a salir bien parado del ciclo electoral de 2015. Perderían muchos votos respecto al ciclo anterior, pero la fragmentación del voto en la izquierda, con la llegada de Podemos, les permitiría retener casi todo el poder que ahora tienen en ayuntamientos, comunidades autónomas y, por supuesto, Gobierno central.
Pero Arriola propone y la política dispone: el cambio de rumbo sobre el aborto, las enormes incertidumbres sobre lo de Cataluña, el estallido del escándalo de las tarjetas B de CajaMadrid -entre sus 86 implicados, 28 del PP- y la nefasta gestión y comunicación de la crisis del ébola han llevado la preocupación a la cúpula del partido de Rajoy.
-Cada vez que el jueves pasado abría la boca el consejero de Sanidad de Madrid se nos iban unos doscientos mil votos -me decía ayer en la recepción del rey un alto cargo del Gobierno-. Cuando conocemos detalles nuevos del uso de las tarjetas, otros tantos votos. Y esperemos que Alberto [Ruiz-Gallardón] no funde un partido nuevo a la derecha…
En lo del rey, cita anual de chismes y contubernios de la clase política, había ayer en todos los corros una sensación crepuscular. Se hablaba mucho de Cataluña, de las tarjetas B, del ébola… y de Podemos, probable destino final de muchos de los votos de la indignación ciudadana. Parecía como si, desde Palacio, algunos miraran hacia la sierra atisbando si los revolucionarios se preparaban ya para bajar a tomar el mando. Esta vez no barbudos y con armas sino con coleta y con votos.

Rajoy y Mato, a ver si escampa

Ana Mato, hoy ministra de Sanidad cuestionada como nunca, fue la directora de la campaña electoral del PP en las últimas elecciones generales, las de 2011. Fue una campaña exitosa, el Partido Popular logró una contundente mayoría absoluta. De ahí viene en parte el apoyo cerrado de Rajoy a Mato, tanto hace ya dos años, cuando las corruptelas de Gürtel salpicaban a la ministra, como ahora, con la tormenta desatada por su gestión de la crisis del ébola. Rajoy es constante y paciente en sus filias y sus fobias. A los amigos, fieles y partidarios los apoya contra viento y marea, y a los enemigos y rivales (sobre todo si son internos) los espera también sin prisa para eliminarlos con frialdad de forense. Véase el caso de Gallardón, recientemente.
El curso político que hemos arrancado hace un mes es electoral, con la vista en las locales y autonómicas que tendremos en mayo de 2015 y las generales como muy tarde en noviembre. Ya todo en la política se hace y se deshace, se ratifica o se rectifica, con cálculos electorales. Electoral está siendo la actitud de Rajoy con Cataluña, electoral fue la rectificación de Rajoy y del Gobierno sobre la reforma de la ley del aborto, electoral está siendo en el Gobierno y en la oposición su reacción al escándalo de las tarjetas de Caja Madrid…
La crisis del ébola ya es también un asunto electoral. De alguna manera, Ana Mato se ha constituido en jefa involuntaria de campaña del PP. Ahora probablemente ya no suma. Rajoy aguantará este primer chaparrón, pero veremos qué hace si no escampa, si la crisis sanitaria va a más y la poca capacidad de gestión política de la ministra aún a menos.

Otros 20 casos como el de las tarjetas

El caso de las tarjetas de CajaMadrid está retratando como ningún otro a la casta. Al calor de esa mamandurria (que diría Esperanza Aguirre, reina madre de la casta madrileña) estaban todos: PP, PSOE, IU, UGT, CCOO, CEOE, CEIM, la Casa Real…). Casi una semana después de que saltara el escándalo, solo han caído una decena de los 86 tarjeteros, y apenas se ha oído una disculpa o una explicación a los padrinos políticos últimos de los implicados, a los verdaderos responsables del desgobierno de la que fue la cuarta entidad financiera de España.
Contó el ministro Luis de Guindos el viernes pasado que, en las antiguas cajas quebradas e intervenidas, se han detectado otras 20 prácticas sospechosas, similares a la de las tarjetas. No deberían tardar el FROB (el organismo donde entre todos los contribuyentes salvamos de la quiebra a las cajas) y la Fiscalía en contárselos, con detalles y uno a uno, a los jueces y a la opinión pública.
La guinda intolerable, Guindos, al escándalo de la voladura de las cajas de ahorro sería que se utilizara ahora el flujo de información con fines partidistas y con cálculo electoralista de cara al ciclo de urnas locales, autonómicas y generales de 2015. En este asunto, no debería haber otra hoja de ruta que el que los ciudadanos sepan cuanto antes quiénes han estado malversando a raudales su dinero y que los responsables -incluso aunque sean muy altos- paguen por ello cuanto antes.

Cataluña, ante lo imprevisible

Durante dos largos años, todo ha sido previsible en el proceso soberanista catalán. No hemos tenido grandes sorpresas en el papel que se adjudicó y ha desempeñado cada uno de los actores. Quizás el único añadido al guión previsto se produjo el 25 de julio pasado, cuando Jordi Pujol -president de la Generalitat durante 23 años, padre de Convergència y de CiU y padrino político del actual president, Artur Mas- reconoció en público que era evasor fiscal desde hacía 34 años, pero sospecho que, en algunas cabezas, incluso esto estaba previsto que pasara desde mucho tiempo atrás…
En los últimos días, los más intensos, se ha cumplido lo previsible con solo algunos retoques de calendario, con ralentizaciones y acelerones. La Diada logra el jueves 11 de septiembre en la calle el previsible éxito de asistencia, el Parlament catalán aprueba el viernes 19 de septiembre la ley de consultas con los apoyos previsibles y previstos, Artur Mas convoca el sábado 27 (con retraso sobre lo previsto, probablemente para tapar la comparecencia de Pujol el viernes 26 en el Parlament), el Gobierno recurre ayer lunes 29 por la mañana tanto la ley de consultas como la convocatoria del 9-N y el Tribunal Constitucional admite rapidísimo a trámite los recursos por la tarde, tras apenas una hora de deliberaciones, y paraliza todo el proceso catalán.
Hoy comienza lo imprevisible. No sabemos qué harán o no harán en los próximos días Artur Mas y su Govern, qué harán los partidos que apoyan el proceso soberanista y los que no lo hacen, hasta dónde llevarán su movilización en las calles organizaciones como la Asamblea Nacional de Catalunya, si alguien sacará urnas el 9 de noviembre o no lo hará… Tampoco sabemos si su “aún estamos a tiempo de enderezar el rumbo y buscar un diálogo fructífero” de ayer se lo decía Rajoy sólo a Artur Mas o se lo decía también a sí mismo, a su Gobierno y a su partido, el PP.
Algo es evidente. Una parte probablemente mayoritaria de la sociedad catalana no se siente cómoda en su encaje actual con el resto de España, y la obligación de los políticos es resolverlo. Resolverlo sin los excesos de quien, como Mas, se ha metido en una vorágine de sobreactuación y pasos unilaterales de difícil vuelta atrás y resolverlo sin los defectos por omisión de quien, como Rajoy y su Gobierno, han permanecido impasibles y sólo apelan a la ley sin admitir que tenemos todos un grave problema en Cataluña que no se resuelve invocando sin más la Constitución.
Política, más política. Elegimos y pagamos a nuestros políticos para que nos resuelvan problemas, no para que nos los creen ni para que nos los engorden y nos los trasladen.