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Fotografiarse sobre 500 bombas de Hiroshima

Digamos que es un desastre con atractivo: la posibilidad de visitar una ciudad modelo soviética capturada en el tiempo, encerrada en una burbuja militar, intocable porque continúa apestada de restos de radiación en la zona de exclusión. La cercanía del bosque rojo, cuyo nombre te recuerda a los colores primarios de la muerte.

Es la atracción por la fatalidad comprimida en un tag geográfico: #pripyat, la ciudad fantasma desde 1986. En Instagram exaltan los fotógrafos el concepto de “meca de la exploración urbana”. Etiquetan de este modo a Chernóbil​, un pequeño apocalipsis al alcance de los exploradores por un puñado de grivnas (la moneda de Ucrania).

Donde debería existir un extenso museo – aún hoy imposible por las marcas mortales de la explosión- hay turoperadores que cruzan a diario la barrera militar para mostrarles a los turistas cómo es Pripyat, la ciudad dormida entre las sábanas negras de un reactor incendiado, emblema del comunismo hoy rendido ante las masas arbóreas, los animales vagabundos y el silencio radioactivo. Ofrecen un día emocionante. La posibilidad de unas fotos únicas.

“Toque lo intacto. Sienta lo desconocido. Vea lo salvaje”.

Pripyat se ha convertido en el emblema de las fotografías de territorios abandonados, una moda, disciplina o pasión, que lleva a miles de personas a adentrarse en espacios olvidados, derruidos o prohibidos, con el objetivo de conseguir imágenes impactantes, poéticas, odas a la fragilidad de la prepotencia humana.

Exploring the exclusion zone of Chernobyl and its ghost town Pripyat. #flynordica

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La directora de un museo ucraniano vandaliza una obra por considerarla “inmoral”

'Koliivschina-Judgment Day'

‘Koliivschina-Judgment Day’ – Volodymyr Kuznetsov. Foto: RFE/RL

Cuando un día antes de la presentación de la obra al público el artista Volodymyr Kuznetsov (Lutsk-Ucrania, 1976) acudía al Museo de Arte Mystetskyi Arsenal a ultimar los últimos detalles de su mural, no lo dejaron pasar y le dieron largas para no contarle lo que había sucedido: la directora del museo en persona, Natalia Zabolotna, brocha en mano, había destruido el monumental trabajo cubriéndolo con pintura negra.

De 11 por 5 metros, el mural de Kuznetsov se titulaba Koliivschina: Judgment Day y era una versión personal del tema bíblico del día del Juicio Final. La escena la protagonizaba un gran tanque lleno de líquido rojo, con curas y jueces hundidos hasta la cintura y un coche lleno de políticos que se precipitaba al interior del caldero. Alrededor se congregaban una serie de personajes anónimos y otros conocidos como Iryna Krashkova, una mujer a la que hace un mes violaron y golpearon brutalmente dos agentes de policía y un taxista en el pueblo de Vradiivka.

El presidente de Ucrania Viktor Yanukovych iba a acudir al día siguiente, el 26 de julio, a la inauguración de la exposición en la que se incluiría el incómodo trabajo. Grand and Great (que se podría traducir por Espléndido y grande) conmemora los 1025 años del aniversario de la llegada del cristianismo a Rus de Kiev, el estado eslavo medieval, antecesor de Rusia, que tenía su centro en la actual capital de Ucrania. Para la ocasión, la muestra reúne más de 1000 obras de arte que examinan “el efecto civilizador del cristianismo en el desarrollo de la cultura ucraniana”.

El mural 'vandalizado' por Natalia Zabolotna - Foto: Richard Solash

El mural ‘vandalizado’ por Natalia Zabolotna – Foto: Richard Solash

El mural sin duda era una incomodidad, una crítica social y política sobre el estado actual de Ucrania que se salía de la loa nacionalista. Algunos observadores señalan que la directora pudo recibir presiones para deshacerse del trabajo antes de la inauguración, otros sugieren que tal vez fue el miedo a perder las subvenciones del estado lo que hizo a Zabolotna vandalizar una obra en las intalaciones que ella misma dirige.

Según el corresponsal en Ucrania de la agencia RFE/RL Richard Solash, la directora (que se ha disculpado por haber destruido el trabajo) declaró al respecto que la exposición tenía como objetivo “inspirar orgullo por el estado”: “No puedes criticar tu patria, igual que no puedes criticar a tu madre. Siento que cualquier cosa que se diga contra la patria es inmoral”. Además, acusó al artista de haberse desviado del concepto original que previamente habían acordado.

El artista, todavía asombrado, califica el acto de “imperdonable”. “Nadie tiene derecho a destruir el trabajo de otra persona, especialmente sin permiso”, declara a RFE/RL. El suceso ha provocado pequeñas manifestaciones fuera de la pinacoteca en contra de “la mezcla de iglesia y estado” en Ucrania y la “censura oficial”. “Es precisamente a esta jerarquía (estatal y religiosa) a la que mi trabajo está dirigido”, dice Kuznetsov.

Helena Celdrán