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‘El malvado Mickey ataca Japón’, una historieta animada de 1934

En una alegre isla japonesa, un grupo de animales humanoides y una niña se mueven al son de los violines. Como instrumento de percusión, una extraña tortuga-pato estira el cuello: cada vez que asoma la cabeza, un gato la golpea para añadir percusión a la música. La fiesta termina cuando sobre ellos planea un murciélago que suena como un avión y sobre el que viaja un roedor diabólico: Mickey Mouse.

El malvado Mickey ataca Japón (1934) es una historia de dibujos animados realizada en Japón con fines propagandísticos. La acción se sitúa sin embargo en 1936, como anunciando una amenaza inminente y sólo dos años de margen para reaccionar. Aunque salta a la vista que la coreografía y los movimientos combados de brazos y piernas son una herencia de las primeras historietas de Disney, el contradictorio cartoon nipón es una advertencia sobre los potenciales peligros imperialistas estadounidenses, que también llegan en forma de ratón animado.

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¿Cómo sería un videojuego creado en los años treinta?

Las formas redondeadas, los movimientos rítmicos, historias sin sentido para quien se obsesione con la lógica, objetos con propiedades extremas, un mundo en el que no rigen las leyes de la física ni de la gravedad… Los dibujos animados clásicos llevan décadas siendo un filón para el arte. Aunque el irresistible universo que presentan puede parecer caduco, captura una esencia atractiva, tiene un magnetismo secreto que no consigue capturar ninguna técnica de animación moderna.

Chad y Jared Moldenhauer son los fundadores y únicos trabajadores del estudio independiente MDHR (Studio Moldenhauer). Desarrolladores de videojuegos, los hermanos inician la actividad de su pequeña empresa con Cuphead: una aventura al estilo de los cartoons de los años treinta.

Cuphead - MDHR

Anunciado para la primavera de 2014 en formato PC, el videojuego está protagonizado por Cuphead (Cabeza de taza), de enormes ojos, guantes blancos y pantalones rojos calcados del primer Mickey Mouse. El héroe de aspecto cándido tendrá que destruir a sus oponentes conforme avanza en su camino.

Los Moldenhauer quieren cuidar cada detalle para hacer del proyecto una recreación lo más fiel posible de los dibujos animados estadounidenses producidos en estudios como los Fleischer (donde nacieron Betty Boop, Popeye, Bimbo, Koko el payaso…) o Disney (Oswald el conejo afortunado, Mickey Mouse, Goofy…). Las animaciones se harán a la antigua usanza (dibujadas y pintadas a mano), los fondos originales serán acuarelas y la música será jazz al estilo de las big bands.

Adelantan que quieren diseñar un juego “más basado en la reacción que en la pura memorización” y tienen en mente evitar las pautas repetidas, que los obstáculos y los enemigos no salgan siempre con la misma cadencia y en el mismo orden. MDHR planea combinar las dos y las tres dimensiones e introducir más de 30 “jefes” diferentes que reaccionen de manera diferente a los ataques para que la historia no se convierta en una sucesión de combates previsibles. Entre sus influencias citan videojuegos como Contra III, Super Mario World, Street Fighter III y Thunder Force.

Helena Celdrán

Dibujos animados, sociedades secretas y ritos de iniciación

Fundado en 1921 por los hermanos Max (inventor del rotoscopio) y Dave Fleischer, creador de gigantes de la historia de los cartoons estadounidenses como Popeye o Betty Boop, el estudio de animación Fleischer Studios fue en los años veinte y treinta la competencia directa de Disney.

Una de sus primeras creaciones fue el perro Fitz, que se convirtió en 1930 en Bimbo y protagonizó dibujos animados —la mayoría de la serie Talkartoons— de 1930 hasta 1933. La razón de su desaparición fue la aplastante popularidad de una secundaria: Betty Boop, novia de Bimbo inicialmente creada con unos rasgos perrunos que se suavizaron cada vez más hasta que fue humana por completo.

La censura hizo el resto. El código Hays (que restringía entonces lo que se podía ver y lo que no en una pantalla de cine) determinaba que la totalmente humanizada Betty no podía tener de novio a un perro, ya que se podía interpretar como una alusión a la zoofilia.

Betty Boop con rasgos perrunos en 'Bimbo's Initiation'

Betty Boop con rasgos perrunos en ‘Bimbo’s Initiation’

Bimbo’s Initiation (La iniciación de Bimbo), estrenado en 1931 —en plena Gran Depresión— es un cartoon inusual para su época, lleno de elementos que parecen tener un significado imposible de descubrir, relativos a las sociedades secretas y sus requisitos para ingresar en ellas.

La historia de poco más de seis minutos comienza con el personaje silbando despreocupado por la calle hasta que cae en un agujero que un ratón (idéntico a Mickey Mouse) cierra con candado condenándolo al submundo. Allí lo esperan unos seres rechonchos, con la cara cubierta y una vela en la cabeza que le preguntan una y otra vez si quiere “ser miembro” de la logia a la que pertenecen. Cada vez que Bimbo responde con una negativa sufre las consecuencias con puertas falsas, habitaciones que giran, pinchos amenazantes, trampas…

Bimbo con los miembros de la logia

Bimbo con los miembros de la logia

Hay llamas de fuego animadas, puertas que ocultan sopresas desagradables, escalones traicioneros, una bicicleta que al intentar utilizarla activa un mecanismo que azota las nalgas del perro asustado… Con la angustia y el ajetreo Bimbo incluso expulsa el corazón por la boca. Sólo hasta poco después del minuto cuatro aparece —por primera vez en la trama— Betty Boop, entonces todavía caracterizada con orejas largas.

El corto de atmósfera de pesadilla surrealista es contemplado ahora como una de las mejores historias de dibujos animados. Críticos como el estadounidense Leonard Maltin lo califican como “el más oscuro” de los trabajos creados por el estudio Fleischer, que siempre se contrapuso a la condición melosa de Disney. En Internet —como siempre que se interpretan con pasión este tipo de testimonios de la cultura popular— hay numerosas interpretaciones que relacionan Bimbo’s Initiation con el sadomasoquismo, la masonería y los Illuminati.

Helena Celdrán