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Si la arquitectura te rodea, deberías empezar a fijarte en ella

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Decálogo del arquitecto que se presenta a concursos

Son muchas las cosas que se desconocen sobre esta profesión nuestra. Una de ellas es el proceso de presentación a concursos para optar a trabajo.

Si es duro levantarse para acudir a un puesto de trabajo en el que cambias tu tiempo y aptitudes a cambio de unas monedas para sobrevivir, no me atrevo a calificar el hecho de trabajar durante jornadas extenuantes para optar a un encargo, compitiendo con unos centenares de oponent….compañeros y con muchas opciones a no ser siquiera reconocido. Tiempo gratis, trabajo gratis, vida gratis. Sin embargo, nos da la oportunidad de desarrollar un trabajo creativo que en los encargos habituales no siempre es fácil de encajar. Por eso nos seguimos presentando a estas fruslerías que nos da la vida, porque nos divierte y nos hace mantenernos activos.

nicholson copia

Reconocer a este espécimen de nuestra fauna es fácil. Ojos vidriosos, falta de sueño, irascibilidad, palabras entrecortadas, consumo a todas luces excesivo de cualquier cosa que lleve cafeína, tics nerviosos. Lo difícil es para ellos mismos ver en que se están -nos estamos- convirtiendo. Para ellos, -para nosotros- pongo aquí este pequeño decálogo de síntomas que ayuden a reconocer al arquitecto trabajando en el concurso de su vida. Otra vez. Como el anterior, y el otro:

 

1º.-Tienes varias ideas “geniales” al día, que desechas al día siguiente. En una segunda fase te parecerán horribles esta misma tarde.

2º.-Hablas mucho de tus ideas pero sin decir de que se tratan, no te las vayan a copiar. Lloras. Nadie te quiere copiar. Miras por encima de tu hombro por si acaso.

3º.-Miras libros y piensas que todo lo que ves en ellos, era justo lo que se te hubiera ocurrido a ti si no fuera por que estás superocupado mirando libros.

4º.-Miras con recelo a todo aquel arquitecto sospechoso de presentarse a tu mismo concurso.

5º.-Intentas convencer a tus colegas de que hay un concurso estupendo al que presentarse. Por supuesto es otro diferente al que te presentas tú.

6º.-Calculas las probabilidades de que entre doscientos equipos, el tuyo sea el agraciado con el premio. Lloras. Vuelves a calcularlo.

7º.-Te dices a ti mismo que tu trabajo es bueno, casi genial, pero que si tuvieses un poco más de tiempo lo clavarías sin ningún genero de dudas. Lloras.

8º.-Trabajas en equipo por que alguien tiene que desarrollar tus ideas geniales, no vas a hacerlo tú todo.

9º.-Ves una y otra vez Los inmortales. Ya sabes, solo puede quedar uno y tal.

10º.-Haces decálogos sobre arquitectos que se presentan a concursos y hacen decálogos sobre arquitectos… etc, etc.

Si lo reconoces, si tienes alguno cerca, no hagas ruido, vuelve a calentar esa pizza de ayer, rellénale la taza de café y pon más papeles en blanco a su alcance. En cualquier momento puede tener la idea de su vida o sufrir un ataque. Si al menos fuese lo segundo, alguien lo vería.

Nota del arquitectador: Sí, sí, sí, sí. Cumplo todas. Por cierto, son las 2:07 de la mañana, quizá mañana venga esa idea genial, pero ¿y si me acuesto y llega mientras duermo? Decidido, ¡más café!