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La hija ciencióloga de Stanley Kubrick reaparece en Twitter

Vivian Kubrick, 1986

Vivian Kubrick, 1986

La resplandeciente muchacha de la foto, tomada en algún momento de 1986 en un set de grabación de cine en la campiña inglesa, tenía entonces 26 años. Cargaba una cámara de cine Aaton de 16 mm (“se adapta a ti como si llevaras un gato subido en el hombro”, decía la publicidad) con una grabadora Nagra para recoger sonido amarrada con cinta. La sonrisa delata que era feliz —le habían encargado el making off de la película— y el desorden de la melena y las ojeras, que se lo estaba tomando muy en serio. La foto la hizo Matthew Modine, uno de los actores del largometraje en el que estaban inmersos: la inolvidable La chaqueta metálica (Stanley Kubrick, 1987), una de las más duras parábolas sobre la insensatez homicida de la guerra de Vietnam.

Vivian Kubrick, nacida en Los Ángeles (EE UU) en 1960 e hija más joven del director que inflamaba de gloria, sabiduría y mentalidad crítica todo aquello que tocaba, había heredado del padre el poder innato de crear imágenes. En El resplandor (1980), acaso la mejor película de terror de la historia, Vivian, recién salida de la adolescencia, se había encargado del making off y había creado un documental de media hora que dejó encantados a todos —incluido papá, no precisamente tolerante con el trabajo ajeno— y fue añadido como material extra en muchas ediciones en vídeo y DVD de la película.

Para La chaqueta metálica, cuyo making off no cuajó, Vivian firmó parte de la banda sonora original, compuesta en un sintetizador Fairlight CMI, una de las primeras máquinas digitales de sampling. Se llegó a editar un single para promocionar la película, I Wanne Be Your Drill Instructor, que incorpora la cadencia de los eslóganes de entrenamiento del temible sargento de marines Hartman, interpretado por R. Lee Ermey, que escribió buena parte de sus diálogos porque sabía lo que hacía mejor que cualquier guionista: había sido instructor de cadetes durante la guerra de Vietnam.

Vivian Kubrick y el perro Stanley en un set de "La chaqueta metálica", 1986

Vivian Kubrick y el perro Stanley en un set de “La chaqueta metálica”, 1986

La prometedora carrera de la hija de Kubrick se desvaneció cuando ella rompió relaciones con la familia al ser abducida, según ha contado la viuda del director, por la Iglesia de la Cienciología. Ocurrió mientras el padre rodaba Eyes Wide Shut (1999), la película póstuma que dejó practicamente acabada antes de que un ataque de corazón le matase a los 70 años.

Kubrick estaba tan destrozado por la ruptura con Vivian que le había escrito una carta de cuarenta páginas pidiéndole que regresara. La hija volvió para el funeral, pero acompañada por una mujer que parecía su sombra y no la dejaba sola ni un momento, lo que fue entendido por la familia como una ceremonia de desconexión y ruptura de cualquier lazo familiar tramada por los cienciólogos.

En las últimas semanas Viviane Kubrick ha vuelto al mundo. A través de la cuenta de Twitter @ViKu1111 ha publicado fotos de su niñez y los trabajos con su padre. “En recuerdo de mi papá, al que amé con toda mi alma y corazón”, dice en uno de los mensajes. Los Kubrick han entendido el gesto como un deseo de acercamiento tras quince años de desaparición, pero nada se sabe con certeza excepto lo que muestran las fotografías.

En las imágenes puede adivinarse la viveza de una niña que creció al lado de un genio y la precocidad que Vivian demostró en un campo de acción muy similar al del padre. Alguien podría sostener que lo tuvo fácil porque, mientras otros críos iban al parque, ella jugaba en los rodajes de 2001: una odisea del espacio (1968) o La naranja mecánica (1971).

Las escasas crónicas que pueden localizarse sobre la hija favorita del cineasta la dibujan también como una persona de ideales ferreos. Cuando Steven Spielberg estrenó En busca del arca perdida (1981), Vivian, animalista sin resquicios, le escribió una carta de reprimenda por lo mal que Indiana Jones trataba a las serpientes en la película.

Ánxel Grove

¿Y si Marilyn Monroe hubiera protagonizado ‘Kill Bill’?

Sean Hartter inventa una versión de 'Kill bill'

Hartter inventa una versión de 'Kill bill'

¿Y si Marilyn Monroe hubiera protagonizado Kill Bill? John Wayne sustituiría a David Carradine en el papel de Bill. ¿El director? Quentin Tarantino nació un año después de la muerte de Marilyn, así que tendría que ser Russ Meyer, amante de los escotes generosos (y abultados).

Al estadounidense Sean Hartter (Massachussets, 1973) le gusta imaginar locuras cinematográficas, posibilidades románticas que juegan con el tiempo y la coherencia de las carreras artísticas de los actores y directores de la gran pantalla.

No se conforma con la mera hipótesis. En un deseo por hacer un poco más tangibles las fantasías, crea carteles de esas películas que nunca existieron. La colección, a la que ha bautizado como Alternate Universe Movie Posters (Carteles de películas de un universo alternativo), es una delicia del tecnicolor.

Hartter inventa el plantel completo del equipo y altera imágenes originales para caracterizar a los protagonistas: David Bowie es el Jocker en la versión que nunca dirigió Mario Bava, Angelina Jolie es Alex en La naranja mecánica, Boris Karloff se convierte en un Freddy Krueger en blanco y negro.

'The Batman of Gotham City', un Batman que nunca existirá

'The Batman of Gotham City'

Lleva ya unos tres años diseñando sus fantasías cinematográficas y se confiesa un enamorado del diseño de los carteles antiguos, cándido pero contundentes, y piensa que algo se ha perdido con la modernización de los pósters, que cada vez se parecen más unos a otros.

En sus homenajes cariñosos, además de cambiar de arriba a abajo un título conocido, se permite crear nuevas películas que resultan en mezclas explosivas que incitan a la curiosidad (o a salir corriendo, según cómo se mire). Elvis Presley se enfrentaría a Cthulhu en un cruento combate dirigido por Joe Dante, Nick Nolte sería el robot Bender en la adaptación de Futurama de Tim Burton, Chuck Norris interpretaría a Super Mario en una versión del videojuego Donkey Kong

Helena Celdrán

Diez utopías perversas

George Orwell y la primera edición de '1984'

George Orwell y la primera edición de '1984'

“Estarás hueco. Te vaciaremos y te rellenaremos de… nosotros”. Quizá en la frase de 1984, la novela de George Orwell (1903-1950), esté resumido el pavor primario de la distopía, la utopía perversa, uno de los subgéneros literarios que mejor se amolda al angustioso siglo XX y al vacío (por exceso) XXI.

Traducida a casi cien lenguas, del libro emana buena parte de la nomenclatura del pánico que padecemos: la vigilancia que nunca cesa, el doblepensar (creer con determinación en ambos polos de una contradicción: por ejemplo, la guerra como vía hacia la paz), la neolengua de revelación y ocultación de los líderes, la Policía del Pensamiento, la Habitación 101(donde habita el peor de los horrores de cada uno), la reescritura de la historia y, claro, el Big Brother (Gran Hermano), líder, dios pagano y juez supremo.

Jack London y 'Talón de hierro'

Jack London y 'Talón de hierro'

Aunque su pegada ha sido la más intensa, la obra de Orwell, editada en 1932, no fue la primera ficción distópica. El socialista ortodoxo -y algo simplón- Jack London (1876-1916) había narrado en El talón de hierro, publicada 24 años antes, la tiranía sobre los EE UU de un cónclave oligárquico.

En 1921, el ruso Yevgeni Zamyatin (1884-1937) publicó -en inglés, en su país no pasó la censura- Nosotros, novela que anticipa 1984, a la que algunos han llegado a considerar una copia cercana al plagio de la primera: un estado totalitario regido por el Benefactor controla la vida entera de sus ciudadanos -que no tienen nombre, sino unas siglas- y les transmite instrucciones de comportamiento mediante La Mesa, un antecedente claro de las telepantallas del Gran Hermano de Orwell.

La literatura distópica tiene centenares de buenas pesadillas para perderse y temblar. Hoy seleccionamos diez de ellas. No hay ánimo comparativo ni pretensión de establecer un ranking: son solamente una decena de novelas que sueñan futuros peores que nuestro presente, lo cual, tal como están las cosas, tiene bastante mérito.

Alfred Jarry y 'Ubú Rey'

Alfred Jarry y 'Ubú Rey'

1. El proto Berlusconi. No se trata de una distopía al uso, sino de una chanza profética, casí obscena en su acertada predicción de la realidad del porvenir. El patafísico francés -podría ser de Júpiter- Alfred Jarry (1873-1907) publicó en 1986 Ubú Rey, una obra de teatro sobre un tirano  déspota, vulgar, glotón, deshonesto y cobarde. El retrato es hiperrealista dando una pirueta en el tiempo: Silvio Berlusconi es el Ubú soñado por Jarry.

El autor fue tan acerado con su pluma como radical contra su cuerpo: bebía absenta (“mi diosa”) con prodigalidad. Murió a los 34 años de una meningitis tuberculosa. Los amigos que le cuidaban reclamaron que formulara un último deseo. “Un mondadientes”, pidió desde el lecho de muerte.

Aldous Huxley y 'Un mundo feliz'

Aldous Huxley y 'Un mundo feliz'

2. Un Estado Mundial sin dolor (pero sin amor). El uso perverso de la sicología y las tecnologías de reproducción asistida (“cultivos humanos”) son avanzados por el inteligente Aldoux Huxley (1894-1963) en Un mundo feliz, una novela de 1932 que dibuja una sociedad sin dolor, injusticia ni guerra, pero también sin amor, lazos afectivos y curiosidad intelectual -los conocimientos son inducidos por hipnopedia-. El Estado Mundial del libro no anda muy lejos de la globalización económica y cultural

Huxley falleció en 1963. En su lecho de muerte, incapaz de hablar (tenía un tumor cancerígeno en la lengua), escribió una nota a su esposa con un último deseo: “LSD, 100 miligramos, intramuscular”.

Karel Čapek y 'La guerra de las salamandras'

Karel Čapek y 'La guerra de las salamandras'

3. Hitler era un animal anfibio. El escritor checoslovaco Karel Capek (1890-1938) profetiza las guerras étnicas y aventura el avance de los fanatismos, el nazismo y el ultranacionalismo en la fantástica sátira distópica La guerra de las salamandras (1936).

Sólo los últimos cuatro capítulos de los 26 del libro describen la guerra planetaria entre los humanos y las salamandras. El resto está dedicado al descubrimiento de las salamandras, su explotación  como mano de obra y la rebelión de los animales, una vez han adquirido inteligencia y logran organizarse.

Capek fue un antinazi beligerante y la Gestapo le consideró el “enemigo públigo número dos” de Checoslovaquia. Una neumonía ahorró al escritor, el día de Navidad de 1938, el dolor de ver a su país anexionado a la Alemania de Hitler. La fecha es recordada cada año por los seguidores de Capek colocando en su tumba en Praga pequeños robots (el autor fue el inventor de la palabra).

Ray Bradbury y 'Farenheit 451'

Ray Bradbury y 'Farenheit 451'

4. Bradbury quemaría los e-book. La dictadura del hedonismo -una realidad palpable a día de hoy en Occidente-, la represión de la tristeza y la persecución de la duda, anticipadas por Ray Bradbury (1920) en Fahrenheit 451 (1953) a través del viaje de iniciación del bombero quema-libros Guy Montag y su rebelión progresiva contra una sociedad alienada por las paredes parlantes de la televisión y donde está castigado preguntar por qué.

A Bradbury nos lo entregó a los lectores el Ejército de los EE UU, donde estaba dispuesto a alistarse en la II Guerra Mundial pero fue rechazado por miopía severa.

Se ha mostrado contrario a que sus libros sean publicados en e-book (“huelen como gasolina ardiendo”), pero no ha logrado detener a los editores.

Pese a que las novelas de Bradbury están repletas de proféticos anuncios tecnológicos, está seguro de que Internet reduce la capacidad de conversación de las personas. “Tenemos demasiados teléfonos móviles. Tenemos demasiado Internet. Tenemos demasiadas máquinas”.

Frederik Pohl y 'Mercaderes del espacio'

Frederik Pohl y 'Mercaderes del espacio'

 5. Un mundo corporativo. En un planeta superpoblado, son las megacorporaciones las que dictan la ley, sustituyen al poder político y estratifican la sociedad en productores, ejecutivos y consumidores, cuentan Frederik Pohl (1919) y Cyril M. Kornbluth (1923-1958) en Mercaderes del espacio, una distopía de 1953 que esquematiza el enorme poder de la publicidad y la tiranía económica que padecemos hoy.

El protagonista es un copy de una agencia encargado de diseñar una campaña para atraer nuevos pobladores a las colonias de Venus.

La novela está llena de palabras nuevas que han devenido en estándares léxicos: soyaburger (hamburguesa de soja), tri-di (tridimensional), R and D (research and development, investigación y desarrollo), muzak (musiquilla ambiental)…

Uno de los mejores y más prolíficos escritores de ciencia ficción del siglo XX, Pohl es también un pensador profundo y un analista con ojo fino sobre la sociedad y sus usos. Dos de sus pensamientos: “Nadie está nunca preparado para nada”, “nada es suficientemente bueno como para que exista alguien que no lo odie”.

Richard Matheson y 'Soy leyenda'

Richard Matheson y 'Soy leyenda'

6. La caza del distinto. Las pandemias virales y la persecución del enfermo y el diferente son los temas centrales de la imprescindible Soy leyenda (1954), de Richard Matheson.

El protagonista, aparentemente el último ser humano normal, vive aislado en una casa-fortaleza de Los Ángeles que de noche es asediada por el resto de los habitantes de la ciudad, que se han convertido en vampiros a consecuencia de una infección.

No se trata sólo del primer libro moderno sobre chupasangres, sino de una reflexión profunda en torno a la soledad humana y la desesperación del distinto en una sociedad basada en las reglas de la caza del hombre y que no está dispuesta a escuchar ningún argumento.

Matheson, hijo de inmigrantes noruegos en los EE UU, es un escritor bregado en los guiones de la serie de televisión The Twilight Zone. Es también el autor de El increible hombre menguante (1957).

Anthony Burgess y 'La naranja mecánica'

Anthony Burgess y 'La naranja mecánica'

7. Rehabilitación postcorrectiva del carácter. El escritor inglés Anthony Burgess (1917-1993) avisa sobre la rehabilitación de los violentos mediante técnicas invasivas de remodelación del carácter en La naranja mecánica (1962).

Aunque la novela no es, ni por asomo, la mejor del prolífico Burgess, la obra fue muy polémica por la descripción explícita de la ultraviolencia de una pandilla de jóvenes drugos, activados por el consumo de leche plus, un combinado con drogas psicoactivas.

Las técnicas postcorrectivas a las que es sometido el protagonista anticipan el uso perverso de las terapias conductistas del comportamiento.

El libro está inspirado en un suceso real ocurrido en 1944, cuando la esposa de Burgess fue atacada y violada en Londres por cuatro soldados estadounidenses. Estaba embarazada y abortó tras el suceso.

Philip K. Dick y '¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?'

Philip K. Dick y '¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?'

8. Cuando los andy empiezan a sentir. ¿Qué distingue a los humanos de las máquinas?, se pregunta Philip K. Dick (1928-1982) en ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? (1968), la novela en la que está basada la película Blade Runner (1982).

Tras la guerra nuclear Terminus, el mundo es un erial y las Naciones Unidas invitan a los supervivientes a establecerse en colonias en otros planetas con el incentivo de dar a cada viajero un andy, un androide. La rebelión de los más avanzados tecnológicamente, hasta el punto de sentir, es la trama del libro.

La novela, mucho más compleja que la famosísima película, es una indagación en la identidad personal, lo equívoco del concepto de realidad y la fuerza del inconsciente colectivo en las decisiones de los humanos.

Dick, un escritor que vivió al límite y tuvo experiencias extrasensoriales, construyó una de las obras literarias más complejas y extraordinarias del siglo XX. Otra de sus distopías, El hombre en el castillo (1962), juega con la idea de que los nazis ganaron la II Guerra Mundial.

JG Ballard y 'Rascacielos'

JG Ballard y 'Rascacielos'

9. Los pequeños Hitler de las sociedades tecnificadas. El gran JG Ballard (1930-2009), quizá el más distópico de los escritores, habla en Rascacielos (1975) de un edificio inteligente, diseñado y habitado por la élite acaudalada, que termina por condicionar la forma de pensar y actuar de sus vecinos.

La comunidad de esnobs y yuppies se enfrenta por defender sus derechos al uso de las piscinas o el gimnasio. La consiguiente estratificación en clases divide al rascacielos en repúblicas de pisos malos y pisos buenos.

Como en otras novelas de su extensa producción, Ballard concluye que la sociedad tecnificada convierte a sus siervos en personas de comportamiento hitleriano.

El escritor fue el más prolífico (y certero) diseñador de utopías negras: en Vermilion Sands (1971) habla sobre la vida articial en los resorts de lujo, en Crash (1973) desarrolla el tema del fetichismo sexual provocado por los automóviles, en Millenium People (2003) avanza el clima de violencia implosiva de las sociedades occidentales…

William Gibson y 'Neuromante'

William Gibson y 'Neuromante'

10. Las puertas de la nueva percepción. La novela Neuromante (1984), de William Gibson (1948), proclama la virtualización de la vida, el sexo y los sentimientos.

Antesala del cyberpunk, la obra predice la anulación de las tendencias incómodas mediante la administración de drogas y está protagonizada por un hacker.

El libro, que popularizó, entre otro glosario, los términos ciberespacio y matrix, convirtió a Gibson en un personaje de enorme influencia en el arte y el pensamiento presentes.

No es una gran novela, pero abrió las puertas de la percepción del siglo XXI.

Ánxel Grove