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La venganza de las mujeres Herero: unos vestidos alucinantes

Los colonizadores trajisteis la oscuridad. Nosotras cosimos la luz. En los vestidos brilla la venganza africana.

Las mujeres Herero fuimos obligadas a vestir al estilo europeo porque temíais la desnudez tribal. Y quien teme el cuerpo lleva un demonio dentro. Y quien carga un demonio es capaz de cualquier cosa.

Cogimos los vestidos de corte victoriano que nos distéis a principios del siglo XX, los uniformes de la subyugación; ya no podíamos corretear desnudas, teníamos que cubrirnos con las prendas de esas chicas recatadas, pálidas, venidas de lejos -Europa, la llamaban- niñas asustadas por el cielo primitivo, vuestras mujeres; en un acto de subversión creativa, agarramos los trajes y los convertimos en bombas de arte, arco iris incandescentes.

Así se lo monta la verdadera reina Victoria

Toda mujer Herero puede brillar como una afrodita perdida en un lugar indescifrable del tiempo inexacto. Somos un acertijo tribal. Somos presente dentro del pasado o pasado que alucina al presente. Somos confusión, atracción, alegría, fuerza. Aún vestimos los corpiños victorianos ajustados hasta el cuello. Especialmente las mujeres mayores, porque las jóvenes están siendo hoy colonizadas de otro modo. Enaguas. Mangas abultadas. Blusas bordadas. Faldas largas. Tocados bicéfalos que representan las astas de una res, bestias sagradas entre los pastores nómadas.

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Yorick, la calavera que nació de un meteorito

'Yorick' - Lee Downey (Foto: www.leedowney.com)

‘Yorick’ – Lee Downey (Foto: www.leedowney.com)

Abriendo el quinto acto de la tragedia, Hamlet se detiene en un cementerio, donde un sepulturero exhuma la calavera de Yorick, el bufón de la corte que tanto divirtió al príncipe danés en su niñez.

¡Ay! ¡Pobre Yorick! Yo le conocía, Horacio. Era un hombre sumamente gracioso, de la más fecunda imaginación. Me acuerdo que siendo yo niño me llevó mil veces sobre sus hombros… y ahora su vista me llena de horror. (…) ¿Qué se hicieron de tus burlas, brincos, tus cantares y aquellos chistes repentinos que de ordinario animaban la mesa con alegre estrépito? Ahora, falto ya enteramente de músculos, ni puedes reirte de tu propia deformidad”.

Sin estar vivo, Yorick protagoniza una de las escenas más famosas de Hamlet, la imprescindible obra de teatro de William Shakespeare. El monólogo sobre la mortalidad recuerda lo efímero de la vida terrenal, es el gran memento mori del dramaturgo inglés.

La calavera esculpida a mano por Lee Downey se llama Yorick en homenaje al pobre Yorick. Es complicado adivinar qué material ha utilizado el artista estadounidense para lograr ese acabado de vetas plateadas. El cráneo reproducido a tamaño natural está tallado en un solo bloque que procede del espacio: este Yorick nació de un meteorito que cayó en el desierto del Kalahari (Namibia) hace unos 4.000 millones de años.

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