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Trasdós Trasdós

No nos disgusta la definición del término trasdós: la "superficie exterior convexa de un arco o bóveda". En este blog perseguimos estar en alerta y con el objetivo siempre dispuesto para capturar los reflejos, destellos, brillos y fulgores que el arte proyecta.

El cuadro que se anticipó a la serie ‘The Terror’

Hielo. Muerte. Hielo. Muerte. Hielo…

La desesperación de la mujer del comandante Sir John Franklin inspiró una canción en 1850. El lamento alargado de una esposa que teme que le confirmen la fatalidad. Aún pueden escucharse en 2018 algunas de las versiones de esta elegía que fue cantada en las costas de Reino Unido, Irlanda y Canadá. Aún hoy pía su lamento como el polluelo que ha caído del nido entre los perros salvajes del Ártico.

 

Canta hacia la tumba desconocida de un marinero en un lugar sin nombre. Llámalo Canadá. Mar de la Reina Maud. Bahía de Baffin. Ártico. O cementerio de los temerarios. Allí murieron todos los tripulantes de la fallida expedición de Franklin que en 1845 pretendían encontrar un paso del Noroeste que uniera el Atlántico con el Pacífico, de Groenlandia al Estrecho de Bering. Pero la esposa no lo sabía entonces. Creía en la benevolencia del témpano, en la experiencia de su marido, que había sobrevivido a desventuras similares. Pensaba que podían haber aguantado bajo la noche del invierno más cruel. Rogaba a la Corona por una operación de rescate. Peleaba contra el tiempo y sobre todo contra el olvido de sus seres queridos.

Esto reza la canción popular

Con cien marineros navegó
Al océano helado en el mes de mayo
Para buscar un pasaje alrededor del Polo
Donde los marineros pobres a veces vamos

 

La esposa de este capitán que partió hacia el Gran Norte con 60 años, lloró en público. Removió el Palacio y los corazones de comerciantes y aventureros. Hizo lo posible para que su marido y la tripulación de los barcos HMS Erebus y Terror no fueran olvidados. Pero el Ártico del siglo XIX era el planeta más despiadado, la frontera que se cobraba un mayor número de vidas. Si te lanzaran hoy sobre la luna helada de Europa, en Júpiter, tendrías la misma sensación de angustia que emana del reino de la soledad absoluta. Las hijas del futuro cantarán idénticas epopeyas por las pérdidas espaciales. Hielo, muerte… Con cien astronautas navegaron hacia un mundo sin oxígeno

Erebus y Terror. Francis Watt. Wikimedia Commons.

Erebus y Terror. Francis Watt. Wikimedia Commons.

Los barcos terminaron encallados en los hielos que te abrazan con la constricción de una pitón espinosa. Las enfermedades -tuberculosis, escorbuto, intoxicación por plomo proveniente de las latas de conservas en mal estado y la falta de zinc- se tomarían el cuerpo y la mente de estos aventureros, que morirían con sus pistolas armadas y rodeados de libros religiosos a modo de ineficaz escudo.

La esposa solo pudo lamentarse, actuar como la gitana que se parte las costuras frente al oso blanco. Escribió discursos, emotivos gritos de ayuda, exigió al Almirantazgo que ofreciera recompensas millonarias para rescatar a los héroes perdidos. Fue tal su duelo que el lamento de lady Franklin se convirtió en una balada folk, un aullido popular. Y reza así…

En la Bahía de Baffin donde sopla la ballena
El destino de Franklin, ningún hombre puede saber
El destino de Franklin ninguna lengua puede decir
Allí está Lord Franklin solo con sus marineros

Múltiples expediciones de rescate salieron en la búsqueda de estos hombres naufragados. Peinaron los laberintos de un mar sólido. Seguía en pie la promesa de poder descubrir un paso del Noroeste, crear la nueva ruta náutica del Imperio británico con la India sin tener que pasar por el Cabo de Hornos, controlado entonces por españoles y portugueses. Nadie pudo resolver el misterio de lo que ocurrió en la isla del Rey Guillermo, situada entre Groenlandia y Canadá, en el Estrecho Victoria, cerca de la bahía de Baffin. Solo encontraron rastros macabros.

HMS Terror. George Black. Wikimedia Commons.

HMS Terror. George Black. Wikimedia Commons.

Unas pocas tumbas en la tierra desierta, pequeños legajos testamentarios que parecían acertijos. Los susurros de los esquimales que apuntaban a una procesión de hombres blancos. Los vieron cargar con una barca por entre las agujas, caían desplomados en su huida hacia el sur.

Mucho antes de que Dan Simmons escribiera su novela The Terror (2007), y de que la AMC produjera la serie inspirada en ella, la expedición de Franklin ya había asustado y despertado, como vemos, los demonios de los artistas ingleses. Su desgracia inspiró lienzos y canciones.

Hoy me gustaría presentaros uno de estos cuadros cuyo título habla del destino, la fatalidad, el hambre; lamenta la muerte de estas 129 personas que se hundieron sin dejar más rastro que los aliños en las ollas de los improvisados caníbales. Un misterio que duró siglos (no fue hasta 2014 cuando un submarino que buscaba un avión perdido encontró los restos de estos barcos en el talud oceánico).

El lienzo se titula Man Proposes, God Disposes (El hombre propone, Dios dispone), y fue pintado por Edwin Landseer en 1864, solo unos años después de que el Erebus y el Terror desaparecieran. Alegan que este óleo tuvo su inspiración en la odisea de estos marineros que zarparon en mayo desde Inglaterra para encontrarse con el hielo, la muerte, el hielo… En la novela de Simmons, y en la subsiguiente serie, la tripulación es atacada por un ser espectral, un oso monstruoso que explica la matanza -nunca del todo resuelta porque iban preparados para sobrevivir tres inviernos árticos-, una encarnación sobrenatural que aglutina en la ficción a los terrores humanos.

En el lienzo de Landseer los osos hacen igualmente su trabajo dentado, huelen la desgracia y devoran las sobras de los hombres enfermos. Los osos reinan y los marineros enloquecen. Así fue siempre. Los osos son el único dios plausible en la noche ártica. Y solo los inuits sabrán apaciguarlos, porque para ellos el único paso que importa es el rastro que deja la foca cuando huye.

Man Proposes, God Disposes. Edwin_Landseer. Wikimedia Commons.

And now my burden it gives me pain
For my long-lost Franklin I would cross the main
Ten thousand pounds I would freely give
To know on earth, that my Franklin do live

1 comentario · Escribe aquí tu comentario

  1. Dice ser Dave Koper

    por fin algo interesante en este medio mediocre y deprimente,
    larga vida!

    31 mayo 2018 | 19:30

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