Recortar en educación, una injusticia y un error

22 mayo 2012

La huelga de la enseñanza convocada para hoy “es política”, dicen algunos para desacreditarla. Yo creo que es más bien legítima defensa de la comunidad educativa (alumnos, profesores, padres) y de parte de la sociedad española contra unas políticas del Gobierno de Rajoy y de muchos gobiernos autonómicos -casi todos del PP- que van a dejar la enseñanza pública como un páramo.

La educación es uno de los derechos fundamentales de los ciudadanos, lo dice la Constitución, y es el principal mecanismo para garantizar “la igualdad”, que según nuestra Carta Magna es uno de los “valores superiores del ordenamiento jurídico” del Estado. Además de política -y política injusta porque no fomenta la igualdad, y política equivocada por cortoplacista-, recortar en educación es un error económico monumental. No somos un país rico en materias primas, ni en grandes industrias, ni en tejido empresarial sólido, ni en buena posición en el comercio mundial… Nuestro principal activo como país (turismo aparte) es nuestra población, nuestros ciudadanos, nuestra gente. Invertir en su formación sería nuestra mayor apuesta de futuro económico.

El Gobierno está haciendo lo contrario. El Ejecutivo de Mariano Rajoy, que este año ha decretado recortes en educación por 3.000 millones de euros (medio billón de pesetas), ha reconocido también que en cinco años la inversión pública en enseñanza va a bajar del 4,9% del PIB al 3,9%. Nos estamos quitando, en conclusión, el 1% del PIB, unos 10.000 millones de euros, en expectativas de futuro como país.

PD. Y no vale lo de “es que no hay dinero”. Ayer supimos que para sanear Bankia se van a emplear al menos 12.000 millones de euros de dinero público. ¡Eso sí que es política, política injusta para arreglar un desastre causado en gran parte por los políticos!

Delincuentes de cuello blanco

20 mayo 2012

Como otros fines de semana, os traigo hoy un viejo artículo que aún puede tener cierto interés. Lo escribí a finales de los años noventa, en el diario Cinco Días, dentro de la serie Letras de cambio, sobre lengua y economía. Ahí va:

Paraíso fiscal, brillante invento
Arsenio Escolar
Hace casi sesenta años, en diciembre de 1939, el sociólogo norteamericano Edwin H. Sutherland, uno de los padres de la criminología moderna, presentó en el congreso anual de la American Economic Society, que se celebraba en Filadelfia, una ponencia que hoy es histórica. Se titulaba ‘White-collar criminality’ (Delincuencia de cuello blanco), y en ella Sutherland no sólo acuñaba este término –que se ha popularizado en la mayoría de los idiomas, y que sin duda es una de las expresiones que definen el siglo XX–, sino que además teorizaba por primera vez sobre “los delitos de la clase alta compuesta por personas respetables o, en último término, respetadas, hombres de negocio y profesionales”.
Unos pocos años antes, algunos colegas de Sutherland habían comenzado a calificar como ‘proletarios de cuello blanco’, miembros por tanto de la misma clase social que los proletarios de mono industrial, a los cientos de miles de administrativos y empleados de oficinas que se habían echado a la calle, a la protesta social, tras su súbito empobrecimiento por la crisis bursátil de 1929 y la Gran Depresión.

Sutherland tomó una parte de esa expresión para formar la suya, que ha sido mucho más longeva: hoy sigue viva (por desgracia, mucho), pese a que algunos hablantes se lían en su uso y confunden los delitos de cuello blanco con los de guante blanco. Éstos son otros, los de mi tocayo Arsène Lupin, los de los ladrones “sin fuerza en las cosas”, como diría un jurista, los que roban una valiosa esmeralda del quinto sótano de un banco no sólo sin recurrir al butrón y la lanza térmica, sino sin romper siquiera un cristal.

“La delincuencia de cuello blanco en el mundo de los negocios –escribía Sutherland– se manifiesta  sobre todo bajo la forma de manipulación de los informes financieros de compañías, la falsa declaración de los stocks de mercancías, los sobornos comerciales, la corrupción de funcionarios realizada directa o indirectamente para conseguir contratos y leyes favorables, la tergiversación de los anuncios y del arte de vender, los desfalcos y la malversación de fondos, los trucajes de pesos y medidas, la mala clasificación de las mercancías, los fraudes fiscales y la desviación de fondos realizada por funcionarios y consignatarios. Éstos son los que Al Capone llamaba los negocios legítimos”.
Curiosamente, es al citado Capone a quien se le atribuye si no la paternidad directa sí la indirecta de otras genuinas expresiones del siglo XX. Cuentan que sus bandas mafiosas llenaron Chicago de lavanderías (laundries) con las que justificaban ante las autoridades sus ingresos y su creciente riqueza. De ahí que se le llamara a esta práctica ‘lavar dinero’ (to launder money) y que a los citados fondos de origen ilegal se les calificara como ‘sucios’ (dirty) o ‘negros’ antes de pasarlos por las lavanderías y ‘blancos’ o ‘blanqueados’ después. Al igual que el ‘white-collar criminality’ de Sutherland, los términos del mundo de Capone han sido adoptados o traducidos del inglés por muchas otras lenguas. Con algunos matices. El francés, por ejemplo, distingue entre ‘argent noir’ (el que procede de actos delictivos) y ‘argent gris’ (el que tiene origen legal, pero escapa al control del fisco). Para el Diccionario de la Real Academia Española, dinero negro es “el obtenido ilegalmente”, o sea, el ‘noir’ francés, pese a que, en el habla cotidiana, cuando el vendedor de un piso le pide al comprador que le pague una parte en ‘negro’ se refiere más bien al ‘gris’ galo, a que una determinada cantidad se le entregue de modo que no lo detecte Hacienda.
Esto de regatear a Hacienda es actividad que ha generado en español tropos literarios, sobre todo metáforas, de un cierto mérito.
Un ejemplo. Al país o lugar donde uno apenas paga impuestos se le llamó ‘tax haven’ en inglés. Haven es “puerto, refugio”, pero algún traductor poco avezado o algún hispanohablante duro de oído debió de confundirse con ‘heaven’ que significa “cielo”, y trasladó el ‘tax haven’ al castellano como ‘paraíso fiscal’, mejorando brillantemente la expresión original inglesa.
Otro ejemplo. A la actividad de mover rapidísimamente el dinero negro de una cuenta a otra, de un banco a otro, de paraíso fiscal a paraíso fiscal, para evitar que las autoridades le sigan la pista, se le ha llamado ‘efecto helicóptero’. ¿Por qué? Porque las muchas y rápidas vueltas del dinero recuerdan las muchas y rápidas vueltas de las hélices de esa aeronave, y, si el movimiento cesara, en un caso se desplomaría el aparato y en el otro el delincuente.
Uno de los efectos helicóptero españoles más espectaculares lo ha protagonizado el ex director de la Guardia Civil Luis Roldán. Mil millones de pesetas de sus pillajes andan saltando mares y océanos desde hace cinco o seis años, sin que por el momento parezca que se le vaya a romper la hélice.
Como Capone, Roldán también es padre indirecto o inspirador de algunas expresiones brillantes, de mérito literario. Cuando Roldán se fugó de España y de la acción de la Justicia, otro alto cargo de la etapa socialista, el ex gobernador del Banco de España Mariano Rubio estaba siendo investigado por presunto delito fiscal, en un procedimiento que finalmente acabó sobreseído. Creo que fue otro alto cargo socialista, el entonces presidente de la Comunidad de Madrid, Joaquín Leguina, quien resumió la situación con este juego malabar: “El jefe de los guardias se ha fugado con la pasta y al jefe de la pasta le hemos puesto guardias para que no se fugue”.

El artículo es viejo, del siglo pasado, pero es curioso cómo algunas de las antiquísimas reflexiones de Sutherland sobre la delincuencia de cuello blanco, o incluso de las actividades de Al Capone, siguen hoy vigentes, a la luz de noticias económicas recientes, desde la explosión de Bankia al nuevo déficit aflorado por algunas comunidades autónomas o al proyecto de amnistía fiscal del Gobierno.

Lo del corralito, ¿grande o pequeño?

17 mayo 2012

En los últimos días hemos tenido un cierto debate en la redacción de 20 minutos sobre cómo publicar algunos asuntos delicados. Si algunos clientes de Bankia van a su sucursal a llevarse el dinero, ¿tenemos que publicarlo grande, mediano o pequeño? ¿Y si en Grecia se vacían en pocas horas los depósitos de algunos bancos? ¿Hemos de hacer un reportaje de servicio a nuestros lectores dándoles consejos sobre cómo mover sus ahorros hoy mismo, por si -como dice Paul Krugman- acabamos en un corralito? ¿Hemos de organizar un encuentro digital con algún experto para que nuestros lectores le puedan preguntar sobre qué hacer en cada caso concreto?

Estos fenómenos, que reflejan el enorme nerviosismo y preocupación de los ciudadanos, son noticia, sin duda, y sabemos que nuestra obligación es informar sobre ellos, y no ocultarlos. Hemos de ser transparentes, nos debemos a nuestros lectores. Pero no estamos muy seguros sobre dónde está el límite, ni siquiera de si lo hay. Si informamos mucho y muy extenso y muy magnificado y con gran despliegue sobre las retiradas de fondos de algunas entidades bancarias, ¿estaríamos convirtiéndonos nosotros mismos de alguna manera en agentes activos del propio fenómeno, lo estaríamos propiciando y fomentando? ¿Cómo se conjuga el deber de informar con la responsabilidad de no desatar el pánico?

Os confieso que estoy lleno de dudas.

Así pagamos entre todos el rescate bancario

14 mayo 2012

Por mucho que los políticos (hoy los del PP, antes los del PSOE) repitan lo contrario, lo cierto es que el saneamiento de la banca nos va a costar mucho dinero a los contribuyentes. El saneamiento de Bankia y el previsible de otras entidades cuya crisis puede estallar en los próximos días se va a hacer con dinero público que se prestará a las entidades para que lo devuelvan cuando puedan, y ya hemos visto que Bankia no lo hace, que ya ha habido que convertir en capital del Estado lo que ya se le había prestado.
Para disponer de esas ingentes cantidades y prestárselas a la banca, el Tesoro tendrá que emitir en los próximos meses más deuda pública de la prevista en los Presupuestos. Habrá, por tanto, que pagar este año (y el siguiente, y el otro, y el de más allá…) más intereses sobre más deuda, lo que a la postre provocará un aumento en los costes del Estado, y previsiblemente más déficit.
Convendría que los ministerios de Economía y de Hacienda fueran transparentes y calcularan cuanto antes y lo hicieran público cómo impactarán los rescates bancarios en el Presupuesto, en los bolsillos de todos nosotros.

Una reforma de la Constitución a la luz de Bankia

11 mayo 2012

El Gobierno de Mariano Rajoy, el de las reformas, quizás esté estudiando reformar la Constitución. Este es un borrador en el que se estaría ya trabajando, a tenor de las filtraciones de los últimos días por el escándalo Bankia. Al artículo 56, que hoy dice:

“1. El Rey es el Jefe del Estado, símbolo de su unidad y permanencia, arbitra y modera el funcionamiento regular de las instituciones, asume la más alta representación del Estado Español en las relaciones internacionales, especialmente con las naciones de su comunidad histórica, y ejerce las funciones que le atribuyen expresamente la Constitución y las Leyes.
2. Su título es el de Rey de España y podrá utilizar los demás que correspondan a la Corona.
3. La persona del Rey es inviolable y no está sujeta a responsabilidad. Sus actos estarán siempre refrendados en la forma establecida en el artículo 64, careciendo de validez sin dicho refrendo, salvo lo dispuesto en el artículo 65,2″.

se le añadiría:

“4. Las personas del PP que desempeñen el ejercicio público o semipúblico son inviolables y no están sujetas a responsabilidad. De sus actos que resulten polémicos, irregulares o con indicios de delito, se hará responsable el más alto cargo público del PSOE que ande cerca, por culpa in vigilando”.

El artículo 64 también se podría reformar. Hoy está así:

“1. Los actos del Rey serán refrendados por el Presidente del Gobierno y, en su caso, por los Ministros competentes. La propuesta y el nombramiento del Presidente del Gobierno, y la disolución prevista en el artículo 99, serán refrendados por el Presidente del Congreso.
2. De los actos del Rey serán responsables las personas que los refrenden”.

Y podría añadírsele esto:

“3. De los actos del Presidente del Gobierno, ministros, presidentes autonómicos y otros altos cargos públicos o semipúblicos, siempre que sean del PP,  serán responsables, si salen mal, los que no los impidieron, siempre que sean del PSOE”.

Atentos al BOE, no salga mañana mismo publicado. ¡Ah, y con efectos retroactivos hasta el día de entrada en vigor de la Constitución, el 29 de diciembre de 1978!

P. D. Sobre las culpas in vigilando del gobernador del Banco de España, Miguel Ángel Fernández Ordóñez, escribí en este blog hace 15 meses, cuando aún gobernaba Zapatero y tanto el PSOE como el PP se negaban a afrontar el problema del  ladrillazo en los balances de las entidades financieras, especialmente las cajas.

Las responsabilidades del caso Bankia, sobre todo del PP

10 mayo 2012

El PP ha decidido no asumir responsabilidades en el desastre de Bankia y trata, además, de endosárselas al PSOE, vía el gobernador del Banco de España, Miguel Ángel Fernández Ordóñez. Este tiene algunas, sin duda, y el Gobierno de Zapatero también, por no afrontar el problema Bankia cuando estaba en la Moncloa, pero los principales responsables son los gestores de las cajas que se integraron en Bankia (Cajamadrid y Bancaja, sobre todo) y los políticos que promovieron y nombraron a los gestores. Unos y otros son o han sido dirigentes del PP.

Bankia es la suma de una caja muy grande, Cajamadrid, que suponía el 52,06% de la resultante; otra grande, Bancaja (37,7%), y cinco pequeñas: Insular de Canarias (2,45%), Ávila (2,33%), Laietana (2,11%), Segovia (2,01%) y Rioja (1,34%). Como casi todas las cajas en España, las dos grandes habían sido tomadas por el partido político dominante en sus comunidades autónomas: el PP.

En Cajamadrid, en 1996, tras la llegada del PP a la Moncloa, fue nombrado presidente Miguel Blesa, compañero de estudios y amigo personal de José María Aznar. En el consejo de la entidad había también representantes de PSOE, IU, los sindicatos y la patronal, pero la mayoría eran del PP.

En Bancaja, tras las elecciones autonómicas de 2003 en las que Francisco Camps (PP) pasó a presidir la Generalitat Valenciana, su antecesor en el cargo, José Luis Olivas, también PP, fue nombrado presidente de la caja.

En 2010, tras la fusión de las siete cajas en Bankia, Olivas pasó a vicepresidente de ésta, y Rodrigo Rato, ex vicepresidente del Gobierno con Aznar, fue nombrado presidente. Rato había llegado meses antes a la presidencia de Cajamadrid en una dura pugna entre las dos facciones del PP madrileño: la mayoritaria de Esperanza Aguirre, que quería poner al frente de la caja a su vicepresidente, Ignacio González, y la minoritaria, de Gallardón. La apuesta final por Rato la tomó el PP nacional, es decir, Mariano Rajoy.

Durante los años del ladrillazo y de la especulación inmobiliaria (que tiene en parte su origen, según algunos expertos, en la Ley del Suelo elaborada en 1998, con Aznar de presidente del Gobierno y Rato de vicepresidente), la Cajamadrid de Blesa con Aguirre de presidenta madrileña y la Bancaja de Olivas con Camps de presidente valenciano financiaron proyectos inmobiliarios -algunos de ellos siguiendo directrices políticas de los respectivos gobiernos autonómicos- que son los que ahora han causado la ruina de Bankia.

El gobernador Fernández Ordóñez (ex alto cargo con PSOE) y en menor medida su antecesor Jaime Caruana (promovido por el PP de Aznar) no anduvieron diligentes vigilando esas operaciones, pero la responsabilidad principal no parece lógico atribuírsela a ellos, sino los gestores de las cajas.

Lo de Dívar, entre lo ilícito y lo poco ético

09 mayo 2012

¿Alguien se imagina a un diputado denunciando al presidente del Congreso y de las Cortes, o a un ministro denunciando al presidente del Gobierno? La denuncia ante la Fiscalía por posible malversación de fondos públicos contra Carlos Dívar, presidente del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) y del Tribunal Supremo, por parte de otro miembro del Consejo, José Manuel Gómez Benítez, ha desatado los nervios en la casa. Se sabía allí que ambos llevaban meses enfrentados, que Dívar le había hecho algunos feos en nombramientos y en apoyos a Gómez Benítez, que éste había dimitido de todas las comisiones de trabajo salvo una, que pasaba los días casi encerrado en su despacho… No se sabía que estaba acopiando papeles y facturas que demostrarían que Dívar se daba lujosos y largos fines de semana a todo tren en Málaga a cuenta del contribuyente.

El Consejo es un órgano colegiado, y todos los vocales tienen acceso a los gastos de todos. Gómez Benítez habría acreditado que, si por ejemplo Dívar tenía un acto oficial un lunes en Málaga, viajaba el viernes anterior, o el jueves, y con numerosa escolta, y frecuentaba buenos hoteles y restaurantes, y pasaba una llamada internamente “semana caribeña” a cuenta de las arcas públicas. ¿Y eso es malversación o solo picaresca? Expertos consultados creen que el fiscal archivará, pero no sin antes abrir quizás diligencias informativas que le cuesten mucho deterioro de imagen pública a Dívar y al Gobierno de los jueces, y quién sabe si algo más. Se da la circunstancia, además, de que estos días hay en el CGPJ un grupo de técnicos del Tribunal de Cuentas que están haciendo la auditoría del organismo, técnicos que tras la denuncia contra Dívar se van a ver obligados a mirar con lupa cada partida y cada factura y cada viaje y cada agenda pública de cada vocal del Consejo. ¿Encontrarán muchas “semanas caribeñas”? ¿Nos lo contarán?

Con la que está cayendo para el común de la población, con los recortes desmesurados, con la angustia económica invadiendo muchos hogares, quizás el fiscal considere que lo de Dívar no es ilegal o ilícito, pero probablemente los ciudadanos no lo consideren muy ético.

Suspenso a todo el Gobierno

08 mayo 2012

El Barómetro del CIS de abril, que acaba de hacerse público, certifica oficialmente un secreto a voces: el Gobierno de Mariano Rajoy ha sufrido un desgaste brutal en los apenas cuatro meses que lleva en el poder. Todos los miembros del Gobierno suspenden, incluido su presidente.

El PP, que en las elecciones de noviembre pasado tuvo el 44,62% de los votos, caía al 42,7% en el anterior Barómetro con intención de voto, en enero pasado, y ahora cae aún más, al 40,6%.

El PSOE se recupera un poco. En noviembre logró el 28,73% y en el Barómetro de enero retrocedía un poquito, al 28%, y ahora sube el 29,6%

IU sigue creciendo en apoyos ciudadanos: el 6,92% de voto real en noviembre, el 7,9% en el Barómetro de enero, el 8,6% ahora. UPyD retrocede un poco: 4,69% en noviembre, 5,7% en enero, 5,1% ahora. CiU se recupera ligeramente: 4,17% en noviembre, 3,4% en enero, 3,8% ahora.

Pero en los dirigentes políticos, tendencia unánime a la baja en la valoración de los ciudadanos, sea cual sea el partido, y todos suspensos: Rajoy, de una nota 4,55 en enero a 3,84 ahora. Rubalcaba, de 4,25 a 4,11. Cayo Lara, de 4,17 a 3,95. Rosa Díez, de 4,75 a 4,47. Durán 4,13 a 3,96.

Y en el Gobierno, que tenía tres ministros con aprobado en enero (Soraya, Gallardón y Ana Pastor), suspende ahora al completo. La nota más alta es para Gallardón, 4,31 (hace tres meses tenía 5,41). La más baja, Wert: 3,19. Soraya obtiene un 4,22. Los ministros económicos, muy mal vistos: Guindos, 3,71. Montoro, 3,77. Soria, 3,82. Báñez, 3,51.

El trabajo de campo se hizo del 9 al 17 de abril, y desde entonces el Gobierno ha tomado más medidas impopulares y de recortes. Probablemente la valoración de Rajoy y de sus ministros esté aún peor hoy día.

Y la sanidad o la educación ¿no son sistémicos?

07 mayo 2012

El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, ha reconocido esta mañana que está dispuesto a dar dinero público a la banca para sanearla. Es decir, para enmendar los enormes, los pavorosos errores de gestión en que incurrieron los directivos del sistema financiero -muchos de ellos, especialmente los de las cajas, antiguos políticos de los dos grandes partidos, PP y PSOE- en los años en que convirtieron a España en una enorme burbuja de especulación inmobiliaria, amparada sobre todo por ayuntamientos y comunidades autónomas.

Hay que salvar la banca privada con dinero público, dice ahora Rajoy. Es que la banca es “sistémica”, y si la banca no es salvada -argumentan- corremos un riesgo “sistémico”, un riesgo de que el sistema en su conjunto estalle.

¿Y el empleo y la sanidad pública y la educación y tantas otras cosas mucho más relevantes para la vida de la gente… no son sistémicos, que a ellos no se les salva con dinero público, o que incluso se los condena?

Que vuelva el crédito, aunque no sea blando

05 mayo 2012

Vuelve al lenguaje económico una expresión que se usaba mucho en los años noventa: la de los “créditos blandos”. Dicen que el Gobierno de Rajoy, entre sus muchos planes, tiene el de dar “créditos blandos” a los emprendedores, a los que funden empresas y lancen proyectos que creen empleo y riqueza.

Hace ya unos cuantos años, a mediados de los noventa, yo escribía en el diario financiero Cinco Días un artículo semanal sobre asuntos de lengua y economía. La serie se titulaba genéricamente Letras de cambio. Reproduzco aquí un texto que escribí sobre los dichosos “créditos blandos”, por si te sirve de lectura sabatina.

El pobre Galdós, sin núcleo estable ni préstamos subvencionados

Arsenio Escolar

Mauricia la Dura es uno de los más singulares personajes creados por Benito Pérez Galdós. Aparece en ‘Fortunata y Jacinta’. Mauricia es una perdedora: una mujer bronca, áspera, tan maltratada por la vida, tan endurecida y correosa, que a su lado Fortunata, que no era manca, parecía una ursulina sensiblera.

Galdós, el creador de Mauricia la Dura, era un blando. De carácter (“Silencioso, sumiso, tímido, retraído…”, lo describe Joaquín Casalduero, uno de sus biógrafos) y de constitución física: la más famosa de sus novias, doña Emilia Pardo Bazán, le dijo una vez en una de sus tórridas cartas: “Siempre me he reprimido algo contigo por miedo a causarte daño físico; a alterar tu querida salud. Siempre te he mirado (no  te rías  ni me pegues) como los maridos robustos a las mujeres delicadas y tiernamente amadas”.

Hasta ahora, en castellano, blando era Galdós, el algodón, una esponja, algún colchón, un defensa central respetuoso con los tobillos de los rivales… Y duro era el granito, Mauricia, el pedernal, el acero, Gregorio Benito, un boxeador, Humphrey Bogart… Ahora, maltraduciendo del inglés, a los créditos que concede el Banco Mundial a los países pobres nos empeñamos en llamarlos ‘blandos’ y al conjunto de principales accionistas de una compañía hemos dado en llamarlo ‘núcleo duro’.

El Departamento de Español Urgente (DEU) de la agencia Efe (un clásico en la defensa del buen uso del idioma) ha estudiado la parte ‘blanda’ de este asunto y ha llegado a conclusiones claras y terminantes. Según el DEU, el ‘Gloario de términos económicos y financieros internacionales’ de la agencia británica de prensa Reuters define ‘soft loan’ como “préstamo o crédito concedido a bajo interés y a menudo por un periodo más largo del normal, especialmente a países en vías de desarrollo”.

Y en el ‘Glosario de términos de economía y hacienda’ dirigido por José María Lozano Irueste y publicado por el Instituto de Estudios Fiscales aparece ‘soft loan’ correctamente traducido como ‘préstamo subvencionado’, del que se explica que es “el préstamo a un tipo de interés inferior al de mercado que se concede con el fin de fomentar alguna actividad determinada”. El mismo Lozano Irueste traduce ‘soft loan’ en su ‘Diccionario bilingüe de economía y empresas’ (Ediciones Pirámide) como “préstamo sin interés o préstamo subvencionado”.

En cuanto a ‘núcleo duro’, este mismo diccionario nos da una pista de lo inadecuada que es tal expresión. En inglés, ‘hard core’ es, según Lozano Irueste, “el núcleo básico o fundamental de una organización”; y ‘hard’ no significa sólo duro, sino también estable en algunas expresiones: por ejemplo, en ‘hard money’, ‘dinero estable’. En fin: al conjunto de accionistas que están en el capital de una compañía con vocación de permanencia debiéramos llamarlo ’núcleo estable’.

Volviendo a Galdós. El escritor, que vio que con su obra se enriquecían los editores, se metió él mismo a empresario y fundó una editorial que tenía por ‘núcleo estable’ al propio don Benito y a Miguel H. de la Cámara. El núcleo se desestabilizó pronto, y Galdós tuvo que pleitear con su socio para recuperar sus derechos de autor. Se hizo con ellos tras un arbitraje de Gumersindo de Azcárate, pero tuvo que abonar a De la Cámara una liquidación tan elevada que el escritor cayó en manos de prestamistas. Atender las necesidades de algunas de sus novias agravó sus estados financieros. Pese a que era una gloria nacional, nadie le dio al pobre Galdós un ‘préstamo subvencionado’. Murió casi pobre, en 1920. Y sin el Nobel, que ya entonces era una pasta.

Hasta aquí aquel texto. Y ojalá que vuelva el crédito, incluso aunque no esté subvencionado.