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‘Pantera Negra’ y la necesidad de un superhéroe africano

En primer plano

Black Panther poster

( ©Disney / Marvel )

La casa de las ideas de Marvel se ha sacado otro as de la manga, bueno, DC se ha adelantado con el reciente estreno (aunque a nuestros cines deberemos esperar aún hasta el 23 de junio) de Wonder Woman. Por fin una superheroína que está calando hondo en su propia aventura cinematográfica en solitario, y ahora la promesa de otro superhéroe en este caso africano: Pantera negra (Black Panther).

Y es que el color de la piel importa y mucho, especialmente cuando se trata de negros, en Estados Unidos. Aquí no tanto, tenemos otras tensiones a flor de piel, por ejemplo, cuando se trata de “colores” políticos (y habría bastantes más). Lo de la cuestión étnica sigue siendo una problemática candente. En cine, allí está la campaña de hace un par de años bajo el hashtag #OscarSoWhite, o la mera pronunciación de la “palabra prohibida que empieza por n” y que por si sola aún es capaz de provocar disturbios (“n” de “nigger” o “negrata” en español, que aquí se puede emplear sin que se encienda la mecha del polvorín). Tarantino es de los pocos cineastas que se atreve a usarla en sus diálogos.

Imprescindible es el documental estrenado recientemente I Am Not Your Negro de Raoul Peck sobre la cuestión racial, pero aún es mejor American Crime Story: The People v. O.J. Simpson, diez episodios dedicados al que fuera el juicio del siglo (pasado) en Norteamérica. A mediados de los 90, el exjugador de fútbol americano O.J. Simpson, ídolo de masas tanto en la población afroamericana como blanca, fue acusado del asesinato de su ex Nicole Brown (una mujer blanca y rubia) y el hombre que la acompañaba en ese momento (Ronald Goldman). The People v. O.J. Simpson es una miniserie modélica en todos los aspectos y a partir de su tercer episodio se hace jugosamente adictiva.

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Crítica: ‘El Hobbit: La batalla de los cinco ejércitos’, un tesoro para los fans

Recordaré con emoción esa escena en la que un envejecido Bilbo Bolsón (Ian Holm ya en lugar de Martin Freeman), que se ha pasado años rememorando sus andanzas con la Compañía de enanos, ve rota su rutina diaria para acudir entusiasmado a abrir la puerta a su amigo el mago Gandalf (Ian McKellen). Ha sido el final de un largo, larguísimo viaje y el enlace con lo que sería El señor de los anillos, cuando empezó todo, hace 13 años.

A estas alturas todos sabemos que la adaptación de las novelas de Tolkien a cargo del neozelandés Peter Jackson ha traspasado la frontera de película. El logro que supuso, cinematográfica y narrativamente, a nivel de efectos visuales, la trilogía de El señor de los anillos adaptando lo “inadaptable” le ha otorgado a Jackson y a todo el universo de la Tierra Media una credibilidad y un status supremo que trasciende su condición fílmica. En otras palabras, el gran mérito de Peter Jackson, y todo su equipo técnico y artístico, ha sido el de, a pesar de recurrir a una obra no propia, equiparar ese fenómeno literario sin parangón que ha estimulado la imaginación y pasión de tantos lectores, y jugadores de rol, durante generaciones al terreno audiovisual.

El Hobbit La batalla de los cinco ejércitosLas tres películas basadas en El Hobbit no están a la altura de ESDLA. Está de más decir que ya no sorprenden, que se han alargado excesivamente teniendo en cuenta el material del que partían. Pero ello no es obstáculo para restarle méritos. El Hobbit, versión película, está pensada y hecha para sus millones de seguidores. Un serial cinematográfico en el que tampoco importa si pueda estar “alargado” o no en sus pasajes, secuencias o con la inclusión de nuevos personajes; y donde incluso se le permite inventarse subtramas que no conducen a nada nuevo, como el romance entre la elfa Tauriel (Evangeline Lilly) y el enano guapo Kili (Aidan Turner). Se entiende que los fans de la saga no les “importe” tener más y más, recrearse con las reproducciones de las armas, los ropajes y armaduras élficas o los (des)peinados de los enanos, y seguir en el universo de la Tierra Media y sus personajes el máximo de tiempo posible. Está diseñada para celebración de sus fans. Para ellos es una cita indispensable y una película excelente. Es “su tesoro”, y les daría igual si en lugar de 3 películas hubieran sido 6 ó 15.

Para el resto, o para mí mismo, El Hobbit: La batalla de los cinco ejércitos quizá sea un pasable entretenimiento, una aventura tan digitalizada que incluso condiciona su fotografía, el color y la textura de toda esa Tierra Media, el deber ir “superando” el relleno que supone todo lo que va desde las escenas iniciales con el dragón Smaug atacando Ciudad del Lago, hasta los cuarenta y cinco minutos de la gran batalla entre los ejércitos de enanos, humanos y elfos, por un bando, y el de orcos (trasgos) y huargos, por el otro. Luego, una de sus últimas escenas, y de las mejores, con Gandalf preparándose su pipa junto a Bilbo, o esa encantadora escena final. Después, títulos de crédito al son y homenaje de la canción The Last Goodbye del escocés Billy Boyd, quien fuera Pippin en ESDLA.

Por cierto, un comedido y valioso trabajo de interpretación por parte de Martin Freeman, aunque aquí sea apenas un secundario, un personaje testimonial con sus momentos claves, supeditado al carisma de Thorin Escudo de Roble (Richard Armitage) o Bardo el arquero (Luke Evans).

Y les digo que de aquí a 10 años, Peter Jackson volverá a la Tierra Media. Será con El Silmarillion, Los hijos de Húrin (si los herederos de Tolkien ceden y lo permiten), o tal vez una historia original que transcurra entre El Hobbit y El señor de los anillos. Y con ello volverá a sonar triunfal, épica y también nostálgica la música de Howard Shore. Y será nuevamente una trilogía, y cada una de las 3 películas durará por lo menos dos horas y media. Y será un emotivo reencuentro y toda una fiesta para los fans. El resto también estaremos invitados y quizá sí, tal vez no, aceptemos acudir al banquete.

 

Puntuación:

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( Imágenes: Warner Bros. )

 

Llegando al final del viaje de ‘El Hobbit’

El Hobbit Bilbo Bolson

No sólo estamos en la semana antes de la Navidad, para millones de fans de Tolkien y Peter Jackson en todo el mundo, nos encontramos en la Semana de El Hobbit. Con La batalla de los cinco ejércitos, que llega este miércoles a las salas, se pondrá punto y final a la adaptación de la novela que dio pie a El señor de los anillos, del mismo Tolkien, y a todo el universo mítico de la Tierra Media.

El libro original consta de más de 320 páginas, y en cine es conocido que a nivel de guión escrito cada página equivale a un minuto de película. Con El Hobbit, Peter Jackson habrá plasmado en su montaje en cines, cuando llegue esta tercera entrega, más de 440  minutos (sin contar, claro, los títulos de crédito; y añadiéndole casi 40 más con las versiones extendidas de las dos primeras en Blu-ray y DVD). ¡Casi nada!. Como todos saben, ha debido de rellenar. Y bastante.

En concreto, unas dos horas y cuarto (144 minutos contando los títulos de crédito) serán para esta tercera parte, la más “breve” de las 6. El esperado colofón y clímax final tiene como plato fuerte una secuencia de batalla que dura nada menos que tres cuartos de hora. En ella, humanos, elfos, enanos, el mago Gandalf  y el pequeño hobbit Bilbo Bolsón deberán enfrentarse a las dos amenazas que se cernían sobre ellos en sendos frentes de batalla, la de la ira del dragón Smaug y las poderosas huestes de orcos al mando de Sauron.

Peter Jackson

Peter Jackson ( GTRES )

Nadie le podrá negar amor, entrega y pasión al neozelandés en estas adaptaciones. Las de El Hobbit podría haberlas dirigido Guillermo del Toro, pero el resultado no habría sido demasiado distinto al que hemos visto. Su puesta en escena y personajes estaban notablemente codificadas con la trilogía de El señor de los anillos. Y los fans han disfrutado, y seguirán disfrutando, sin reparos de la obra tolkiana en la gran o pequeña pantalla, con menos metraje o metraje extendido. A ellos, que son legión, va dedicada especialmente El Hobbit versión cine.

Particularmente, Un viaje inesperado me gustó. Pocas sorpresas podía deparar en su estilo visual, en el diseño de sus personajes y decorados o en la trama; pero mantuvo ese aliento épico, esa buen saber narrativo que Jackson había desplegado en la trilogía de ESDLA. En cambio, La desolación de Smaug fue una completa decepción. Un aburrimiento.

Sé que los más fans imaginarán todo tipo de insultos contra mí por decirlo, pero es que en la segunda todo ese batiburrillo de persecuciones, golpes, barriles por el río… era un torrente de imágenes más cercana a un videojuego (el cine debe de tener lenguaje propio), sin sentido de la épica ni por supuesto de la amenaza física y real de peligro. Por mucho que se golpearan, les dispararan con flechas o se dieran contra paredes, orcos acechándoles y oro fundido cual lava, enanos y hobbit salían siempre indemnes. Sin un rasguño. Era más bien como si fueran “dibus”. Por muchas adversidades, nula sensación de auténtica amenaza o riesgo, y pasemos a otro nivel con un más difícil todavía. De acuerdo que en cierta manera Peter Jackson ya lo advirtió. El Hobbit (¡y lo que disfruté yo leyéndola en su momento!) es más infantil, sin el tono oscuro de ESDLA.

Al menos en esta La batalla de los cinco ejércitos la aventura parece que adquirirá un ritmo y un desenlace más óptimo. La segunda disponía las piezas encima del tablero, en esta tercera la resolución promete ser tan triunfal como, en el fondo, poco arriesgada o innovadora. Y lo que es seguro es que habrá un montón de muertos. Según algunos recuentos de páginas en Internet que ya la han visto, alrededor de 100.00 orcos, un dragón y unos pocos personajes protagonista claves. ¡Es la guerra! También el final del viaje, por ahora…

 

 

( Imagen cabecera: Warner Bros. )