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Si la arquitectura te rodea, deberías empezar a fijarte en ella

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¿Es tan malo Santiago Calatrava?

Ni dos meses llevo escribiendo aquí y ya se impone un post de Don Santiago. Y mira que llevo huyendo de ello todo este tiempo. Que me nombráis a Don Santiago y parezco el Spanjaard ese, corriendo por encima de las posibilidades de Usain Bolt, por no entrar al trapo. Pero hoy no, hoy ha llegado el día.

No cojo periódico ni me conecto a pagina web que no se regocije ante las desventuras del inefable Don Santiago, hacedor de ciudades de las ciencias y puentero mayor del reino e incluso más allá. Que si te resbalas en sus pasarelas, que si las obras se disparan de precio, que si sus honorarios son desorbitados, que ese corte de pelo no le va nada a esas gafas ….¿metálicas?….¿sin pasta?  ¡¿como se atreve?!

No hay río, autovía, o brecha urbana que se precie en la piel de toro, que no haya sido sobrepasado por la portentosa imaginación -pelín repetitiva, eso sí- de Don Santiago. Aquí te pongo una curva, allá una pila con forma de pene inclinado y como te descuides te cuelgo dos cables que te dejo tiritando. O mejor resbalando, que la tiritera va con la minuta, vive Dios.

Calatrava o el problema de la escala: ¿De verdad era tan grande el hombre como el puente? (Andrea Merola/EFE)

Y es que no ha mucho que el hoy villano, era un autentico héroe y esos mismos medios que hoy glosan sus torpezas, sus lamentables tropezones (uy, otra vez) y las denuncias que le van cayendo, honraban al arquiniero del reino y sus ocurrentes voladizos, sus edificios en forma de ojo y sus enjambres de cables inspirados sin duda en el encaje de bolillos. Y todos tan felices, foto, canapé y a otra cosa. El que no tiene un Calatrava es por que no pide un crédito a una caja de ahorros. Ese fue el “sale más barato comprarlo que pagar un alquiler” de alcaldes y presidentes de CCAA. Ponga un Donsantiago en su vida.

Tengo que decir que a un servidor, ni le parecía antes un Dios, ni ahora me parece un villano:

¿Sus diseños son repetitivos? Sin duda lo son, consecuencia de hacerlos como churros seguramente y de la cantidad de encargos recibidos. Pero también tiene, mal que nos pese a algunos, buenos diseños que, gracias seguramente a legiones de colaboradores anónimos, han llegado a materializarse con éxito y sin ninguna denuncia por mal funcionamiento.

¿Se cae la gente en sus pasarelas? No digo que no, pero son muchos los técnicos que participan en este tipo de obras -el arquitecto no es ninguna deidad egipcia-  y no es menos cierto que después cuando las normativas nos obligan a colocar solados que cumplan una resistencia al deslizamiento determinada, nosotros los arquitectos, que ponemos a caer de un burro a Calatrava, somos los que nos llevamos las manos a la testuz rumiando cuanto nos atan esas malditas leyes hechas por diabólicos leguleyos. ¿Acaso se saltó esas normas Don Santiago? ¿Nadie se dio cuenta?

¿Sus obras se van de precio? Noticia fresca. Ahora se sorprenden tirios y troyanos cuando desde el primer puente, las obras de Don Santiago -y de muchísimos otros- se disparan hasta donde la administración de turno permite, no nos engañemos, como consecuencia de haber dado una cifra al primer concurso absolutamente errónea,  solo para que no distorsionase la anualidad prevista. Ya vendrán otras. Para eso están los modificados, los complementarios, los adicionales y el 10% de liquidación. Con eso se cuenta desde el día cero de cada obra. ¿Sorprendidos? A otro dog con ese bone.

No, no creo que Don Santiago – me estoy conteniendo, porque me sale “el Santi”, creedme- sea ni lo uno ni lo otro. Sin duda es un tipo que ha sabido vender su labor muy por encima de sus posibilidades. Sin duda algunos olvidaron que hay en España muchos otros arquitectos a los que no dieron la oportunidad de hacer al menos uno de los edificios de toda una Ciudad de las Artes y las Ciencias, muchos ingenieros que no hicieron ni una sola pila de un puente de los muchos que le adjudicaron al héroe  Había que tener un Calatrava a toda costa.
En fin, de los dos Calatravas (los hermanos) ninguno era guapo, pero uno sin duda era menos guapo que el otro. Y ese es el que nos están mostrando ahora: Don Santiago.

 Nota del arquitectador: No. La siguiente parada no es Zaha.