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¿Es este el cuadro más atroz de la historia?

'Castigo de Marsias' - Tiziano, c. 1570-1576 - Foto: Creative Commons

‘Castigo de Marsias’ – Tiziano, c. 1570-1576 – Foto: Creative Commons

Al sátiro Marsias, mitad hombre y mitad carnero, le perdió el orgullo. Era un sobrado y, según cuenta Ovidio, se creía el más dotado tocando el aulós, la flauta doble. Decían que había encontrado el instrumento en el suelo, donde lo había dejado su inventora, Atenea, acomplejada porque los demás dioses se burlaban de ella por la manera exagerada en que hinchaba las mejillas al tocar.

Era tal el tamaño de la arrogancia del sátiro que retó a un duelo musical a Apolo, dios de muchas dotes —representaba la verdad, la purificación, las habilidades artísticas, la divina distancia y la humildad y era el patrón de la música y la poesía—. Después de Zeus, era la deidad más venerada en el poblado panteón de la antigüedad clásica.

El envite entre ambos rivales se celebró bajo la premisa de que el ganador establecería el castigo para el perdedor. Serían jurado las musas. La más detallada de las versiones indica que Marsias tocó mejor que Apolo, que eligió la lira, pero el dios decidió entonces dar una lección de modestia al rival por su hibris —impulso irracional que empuja hacia la desmesura— y tocó la misma melodía pero esta vez con la doble flauta colocada al reves. Las musas nombraron a Apolo vencedor.

La tragedia del castigo fue escenificada en una cueva cercana y es el tema del óleo más crudo y atroz de la historia del arte.

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Cuando un tintorero austriaco inventó el surrealismo sin querer

'Der See Elefant' - Aloys Zötl

‘Der See Elefant’ – Aloys Zötl

El elefante marino de la ilustración es inevitablemente imperfecto: con garras insinuadas en las aletas y una extraña adenda que cumple la función de morro. Descansa sobre un pedazo de tierra bañado por la espuma del mar, que parececasi sólida.

Tras la intrigante lámina de dudoso rigor zoológico no está un explorador con habilidad para el dibujo, ni un científico dieciochesco, ni un artista enviado antaño por la corona de algún país europeo para acompañar a las expediciones a América o Australia. El autor es Aloys Zötl (1803-1887), un tintorero austriaco que nunca recorrió el mundo.

Se sabe poco de la biografía de Zötl y probablemente no tenga demasiada importancia: la parte valiosa de la historia es la que no aparece en los papeles oficiales, la que esconde el mundo interior de un trabajador normal y corriente. Nació y murió en el estado de la Alta Austria, nunca destacó por nada en particular y mientras su vida transcurría en silencio, consagró mucho de su tiempo a contemplar las acuarelas fantásticas de los bestiarios y a los conocimientos enciclopédicos de los libros de historia natural.

'Die Seeschildkröte' - Aloys Zötl

‘Die Seeschildkröte’ – Aloys Zötl

Las fuentes de inspiración del artista oculto eran sobre todo dos libros. Las Metamorfósis de Ovidio —en las que el poeta romano narra la historia del mundo y se detiene en los mitos griegos—  e Historia Natural, del ilustrado francés Georges Louis Leclerc (Conde de Buffon). Los tomos alimentaron en Zötl el deseo de crear su propia clasificación de las criaturas que habitaban la Tierra.

Entre 1831 y 1887 pintó sus acuarelas, fechadas y organizadas con el esmero de un bibliotecario. Creó cuatro grandes álbumes en los que archivó  hasta 400 obras de monos, hienas, boas constrictor, calamares, alces…

El silencio de Zötl impidió que a su muerte se conociera la colección. Desapareció en el tiempo hasta que un héroe insospechado las rescató para el público. El surrealista André Breton escribió en 1955 un prólogo para un catálogo de subastas en París. Iban a vender un gran número de láminas del artista desconocido y Breton encontró en ellas un antecesor mágico del movimiento surrealista. Entusiasmado, declaró que era “el bestiario más suntuoso jamás visto”.

La cualidad surrealista del trabajo del tintorero austriaco no es una de las observaciones delirantes del autonombrado jefe de la escuela artística. El acabado limpio y luminoso y los paisajes despojados de adornos bien podían haber servido de inspiración a René Magritte.

Los defectos en el estilo hacen que los tallos cortados puedan confundirse con tubos metálicos, que el caparazón de la tortuga parezca remachado o que la víctima de la boa sea un cuerpo amorfo propio de una interpretación daliniana de la anatomía. Lo que debía ser documental, en manos de Zötl se convirtió en  fantástico.

Helena Celdrán

'Der Gibbon' - Aloys Zötl

‘Der Gibbon’ – Aloys Zötl

'Die Königsschlange' - Aloys Zötl

‘Die Königsschlange’ – Aloys Zötl

'Die gestreifte Hyäne' - Aloys Zötl

‘Die gestreifte Hyäne’ – Aloys Zötl

'Das Steppenzebra' - Aloys Zötl

‘Das Steppenzebra’ – Aloys Zötl