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Fotografía: foto del griego "phos" (luz) y grafía del griego "graphis" y "graphos" (escribir). Escribir con la luz.

Archivo de la categoría ‘Postales anónimas’

La foto del año

Me quedo con esta imagen. La más repetida en doce meses.

La más madrugadora… la más fría…

…la peor iluminada…

…la más silenciosa…

Por un 2010 lleno de salud, de trabajo, y de buena compañía.

Trasplantes de corazón

Os voy a presentar a Maria Teresa, y a su pequeña Sofía.

Esta es una nueva historia, cuanto menos conmovedora, ejemplo nuevamente de la lucha contra la adversidad y del esfuerzo por seguir adelante. Hoy se cumplen 25 años desde que se realizó el primer trasplante de corazón en España.

Maria Teresa, en estado de gestación, se encontró repentinamente fatigada. Fue a su doctor de cabecera y en pocos días estaba ingresada en un centro hospitalario pendiente de un trasplante. Su pequeña Sofía, aún no había nacido.

Esperaron hasta que Sofía pesaba un kilo trescientos gramos, para provocar el parto. Maria Teresa tuvo suerte, y consiguió un donante. Pasado el tiempo, con sus pastillas y demás inconvenientes, ha seguido adelante…

En los pocos meses que llevamos compartiendo juntos tantas historias, he de valorar especialmente algunos casos muy concretos, de los que hemos seguido teniendo noticias a través de los comentarios publicados.

¿Recordáis el día que os presentaba a la pequeña Matilde?

Su madre, Beatriz, se puso el pasado domingo en contacto vía blog para darnos la buena noticia:

¿Cómo le irá a Nico y a Andrea?

Hace unos días tuve la oportunidad de hablar con Julia. Andrea, salió del aislamiento, pero espera trasplante. Nico ha superado una etapa muy difícil y sigue hospitalizado, a la espera también de trasplante.

¿Qué pasaría con las ayudas de Mario?

No llegaron, y su madre Mercedes sigue esperando. Pusimos a Mercedes en contacto con un lector que le ofrecía una silla de ruedas adaptada, pero seguía teniendo los mismos problemas de movilidad y tuvo que rechazarla.

Han compartido con nosotros una etapa muy dura en sus vidas. Y sus familias y amigos han tenido la oportunidad de verles, incluso mantener el contacto vía blog. Nosotros, hemos tenido la oportunidad de conocerles.

La vida es extraordinaria. Gracias por compartir tantas historias con nosotros.

La pequeña Matilde

Nos preparamos para realizar un reportaje en el Hospital Doce de Octubre de Madrid. Vamos a visitar la unidad del banco de leche materna y de padres canguro. Antes de empezar, Bea lleva varios días preparando todo el papeleo con la Fiscalía de Menores y el Gabinete de Comunicación del hospital.

Al llegar al hospital, comenzamos a pasar puertas. El olor a hospital me pone “enfermo”, mientras dejamos atrás cada vez más accesos restringidos. Llegamos a la entrada de la UCI de neonatos. Hay que quitarse anillos, relojes… y lavarse las manos.

Charlamos durante un tiempo con una de las responsables de la unidad. Entramos a la UCI. Se hace la penumbra (3.200 ISO, 1/15, f:4)… y llega lo importante…

Os presento a Matilde. Tiene siete semanas de vida. Pesa algo más de un kilo y medio.

Su madre, Beatriz, dio a luz con tan solo 27 semanas de gestación. Entonces Matilde pesaba algo menos de un kilo.

Tras acceder a tomarle fotografías, Beatriz charla unos momentos con nosotros.

Ejerce de “madre canguro”, donde el contacto piel con piel es vital para la mejora de la salud de la pequeña Matilde, que nada más ser acogida por el pecho de su madre, deja de llorar y se queda dormida. Beatriz agradece estos breves momentos.

Por fortuna está de baja maternal, y puede permanecer en el hospital, que ha pasado a ser su improvisado hogar por unos meses.

No podemos romper la frenética actividad de la UCI durante mucho tiempo. Estamos rodeados de incubadoras. Los médicos esperan impacientes nuestra marcha para poder seguir haciendo pruebas a Matilde.

Como Beatriz, muchos padres y madres observan impacientes, e impotentes, a sus frágiles hijos. El tiempo se detiene al pasar las puertas rojas de un hospital. Unos gramos de más, es mucho. Recuerdo entonces a Nico y a Andrea, y a sus padres Mari Paz y Olimpo… y recuerdo cuando me decían que cada minuto más de vida es un éxito…

Salimos de la UCI, y observamos dos murales con fotografías de los pequeños que han salido adelante. Bebés con 24 o 26 semanas de vida, con 600, 700 gramos de peso… Nos interrumpe un emocionado abuelo, que espera a lavarse las manos: -“mi nieta pesaba tan sólo 500 gramos, con 24 semanas, y ha engordado ya 700”…

El Hospital Doce de Octubre es el primero en España en realizar un programa de banco de leche materna. Existe otro centro en Baleares. Aquellas mamás sanas que lo deseen, pueden donar su leche, que será congelada y empleada después para ayudar a salir adelante a estos pequeños.

El tiempo se detiene al pasar las puertas rojas de un hospital.

Volvemos a la cárcel

Volvemos a la cárcel. Esta vez para celebrar el final de curso de camarero/a que las reclusas de Alcalá-Meco acaban de realizar.

Tras pasar los controles oportunos, recomiendan a Susana que mantenga su acreditación visible si quiere luego salir de allí. A los hombres no nos es estrictamente necesario, ya que el módulo al que accedemos es únicamente de mujeres.

En el salón de actos algunos periodistas, representantes de los organismos que han hecho realidad el curso y quince mujeres que han visto cumplido un proyecto y con él se abre una segunda oportunidad en su reinserción social.

Esperan nerviosas, cabizbajas, desconfiadas… a recoger su merecido título. La organización nos indica que sólo cinco de ellas han accedido a la toma de imágenes.

El acto, protocolario como es habitual en otras convocatorias, resulta un mar de lágrimas, de vivencias y de futuras realidades.

Al acabar el acto, foto de grupo y más besos. Espero en el patio…

… y se rompe el protocolo establecido. Abrazos rotos, ojos brillantes…

Y el agradecimiento colectivo a sus profesores por el trabajo realizado…

Maria Elena y Gema son dos de las reclusas que han recibido el curso. Esperan impacientes al tercer grado. Sus hijas les esperan fuera, inocentes víctimas de una mala decisión tomada por falta de recursos económicos.

Son dos de los quince ejemplos que nos demuestran que la vida ofrece en ocasiones, una segunda oportunidad. Ojalá tengan suerte, y sepan aprovecharla.

Una ayuda que no llega

Os presento a Mario. Una discapacidad le impide tener las mismas oportunidades que el resto. Tiene dieciseis años. Le encanta el fútbol. Torres le regaló una camiseta del Liverpool hace unos meses. No habla. Gesticula levemente.

Y os presento a Mercedes. Madre coraje, como tantas personas que viven una realidad muy distinta a la nuestra al entornar la puerta de su casa.

Mercedes y Mario viven en un quinto piso, en un barrio obrero de Madrid. Hace un tiempo consiguieron entre varios vecinos de su bloque instalar un ascensor, pero ocho peldaños en el rellano del portal y otros ocho del ascensor a la puerta de su casa, hacen que todo sea aún más complicado.

Mercedes lleva desde 2007 esperando una ayuda de quinientos euros de la Ley de Dependencia, que finalizará cuando Mario cumpla dieciocho años. Hasta entonces, la educación, medicamentos, pañales y demás cuidados siguen corriendo de su cuenta. No me quejo – me dice, “hay gente mucho peor que nosotros”.

Tiene en mente comprar una nueva silla a Mario, pero el coste económico y las estrecheces del rellano de la escalera lo hacen aún más difícil. Observo atentamente cómo Mercedes baja a Mario a la calle. La silla queda encajada en el rellano de la escalera. “Si compro otra, tendré que romper parte del escalón para poder salir de casa”.

Más de seis millones y medio de personas en España son dependientes. Por razones derivadas de la edad, la enfermedad o la discapacidad, y ligadas a la falta o a la pérdida de autonomía física, mental, intelectual o sensorial, precisan de la atención de otra u otras personas o ayudas importantes para realizar actividades básicas de la vida diaria o, en el caso de las personas con discapacidad intelectual o enfermedad mental, de otros apoyos para su autonomía personal.

Pero la Administración es lenta, y no entiende de individualidades. Cada una de las personas dependientes tiene una historia (no un número) y unas necesidades específicas que les ayuda o impide seguir adelante.

La vida les jugó una mala pasada, la sociedad otra, y la Administración, una ayuda que nunca llega.

Óscar y Araceli: dos maneras de ver la vida

Os presento a Óscar. Estaba sentado en uno de los vagones que explosionó el 11 de marzo de 2004. Salió milagrosamente con vida del vagón, y fue llevado en una improvisada camilla (una de las puertas del vagón) por ciudadanos y servicios de emergencia hasta el pabellón Daoiz y Velarde, cercano a la calle Téllez. Recuerda de aquel momento gente alrededor suyo pidiendo ayuda. Él, intentaba llamar por teléfono, pero no escuchaba nada… tenía lesionados sus oídos. Algunas imágenes de aquel día no olvidará nunca.

También os presento a Araceli. Se encontraba en la estación de Atocha cuando explosionaron los trenes. Salió de allí, totalmente desorientada. Tras meses de recuperación, aún sueña con un vagón completamente vació pasando por la estación. Algunas imágenes de aquel día no olvidará nunca.

La lotería, el azar, o llámalo como quieras… hizo que hoy sigan vivos. Vuelvo a presentároslos.

Se llama Óscar. Llevaba pocos meses en España cuando vivió el 11 de Marzo de cerca. Su mujer estaba trabajando en Bilbao. Sus hijos, estaban con él en Madrid. Se sonríe cuando le hablan de la vida. En estos cinco años, ha sufrido de un infarto y varias operaciones que le mantienen vivo. Sueña con ver crecer felizmente a sus hijos.

Se llama Araceli. La vida le cambió de repente poco tiempo después del 11 de Marzo. Se quedó sin empleo, por un ERE. Al tiempo, se separó de su pareja. En estos cinco años ha conseguido superar un cáncer de pecho. Ahora, sólo falta la cirugía, dice sonriendo mientras espera en la puerta del cole. Ha ido a recoger a sus hijos. Salen de la escuela.

Tuvieron suerte. Tuvimos suerte. Son, como otras muchas, dos historias con fortuna. Y una forma de ver la vida, desde entonces, de otra manera.

192 vidas se quedaron en el camino aquel día. Mantengámoslas vivas en la memoria, en el recuerdo. No hay mejor homenaje.

Buenos días, Defensor…

Habíamos quedado a eso de las diez de la mañana en el Palacio del Marqués de Bermejillo, casa que ahora ocupa Enrique, Enrique Múgica: El Defensor del Pueblo.

Nos recibe sonriente, cercano, paternal… la edad y la experiencia vivida hacen que ya no le asuste prácticamente nada. “¿Cómo os está afectado la crisis…?” – pregunta nada más vernos. Me sorprende desde un primer momento. Tiene los pies en la tierra.

Conocedor de las preocupaciones de la calle, y del tejemaneje político, va respondiendo una a una las preguntas formuladas por Ana. Responde sin tapujos, sin terceras vías… directo al grano.

A diferencia de otros, gesticula constantemente. Nos hemos sentado en un pequeño sofá, situado en un rincón de su espectacular despacho, tan grande como mi casa y la del vecino juntas… Se emociona al hablar de su hermano Fernando, asesinado por ETA en 1996.

Su asesor de prensa se sienta junto a nosotros, y escucha también atentamente. La entrevista toma ritmo. Ana lanza de repente… necesitan un dato: el libro gordo de Petete tiene la respuesta…

Uñas cortas, reloj en la muñeca… pasan los minutos rápidamente…

Mi experiencia en otras ocasiones me indica que Enrique es de pocas fotos posadaa. Lo intentamos: “…seré rápido…” le indico. Acepta el envite, y lo juega tan breve como mi propuesta.

Un par de fotografías. Se acabó la historia.

Ayer lunes publicábamos la entrevista. Para mi sorpresa y la de Ana, Fernando telefonea, agradecido por el trabajo realizado. Agradecidos todos.

En la calle por dinero

Os presento a Paul y a Aurelio. Están en huelga de hambre, por impagos en sus respectivas obras en Rivas y Alalpardo (Madrid).

Se han echado a la calle junto a parte de sus cuadrillas, no más de veinte personas, ya que si superan este número, necesitarían de una autorización para manifestarse.

Aurelio lleva ya desde el lunes 27 de febrero plantado frente a la casa de su antiguo proveedor. Le encargó la construcción de unos chalés: no le ha pagado y le debe un millón de euros. Está, junto a cinco de sus trabajadores, en huelga de hambre.

Su cuadrilla le acompaña en todo momento. Llueve en Las Rozas, y el frío arrecia. Los curritos se protegen como pueden.

La historia de Paul es similar. Le encargaron la construcción de un edificio de oficinas en Rivas. Y le deben también un millón de euros. También está en huelga de hambre.

El frío y la lluvia no pueden acobardar a estos curritos, que sin buscarlo, se han visto obligados a hacer la calle para recuperar su dinero.

La paciencia se perdió hace meses, cuando dejaron de cobrar por su trabajo. La sed de justicia les llevó a tomar esta decisión, conscientes de la lentitud de la Administración. Y el apetito, se olvidó hace días.

Vaya la dignidad por delante.

Ojalá tengan suerte.

Buenos días, Señor Juez…

Retomamos hoy en el periódico los Vis a Vis, pequeñas entrevistas en profundidad a distintos personajes de la vida pública.

Os presento a Fernando. Hasta aquí pasaría desapercibido si no fuese por su apellido: Grande-Marlaska. Trabaja como Juez, en la Audiencia Nacional.

Fernando nos recibe con cierta simpatía, tranquilo y cercano. Sus ojos brillan de una manera especial.

Me resulta extraño no verle acompañado del séquito habitual en este tipo de entrevistas. Los personajes a entrevistar suelen llevar consigo a su Jefe de Prensa, Subjefe de Prensa, Subsubjefe de prensa… incluso algún asesor personal. Esta vez, estamos solos ante el peligro, afortunadamente.

Me sorprende también el estado de su despacho y de las instalaciones de la Audiencia. Cierto es que la Justicia necesita cambios: ordenadores para archivar las miles de causas que he visto por los pasillos, inmediatez en la sentencia de las penas, rapidez en los mecanismos que emplea la Administración, personal para poder hacer estas cosas, y no estaría de más también una buena mano de pintura en paredes y pasillos, algún mueble… Por proponer, que no falte.

El despacho, a diferencia de lo habitual, es sobrio, frío, y feo. Muy feo. Pero como nos comentan, es lo suficientemente amplio como para poder recibir a detenidos, abogados, jueces, fiscales y funcionarios.

Nos sentamos en unos sofás rojos, junto a una mesa de madera y mármol. Un armario de metal cierra el círculo. Paula lanza las preguntas con una facilidad pasmosa. No le gusta llevar grabadora, y las pausas entre respuesta y pregunta se suceden de una manera muy reflexiva. El silencio se rompe por el tráfico de la Calle Génova.

Fernando, se sonríe. Escucha atentamente. Es de esas personas a las que acabas mirando a los ojos continuamente. Me protejo con la cámara. Un par de pulseras de hilo en la mano derecha y un anillo de oro blanco. El Magistrado no lleva reloj.

Finaliza la entrevista. Es el momento de intentar realizar alguna fotografía posada del personaje. Le pido apoyarse junto a una mesa. Accede amablemente. Nos acompaña a la puerta de su despacho.

Bajamos las escaleras. Nos encontramos de frente con tres de los acusados por los asesinatos del 11M. Van esposados y custodiados por Policías Nacionales. Esperan en la puerta que les reciba Garzón. Nos miramos fijamente. Ninguno bajamos la cabeza. Mantenemos las formas, como lo hace el Señor Juez.

Cuando te quedas sin palabras

Os presento a Nico. Nico González. Tiene trece años, y se aferra a su vida, que pende de un hilo por un cáncer. Ayer nos regalaba su sonrisa y su historia, para poder ilustrar este reportaje, con una madurez a su edad, difícil de describir.

Andrea tiene once años. También tiene cáncer. Es muy tímida, y no quiere salir en las fotos. Su pubertad no quiere hacer públicos esos preciosos ojos con los que me mira continuamente. Tampoco tiene pelo, y acaba de salir de un aislamiento que le ha impedido mantener contacto alguno con el exterior de su habitación durante cuarenta días.

Y también os presento a Mari Paz, y a Olimpio. Ejemplos de madre y padre coraje respectivamente. Su vida está volcada por completo a sus frágiles hijos, y un día más, como dicen ellos, es un auténtico logro.

Aquí tenemos a Fernando, a Paco, a Lucía, a Luis… que como Nico y Andrea, también tienen cáncer. Están en la escuela del hospital, y mientras repasan la lección con la profesora, reciben su dosis de quimioterapia que les mantiene vivos.

También os presento a Pilar, Pilar Herreros. Es la Jefa de Enfermeras de la Unidad Oncológica del Hospital Niño Jesús. Nos enseña sus instalaciones con la naturalidad con la que un amigo te abre la puerta de su casa. Y la gran familia del hospital se hace patente entre auxiliares, enfermeras y personal del centro.

También os tengo que hablar del doctor Luis, Luis Madero. Es el responsable máximo de la unidad, y nos atiende rompiendo de repente la barrera que suele separar a paciente y médico. Y no me puedo dejar tampoco a Mercedes, Mercedes Hernández, la psicóloga de la unidad. Su mirada inspira confianza, y deja entrever la realidad que se vive ahí dentro.

Te presento también a todos y cada uno de los voluntarios que dan su tiempo gratuitamente, a las entidades, fundaciones y ONG´s: organizan talleres para los chavales, y quedadas para los padres. Han conseguido que su estancia en el centro hospitalario sea más llevadera con wiis y playstation, que llevan a los niños a otra dimensión, y permiten unos segundos de descanso a esos padres; redes inalámbrica para tener internet en las habitaciones, que permiten la comunicación de los chicos y padres con el mundo exterior; terrazas acristaladas junto a las habitaciones, que permiten el desahogo diario de los padres… me dejo tantas cosas…

No me quiero olvidar de Julia. Julia Benito, responsable de prensa. Es quien da la cara cuando nos recibe, quien saluda a todos y cada uno de los que allí residen, quien nos busca a una madre por los rincones del hospital donde se suele echar un cigarro para que podamos hablar con ella… quien vigila desconfiada los movimientos de mi cámara para preservar el anonimato de los inocentes… también te brillan los ojos, como al resto. Qué alegría. Eso dice mucho de una persona. Eso dice mucho de todos vosotros.

Es difícil contar con imágenes las sensaciones. Sólo puedo decir que todos los ojos con los que he hablado, brillan de una manera especial. Es una mezcla de tensión, dolor, sufrimiento y alegría al mismo tiempo. Cada minuto de vida es un éxito. Como en tantos otros hospitales, donde el reloj se para el pasar la puerta de entrada al centro.

Nos habéis abierto las puertas de vuestra casa y vuestra vida, de vuestra improvisada casa e improvisada vida. No tengo palabras de agradecimiento. Me quedo sin palabras.

Mil casos nuevos de cáncer infantil al año en España. Un porcentaje de supervivencia del 70% aproximadamente. No puedo dejar de pensar en esta maldita ruleta rusa: tres de los diez chavales que he visto, no tendrán suerte. O como diría el Doctor Madero, siete de los diez que has visto, si la tendrán.

Salgo del hospital con los pies el suelo, y la cara y el alma sobre la tierra. Solo puedo desearos suerte, mucha suerte en el camino. No tengo palabras.

Jorge París